El símbolo de la España que pudo haber sido y no fue.
En un día de la infame y sombría
posguerra, el 28 de marzo de 1942, en la prisión de Alicante dejaban morir, es
decir, asesinaban pasivamente, al gran poeta Miguel Hernández, español,
republicano, hombre del pueblo, poeta del pueblo.
Miguel fue un pastor de cabras, persona
comprometida con su gente y con su tiempo. Un hombre sencillo y sensible que
amaba la libertad y decía: “… soy como el árbol talado que retoño y aún
tengo la vida” …y se la quitaron.
El poeta sabía que se moría y que lo
haría en la cárcel, que nada material podía legar a su familia. Estaba
preocupado, abatido, necesitado de sus seres queridos. Se sentía impotente ante
la maquinaria franquista que lo había condenado injustamente y ante la miseria
en que sabía dejaba a los suyos. En Nanas de la cebolla, leemos: “En la
cuna del hambre/ mi niño estaba/ Con sangre de cebolla/ se amamantaba…”.
Sus vividas experiencias de niño-pastor
y huertano se trasfunden por primera vez, poéticamente transformadas, a su
poema El niño yuntero, el más tierno ysencillo de su “Viento del pueblo”.
Como dijo su amigo y compañero de celda
Antonio Buero Vallejo,
fue la guerra de resistencia del pueblo español frente al fascismo
internacional la que acabó por convertir a Miguel en un poeta necesario,
eso que muy pocos poetas, incluso grandes poetas, logran ser. Miguel fue poeta
y miliciano, intelectual y cabrero. Miguel fue comunista, fue coherente,
escribió para el pueblo desde las trincheras del pueblo.
Poeta del pueblo, le llamamos. Lo es
porque sus versos son cantos a la tierra y a la naturaleza, cantos de amor y de
lucha, de exaltación y dignificación del trabajo, de generosidad y orgullo
frente a la desigualdad y la opresión.
El mejor homenaje que puede recibir
cualquier poeta es que su poesía prosiga como el rayo que no cesa,
relampagueando en la larga noche de todos los tiempos, convirtiéndose en poeta
de todos. Por eso, desde hace más de medio siglo los poemas de Miguel Hernández
han inspirado a numerosos cantantes que han convertido sus versos inmortales en
canciones inmortales, discos icónicos y recopilaciones que han dado eco a esa
poesía.
De esas naciones icónicas hemos
escuchado ya Para la Libertad de Joan Manuel Serrat,
Nanas a la cebolla por Niño de Elche, El
niño yuntero de Víctor
Jara, Vientos del Pueblo de Los
lobos, Después de haber cavado este barbecho de Buika y Por una senda de Amancio Prada. Del
flamenco al rock y del folk al jazz pasando por la canción de autor, todo el
mundo ha querido cantar, versionar o reinterpretar los poemas de Miguel.
La primera llamada de atención en ese
sentido la dio en 1967 desde París Paco Ibáñez. Su
gran adaptación de Andaluces de Jaén despertó muchas conciencias.
Pero el estallido definitivo no
llegaría hasta 1972, cuando Joan Manuel Serrat dedicó todo un elepé a su obra,
titulándolo con su nombre y su apellido, que aparecían con caracteres bien
grandes en una portada que hizo historia.
Yo aún recuerdo vivamente cantar Llegó con tres heridas, pensando que era una canción folk
de Joan Baez. Corría
el año 1974. Vestida con uniforme de las monjas y acompañada de mi guitarra, cantábamos canciones de las que desconocíamos su orígen, importancia y la profundidad de su significado.
El final de la vida del poeta es un
absurdo, deambulando de cárcel en cárcel acabada de la guerra civil y muriendo
a los treinta y un años. La cadena
SER le rindió homenaje con un fantástico podcast, una serie de 5 episodios,
sobre los dos procesos sumarísimos a los que el franquismo sometió al poeta. Es
aquí cuando el verso “para la libertad, sangro, lucho, pervivo”
adquiere la dimensión exacta y su significado real. Pablo Neruda dijo de él: “Recordar
a Miguel Hernández es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan
generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará
algún día entre los azahares de su dormida tierra”.
Pero no podrán con él. Hasta que la
semilla del amor, de la dignidad, de la humanidad, del espíritu de lucha que
transmite su poesía no sea una realidad, Miguel Hernández será el poeta de los
pobres, de los explotados, de los excluidos, de los refugiados (¿por qué les
llaman refugiados si en realidad son abandonados?), de los amordazados, de los
represaliados, de los desarraigados, de los desahuciados, de los asesinados en
guerras ilegales.
Miguel Hernández será, sobre todo, el poeta de
nuestros muertos que cayeron defendiendo la República, olvidados por la
historia oficial, poeta de nuestros presos, de nuestros fusilados, de nuestros
exiliados.
Que el destino mantenga fresca la
memoria y nos libre de aquellos que asesinan a los poetas y a la poesía, señores de la guerra que asesinan a niños, a la
Justicia y a la Libertad. Si Miguel viviera también gritaría ¡NO A LA GUERRA!
"Aunque el otoño de la historia cubra
vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido, jamás renunciaremos ni al más
viejo de nuestros sueños"
Buenas noches. Bona nit. Boas noites.
Bones nueches. Arratsalde on. طاب مساؤك לילה טוב Спокойной ночи Добрий вечір.
La angustia de que todo el esfuerzo y el coraje, de que esas
vidas rotas en la lucha por la democracia se pierdan en el olvido(Máximo Pradera)
El 20 de noviembre se cumplen 50 años
de la muerte del dictador. Pero, como dice Javier
Cercas en El País, muerto el perro no se acabó la rabia, porque cuarenta
años de dictadura son una eternidad. Su muerte no representó el
fin del franquismo; tampoco, el principio de la democracia. El franquismo
era robusto a la muerte de Franco, aunque no lo
bastante robusto para imponerse al antifranquismo; el antifranquismo
era robusto a la muerte de Franco, aunque no lo bastante para imponerse al
franquismo. De ese empate de impotencias surgió en España la democracia. Uno de
los elementos que ayudó al antifranquismo a esa robustez fue la canción protesta
de la que España fue una superpotencia mundial.
Desde los
tiempos más remotos, los oprimidos han cantado para armarse de valor en
momentos de zozobra o provocar al poder para rebelarse contra él. En España hay una larga tradición de canción protesta que se remonta
al ‘Himno
de Riego’ y al ‘Trágala’ del siglo XIX. Aunque es
durante la dictadura franquista y los primeros años de la Transición
española cuando alcanza su esplendor este género que nos ha legado
joyas musicales imperecederas. En
los años 60 y 70, España produjo canciones protesta en cantidad y calidad como no
ha habido en ningún otro lugar del mundo. Lo hizo en las condiciones más
adversas imaginables, bajo una dictadura que censuraba, perseguía, encarcelaba
y mataba.En ese campo, España
se vino arriba por necesidad. Mientras en otros países la canción protesta era
una opción estética o política, aquí era una necesidad vital. Fue como la
gasolina de la oposición a Franco.
Cantar contra Franco no era postureo.
Podías ir a la cárcel, te podían impedir ganarte la vida, ponerte
una bomba en la puerta de tu casa, como les pasó a Ana Belén y Víctor Manuel
o quemarte la librería como hacían los Guerrilleros de
Cristo Rey. Estas canciones a menudo se difundían clandestinamente o en
conciertos multitudinarios que podían ser disueltos por la policía. Muchas de
sus letras se convirtieron en himnos para una generación que anhelaba la
democracia y la libertad de expresión.
En el contexto del 50 aniversario de la muerte del dictador y dentro de
las actividades destinadas a ilustrar cómo el tránsito de la dictadura a la
democracia impactó en múltiples ámbitos de la vida, vio la luz “Si
me borrara el tiempo lo que yo canto”, un homenaje a la canción protesta que tanto movilizó a estudiantes,
intelectuales y obreros. Un viaje por diez canciones
emblemáticas que fueron mucho más que música, fueron actos de resistencia,
gritos de libertad en tiempos de silencio impuesto.
El espectáculo consta de 10 canciones emblemáticas y cuenta con el padre y director de
la idea, el periodista y musicólogo Máximo Pradera, como
narrador (aunque también canta alguno de los temas con una voz increíble, por cierto). La interpretación corre a
cargo de la soprano Laura
Sabatel acompañada por Antonio
López Serrano al piano. Está de gira por España, ha estado en París, Turín, pronto irña a Nápoles...
Gayo Rojo, Gayo Negro cae en el olvido durante la Transición
pero fue rescatada por Silvia Pérez Cruz
y se incluyó en la película “El
47”.
La canción con la que se inicia el
espectáculo, la preferida de Pradera, es Mi querida España, de Cecilia, una canciónmitad unamuniana (me duele España), mitad machadiana (las dos Españas).. Años
setenta. Franco, el dictador que murió en su cama, aún vivía. No habíamos
podido con él. Recuerdo aquella pantalla de nuestro TV Marconi en blanco y negro viendo cantar a Cecilia en el Festival
de Mallorca (1975).Fijaos en el esforzado director que mueve los
brazos frente a la típica orquesta televisiva con violines, saxofones,
contrabajos, coristas.... Allí está ella, vistiendo un elegante traje negro,
entonando uno de los éxitos del momento,
Todo iba bajo las normas establecidas
hasta que Cecilia decide salirse del guion, cantando ante millones de españoles
la letra original de la canción, letra que nunca llegó a ser grabada por el
miedo a las tijeras de los censores. La España dejaba de ser
"nuestra" para transformarse, sin perder la sonrisa, en lo que era,
una "España muerta", un verso que se atragantó a los censores. "Estos
idiotas... le cambio dos palabras a la canción, digo lo mismo y no se
enteran". Ésta, claro está, no es la versión que apareció en
el disco “Un
ramito de violetas”, publicado en 1975. Evangelina Sobredo, tachada de las
listas de radiables debido a la censura franquista, optó por ello por modificar
su letra. El resultado final es el que todo el mundo conoce: “Mi querida
España. Esta España mía, esta España nuestra”, en lugar de “esa
España viva, esa España muerta”. Una España sin dudas, sin pasado. Cincuenta
años después, las modificaciones, más que indignación, suscitan una sonrisa.
En febrero de 1976 Libertad sin ira, otra de las canciones del espectáculo, era el himno no oficial de la Transición. Franco ya había muerto pero el
presidente del gobierno era Arias Navarro, “el
carnicero de Málaga”, favorito de Carmen Polo. La censura la
declara no radiable condenándola al ostracismo, pero como fue grabada, está en las tiendas.
Aunque un día ocurre algo asombroso. Lalo Azcona, abre el
Telediario diciendo Se está comentando que hay una canción que está
prohibida, Libertad sin ira, y que no puede ser utilizada. Nada más incierto. Y
para demostrarlo, el grupo Jarcha, en directo, la va cantar. Así
se acabó con la censura fonográfica en España.
Otro de los títulos de este homenaje
a la canción protesta es Al vent potente metáfora sobre la búsqueda de
la libertad. Un himno antifranquista que nació en una vespa y sin intención
política. “El viento era una metáfora: la adolescencia, la sociedad
adversa, la necesidad de seguir adelante…”, dice
Raimon. Su letra no ofrecía ningún argumento a la censura, pero
la canción, por el contexto político, se convirtió en una amenaza y empezó a
ser censurado. En su caso, la búsqueda de la libertad era doble: no solo no podía
defender sus ideas, sino que no tenía problemas para hacerlo en su propia
lengua.
Diari La Veu
Los recitales de Raimon solían terminar con todo
en auditorio, seis mil, hasta diez mil personas gritando ¡Libertad!
¡Libertad! Cuando se oye que la democracia nos la otorgaron
graciosamente, casi en un gesto de despotismo ilustrado, dos señores (el rey y
Suárez) me acuerdo del 18 de mayo de 1968 en la Facultad de Económicas de
Madrid, el ya famoso recital de Raimon quedó sellado en las memorias de los que
se la jugaron y salieron a la calle para, al son del estribillo Al vent
plantar cara al régimen del dictador.
A Galopar de Paco Ibáñez es
una de las canciones más emblemáticas de la música de protesta en España.
Basada en un poema de Rafael
Alberti llamado “Galope”, escrito en 1938 en el Madrid sitiado, esta
composición también se consolidó como un símbolo de resistencia durante la
dictadura. Las 250 pulsaciones por minuto con las que la interpreta el
cantautor sugieren galope de un caballo, la pureza y determinación de la lucha.
Un grito de guerra pacífica “hasta enterrarlos en el mar”.
Su mensaje sigue resonando en
diferentes contextos de lucha y reivindicación. La canción no solo rinde
homenaje a la poesía de Rafael Alberti, sino que también mantiene vivo el
recuerdo de una época marcada por la búsqueda de la libertad y la justicia.Su interpretación en 1976, en el
regreso de Ibáñez a España tras su exilio, marcó un momento histórico en la
música y la política del país. Pero antes estuvo la mítica en
el Olympia de París
L’estaca no podía faltar en la selección de Max Pradera. Un símbolo y una llamada a la
unidad, para poder lograr un objetivo: tumbar la dictadura. Si hay una versión
que pone los pelos de punta es la del recital de 1976. Barcelona. Gener
de 1976” no es un disco, es un documento histórico. Yo asistí al primero de
los tres recitales que dio que Lluís Llach en
el Palau dels Esports, un día como hoy, el día 15, recital con un final
apoteósico e inolvidable, de los que orgullosamente se puede decir “yo estuve
allí'. Un concierto histórico del que hay muy poca documentación gráfica y
audiovisual. ¡Cómo cambian los tiempos! Lo escuchas, y vuelves al ambiente
tenso, al calor de un recinto a rebosar, la ilusión a flor de piel, tomando el
testigo de los que lucharon antes que nosotros. Vuelves al momento en que todo
era posible. Y nos creíamos dueños del futuro.
La
historia de Al alba, de Luis Eduardo Aute,
es de todos conocida. Le dediqué una
entrada en mi blog cuando se cumplían los 40 años de los últimos fusilamientos
del franquismo. El músico la creó como un poema de amor, pero Rosa León la hizo
suya, situándola en la órbita de esas últimas ejecuciones del
régimen. Involuntariamente la narración de la canción evoca a alguien que
iba a ser ajusticiado al amanecer, dijo el cantautor. Sin
embargo, viendo esta entrevista en La
Vanguardia el 4 del 11 de 2000 hay algo que no me cuadra.
Rosa León hizo de ella un éxito en diciembre del 75. Y la gente la cantamos una y otra vez, captando
el mensaje implícito y convirtiéndolo en el himno de toda una generación. Aute
se resistió a incluir su propia versión en su discografía hasta que en el año
1978 Al alba integró su excelente larga duración Albanta,
publicado en el sello Ariola. Para entonces, era un himno reconocible, una
canción inmortal.
Si
me borrara el viento lo que yo canto” acaba con España, camisa blanca de mi
esperanza, de Víctor
Manuel y La, la, la.
Me resulta curioso que formen parte de este espectáculo. La primera fue
escrita en 1982 y más que una canción protesta es una aspiración. "Fue
escrita en esa época en la que en este país estaba todo por hacer y se
necesitaban las manos de todo el mundo y esta canción resumía aquel anhelo",
explica
su pareja Ana Belén.
Entiendo
más el sentido de la elección de la segunda. En 1968 Joan Manuel Serrat fue
seleccionado para el Festival
de Eurovisión para interpretar el La, la, la del Dúo Dinámico, una
canción atípica que Serrat jamás eligió, que jamás consideró como parte de su
obra. Le impusieron cantarla en el festival por sus posibilidades de triunfo,
por lo pegadizo de su melodía, en lugar de la menos comercial El titiritero que
Serrat había presentado como candidata. La historia es compleja y un poco rocambolesca.
Serrat la grabó primero en castellano pero planteó y finalmente grabó una
versión en catalán. En ese momento sucede un cambio
de posicionamiento en el cantante que se da cuenta, y le hacen darse
cuenta, de que no puede ni debe representar a una televisión manipulada por el
régimen franquista y que de hacerlo debía ser con la versión en catalán. El
Festival de Eurovisión era un gran escaparate y significaba mucho para la
imagen del franquismo de cara al exterior. De hecho, la elección de Serrat
suponía un interesado cambio de tendencia, una búsqueda de una imagen más
europea, más juvenil, menos encorsetada. Serrat renunció tan solo unos días
antes del festival ante la exigencia de cantar en castellano. Fue sustituido
por Massiel.
Llevo
cantando canción protesta desde los 7 años dice Max Pradera en La
Ventana, explicando el origen del recital. Mi padre fue condenado
tres veces. Cuando a la tercera estaba en arresto domiciliario le vigilaban dos policías nacionales, nos los metieron en
casa. Aquella pareja de “grises”,
no tendrían más de 19 años. Sentados en el zaguán, Max Pradera les cantaba las
canciones que escuchaba en su casa cotidianamente: canciones protesta. Los policías,
no podían más que sonreír ante la osadía de ese chaval. Enternecedor.
La canción
protesta ha sido compañera y propulsora de agitaciones que han cambiado el
curso de la historia, y que han servido para la creación de ideales y
referencias en momentos de incertidumbre y catástrofe. No solo como transmisora
de información, sino como espejo en el que reflejar un ideal hacia el que
avanzar, o sobre el que revisar los ya establecidos. Bien merecía este
homenaje.
Cuidaos mucho.
Por cierto. ¿Os habéis dado cuenta? Ya no hablamos de Gaza.
Hay que
vivir de Joan
Baptista Humet, es una canción que hace 45 años que escucho, 45 años que me
emociona una y otra vez hasta las lágrimas, cada vez de una forma diferente, de
la misma forma que ha evolucionado mi vida. Porque la vida es larga y pasan tantas
cosas...
La vida, nada más
La vida que murmura. La vida abierta. La vida sonriente y siempre inquieta. La vida que huye volviendo la cabeza, tentadora o, quizá, sólo niña traviesa. La vida sin más. La vida ciega que quiere ser vivida sin mayores consecuencias, sin hacer aspavientos, sin históricas histerias, sin dolores trascendentales ni alegrías triunfales, ligera, sólo ligera, sencillamente bella o lo que así solemos llamar en la tierra.
¿Qué es la vida? Pregunta adolescente sin respuesta. Para la gran mayoría de las personas, la vida no es más que una sucesión de días demasiado similares. “Si uno puede conservar la cordura y cumplir con normas y rutinas en las que no cree, es porque la lucidez nos hace ver que la vida es tan banal que no se puede vivir como una tragedia” reflexiona el gran Federico Luppi en "Lugares comunes". Por contra, la madre de “Forrest Gump”, interpretado por un brillante Tom Hanks le contestaría: “La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te vas a encontrar”, una incógnita permanente. Sin embargo, entre la rutina y la incógnita tenemos lo único que realmente poseemos, la sencillez, los detalles, la naturaleza, el amor, tesoros que metidos en la vorágine de la vida, pueden pasar inadvertidos o no somos capaces de valorar.
¿Quién
se atreve? ¿quién se atreve, a mis años, a hablar de la vida sin temor a
equivocarse? ¿Estamos seguros de que la experiencia hace al hombre sabio? La vida es tiempo, un tiempo insobornable que continúa
avejentándonos sin misericordia. Es el tiempo quien deja huellas en nosotros, no nosotros en el tiempo. Está ahí silencioso, acechando en todas las
esquinas oscuras o claras, en cada reloj de cuerda o arena, en esa soledad
infinita de sentirse acompañado, en cada pensamiento que pensamos pensar pero que en realidad solo sentimos, en
este vacío lleno y total en el que estamos de paso. Tan sólo la Tierra y el
cielo estarán siempre ahí; nosotros seremos polvo en el viento.
Dust in the Wind (Kansas) Aquí, la letra traducida
La vida ese paréntesis
Cuando el no
ser queda en suspenso
se abre la vida
ese paréntesis
con un vagido
universal de hambre
somos
hambrientos desde el vamos y lo seremos
hasta el vámonos
Pero
no sólo somos polvo en el viento. ¡Somos polvo de estrellas! En Cosmos: Un viaje
personal, la serie televisiva de los años 80, el divulgador científico Carl Sagan nos explica que los
elementos de este planeta, excepto el hidrógeno y algo de helio, fueron
cocinados en una “alquimia estelar” hace miles de millones de años. “El
nitrógeno de nuestro ADN, el calcio de nuestros dientes, el hierro de nuestra
sangre o el carbono de nuestras tartas de manzana, se hicieron en los
interiores de estrellas en proceso de colapso. En resumen, somos polvo de
estrellas”. Por eso tan solo una sola vida vale lo que vale un sol.
“Aunque
estoy convencido de que nada cambia, para mí es importante actuar como si no lo
supiera”. Leonard Cohen fue un visionario, nunca se engañó. Decía que
no había que ser pesimista ni tener esperanza. Solo sentarse a la puerta de
casa y esperar que vinieran tiempos mejores. Él, como muchos de nosotros, se
refugiaba en la poesía. "La poesía es solamente la prueba de que hay
vida. Si tu vida se está quemando bien, la poesía no es más que la ceniza"
Cuando tenía veinte años no sabía que la vida tuviera límites. Pensaba que todo lo podríamos, que nuestras aspiraciones y nuestros proyectos irían haciéndose realidad uno detrás de otro. No podía ser de otra manera: estábamos dispuestos a hacer todos los esfuerzos necesarios para conseguirlos. Nacimos en un tiempo de guerra, un tiempo sin sol. Triste, pero a la vez alentador; porque teníamos el firme convencimiento de que aunque nos cayéramos nos íbamos a levantar y a seguir luchando. Lo más difícil de aprender de la vida, sin embargo, es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar. No es fácil.
Deberíamos observar la vida como una serie de comienzos y finales que se van sucediendo en un continuo
devenir, como los fotogramas de una película, porque es poliédrica; tiene muchas
caras. Si esta vida no tuviera problemas ni obstáculos que librar ni miedos que
superar ¿qué interés tendría? “Tengo mis brazos, tengo mis manos, tengo
mis dedos, tengo mis piernas, tengo mis pies, tengo mis dedos de los pies,
tengo mi hígado, tengo mi sangre. Tengo vida, tengo mi libertad, tengo vida”, dice
Nina Simone. Así es, yo también "aún tengo la vida", a pesar de todo.
Ain't Got No, I Got Life. Aquí, la letra traducida.
Este libro
Me vienen estas cosas del fondo de
la vida:
Acumulado estaba, yo me vuelvo
reflejo...
Agua continuamente cambiada y
removida;
Así como las cosas, es mudable el
espejo.
Momentos de la vida aprisionó mi
pluma,
Momentos de la vida que se fugaron
luego,
Momentos que tuvieron la violencia
del fuego
O fueron más livianos que los
copos de espuma.
En todos los momentos donde mi ser
estuvo,
En todo esto que cambia, en todo
esto que muda,
En toda la sustancia que el espejo
retuvo,
Sin ropajes, el alma está limpia y
desnuda.
Yo no estoy y estoy siempre en mis
versos, viajero,
Aunque nunca hablamos de ello, nacemos con la muerte adosada. Vida y muerte no son consecutivas sino
simultáneas e inseparables. Vivir implica morir. El problema
de la vida no es cuánto va a durar sino cuánto vale la pena que dure. No
podemos elegir cómo vamos a morir o cuándo vamos a hacerlo (bueno; ahora algunas veces sí,
gracias a la Ley
de Regulación de la Eutanasia). De lo que sí que debemos estar seguros es de poder decidir cómo vamos a vivir.
Quién no
siente que su vida es la búsqueda constante de un paraíso inexplorado, de un
nuevo mundo, aunque sea interior, ¿verdad?. Que como decía José Saramago
"no hacemos más en la vida que ir buscando el lugar donde quedarnos para
siempre". Pero, en realidad, somos guijarros que ruedan, como piedras que sólo
servimos para la aventura quijotesca y no para edificar los bastiones del poder
social. Somos, ante todo, la resistencia contra la sociedad, luchando con la
única arma del Ideal de los vencidos.
"La
vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos", dijo Cicerón. Nos mantendremos
vivos mientras alguien hable de nosotros. Por eso es tan importante reivindicar la memoria. Casi sin darme cuenta, me he convertido en
viajera que recorre las huellas de los recuerdos de toda la familia. Los
recuerdos ¿son algo que tenemos o algo que hemos perdido? Quién lo sabe…
Para
acabar este canto a la vida no hay mejor consejo que este: “Mira siempre el lado más brillante de la vida”
… y, si no existe, entonces frota el oscuro hasta que brille. Porque una sonrisa es la línea curva que lo endereza todo.
Siempre mira el lado luminoso de la vida (Monty Python)
Cuando venías
a pasar unos días con nosotros te agradaba abrir tu portátil y leer y escuchar lo que publicaba en
este blog. Te sentías orgullosa. "De casta le viene al galgo", me decías. Si pudieras leer este canto a la vida que hoypublico pensando en ti, sé que te gustarían más los poemas que las
canciones que he escogido. Tú sí que hubieras preferido una colección de réquiems, adagios, ave marías, cánones, pianos o chelos, esa música culta que trasciende a pesar del tiempo. Probablemente, alguien nos echaría en cara que utilizamos la poesía como evasión elitista. Quizás tengan razón. Para ti, como para mí, la poesía (y la literatura) también era una forma de huir, de evadirte de las convulsiones de una sociedad y unos
tiempos que te (nos) superaban. Pero yo sé que escucharías las canciones, me mirarías, sonreirías y asentirías con la cabeza, diciendo con la boca pequeña: “están bien”.
Aunque, qué tontería; si estuvieras aquí no hubiera escrito esta entrada.