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sábado, 28 de marzo de 2026

Miguel Hernández, el canto que no cesa

 El símbolo de la España que pudo haber sido y no fue.

En un día de la infame y sombría posguerra, el 28 de marzo de 1942, en la prisión de Alicante dejaban morir, es decir, asesinaban pasivamente, al gran poeta Miguel Hernández, español, republicano, hombre del pueblo, poeta del pueblo.

Miguel fue un pastor de cabras, persona comprometida con su gente y con su tiempo. Un hombre sencillo y sensible que amaba la libertad y decía: “… soy como el árbol talado que retoño y aún tengo la vida” … y se la quitaron.

El poeta sabía que se moría y que lo haría en la cárcel, que nada material podía legar a su familia. Estaba preocupado, abatido, necesitado de sus seres queridos. Se sentía impotente ante la maquinaria franquista que lo había condenado injustamente y ante la miseria en que sabía dejaba a los suyos. En Nanas de la cebolla, leemos: “En la cuna del hambre/ mi niño estaba/ Con sangre de cebolla/ se amamantaba…”.

Sus vividas experiencias de niño-pastor y huertano se trasfunden por primera vez, poéticamente transformadas, a su poema El niño yuntero, el más tierno y sencillo de su  “Viento del pueblo”.

Como dijo su amigo y compañero de celda Antonio Buero Vallejo, fue la guerra de resistencia del pueblo español frente al fascismo internacional la que acabó por convertir a Miguel en un poeta necesario, eso que muy pocos poetas, incluso grandes poetas, logran ser. Miguel fue poeta y miliciano, intelectual y cabrero. Miguel fue comunista, fue coherente, escribió para el pueblo desde las trincheras del pueblo.

Poeta del pueblo, le llamamos. Lo es porque sus versos son cantos a la tierra y a la naturaleza, cantos de amor y de lucha, de exaltación y dignificación del trabajo, de generosidad y orgullo frente a la desigualdad y la opresión.

El mejor homenaje que puede recibir cualquier poeta es que su poesía prosiga como el rayo que no cesa, relampagueando en la larga noche de todos los tiempos, convirtiéndose en poeta de todos. Por eso, desde hace más de medio siglo los poemas de Miguel Hernández han inspirado a numerosos cantantes que han convertido sus versos inmortales en canciones inmortales, discos icónicos y recopilaciones que han dado eco a esa poesía.

De esas naciones icónicas hemos escuchado ya Para la Libertad de Joan Manuel Serrat, Nanas a la cebolla por Niño de Elche, El niño yuntero de Víctor Jara, Vientos del Pueblo de Los lobos, Después de haber cavado este barbecho de Buika y Por una senda de Amancio Prada. Del flamenco al rock y del folk al jazz pasando por la canción de autor, todo el mundo ha querido cantar, versionar o reinterpretar los poemas de Miguel.

La primera llamada de atención en ese sentido la dio en 1967 desde París Paco Ibáñez. Su gran adaptación de Andaluces de Jaén despertó muchas conciencias.

Pero el estallido definitivo no llegaría hasta 1972, cuando Joan Manuel Serrat dedicó todo un elepé a su obra, titulándolo con su nombre y su apellido, que aparecían con caracteres bien grandes en una portada que hizo historia.

Yo aún recuerdo vivamente  cantar Llegó con tres heridas, pensando que era una canción folk de Joan Baez. Corría el año 1974. Vestida con uniforme de las monjas y acompañada de mi guitarra, cantábamos canciones de las que desconocíamos su orígen, importancia y la profundidad de su significado.

Los versos de su autor comenzaron así a correr de mano en mano, de boca en boca, floreciendo de nuevo en las voces de artistas como Elisa Serna, Camarón, Carmen Linares, Enrique Morente, Eliseo Parra o Sílvia Pérez Cruz.

Entre 1967 y 2018 se habían grabado 227 discos con 168 poemas adaptados, unas cifras que implican a 242 compositores o intérpretes y un total de 510 canciones. Todo ello, sin contar los temas dedicados al escritor, que no son pocos, desde Víctor Manuel o Silvio Rodríguez a Mayte Martín.

El final de la vida del poeta es un absurdo, deambulando de cárcel en cárcel acabada de la guerra civil y muriendo a los treinta y un años. La cadena SER le rindió homenaje con un fantástico podcast, una serie de 5 episodios, sobre los dos procesos sumarísimos a los que el franquismo sometió al poeta. Es aquí cuando el verso “para la libertad, sangro, lucho, pervivo” adquiere la dimensión exacta y su significado real. Pablo Neruda dijo de él: “Recordar a Miguel Hernández es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra”.

Miguel Hernández en Orihuela. Enrique Orejudo

No se imaginaba el poeta que, en febrero de 2020, el alcalde de Madrid Martínez-Almeida borraría los versos del poeta del memorial de la Almudena. En noviembre, el Consistorio ya había arrancado las placas con los 2.934 nombres de los fusilados durante el franquismo. Lo hizo sin comunicación previa a las familias. En septiembre de 2024, Orihuela rechazó pedir que se anulen los juicios contra el poeta por los votos del PP y Vox. En enero, ya habían dejado sin subvención el Premio de Poesía miguel Hernández. A principios de este mes, la Diputación de Alicante rechazó blindar el proyecto educativo la Senda del Poeta de Miguel Hernández con los votos, otra vez, de PP y Vox.

Fotografía: Diario Público

Pero no podrán con él. Hasta que la semilla del amor, de la dignidad, de la humanidad, del espíritu de lucha que transmite su poesía no sea una realidad, Miguel Hernández será el poeta de los pobres, de los explotados, de los excluidos, de los refugiados (¿por qué les llaman refugiados si en realidad son abandonados?), de los amordazados, de los represaliados, de los desarraigados, de los desahuciados, de los asesinados en guerras ilegales.

Miguel Hernández será, sobre todo, el poeta de nuestros muertos que cayeron defendiendo la República, olvidados por la historia oficial, poeta de nuestros presos, de nuestros fusilados, de nuestros exiliados.

Que el destino mantenga fresca la memoria y nos libre de aquellos que asesinan a los poetas y a la poesía, señores de la guerra que asesinan a niños, a la Justicia y a la Libertad. Si Miguel viviera también gritaría ¡NO A LA GUERRA!

"Aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido, jamás renunciaremos ni al más viejo de nuestros sueños"


Buenas noches. Bona nit. Boas noites. Bones nueches. Arratsalde on. طاب مساؤك לילה טוב Спокойной ночи Добрий вечір.

Otras fuentes:


lunes, 20 de septiembre de 2021

Homenaje a Víctor Jara. 48 años sin su aliento

 Murió dando voz a los pobres de Chile. La búsqueda de la justicia duró décadas

En 1970, los partidos políticos de todo el espectro de izquierda de Chile formaron la coalición Unidad Popular que llevó a Salvador Allende al poder. La influyente y querida Nueva Canción, dio su apoyo activo a los progresistas. Cuando Allende aceptó el poder, una pancarta sobre su cabeza decía: “No se puede hacer una revolución sin canciones”. La marca chilena de la Nueva Canción continental se inspiró en las tradiciones populares indias de los Andes, es decir, la música folclórica de los oprimidos. Víctor Jara fue una de las figuras más destacadas del movimiento que difundió esa música folclórica tradicional latinoamericana con letras de inspiración política y social. "La Nueva Canción tiene un gran poder para crear conciencia frente a los desafíos de hoy", dijo mientras se refería a su guitarra siempre como instrumento de lucha.

Imagen de Radio Umbral

Estados Unidos, amenazado por las intervenciones de Allende para tratar de eliminar la enorme brecha de riqueza de su país, trabajó clandestinamente con políticos chilenos de derecha y sus aliados en el ejército para socavar su mandato. El 11 de septiembre de 1973, en un sangriento golpe militar contra el gobierno elegido democráticamente organizado con el apoyo de Estados Unidos, Allende cae. 

La nueva junta militar, bajo el mando del general Augusto Pinochet, lideró un reinado de terror. Decenas de miles de simpatizantes de Allende fueron detenidos. Al menos 2.300 personas fueron asesinadas, alrededor de 1.000 personas más están “desaparecidas” y se presume que murieron, y miles más huyeron de su tierra natal durante los 17 años de gobierno del dictador. Al menos 27.000 fueron torturados. Se quemaron libros y discos “subversivos” y se segó la vida de miles de intelectuales y artistas.

Una de las primeras víctimas fue Víctor Jara, poeta, profesor, director de teatro y activista del Partido Comunista. Por todo ello había sido nombrado embajador cultural cuando Allende alcanzó el poder en 1970. Su activismo, popularidad y ardiente apoyo al gobierno de Unidad Popular lo convirtieron en un hombre marcado.  El 12 de septiembre por la mañana, Víctor se encontraba en la Universidad Técnica del Estado cuando fue detenido junto a parte del profesorado y del alumnado.  En la entrevista en  The Telegraph  con Philip Sherwell, Joan Jara, una instructora de baile de origen británico, viuda de Víctor,  relata su última conversación telefónica en la tarde del 11 de septiembre de 1973.

Estas fueron sus palabras: "Víctor me llamó para decirme que no podía llegar a casa por el toque de queda, que me amaba y me instó a quedarme en casa y cuidar a las niñas", dijo. "Lo que no me dijo fue que no podía irse porque la universidad estaba rodeada de tanques y sitiada".

 Los golpistas le reconocieron rápidamente. Junto con unas 5.000 personas más fue llevado al Estadio de Chile, el estadio nacional de la capital del país, Santiago, convertido en una especie de campo de concentración para prisioneros afines a Allende. El cantautor, al que algunos llamaban el Bob Dylan de América Latina, se había convertido en un símbolo dentro y fuera de Chile. Era el compositor del pueblo, el que le cantaba a la lucha de la clase obrera, a los campesinos que trabajan de sol a sol, a los que el sudor hace surcos. Cantaba a los explotados que pierden la vida, esos que siempre riegan con su sangre las guerras, a los que se lo han quitado todo.

Su muerte fue una muerte lenta.  Los huesos de sus dedos fueron rotos uno a uno por los soldados, quienes luego se burlaron de él instándole a tocar la guitarra. Los testimonios de cómo y quiénes torturaron y asesinaron a Víctor Jara son estremecedores. Durante su mutilación, Jara cantó desafiante Venceremos, el himno socialista que había escrito para la campaña presidencial de Allende. Tres días después, fue asesinado. Estaba a punto de cumplir 41 años.


Su cuerpo fue arrojado junto al Cementerio Metropolitano, donde un trabajador le reconoció y avisó a su mujer. Desde ese día, como dijo Quilapayún (grupo en el que Jara ejerció como director artístico entre 1966 y 1969) durante un concierto, sus míticos ponchos negros tomaron otro sentido que el que le dieron cuando inventaron sus trajes: “Ahora son un luto que llevamos y llevaremos siempre por Víctor”. Cuando su esposa fue a identificarlo para enterrarlo, se encontró con un cuerpo acribillado por 44 balas y 2 tiros en la cabeza. Además, tenía varias costillas rotas y un ojo reventado. Una muestra de la rabia del fascismo que tan preocupantemente resurge hoy en nuestras sociedades. “Soy una afortunada”, dijo a los de 91 años a Sean Mattison, director del video de Retro Report sobre la muerte del cantante. “Tanta gente aquí en Chile, tantas familias, todavía no conocen el destino de sus seres queridos. Ese es el peor destino”.


Joan enterró a su marido clandestinamente y logró escapar de Chile a Londres con sus dos hijas y una serie de obras literarias y musicales de Víctor, incluyendo un poema que éste escribió mientras estuvo preso en el Estadio Chile. La última obra sin título e inacabada de Víctor Jara es un grito de esperanza en medio de la brutalidad y la injusticia. Y es que el sábado 15 de septiembre, el compositor tuvo la fuerza suficiente para tomar papel y lápiz y escribir sus últimos versos para quedara grabado el espanto que estaba viviendo.

Canto que mal que sales
cuando tengo que cantar espanto.
Espanto como el que vivo,
espanto como el que muero”

Espanto que le llevaría a la muerte poco después.  Su nostálgico Manifiesto, los ´últimos versos que escribió en libertad, convertidos en canción póstuma, se siente como una espeluznante premonición de su muerte:

Bruce Springsteen cantó una versión de Manifiesto en un concierto en Santiago el 12 de septiembre de 2013, pocos días antes del 40 aniversario de la muerte del cantante. “Víctor Jara sigue siendo una gran inspiración”, dijo Springsteen a la audiencia. “Es un regalo estar aquí y lo tomo con humildad”.

En 1990, el régimen de Pinochet dio paso a un gobierno democrático. En 2004, el estadio en el que fue asesinado el cantante pasó a llamarse Estadio Víctor Jara. Cinco años después, 36 años después de su muerte, Jara fue enterrado nuevamente tras ser exhumado en el marco de un proceso judicial para esclarecer su muerte, y tras una nueva autopsia, su familia decidió velarlo y organizar un entierro como  él se lo merecía. Su tumba fue vandalizada el año pasado. El fascismo no descansa. 

El caso Jara sigue muy vivo en Chile. La batalla judicial para juzgar a los asesinos del cantante fue ardua. La búsqueda de la justicia se extendió durante 45 años hasta que, por fin, el juez chileno Miguel Vázquez condenó a ocho militares retirados a penas de prisión de 15 años y un día por los asesinatos del señor Jara y de un exdirector de prisiones, Littré Quiroga Carvajal. Un noveno hombre recibió una sentencia de cinco años por ayudar a encubrir los crímenes. Y en Florida, otro ex oficial que encontró refugio, cómo no, en Estados Unidos, fue declarado responsable en una demanda civil entablada por familiares de Jara. Se le ordenó pagar 28 millones de dólares en daños. Un tribunal de Chile ha pedido la extradición de este hombre, Pedro PabloBarrientos Núñez, pero la solicitud sigue sin cumplirse.

La música de Víctor Jara parece una respuesta apacible y majestuosa al fascismo. Pero, detrás de su bonita voz de tenor, hay una valentía que aún puede poner los pelos de punta.

Te recuerdo Amanda

“La vida es eterna en cinco minutos”, escribió y cantó. La lucha de clases en apenas dos minutos y medio, posteriormente convertido en un himno contra la dictadura de Pinochet. Lucha de clases qie sigue viva. Porque, como Manuel, los trabajadores siguen muriendo. En 2020, a pesar de la pandemia y la reducción de actividad que conllevó, en España murieron 720 personas víctimas de accidentes laborales. Esta canción no puede dejar de tener un lugar en este post.

El 11 de enero de 2019 se estrenó en Netflix, ReMastered: Masacre en el Estadio, documental que narra el asesinato de Víctor Jara. Lo que nos permite recordar a uno de los músicos nacionales más influyentes de nuestra historia. Tan importante la revista Rolling Stones lo designó como uno de los “Rebeldes del Rock” e innumerables músicos han versionado la música de Jara o le han rendido homenaje con sus propias canciones. He aquí una muestra.

El histórico bajista de Pink Floyd, Roger Waters, no ha nunca ocultado sus planteamientos políticos cercanos a las ideas de Víctor Jara, además de plantarse contra figuras de extrema derecha como JairBolsonaro en conciertos en vivo. Fue justamente en un concierto, dado en Chile en 2018 que proyectó una imagen de Jara y poniendo su smartphone al micrófono, reprodujo El Derecho de Vivir en Paz. En 2012 ya había dedicado suconcierto “The Wall” en Santiago a Jara y las víctimas de la dictadura.

En el EstadioBicentenario de La Florida el grupo Rage Against the Machine dio uno de sus mejores conciertos. En él hicieron un tributo compartido a Víctor Jara y a los mineros de la mina «San Juan» (se referían a la mina San José) cantando La Canción del Minero, mientras eran aclamados por el público. El año pasado, el ex guitarrista de la banda, Tom Morello, subió a sus redes sociales una sentida celebración por la justicia a favor de Jara y por la condena a sus asesinos.

En 1998 el sello Alerce editó un disco en que se dieron cita una serie de importantes artistas hispanoamericanos para rendir homenaje al cantor chileno, interpretando algunos de sus temas más significativos. En el álbum participan el cubano Silvio Rodríguez; los argentinos León Gieco, Víctor Heredia y Javier Calamaro; los españoles Víctor Manuel, Ana Belén e Ismael Serrano; el peruano Lucho Barrios; además de varios artistas chilenos, como Jorge González, Isabel Parra, Quilapayún, Joe Vasconcellos, y otros.

En el interior del disco podemos leer:

Víctor sonreía, a pesar de todo. Dicen que Víctor sonreía a pesar de todo… Después de 25 años todavía cuesta sonreír al recordarlo. Su muerte es poderosa y siempre duele. Sin embargo, Víctor es inmensamente más grande que su ausencia. Sus canciones y su pensamiento provocan más que una sonrisa, provocan lágrimas y esperanza, rabia y amor, generan futuro. Escuchamos hoy sus canciones en las voces de otros y son grandes y son bellas, vigentes y necesarias. La guitarra dulce de Silvio, la fuerza de León, el amor de Víctor Heredia, la fiesta del Sol y Lluvia, la ternura de Schwenke y Nilo, la rabia de Jorge González, la historia de Isabel Parra, ellos y los demás creadores que forman parte de este tributo se entregaron al desafío de interpretar a Víctor y lo hicieron con amor, con respeto, con alegría, seguros de estar participando de un proyecto que pondrá las palabras de Víctor Jara en infinidad de labios y conciencias. Palabras santas (como lo expresara Gieco): libertad, justicia, esperanza, arado, memoria, pueblo, luna, río, estrella, viento… Víctor sonríe a pesar de todo



Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. 굿나잇. Boas noites. 晚安 Bonne nuit グッドナイト    Buonanotte. לילה טוב.  Oíche mhaith. Wengi alus. Bones nueches. اچھا شام Noson dda. Good night. Спокойной ночи. Guten Abend. শুভ রাত্রি. Laku noć. Bon lannwit. Fie. God nat. Usiku mwema. Oimore... ¡Salud!

Otras fuentes

https://www.rockandpop.cl/2019/01/5-homenajes-a-victor-jara-de-musicos-internacionales/

https://perrerac.org/obras-colectivas/obra-colectiva-tributo-a-vctor-jara-1998/479/

lunes, 8 de diciembre de 2014

El mar, música y poesía

“Et deixo, amor, la mar com a penyora (Carme Riera)


Me gusta el mar. Acudo a su bramido,
al ámbito olvidado por la altura,
acepto la condena de su hondura,
el aire horizontal, el sol hundido.
Me gusta el mar de gesto indefinido.

El mar es resonancia
y no cantar: palabra.

El mar se enamoró de ella que lo amaba desde siempre. Por eso, una tarde se atrevió a seducirla. Y ella se dejó seducir.


Aprovecho que me han dejado sola en este frío domingo para alejarme un rato del mundo real. Desde mi rincón, a través de la puerta del jardín, contemplo un cielo oscuro y amenazador que recuerda que el otoño sigue su curso mientras el frío va imponiendo su ley. El viento transporta recuerdos y me hace evocar esos momentos que nos marcaron.

Frente al mar

Oh Mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
"Piedad, piedad para el que más ofenda".

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza,
¡Aire de mar!... ¡Oh tempestad, oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y equivoca
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele
(Alfonsina Storni. Irremediablemente)


Antes, cuando volvía a casa de tirar la basura por la cuesta del silencio, cerré los ojos. Y apreté los puños. Quería escuchar una vez más el mar rompiéndose bajo mis pies, igual que se rompía aquellos atardeceres en que yo escribía y salía a descifrar la luna grabando en plata su nombre sobre las aguas.


Subía y miraba el cielo en busca de las estrellas. Una, la única que logro apreciar, pierde su brillo de forma definitiva.  En la oscuridad del cielo, su rastro se aleja tristemente. De nuevo, sólo la niebla envuelve el verde bosque cubriéndolo de un manto blanco y siniestro. Un escalofrío atraviesó mi cuerpo... Algún viejo fantasma del pasado hace su travesía a ninguna parte. He querido componer un poema y no he podido. Abro los ojos y el futuro me acecha; quien sabe qué sorpresas me depara.

 Solitario, mudo, ceñidas
las sienes de hojas otoñales.
En la boca reseca el gusto
de la sal de todos los mares.

La sal que dejaron las olas
de los días al derrumbarse.

Una noche después de un largo día le dice la luna al cielo: voy a navegar por el mar de estrellas que forman tu cuerpo.


El mar sin tiempo y sin espacio nos acaricia con sus olas comprensivas.
Su soledad es tan inmensa que se confunde con sus aguas infinitas.
Nadie lo habita, ni lo surca; nadie lo llama, ni lo escucha, ni lo mira.
Vive desnudo como el alma, con su profunda inmensidad por compañía.
No hay bienvenidas en sus puertos; ni en sus obscuros malecones despedidas.
Tanto las playas que desea como las playas que abandona están vacías.

Mudas están sus caracolas, y ya no alumbran sus estrellas submarinas.
De los veleros que lo amaron apenas hay reminiscencias imprecisas.
La tierra ignora nuestras dudas y el firmamento nuestras largas agonías.
Sólo este mar que nos comprende puede medir la soledad de nuestras vidas.
El mar inunda nuestros ojos con la ternura temblorosa de sus aguas.
Y nos contempla largamente con la dulzura elemental de su mirada.
El poderoso sentimiento del mar sin fin tiene un momento forma humana.
Y entre las aguas invasoras nuestra emoción es más profunda y más amarga.
Para el dolor alternativo de las mareas nuestro ser es una playa.

De nuestras venas son las olas que se suceden en las costas más lejanas.
Algo más grande que nosotros está despierto en nuestra voz abandonada.
Una pasión de carne y hueso tiembla en el pulso de las olas solitarias.

Manos de viento nos golpean el corazón y nos oprimen la garganta.
Sólo este mar que nos contempla sabe medir la soledad de nuestras lágrimas.
El mar escucha sin descanso la silenciosa confesión de los recuerdos.
Una emoción incontenible, pero sin voz, sube del fondo de su pecho.
Donde las aguas son profundas como la muerte y el amor, hay un velero.
Bajo las olas pensativas el gran navío de la infancia está durmiendo.
En el abismo es su dulzura como un violín abandonado en un desierto.

Fotografía de mi amiga Gelu
Nido en el bosque tenebroso, llanto infantil en un camino solo y negro.
Su cuerpo mudo y solitario vive la vida de las flores y los ciegos.
Por lo callado y por lo solo parece un alma ensimismada en vez de un cuerpo.

Para su amor interminable todos los puertos de la tierra son pequeños.

Sólo este mar que nos escucha puede medir la soledad de nuestros sueños.
El mar pregunta por nosotros en el lenguaje de sus olas más obscuras.
(De tan sombrías, ni siquiera tienen la gracia luminosa de la espuma.)
Profundos son sus ojos negros, pero su voz es todavía más profunda.
Es necesario haber sufrido sin compasión para saber lo que murmura.
Las olas vienen de muy lejos a descansar en nuestro ser, una por una.
Vienen sin restos de naufragios y bajo cielos sin estrellas y sin luna.
No vieron islas encantadas, ni blancas velas, ni gaviotas vagabundas.
Desierto igual es imposible fuera del ser por quien suspiran y preguntan.
Sobre las olas desoladas el firmamento está distante como nunca.
Sólo este mar que nos invoca puede medir la soledad de nuestra angustia.
El mar sin rumbo y sin amparo busca refugio silencioso en nuestra frente.
Y el movimiento de las olas infatigables se apacigua lentamente.
Sobre las aguas angustiosas una quietud espiritual dicta sus leyes.
La eternidad las tranquiliza con la virtud maravillosa de su aceite.
En las tinieblas infinitas un gran misterio abre las alas para siempre.
Y en el abismo solitario todas las formas del olvido están presentes.
En vez de voces hay silencio, y aterradora soledad en vez de seres.
Donde hubo pájaros hay viento, y oscuridad y oscuridad donde hubo peces.
Nuestro dolor y el de las aguas están unidos en la paz de las rompientes.

Sólo este mar que nos conoce puede medir la soledad de nuestra mente. 
(Francisco Luis Bernárdez)


Allí donde la tempestad declina y el agua se torna calma será el encuentro... Y de esa azul profundidad brotarán quimeras, se oirán melodías…


Mar distante
Si no es el mar, sí es su imagen,
su estampa, vuelta, en el cielo.
Si no es el mar, sí es su voz
delgada,
a través del ancho mundo,
en altavoz, por los aires.
Si no es el mar, sí es su nombre
es un idioma sin labios,
sin pueblo,
sin más palabra que ésta:
mar.
Si no es el mar, sí es su idea
de fuego, insondable, limpia;
y yo,
ardiendo, ahogándome en ella.


El Mar

NECESITO del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navios.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.
No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.


Meditación
[...]
Yo te veo en el mar: en la ola verde,
azul, o sonrosada que camina,
que con orla de aljófares se pierde,
mientras otra más alta se avecina.

También cuando lo tienes en bonanza,
para el pequeño alción que a sus cristales
fía su hermosa prole y su esperanza,
mientras atas furiosos vendavales.

Y en el cetáceo enorme que entre hielos,
que muros de cristal pueden decirse,
alza dos ríos de agua hasta los cielos,
y agita el mar del norte al rebullirse;

que herido del arpón, iras alienta,
con su sangre las aguas enrojece,
y las pone agitadas en tormenta...
¡Tanto puede su mole que padece!

Tú le diste los mares por presea
donde tenga por lecho las bahías
el boreal y antártico pasea;
por abismos de espuma tú le guías.
[...]


Elegía del niño marinero
Marinerito delgado,
Luis Gonzaga de la mar,
qué fresco era tu pescado,
acabado de pescar!

Te fuiste, marinerito,
en una noche lunada,
tan alegre, tan bonito,
cantando, a la mar salada!

Qué humilde estaba la mar!
¡El cómo la gobernaba!
Tan dulce era su cantar,
que el aire se enajenaba.

Cinco delfines remeros
su barca le cortejaban.
Dos ángeles marineros,
invisibles, la guiaban.

Tendió las redes, ¡qué pena!,
por sobre la mar helada.
Y pescó la luna llena,
sola, en su red plateada.

¡Qué negra quedó la mar!
¡La noche qué desolada!
Derribado su cantar,
la barca fue derribada.

Flotadora va en el viento
la sonrisa amortajada
de su rostro. ¡Qué lamento
el de la noche cerrada!

¡ Ay mi niño marinero,
tan morenito y galán,
tan guapo y tan pinturero,
más puro y bueno que el pan!

¿Qué harás, pescador de oro,
allá en los valles salados
del mar? ¿Hallaste el tesoro
secreto de los pescados?

¡Deja, niño, el salinar
del fondo, y súbeme el cielo
de los peces, y, en tu anzuelo,
mi hortelanita del mar!


Hay momentos de pasar día tras día
lugares de nunca llegar.
Hay lugares de estar tranquila,
lugares de no ser nadie
y huir,
ser una pierna en el aire
y perderse en ningún lugar.
Hay lugares de sí,
momentos de dudar,
de esperar el momento;
hay lugares de no,
que hoy no,
que no volveré
ni un día más.
Hay momentos de volver
y no encontrarse con nada
de agobiarse,
momentos sin rumbo,
Hay lugares de presentimiento,
de miedo hueco
siempre es el miedo
un lobo que aúlla cerca.
Hay momentos de partir,
quedarse a solas,
lugares sin mí,
que siempre serán sin mí
Hay lugares que no querré llegar,
momentos dolorosos
sin entender nada.
Hay momentos de contar
los pasos hasta el vacío
caída libre.
Hay momentos donde nada
lleva a ningún sitio,
mecer en la ausencia,
momentos de pies en alto,
cabeza suelta y nada;
momentos de nada
de más allá: nada.
Pero hay momentos incomparables,
que llegan sin esperarlos
el mar en el alma,
la arena quieta
momentos de sólo respirar
tomar el aire
creerse alguien.
Sonreír.
Hay momentos... palabras,
palabras bálsamo,
sonrisas bálsamo,
miradas bálsamo,
complicidades, certezas.


Yo me sé pasajera de tu barco sin rumbo. Tú te sabes huracán de mi calma y mi noche.


Me retiro ya. Volveré para hallar una sonrisa en la gota sutil que se rezuma de las porosas piedras, en la bruma, en el sol, en el cielo y en la brisa. Alzaré una nueva vela contra el viento. ¡Hay tantos mares que surcar! Cada naufragio exige un nuevo intento. El mar tiene infinitas rutas.

Lunes, 8 de diciembre.

Xavier Perarnau, siempre tan certero, me propone ésta maravilla que no puede faltar en este homenaje al mar. Gracias, Xavier.