domingo, 18 de octubre de 2026

The Beatles, el mítico grupo que revolucionó la música

 “Cambiaron la disposición de la tierra y abrieron un mundo de posibilidades” (Bruce Springsteen)

Cuando en el mes de junio Paul McCartney cumplió 84 años, quién lo diría, me di cuenta de la poca atención que ha recibido en este espacio la que es considerada por muchos la banda más influyente de la historia del rock.  Excepto esta publicación de hace más de 14 años dedicada a la ya mítica canción 'Let it Be', poca cosa, la verdad. Siendo uno de los más grandes nombres de la industria musical y guía mundial de las esperanzas y los sueños de una generación que llegó a la mayoría de edad en la década de 1960, creo que estos tiempos de desorientación de buena parte de nuestra juventud son un buen momento para hablar de ellos.

The Beatles no fueron una banda; fueron el interruptor que encendió el color en una habitación que la posguerra había dejado en blanco y negro. Para la generación que floreció en los años sesenta, el cuarteto de Liverpool no significó simplemente un catálogo de canciones perfectas o una sucesión de acordes revolucionarios. Supuso, fundamentalmente, el descubrimiento de la propia identidad. Antes de su irrupción, los jóvenes eran solo adultos en miniatura, réplicas obligadas a vestir, pensar y callar como sus padres. Cuando John, Paul, George y Ringo cruzaron el firmamento cultural, entregaron a millones de adolescentes el pasaporte hacia su propia libertad. Love Me Do (1962) fue su humilde carta de presentación. Sencilla, con una armónica pegadiza y esa frescura inocente de quienes están empezando a saborear el éxito. 

Pero antes de las portadas y los gritos ensordecedores, hubo largas noches de sudor y rock and roll primitivo en los clubes de mala muerte de Hamburgo y en el sótano de The Cavern Club en Liverpool. Cuando Ringo se unió a la batería en 1962, las piezas encajaron perfectamente. Lo que vino después fue un torbellino: flequillos idénticos, trajes a juego y miles de fanáticos desmayándose en sus conciertos. Aquel fenómeno bautizado como Beatlemanía fue el estallido de una urgencia colectiva. Eran insultantemente jóvenes, transmitían frescura y derrochaban una energía necesitada con urgencia. El motor de la locura fue She Loves You, en 1963, con su famoso “Yeah, yeah, ¡yeah!" que se convirtió en el grito de guerra de una juventud que reclamaba su propio espacio en el mundo. 

En medio de un mundo fragmentado por la Guerra Fría, la amenaza nuclear y el dolor de Vietnam, aquellos cuatro muchachos ofrecieron un refugio hecho de optimismo, insolencia, inconsciencia y guitarras eléctricas. Eran la prueba viviente de que se podía desafiar a la autoridad sin perder la sonrisa, y de que la ternura y la rebeldía podían convivir en la misma melodía. Su paso de la imagen roquera al corte de cabello Moptop, sus icónicos trajes y sus botas, su imagen carismática y sincronizada se convirtieron en lecciones mudas de emancipación.

La canción que les abrió las puertas de Estados Unidos fue ‘I Want to Hold Your Hand’. Con una estructura pop perfecta, marcó su histórica aparición en el show de Ed Sullivan el 9 de febrero de 1964, ante millones de personas.

Hacia 1966, The Beatles, cansados de no escucharse tocar por culpa de los gritos de la audiencia, tomaron una decisión radical: abandonar las giras para siempre. Se encerraron en los estudios de Abbey Road y convirtieron el lugar en su laboratorio. Bajo los efectos de la contracultura, la espiritualidad oriental y la experimentación sonora, la banda dejó de hacer canciones sencillas para crear verdaderas obras de arte vanguardistas. Los seguidores vieron cómo el grupo pasaba de componer temas de amor juvenil a abordar complejas temáticas de crítica social, existencialismo e identidad personal. Fue el fin de la histeria colectiva y el nacimiento de la escucha atenta.

Foto: Liverpool Echo
De esta época es Yesterday, de su álbum “Help!”, reconocida oficialmente por el Libro Guinness de los Récords como la canción más versionada de la historia de la música popular. Aunque firmada como Lennon/McCartney, es una obra solista de Paul grabada con su guitarra y un cuarteto de cuerdas. Una melodía nostálgica y universal que demostró que el grupo ya no era solo para adolescentes.

Luego vinieron dos álbumes revolucionarios: “Rubber Soul” (1965) y “Revolver” (1966). Varias son las canciones míticas. En el primero encontramos la introspección madura de ‘In My Life’ o Michelle la “loca cancioncita” con la que Paul McCartney simulaba ser francés en las fiestas parisinas. De “Rubber Soul”, Eleanor Rigby, un crudo e hipnótico retrato sobre la soledad y la vejez. Sin guitarras ni baterías, solo cuerdas clásicas que transmiten una profunda madurez lírica.

Detengámonos un momento en George Harrison y su sitar. El Beatle escuchó por primera vez este instrumento durante la filmación de “Help!”. Un gran interés surgió en ese momento por la música clásica India que involucra el sitar. Poco después, compró su primer sitar en una tienda llamada Indiacraft en Londres Una conversación posterior con David Crosby de The Byrds llevó a George a explorar las grabaciones de Ravi Shankar. Harrison buscó a Shankar para que fuera su maestro, iniciando una profunda amistad y colaboración espiritual. Shankar enseñó a George no solo la técnica del sitar, sino también la filosofía y la música clásica de la India.

‘Norwegian Wood’ fue la primera canción pop occidental en incluir un sitar real, interpretado por Harrison en el álbum “Rubber Soul” Personas de todas partes del mundo comenzaron a interesarse por un instrumento que probablemente la gran mayoría ni siquiera sabían que existía.

La cumbre del revolucionario álbum “Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band” fue ‘A Day in the Life’, una mezcla de dos canciones distintas (una de John y otra de Paul) unidas por un caótico crescendo orquestal. Una aventura sonora inolvidable. Cómo no hablar de ’Lucy in the Sky with Diamonds’, un viaje desenfrenado desde el inicio hasta el final, gracias (en gran parte) a su extraña letra. Muchos fueron quienes popularizaron que los acrónimos usados en el título aon una forma de resaltar el uso ilegal de las drogas, pero la banda misma lo desmintió. “No caímos en que las iniciales formaban la sigla LSD hasta que nos lo hicieron ver más tarde… y a esas alturas nadie nos creyó”, explicó hasta la saciedad John Lennon. Por el contrario, esta canción nació de un lugar mucho más tierno. Julian Lennon cuando tenía 4 años le mostró a su padre John un dibujo de una niña llamada Lucy, quien estaba sentada junto a él en la escuela. En el dibujo Lucy estaba “en el cielo con diamantes”.

El público de los Beatles se vio sumergido de lleno en el movimiento hippie y el "Verano del Amor", influenciado por la música india, la experimentación sonora y el uso de sustancias psicoactivas como el LSD. A nivel estético, supuso el paso de los icónicos trajes oscuros y cortes de pelo uniformes a las vestimentas multicolores, bigotes, arte pop y portadas de discos cargadas de simbolismo místico y vanguardista. All You Need Is Love, el himno definitivo del "Verano del Amor" fue interpretada en vivo por primera vez en Our World, llegando a ser la primera canción emitida en televisión vía satélite, llevando con ello un mensaje de unión a todo el planeta.

 

 A medida que crecían como creadores individuales, el espacio de la banda se les empezó a quedar pequeño. Las tensiones personales, la muerte de su mánager Brian Epstein y visiones artísticas opuestas comenzaron a fracturarlos. A pesar del distanciamiento físico y emocional en el estudio, este periodo de crisis nos regaló algunas de sus composiciones más crudas, viscerales y hermosas, antes de su separación definitiva en 1970.

‘Hey Jude’, fue escrita por Paul para consolar al hijo de John, Julian Lennon, durante el divorcio de sus padres. Su coda final con los coros repetitivos es un abrazo musical de más de siete minutos. ‘Here Comes the Sun’ es la luminosa joya de George Harrison incluida en el álbum "Abbey Road". Escrita en el jardín de su amigo Eric Clapton, es un canto de alivio y esperanza tras pasar por los momentos más oscuros del grupo.

El 26 de septiembre de 1969 fue publicado el disco con una emblemática portada que resultó ser la última grabación que hicieron juntos Paul, John, George y Ringo. Luego de la última toma registrada el 18 de agosto de 1969, nunca más estuvieron todos juntos en un estudio. La portada, salida de una sesión fotográfica de apenas 10 minutos, ha convertido al paso de cebra de Abbey Road en el más famoso del mundo.

Uno de los discos más preciados de nuestra colección

El 8 de agosto de 1969, The Beatles se tomaron una foto que pasaría la historia de la música, pero ¿cómo se hizo la instantánea? ¿Por qué eligieron la calle Abbey Road y no otra? Hay mucha leyenda urbana en torno a la foto y estas son algunas de las curiosidades y teorías conspiranoicas detrás de la mítica portada. Si estáis interesados, clicad aquí.

Este lo és mucho más

“Let It Be” fue el álbum final que la banda sacó, pero no fue el último que grabaron juntos ya que “Abbey Road” se grabó y se puso a la venta antes. “Abbey Road” salió en 1969, mientras que “Let It Be” salió en 1970. ‘Let It Be’, la conmovedora canción de despedida que da nombre al álbum, la compuso Paul tras soñar con su madre fallecida, quien le decía que mantuviera la calma. Se convirtió en el testamento de una banda que sabía que su final había llegado, pero que su música se quedaba para siempre.

La última canción que grabaron fue ‘The end’, convenientemente. Las sesiones para “Let It Be,” inmortalizadas en ’Get back’, fueron desastrosas para la banda, y mucho del trabajo que hicieron fue archivado. La banda logró recuperar parte de “Abbey Road”, y después de eso “Let it Be” fue lanzado. Los cuatro de Liverpool ya se habían separado, convirtiéndolo así eun una especie de un álbum póstumo. ‘Get Back’ fue interpretada en directo durante el famoso concierto en la azotea (rooftop concert) del edificio de Apple Corps en Londres el 30 de enero de 1969.

Hablar de The Beatles no es solo repasar la historia de una banda de rock; es recordar el grupo que rediseñó las reglas de la cultura pop, la juventud y la música moderna. John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr, hijos de clase trabajadora que no sabían leer una partutura, lograron en apenas una década lo que nadie ha vuelto a repetir: transformarse en el grupo más vendido de todos los tiempos y en el espejo de una generación. Musical y poéticamente, enseñaron a su época a transitar desde la inocencia colectiva hasta la introspección madura. Acompañaron el despertar de los derechos civiles, se negaron a tocar ante públicos segregados y musicalizaron la psicodelia, el pacifismo y el misticismo oriental. Fueron los cronistas de un viaje interior que toda una juventud estaba emprendiendo.

La última vez que The Beatles estuvieron en un escenario tocando su música fue el 29 de agosto de 1966. No se iban a separar hasta dentro de  más de 3 años, pero en ese punto ya no querían seguir. Cuando la banda se disolvió no se rompió solo un grupo de música; se cerró el telón de una utopía compartida. Sin embargo, el eco de su pisada transformó el tejido social para siempre. The Beatles le demostraron a una generación que el futuro no era algo que debían heredar con resignación, sino un territorio virgen que podían inventar, cantar y transformar con sus propias manos. Ojalá nuestra juventud lo sintiera igual.

NO DEJEMOS DE HABLAR DE GAZA: Los ataques de colonos israelíes contra agricultores palestinos y sus olivares en Cisjordania se han intensificado de forma drástica durante la temporada de recolección de la aceituna. Han quemado olivos y coches y han dejado varios heridos, entre ellos la fotoperiodista del Washington Post Heidi Levine, que permanece hospitalizada en estado estable. La BBC documenta el ataque en este video. Mientras, la UE ya no sabe a dónde mirar.

Buenas noches. Bona nit. Boas noites. Bones nueches. Arratsalde on. طاب مساؤك לילה טוב Спокойной ночи Добрий вечір.

Otras fuentes:

 


domingo, 4 de octubre de 2026

El otoño suena a música clásica

"Noto que el otoño es más la estación del alma que de la naturaleza". Friedrich Nietzsche

El cielo por fin se ha cansado de golpear la tierra, dejando tras de sí un silencio pesado. Las nubes se retiran despacio, descubriendo en muchos sitios un paisaje herido donde el miedo empieza a transformarse en alivio. 

Ayer a causa de la DANA, suspendieron la representación de “El retrat de Dorian Gray” en el Teatre Auditori de Granollers y aproveché para leer tranquilamente acompañada de esa música que acaricia el alma mientras la escuchas. A lo largo de la historia, la música clásica ha capturado la melancolía, la calidez, el misticismo y la fuerza del otoño a través de partituras inolvidables, como esta de Arnold Bax: ´’November Wood’.

Siempre he sentido que el otoño no es una simple estación; es un estado del ánimo. Es el momento en que la naturaleza se desnuda de artificios, imitando la honestidad de un violonchelo solitario. Y no hay nada mejor que la ‘Cello Suite. No. 3 in C major’ de Johann Sebastian Bach para acompañarnos.

Con la larga e intensa tormenta de ayer, parecía como si la naturaleza hubiera decidido poner música a estos días de absoluta traición de quienes tienen la obligación de solucionarlos problemas de la gente que nos está tocando vivir. Cuando la tristeza de la actualidad pesa sobre los hombros, el adagio de un concierto o las notas suspendidas de un piano actúan como la lluvia sobre las hojas secas: no destruyen, sino que limpian, suavizan y preparan la tierra para lo que vendrá. ‘Octubre: Canción de otoño’ de Pyotr Ilyich Tchaikovsky captura la melancolía de los días grises y el calor del hogar frente a la chimenea como refugio.

Cuanto más escucho estas piezas más me reafirmo en que la música clásica y el otoño comparten un mismo idioma: la melancolía, la introspección y la transformación. En estos días oscuros, heridos por el murmullo convulso de un mundo que no sabe a dónde va, la música de cámara o las sinfonías del pasado nos proporcionan esa pausa necesaria capaz de ordenar el caos. El ‘Concierto para violonchelo en mi menor’ de Edward Elgar es una obra elegíaca llena de añoranza, considerada el alma musical del otoño.

En medio de la incertidumbre colectiva, la música clásica no ofrece respuestas racionales, pero sí una certeza espiritual. Nos recuerda, a través de su arquitectura perfecta y sus silencios pausados, que la melancolía tiene su propia belleza y que la tensión siempre busca una resolución. Escuchar estas obras hoy es sintonizar con el latido de un clarinete que toca para nosotros, permitiéndonos encontrar, entre tanta fragilidad y desorden, un instante de paz. A continuación, el ‘Quinteto para clarinete en si menor’ de Johannes Brahms, pura nostalgia otoñal; una obra crepuscular y profundamente íntima.

Otra preciosidad,‘Septiembre: Am Fluss’ (Junto al río) de Fanny Mendelssohn, de su suite Das Jahr (El año) posee un tono introspectivo, nostálgico y fluido que captura, a través del piano, la transición hacia el frío de esta época del año.

Acabaré, en honor sobre todo a Jesús, mi compañero de vida, con el gran Astor Piazzolla y su ‘Otoño Porteño’ (de Las Cuatro Estaciones Porteñas): Aunque fusiona el lenguaje clásico con el tango moderno, esta pieza retrata el otoño en Buenos Aires con una energía melancólica y nostálgica, profundamente urbana.

Aunque como digo siempre NO DEJEMOS DE HABLAR DE GAZA, esta noche va por los acampados que luchan por el derecho a tener un techo bajo el que vivir, a los que la lluvia no les ha doblegado su decisión de seguir luchando. Va por ellos.. ¡NI BOMBAS EN GAZA NI GENTE SIN CASA!

Buenas noches. Bona nit. Boas noites. Bones nueches. Arratsalde on. طاب مساؤك לילה טוב Спокойной ночи Добрий вечір.