Desde que me
aficioné hace ya dieciséis años a acabar mis largos días compartiendo mi pequeño
universo musical (germen de lo que dos años después supuso la creación de este blog)
he hecho más de un quiebro para no tropezarme con él. Todo lo que pueda yo
decir de Miles Davis,
ya está dicho. Eso sí. No dejo de preguntarme qué hubiera sido del jazz moderno
sin él.
Si lo pensáis,
Miles Davis es, tal vez, el único músico de jazz que nunca tuvo un apodo. Él es
Miles, punto. Y “Kind of
Blue”, uno de los 20 discos más importantes de la historia de la música. O
no. Pero no es imprescindible tener la razón para describir correctamente la
realidad. Era el 17 de agosto de 1959, y un nuevo disco de jazz salía a escena
a generar un punto de inflexión en la historia de la música: 66 años desde su
lanzamiento y sigue siendo ese referente musical que marcó un antes y un después
en la historia del género y más allá.
Cuando “Kind
of Blue” se grabó, algo misterioso ocurrió en la historia de la música moderna,
pues registró de manera casi plástica y como que sin querer queriendo y sin
mayor ensayo previo, ésta es la cuestión, la melancolía de una nación. ¿Qué
había en “Kind of Blue” que hizo que una refinada élite que disfrutaba, esencialmente,
de la música clásica se interesara por lo que aquellos rebeldes (de mayoría
afroamericana) tocaban? La respuesta, en gran medida, está en Blue in Green:
la balada que “blanqueó” al jazz.
Estaréis
conmigo en que Blue in Green es absolutamente impresionante. La melodía
es de una belleza cautivadora, transmite una profunda sensación de calma e
introspección creando una atmósfera de nostalgia y serena reflexión. La
interacción entre el piano de Bill Evans y la
trompeta de Miles es sencillamente mágica. En realidad, Blue in
Green no es solo una canción, es una experiencia: un viaje jazzístico a
través de la emoción y el alma.
John Coltrane, Cannonball Aderley,
Miles Davis y Bill Evans, fotografiados por Don Hunstein durante la grabación
de 1959 (Clarín)
En la portada
del disco, con su “arma” entre las manos, el gran trompetista nos reclama, nos
dice que nos sentemos con tranquilidad para oír algo atemporal, algo que, oído
hoy después de tantos años, sigue siendo una verdadera obra de arte. Otros
cuatro temas forman el álbum: So what,Freddie Freeloader, All
blues y Flamenco sketches. Con Miles Davis a la trompeta, John
Coltrane al saxofón, Bill Evans al piano, al contrabajo Paul Chambers y a la
batería Jimmy Cobb. El
saxofón alto fue tocado en este álbum por Julian «Cannonball»
Adderley, cada pieza musical constituye un diálogo entre los instrumentos.
Podemos decir sin temor a equivocarnos que Miles Davis es
"el artista" por excelencia. Un hombre imprescindible en el jazz
moderno ¡desde finales de los 40! Lo fue para los Boppers al lado de Charlie Parker, para el
cool con Gerry Mulligan, para… ¿para
quién no?. Miles, como el genio que era, escogió en el momento preciso a las
personas adecuadas para abrirle paso a una tendencia fundamental que, de no
haber sido por esa selección y por esa conjunción musical, se habría diluido
irremediablemente en el barullo azaroso de la vida y el trabajo en el que todos
estaban inmersos. Miles dibujó en ese instante un arco temporal en función del
cual la influencia de la música interpretada estaba llamada a tener una
consistencia de perduración canónica, como ocurrió con lo que hicieron Bach o
Mozart o Beethoven, que pareciera que están fuera del tiempo, que sus composiciones son siempre
contemporáneas, que nunca suenan a viejo, que son, literalmente, clásicos. Y si
algo adquiere el estatuto de clásico es porque está fuera y por encima de las
modas. Miles es el músico del SXX. Hacer una obra maestra tiene mérito,
reinventarse varias veces a si mismo con obras maestras, es lo que le hace
imprescindible.
Fotografía de Cultura Inquieta
Un último
dato: "Kind of blue" vendió, nada más y nada menos, que más de 2.000.000
de copias. Un hit en el jazz en tiempos del reinado del rock que puso el listón
muy alto durante décadas. En la actualidad, todavía vende 5.000
copias a la semana.
No me voy a despedir sin hablar de Gaza. Cuando Janine di Giovanni,
una periodista que ha cubierto Sarajevo, Ruanda, Irak o Siria dice que nada se compara con Gaza,
no es una hipérbole: es un diagnóstico. Gaza no solo es la violencia extrema
contra una población encerrada y castigada colectivamente, es también el espejo
que nos devuelve la imagen más repugnante de nuestra época: Lo que distingue a
Gaza no es solo el horror, sino la impunidad con la que se ejecuta mientras
Trump y Netanyahu nos venden un plan
de paz sin garantías ni justicia. Ofrecen a los palestinos la opción de
elegir entre el apartheid colonial y la ocupación, en el mejor de los casos, y en el peor, sirve de pretexto para la continuación del genocidio. No es un plan
de paz, es un ultimátum. Mientras, Israel
asaltó el miércoles los barcos de la flotilla Global Sumud en aguas
internacionales, donde rige el derecho a la libre navegación. Fue, por tanto, una
operación completamente ilegal, que ha levantado protestas en todo elmundo. Israel es un estado genocida. Y desde este espacio no dejaré de denunciarlo. No desconectemos de nuestra humanidad, no dejemos de hablar de Palestina.
“El camino a todas las cosas grandes pasa por el silencio”
(Friedrich
Nietzsche).
A pesar de lo
que dijo el filósofo alemán, cada vez más personas viven en ciudades, cerca de
ruidosos aparatos, de tráfico incesante y de innumerables estímulos físicos y
psíquicos. No es sorpresa, pues, que el silencio se haya convertido en un bien
en peligro de extinción. Hoy por hoy, el silencio tiene ya un mercado y es
considerado un producto de lujo. Por ello algunas personas viajan por el mundo
cazando zonas de silencio como si se tratara de las más raras aves. Pero el
silencio no puede existir, solo existe en el vacío, solo existe en relación al sonido, como la oscuridad
a la luz o quizás también como el propio vacío que en realidad es una plétora de
energía creativa en potencia. El ruido ha llegado a
ser sinónimo del estrés. En esta sociedad contaminada también acústicamente, los científicos parecen confirmar la antigua noción de que el ruido lastima, dilacera, perturba y
enferma desgarrando el pulcro velo del silencio, que mantiene un aura, una
atmósfera virginal, propia.
Yo adoro el
silencio, no es la primera que lo digo ni la última vez que lo diré. Hace justo 11 años le
dediqué al silencio una
entrada en este blog. El silencio es la música que sale del fondo del alma.
Contiene un sonido preciso, armónico, lleno de sentido. El sonido del silencio
es la palabra que brota mansamente, como el limpio cauce del arroyo, con la
pequeña, con la humilde belleza de lo cotidiano para cultivar el espíritu. Odio el estruendo de rumores y
murmullos, la palabra hueca de los políticos, el bullicio financiero, el grito
constante y desgarrador de la injusticia social. En estos tiempos de cháchara,
liviandad y estridencias, el silencio es una bendición, un bálsamo.
de davidhuerta.typepad
Una de las consecuencias de tener muchos más años por detrás que por delante es que hace
tiempo que no puedo “escuchar el silencio”. Cuánta razón tuvo Quevedo cuando dijo “Todos deseamos llegar a viejos pero todos negamos que hayamos llegado”. Sin
embargo, por mucho que lo quisiera negar, que no es el caso, esos zumbidos que
escucho en el “silencio de la noche” son la certificación del inexorable paso
de mis años. Dice mi otorrino que yo que adoro el silencio estoy condenada a no
volver a escucharlo nunca más. Cuando me envuelve el silencio, este está compuesto de
una graduación casi infinita de sonidos inaudibles para los demás cada vez más sutiles, como
los infrasonidos que pueden emitir algunos cetáceos o como los sonidos
siderales que míticamente escuchaban los filósofos pitagóricos. Tal vez necesitemos un tercer oído para detectar esa paleta
mística del sonido que tiene el silencio. Tal vez… Esta noche, para combatir los
acúfenos que me acribillan impidiendo mi descanso he pensado que nada mejor que
dedicar mi recopilación a los “sonidos del silencio”.
Os propongo,
pues, una selección de 10 temas que tienen un ritmo y estilo muy diferentes
entre sí pero que apelan a ese silencio interior que necesitamos a veces. Puede
incluso que sea fácil reconocernos: desde la angustia de estar solo en la
oscuridad hasta la paz que surge al encontrar la serenidad.
Como no podría
ser de otra manera empezaremos con The sounds of silence, uno de los
mayores éxitos musicales de los años 60 en Estados Unidos y el resto de
occidente, un aldabonazo inesperado al movimiento folk-rock que
consagraría para siempre a unos por entonces jovencísimos Paul Simon y Art Garfunkel,y que a muchos de nosotros nos ha acompañado durante casi toda
la vida. Aunque ha habido múltiples teorías sobre su significado, desde los primeros
versos se aborda el tema principal: la incomunicación. La canción es una
demostración de cómo con simplicidad melódica y una letra que llegue se puede
hacer una obra maestra.“Las canciones no son sólo lo que dicen las palabras, sino lo que dice la melodía y el sonido. Si no tienes una melodía correcta y cantable, da igual lo que tengas que decir, porque la gente no lo va a escuchar, decía Simon.
“Eye in the
Sky” fue el sexto álbum de estudio de The Alan Parsons Projectposiblemente,
el disco más exitoso de toda su carrera.El secreto fue mezclar
hábilmente un producto de calidad, con arreglos orquestales y maneras de rock
progresivo, con melodías sencillas al oído en clave pop-rock. La canción
elegida, Silence and I es una buena muestra de ello. El vídeo está
subtitulado en español; os recomiendo que también prestéis atención a la letra francamente sugerente.
“In a silent
way” (1969) es uno de los álbumes que, de manera silenciosa y sin grandes
pretensiones, supuso el primer brote de una de las ramas del jazz que conforman
el gran árbol del género, y del que, según explica en la revista caravanjazz,
el crítico estadounidense Lester
Bangs: “Esta es la clase de álbum que te da fe en el futuro de
la música”. “In a silent way” encarna el auténtico espíritu de Miles Davis, “The kind of
blue”, mucho más azul, con tonalidades más eléctricas, donde la brisa suave y
melancólica de este último se transforma en los momentos posteriores a la
tempestad, allí donde huele a lluvia, a tierra mojada, a cansancio y a
desvanecimiento. A la nada más absoluta que, sin saber muy bien cómo, te llena
el alma de silencio. Un silencio que si alguna vez tuviera que sonar, estoy
segura que lo haría muy parecido a lo que se grabó en 1969 en este álbum.
“El
silencio se está convirtiendo en una bien muy escaso”, dijo Jorge Drexler en una entrevista
sobre su gira “Silente”.Y sin silencio no hay canciones. “El silencio en realidad
es la hoja en blanco sobre la que se escribe la música”.Silencio
es una canción sobre el poder del silencio. Es una canción sobre la paz que
surge al encontrar la serenidad y la soledad de estar solo en la oscuridad. Es
una hermosa canción que explora las diferentes formas en que el silencio puede
afectar nuestras vidas.
Sigamos con
Enjoy The Silence, el tema más exitoso de los ingleses Depeche Mode (que sufrió
la muerte prematura de su fundador Andy Fletcher hace
un par de semanas) Solemne, profunda y a la vez muy apropiada para la pista
de baile, una combinación inusual. Es quizá la canción quintaesencial de los
artistas que la concibieron y un obligado punto de referencia en su obra. Su
letra por sí sola es un oxímoron tan simple como tajante: el silencio que
comunica lo que las palabras no pueden expresar. El gesto sigiloso que
transmite los sentimientos guardados durante toda una vida. Enjoy the
silence es el tema más reproducido de los ingleses en Spotify.
Sons of the
Silent Age es una canción escrita por David Bowie en 1977 para Heroes.
Fue la única canción del álbum compuesta antes de las sesiones de grabación, ya
que todas las demás fueron improvisadas en el mismo estudio. La pieza, que llegó
a ser el título provisional del disco, es una de las más sombrías no solo por
la melodía en la que predomina el saxofón sino por la letra. El texto ha sido
interpretado como un renacimiento en tercera persona de los temas de
misantropía patológica explorados por Bowie en su anterior álbum "Low” ("Paseando
sus habitaciones como las dimensiones de una celda "), y una referencia a
los personajes de una canción de su Superman ("Ellos
nunca mueren simplemente se van a dormir un día "). El escritor Nicholas Peggno dudó en sugerir
que el verso: "Plataformas, miradas en blanco, sin libros" puede ser
una alusión al régimen nazi.
Vamos a dar un
salto copernicano para escuchar un tango, un género que me encanta. Y Silencio
(también conocido como Silencio en la noche)tiene su historia. La
letra es una adaptación libre de un drama familiar “para construir un
homenaje a la soledad de las madres mientras los soldados mueren en el campo de
honor”. Fue uno de los temas del film Melodías de Arrabalen el que Carlos
Gardel lo canta acompañado por la orquesta de Juan Cruz
Mateo.
Otra pirueta
en el aire. The Knife fue
un dúo sueco de música electrónica formado por los hermanos Karin Dreijer
Andersson y Olof Dreijer. Su segundo álbum de estudio, fue "Silent Shout·. La canción que da nombre al disco nos habla de un ser
vulnerable, una obra que se adentra en el mundo onírico de un hombre temeroso
de ser visto como inferior a lo que la sociedad espera que sea. El título, dijo
Karin, refleja una expresión sofocada: “Cuando sueñas y realmente
quieres gritar algo, no sale nada”.
El silencio
que acompaña al arrepentimiento puede durar toda la vida, especialmente si se
trata de una oportunidad perdida. Eso es lo que nos dice Elliot Smithen su I Better Be Quiet Now, de su álbum “Figure 8”publicado el año 2000. Elliot canta sobre un protagonista que
no logra obtener el número de quien le gusta. La soledad se está apoderando de él.
También tiene
un espacio en esta recopilación la banda de rock británica The Who, la responsable de la
siguiente canción sobre el silencio. The Quiet One trata sobre el lado oscuro del silencio. La canción fue escrita por
John Entwistle: "Soy yo tratando de
explicar que no soy realmente callado. Empecé siendo callado y ese es el
casillero en el que he estado atrapado todos estos años” La letra advierte de
las personas tranquilas y calladas, ya que no son ellas las que no hablan sino sus
compañeros los que no escuchan.
Para acabar, un extra point: este tema de Gregg Allman,alma del rock sureño, que murió, también, antes de tiempo a los
69 años. Fundó The
Allman Brothers Band, seleccionada por la revista 'Rolling Stone' como una
de las mejores de todos los tiempos. Silence Ain't Golden Anymore,
pertenece al álbum “Searching for simplicity”. Sin cuerdas, coros ni
sintetizadores, el conmovedor barítono de The Allman brilla. Un tema que desconocía
pero que me ha transportado a ese piso del barrio de Sant Andreu en el que empecé
mi vida con Jesús.
“Nunca
rompas el silencio sino es para mejorarlo”, afirmó hace muchos años el
gran músico y compositor Beethoven. Espero
haberlo conseguido porque a veces es difícil. Hay silencios que dicen más que
mil palabras. Hay silencios que gritan, que consienten, que censuran, que
claman, que duelen... La música es melodía, palabra y silencio. Se acabó por
esta noche; han sido 10 temas, pero podrían haber sido más. Si hay alguno que
os gusta en particular, no tenéis más que proponerlo y lo incluiré.
El inicio del
curso escolar marca ineludiblemente el final del verano. Un momento en el que
confluyen todo un abanico de sentimientos: ilusión, nostalgia, euforia,
abatimiento. Y en estos tiempos que nos están tocando vivir, incertidumbre, sin
duda. Se acaba, pues el tiempo de verano. Se acaba el summertime.
A veces nos encanta una canción y tardamos mucho en saber de quién es su autoría. Me cuesta mucho situar la edad en la que conocí la música de George Gershwin, pero seguramente fue en el piso de Sant Andreu, allá por el año 82, en la terraza alguna noche de verano. Lo que sí que tengo claro es que durante mucho tiempo creí que su canción Summertime, pertene-cía a quien se la había oído cantar muchas veces: Janis Joplin. Gran sorpresa cuando supe que era una aria de la ópera Porgy & Bess. Es
verano, y la vida pasa sin problemas… Así comienza Summertime, una canción que transmite como ninguna otra su sosiego, su ociosa quietud.
La propia
Joplin interpretó la canción por primera vez en Woodstock 1969, utilizando notas largas y prolongadas y un estilo
dinámico para dar un contenido emocional fresco que el original. La grabó más tarde, para su álbum "1969-02-12:
Fillmore East, New York, NY, USA"
Aunque la música
une a la gente, de vez en cuando la divide. Con su polémica descripción de los
estereotipos raciales, la ópera Porgy & Bess ha experimentado flujos y reflujos de
aceptación a lo largo de los años. Pero incluso sus detractores culturales la
reconocen como una de las obras musicales más importantes del siglo XX. Dicho ésto, la primera producción no fue un gran éxito, y no fue hasta la muerte de Gershwin
en 1937 a los 38 años que Porgy & Bess creció en importancia, triunfando en
Broadway, además de ser aceptada como una ópera “seria” y convertirse en la fuente
de varias de las melodías más famosas de la música popular.
De todos esas melodía, la más popular y duradera es, sin duda, la que nos ocupa esta
noche, Summertime, la canción más versionada de todos los tiempos, con
más de 25.000 grabaciones conocidas de artistas de todo tipo. Si bien tiene un
estilo distintivo en su forma original, algo en ella lo hace infinitamente
adaptable. Gershwin quería crear algo con un estilo espiritual y, para la
mayoría de los comentaristas, lo logró mucho más de lo que había previsto.
Todos pensamos que Summertime es la palabra con la que comienza la icónica canción de Gershwin, pero no. Como señala el crítico musical Rob Kapilow en el reconocido programa de radio clásica Performance Today, ese no es realmente el principio del tema. Los ocho compases instrumentales que abren la canción establecen una transición evocadora al lánguido mundo de Catfish Row, un miserable suburbio
aledaño al puerto de Charleston en el que transcurre la obra. "Es como si el blanco y negro se rellenara con Technicolor, justo cuando llega la voz" "Un fundido cruzado exquisito: una nota, un tema rock, se ralentiza y luego, pura armonía. Esa lentitud lánguida del verano también está en el ritmo fantástico de la primera palabra, summertime, donde la última sílaba se estira en esa hermosa nota alta"
El original,
escrito en clave menor, transmite una sensación al oyente ligeramente melancólica. La
primera interpretación fue cantada por la soprano estadounidense Abbie Mitchell. Interpretó
el papel de "Clara" en la primera producció, en 1935, y también fue la primera en grabar la canción. Las críticas fueron dispares y la obra tuvo un éxito
moderado: se dieron tan solo ciento veinticuatro representaciones. Pocas para la época.
Aquí está la
primera grabación que incluye al propio Gershwin al piano y dirigiendo la
orquesta.
Podéis
compararla con ésta de María
Callas. Sublime.
Una de las
claves de la grandeza de Summertime es su sencillez. Al empezar, una sola nota nos lleva a Carolina del Sur. Seguidamente,
el clarinete flota desde los cielos trayendo las otras dos notas que
necesitamos establecer para mostrarnos al personaje de Clara, meciendo a su
bebé. Sí; porque es algo que no sé si es muy conocido, Summertime es en realidad una canción de cuna. A partir de esas dos notas que se balancean
suavemente, Gershwin agrega una rica armonía. De alguna manera, entramos en este mundo increíblemente lánguido gracias a tan sólo dos notas. Fascinante.
Un año después del estreno de la ópera, una cantante de jazz de 21 años llamada Billie Holiday grabó una versión de Summertime; el primer cover de la canción que llegaría a las listas estadounidenses.
Billie era de
Harlem, el hogar de la comunidad negra de Nueva York, que en ese momento estaba
llena de creatividad. Artistas, músicos e intelectuales negros como Duke Ellington, Langston Hughes y Lois Mailou Jones
celebraron su cultura afroamericana a través de sus obras durante esta época
dorada. Esta era se conoce como el Renacimiento de Harlem.
La era de la
posguerra en Estados Unidos marcó una frontera totalmente nueva para el jazz. Summertime
de Chet Baker es una
gran lente para este nuevo mundo: aporta un sabor de jazz “fresco” de la costa
oeste a lo que una vez fue una pieza tradicional. La canción comienza
enfáticamente, con un solo de trompeta limpio, enfatizando la melodía y la
importancia de la sencillez y la improvisación de espíritu libre en el estilo
de Baker. Sin cantante, la trompeta ocupa el papel de la voz por completo, y
Baker se basa en esto utilizando sus técnicas de improvisación para brindar una
distinción única a la parte que sería inaccesible a la voz humana. Refleja
más el papel de Baker como visionario en el jazz, ya que su estilo en esta
canción es más contemporáneo que muchas versiones posteriores. En pocas
palabras: suave y fresco.
Poco después,
la apodada “Reina del gospel”, Mahaila Jackson se
convirtió en una de las cantantes más influyentes del mundo con “la
música de Dios'. En 1956, sin embargo, Jackson lanzó Summertime, una de
las pocas veces que grabó música que no era religiosa. Uf!! Se me pone la piel
de gallina.
Pero, en realidad,
hasta el lanzamiento del álbum de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, “Porgy
and Bess”, Summertime todavía era relativamente desconocida.
La versión de
Fitzgerald rápidamente puso la canción en el centro de atención del mundo de
la música, no solo consolidándola como un elemento básico del jazz, sino
también como un éxito reconocible a nivel mundial. Y Summertime pronto se convirtió, así, en un
estándar de jazz popular y muy grabado, descrito por Robert Cummings en Allmusic.com como "sin duda ...
una de las mejores canciones que el compositor jamás haya escrito ... La
escritura sumamente evocadora de Gershwin mezcla brillantemente elementos del
jazz y los estilos de canciones de los negros en el sureste Estados Unidos
desde principios del siglo XX ".
En 1958, el director
de cine Otto Preminger
realizó una adaptación para la gran pantalla con Sidney Poitier (cómo
no) y Dorothy Dandridge
entre otros. Obviamente, la canción se pudo escuchar en el cine, y esta nueva
versión que fue muy bien recibida, llegando a algunas listas como una de las
mejores canciones del cine americano. La cinta obtuvo, entre otros premios, el Óscar
a la mejor banda sonora.
Y a vosotros, ¿qué
os parece que tiene esta canción que la hace tan especial y tan atemporal? Desde
mi humilde punto de vista, la respuesta está en la naturaleza de la propia
música que hace que nuestra reacción siempre sea muy personal e intrasferible. Pero creo, también, que debe haber
algunos fundamentos sobre la forma en que se construye la canción que la hacen
tan universalmente atractiva. Tiene, no sé, una especie de ambigüedad que nos
permite encontrar nuestro propio mensaje. Para algunos, evoca días soleados y
perezosos, para otros tiene una cualidad melancólica o anhelante. Los acordes
tienen una forma de jugar con nuestras expectativas y anticipaciones. El efecto
es como una brisa fresca repentina en una tarde templada. Los rellenos de cuerda
envuelven la melodía, agregando una sensación de fluidez. A cada uno de nosotros nos puede transmitir algo diferente.
Porgy &
Bess llegó en un momento en que Estados Unidos comenzaba a afirmar sus propias
formas de arte, digamos, serias. Y en su composición, este compositor judío y
de Nueva York buscó en la cultura negra del sur la oportunidad de desarrollar
un nuevo híbrido musical único. Summertime, junto con muchas otras de las
canciones inolvidables de Gershwin, cultivó ese suelo fértil que ha dado lugar
a innumerables y maravillosos florecimientos musicales que retroalimentan el
jazz, el blues, el pop, Broadway y mucho más.
La historia detrás de la ópera
comienza en 1926, cuando el popular compositor leyó la novela de DuBose Heyward, "Porgy". Y escribió a Heyward inmediartamente, con la idea de escribir una ópera. Pero no
fue hasta 1933 que Gershwin, su hermano letrista Ira y Heyward comenzaron su colaboración. El trabajo fue radical en varios sentidos: Gershwin
quería crear una ópera imitando la tradición europea, pero tomando prestado del
blues, el jazz y los espirituales afroamericanos, así como de la vida y el
lenguaje de los negros en Carolina del Sur. Más allá de eso, insistió en que la
primera producción contara con un elenco completamente negro, un gesto de construcción
de puentes que lanzó varias carreras operísticas brillantes.
Siguiendo con
la proyección de la famosa canción, en marzo de 1959 Columbia Records lanza el
álbum “Porgy and Bess” un álbum de estudio del músico de jazz Miles Davis. El álbum
incluye arreglos de Davis y su colaborador Gil Evans. Es la segunda
colaboración entre Davis y Evans y cosechó muchos elogios de la crítica desde
su lanzamiento, siendo reconocida por los críticos de música como la mejor de
sus colaboraciones. Los críticos de jazz han considerado que el álbum es
histórico y su versión de Summertime una de las más aplaudidas.
Pero si de gran
éxito comercial tenemos que hablar, no sería hasta la versión de 1966 de Billy Stewart cuando la
canción llegó al décimo puesto de la lista Billboard Hot 100, que mide
las canciones más importantes y vendidas de cada semana en Estados Unidos. Curiosamente,
la versión de Stewart era la que aportaba una mayor novedad al clásico, a la
que añadía una musicalidad mucho más rítmica.
Con esta pequeña muestra de versiones habéis podido
comprobar cómo a lo largo de este período de la historia musical los temas y
melodías de Summertime fueron deformados, transformados y
remodelados por cada músico, artista o compositor que se atrevió a ofrecernos
su propia contribución a esta gran obra. Algunos de los grandes músicos
de la historia moderna se obsesionaron con esta canción en un momento de su
carrera porque como ,dice el profesor de la Universidad de Chichester, Ben Hall,
"la ambigüedad tonal en su corazón significa que cuando una versión
de Summertime termina, instintivamente esperas a que emerja la siguiente. No tiene fin".
El éxito de Summertime
no se detuvo en Estados Unidos. En los años 70, la canción había viajado a
Jamaica y pronto se lanzó esta versión reggae de BB Seaton. Podría seguir
hasta la eternidad. La canción más versionada del mundo podría hacer inacabable
esta entrada. Para los más curiosos, aquí hay os dejo una selección que
demuestra la versatilidad de la canción. Cada nombre es una versión; todos los
géneros, todos los estilos han versionado esta canción.
Kat Edmonson parece
llevar a Billie Holiday al mundo moderno y pasa inteligentemente a otro
clásico, Feelin 'Good.
Rita
Reys empuja y tira de la melodía de muchas formas divertidas.
Norah Jones y Marian McPartland aquí tocan
a dúo con la voz de Norah. Una gran versión.
En el Broadway's Best 2007, Jill Scott y
George Benson interpretaron esta electrizante versión
Willie Nelson le da un giro totalmente
moderno e inusual.
Versión de Fun Boy Three que se inspira en la
influencia del ska y el ritmo del reggae.
The Marcel convierten la canción en doo-wop.
La verdad; suena raro.
The Zombies, presentan un teclado
psicodélico de manera prominente a lo largo de la canción. El vídeo aporta
incluso los gritos de las histéricas fans.
Summertime seguirá formandoparte del pasado, del presente y del futuro de la música. Las contribuciones hechas a esta canción en estilo y técnica continúan redefiniéndo a músicos y cantantes de los todos los géneros. Después de escuchar estas versiones, podemos apreciar claramente cómo hay temas que evolucionan a la par que lo hace la própia música en cada momento. Quizás haya quien tenga la sensación de que alguna versión que conoce se ha quedado en el tintero. Si ese es el caso, no dudéis en compartirlo con nosotros.
Buenas noches.
Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. 굿나잇.
Boas noites. 晚安 Bonne nuit グッドナイト Buonanotte. לילה טוב. Oíche mhaith. Wengi alus. Bones nueches. اچھا
شام Noson dda. Good night. Спокойной ночи. Guten Abend. শুভরাত্রি.
Laku noć. Bon lannwit. Fie.
19 de agosto de 2024
Añado la aportación a la selección que ha hecho en los
comentarios, JC, la versión de Sam
Cooke, el Rey de Soul. Creo que formaba parte de su álbum debut. ¡Gracias, JC!
Me encanta
viajar. Se atribuye a Baroja
la frase de que “el carlismo se cura leyendo y el nacionalismo, viajando”. Yo
substituiría la palabra carlismo por la de ignorancia, una enfermedad que a
pesar de que nunca antes habíamos estado tan informados se extiende como La
Nada en La
Historia Interminable. Ignorancia, estupidez, vaciedad, falta de rigor… lo
mismo da. Pero no hay nada mejor para abrir la mente y dejarnos de creer el
ombligo del mundo que viajar. Bien es verdad que Don Pío fue más de viajes por
su habitación, con sus viejos libros comprados en la cuesta Moyano. Quizás a
mucha gente le hace falta viajar de las dos maneras.
Ya os he dicho que me
encanta viajar. Y si, además, puedes hacerlo en un coche amplio, cómodo, con un buen aparato de música y en la
mejor compañía, viajar no tiene precio. Así estabamos hace escasamente una semana, conduciendo
por una carretera de la costa guipuzcoana (imprescindible) cuando en el Podcast
de “Cuando
los elefantes sueñan con la música” suena
la canción de esta noche, My Funny Valentine, cantada creo que por Sarah Vaughan. Y, de pronto, Jesús me dice con verdadera emoción “me encanta esta canción, pero sobre todo la
versión de Frank Sinatra”.
Si comparto esta anécdota es porque me resultó chocante que después de
casi 40 años juntos no fuera yo consciente de esa pequeña pasión del melómano
mayor de esta casa. Así que en ese momento decidí que a nuestro regreso le
dedicaría una entrada en mi blog a esa canción. Y aquí estoy, a ver si le
sorprendo.
My Funny Valentine es un jazz standard
muy popular dentro de la literatura del jazz. Forma parte del Real Book y es,
también, tema principal de la película “Los fabulosos
Baker Boys” interpretado por los actores Michelle Pfeiffer y los hermanos
Jeff y Beau Bridges. La canción, publicada por primera vez en 1937, con música
de Richard Rodgers y
letra de Lorenz Hart, se
oyó por primera vez el 14 de abril en el musical de Broadway, Babes in Arms. Una bella canción de amor.
Mi graciosa enamorada
Dulce y cómica enamorada
me haces sonreír con el corazón
tus “looks” son de risa (*)
”infotografiables”
pero eres mi obra de arte preferida
¿Acaso es tu figura menos griega?
¿Tienes la boca un tanto pequeña?
¿Cuando la abres para hablar
eres inteligente?
No cambies ni un pelo por mí
no si te preocupas por mí
Quédate pequeña enamorada, quédate
cada día es el día de San Valentin
Sin embargo,
debieron pasar 15 años para que el trompetista Chet Baker la escuchara por
primera vez, quedando fascinado. En un primer momento, Baker grabó una maqueta
instrumental, pero la versión definitiva se dio en 1954, aderezada con bajo,
piano y percusión. El resultado encarnó un claroscuro. Los críticos la
atacaron, mientras que los jóvenes de la época la abrazaron para nunca más
soltarla. Había un romanticismo pleno en dichas notas y una exquisitez en la
cadencia de Chet que configuraron un clásico impecable. Inicialmente la había
grabado como instrumental pero fue en ese mismo año cuando acometió su primera versión
vocal, una versión lacónica y frágil que marcaría la forma en que se ha cantado
esta canción a partir de entonces.
A principios
de los años 50 pocos músicos tocaban My
Funny Valentine, pero tras el éxito de Baker, tanto instrumental como
vocal, muchos músicos se apuntaron al carro. En 1954 se grabaron más versiones
que en las décadas de los 30 y 40 juntas. Quedémonos un momento, mientras muere
el día, con este Chet Baker sufrido y vapuleado, artista exquisito y
atolondrado ser humano.
Chet grabó más
de 50 versiones. He aquí una muy especial. ¡Me encanta!
Otro
trompetista quiso hacer suya esta canción, Miles Davis. Se suele
acusar a Baker de seguir los pasos de Davis pero en este caso fue Baker el
primero en identificarse con este estándar y el que más años lo mantuvo en su
repertorio. Ambos trompetistas grabaron el tema en diversas ocasiones. Miles lo
grabó por primera vez con su quinteto de los 50 (con Red Garland, John Coltrane, Paul Chambers
y Philly Joe Jones)
en una de las dos sesiones maratonianas que hicieron para amortizar el contrato
con Prestige y que dieron lugar a cuatro gloriosos álbumes.
En 1953 Frank
Sinatra utilizó la canción para abrir su LP “Songs for Young Lovers” y esto fue
decisivo para que My Funny Valentine
saliese de la subcultura del jazz y aterrizase en los tocadiscos del
estadounidense medio, convirtiéndose en un tema destinado a ser interpretado
una y otra vez por futuras leyendas de la música. Cada quien arriesgándose al
juicio de los puristas, tal y como lo hizo el impecable trompetista blanco cuya
voz de terciopelo pegó en el centro del jazz de mediados del siglo pasado. Desde
una maravillosa Ella
Fitzgerald, con dos versiones, una de ellas casera a capela que me tiene
hechizada, hasta un homenaje del cubano Arturo Sandoval,
pasando por Barbra
Streisand, Sara
Vaughan, Stan Getz,
incluso Sting han desfilado
un sinfín de leales que lo han hecho perdurable.
"La luna es una extraña perla suspendida misteriosamente
sobre el mundo" (Francisco Tario)
Érase una vez un hombre que un
día encontró la Luna y decidió quedarse con ella
para toda la vida.
El hombre observaba el cielo
desde el ático de su casa cuando vio que la Luna se había caído y quedado atrapada en la copa de un pino. Al principio, ella se escondía del sol en un túnel oscuro y húmedo, y frecuentemente
se asustaba por los trenes que pasaban. Entonces, sucedió que la Luna visitó la
casa del hombre. Éste la envolvió en una manta gruesa, le regaló manzanas de
otoño y bebió té con ella. Cuando finalmente la Luna se recuperó, el hombre
decidió ponerla en un bote y llevársela a través de un oscuro río a un banco de
altura, donde crecen pinos de luna, para regresarla a su lugar de origen, pero
no lo consiguió. Cruzando la frontera entre los dos mundos a través de un
estrecho puente, sumergido en un sueño y cuidando de su compañera celestial, el
hombre se convirtió en un ser mitológico, transformando su mundo real en un
cuento de hadas. La Luna era feliz porque había encontrado a alguien que la cuidara. Éstas son las imágenes de tan bella historia.
La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es el mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que nadie lo sepa
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir
Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas
Desde niña me han dicho que soy
un poco lunática. La Luna siempre me ha fascinado; a mí y, seguramente, a toda la Humanidad,
a través de los tiempos. Sin embargo, ¿sabéis una cosa? Mallarmé,
un poeta de un talento especial y poco comprendido por el público de su época,
se declaró enemigo de la luna. ¡Y buscaba, decía, los medios para destruirla! La Luna, lo cansaba, lo
obsesionaba, lo exasperaba, con su cara llorosa, su aspecto de viuda
inconsolable, su triste faz anémica y su luz amarilla, siempre igual. La odiaba
cuando leía a los poetas, los poetastros, los poetillas, los poetuchos, los buenos
jóvenes que le abrían su corazón hasta el delirio. El viejo astro, plácido y
triste, agujereado a versos como un viejo queso, no le inspiraba más que un
piadoso rencor.
Pero si algunos, diciéndose
poetas, están en trance de arruinarnos la Luna, otros, los poetas verdaderos,
han hecho de ella un emblema. Siempre hay fragmentos de luna en el corazón del
poeta y en quienes cantan sus versos.
Corría el año 1972 cuando el grupo Aguaviva publicó La
Casa de San Jamás. La Casa de San Jamás estaba en un país “en el que el
cuento se hacía historia, la conversación, poesía y la leyenda, ley”. En “La canción de la que no quiere mentir”
se oía a Gloria Fuertes recitar:
Sé que a veces mentimos para no hacer un muerto, para no hacer un hijo o evitar una guerra.
Quizá fue un tiempo en el que no sobraba decir verdades como puños;
pero podía costar la vida o la cárcel. Tal vez por eso se hablaba de imposibles
y se enmascaraban con alegorías o símbolos la esperanza y los deseos de una
vida más plena. Tal vez por eso, unos años después de que el hombre la pisara, los Aguaviva
imaginaron “La canción del niño que quería ir a la Luna”:
Quiero plantar un árbol en la Luna,
madre,
Porque la hermosa Luna es sorda y fría.
Quiero tejer un nido de gorriones, madre,
En la Luna que es gris y que no alienta.
Quiero estrechar la mano al selenita, madre,
Aunque sea de piedra y de silencio.
Quiero apoyar con fuerza mis labios en la Luna, madre,
Como si fuera un tibio cutis de muchacha.
Quiero plantar un árbol en la Luna, madre. Quiero tejer un nido de gorriones, madre. Quiero estrechar la mano al selenita, madre. Quiero apoyar mis labios en la Luna, madre.
Quiero que, cuando lleguen
Los sabios hombres a la Luna, madre,
Aprendan de una vez
Lo que es un árbol, un gorrión,
La mano de un amigo
Y un rostro al que se ama,
Porque los sabios hombres, madre,
Casi lo han olvidado.
Quiero plantar un árbol en la Luna, madre. Quiero tejer un nido de gorriones, madre. Quiero estrechar la mano al selenita, madre. Quiero apoyar mis labios en la Luna, madre.
Pero recuperemos a Leonid
Tishkov, nuestro hombre que encontró la Luna. Este artista comenzó en 2003 su proyecto “PrivateMoon” como una instalación de arte en homenaje al pintor surrealista RenéMagritte. El proyecto ha pasado ya por 15 países y, en la mayoría de ellos, Leonid
ha colaborado con otros fotógrafos para crear y registrar sus instalaciones. La
Luna de Tishkov es un objeto hecho de acrílico iluminado con luces LED por
dentro.
Mientras, el resto de los
mortales vivimos cautivados por su imagen cuando se eleva detrás de los
árboles, cuando vierte su luz temblorosa sobre un río que fluye, cuando cae a
través de las ramas sobre el asfalto de los paseos, cuando sube solitaria en el
cielo negro y vacío, cuando desciende hacia el mar, iluminando su superficie
ondulada y líquida con una inmensa estela de claridad o dejando un rastro de
sombra de luna.
Si me sumerjo en la poesía, cualquier poesía de todos los tiempos, es difícil no acabar sobrecogida por todos los
encantadores versos que la Luna inspira a los grandes soñadores.
Votre ame est un
paysage choisi Que vont charmant masques et bergamasques Jouant du luth et dansant et quasi Tristes sous leurs déguisements fantasques
Tout en chantant sur le mode Mineur. L’amour vainqueur et la vie opportune Ils n’ont pas l’air de croire a leur bonheur Et leur chanson se mele au clair de la lune,
Au calme clair de
lune triste et beau, Qui fait rever les oiseaux dans les arbres Et sangloter d’extase les jets d’eau, Les grands jets d’eau sveltes parmi les marbres.
Por eso persigo a la Luna y a sus
poetas cuando antes de ir a dormir no tengo tiempo para mecerme en mi música
noctámbula; quiero nombrarlos, confesar sus versos bañados de luna. Tantos son
los poetas que desangraron un poema en torno a ella... Estoy segura de que no
hay ni uno solo que no la nombre alguna vez, (incluso Mallarmé) que no componga
un verso con el influjo de su presencia. No hay un solo poeta que se precie de
serlo, que no sienta su magnetismo hechicero. La Luna siempre alumbra el
corazón de los poetas con sus fragmentos de luz.
Cuando sale la luna
se pierden las campanas
y aparecen las sendas
impenetrables.
Cuando sale la luna,
el mar cubre la tierra
y el corazón se siente
isla en el infinito.
Nadie come naranjas
bajo la luna llena.
Es preciso comer
fruta verde y helada.
Cuando sale la luna
de cien rostros iguales,
la moneda de plata
solloza en el bolsillo. (La luna asoma. Federico García Lorca)
Las fotos que se ven a continuación también son, ante todo, poesía. Son fotos normales, cotidianas, algunas de mala calidad, pero ahí está la luna.
Ya hemos visto que pocas cosas tienen tanta carga poética como la luna. Así que, ya que los hombres caminamos sobre ella y la admiramos y la estudiaron por años, ¿por qué no iba a poder Laurent Laveder jugar con ella?
“Jugando con la luna” (Moon Games) es una serie compuesta por diversas fotografías que, utilizando las fases de la luna, muestran personas interactuando con ella. Utilizando un gran nivel de originalidad, logra conseguir imágenes divertidas y únicas, en donde el artista hace parecer que la luna está realmente al alcance de las manos de hombres y mujeres.
Dicen que sin Poesía la Luna sólo es luna. Yo añado que sin
Luna a la poesía la faltaría algo. Aunque los tiempos cambien estarán ellas,
siempre, Luna y Poesía y Música, para mantener viva la magia. O al menos eso quiero creer yo...
(Gràcies a
Xavier Perarnau, el miner que em va portar el "carbó", el pastor que em va
triar la "llana". l'amic que va recopilar un munt de temes que ens parlen de la Lluna ) 22 de junio de 2013 Hoy, mi amiga Gelu, con la que comparto tantas cosas, me ha propuesto este maravilloso tema de la gran Chavela Vargas: Luz de luna.