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miércoles, 8 de junio de 2022

Los sonidos del silencio

“El camino a todas las cosas grandes pasa por el silencio” (Friedrich Nietzsche).

A pesar de lo que dijo el filósofo alemán, cada vez más personas viven en ciudades, cerca de ruidosos aparatos, de tráfico incesante y de innumerables estímulos físicos y psíquicos. No es sorpresa, pues, que el silencio se haya convertido en un bien en peligro de extinción. Hoy por hoy, el silencio tiene ya un mercado y es considerado un producto de lujo. Por ello algunas personas viajan por el mundo cazando zonas de silencio como si se tratara de las más raras aves. Pero el silencio no puede existir, solo existe en el vacío, solo existe en relación al sonido, como la oscuridad a la luz o quizás también como el propio vacío que en realidad es una plétora de energía creativa en potencia. El ruido ha llegado a ser sinónimo del estrés. En esta sociedad contaminada también acústicamente, los científicos parecen confirmar la antigua noción de que el ruido lastima, dilacera, perturba y enferma desgarrando el pulcro velo del silencio, que mantiene un aura, una atmósfera virginal, propia.

Yo adoro el silencio, no es la primera que lo digo ni la última vez que lo diré. Hace justo 11 años le dediqué al silencio una entrada en este blog. El silencio es la música que sale del fondo del alma. Contiene un sonido preciso, armónico, lleno de sentido. El sonido del silencio es la palabra que brota mansamente, como el limpio cauce del arroyo, con la pequeña, con la humilde belleza de lo cotidiano para cultivar el espíritu. Odio el estruendo de rumores y murmullos, la palabra hueca de los políticos, el bullicio financiero, el grito constante y desgarrador de la injusticia social. En estos tiempos de cháchara, liviandad y estridencias, el silencio es una bendición, un bálsamo.

de davidhuerta.typepad

Una de las consecuencias de tener muchos más años por detrás que por delante es que hace tiempo que no puedo “escuchar el silencio”. Cuánta razón tuvo Quevedo cuando dijo Todos deseamos llegar a viejos pero todos negamos que hayamos llegado”. Sin embargo, por mucho que lo quisiera negar, que no es el caso, esos zumbidos que escucho en el “silencio de la noche” son la certificación del inexorable paso de mis años. Dice mi otorrino que yo que adoro el silencio estoy condenada a no volver a escucharlo nunca más. Cuando me envuelve el silencio, este está compuesto de una graduación casi infinita de sonidos inaudibles para los demás cada vez más sutiles, como los infrasonidos que pueden emitir algunos cetáceos o como los sonidos siderales que míticamente escuchaban los filósofos pitagóricos. Tal vez necesitemos un tercer oído para detectar esa paleta mística del sonido que tiene el silencio. Tal vez… Esta noche, para combatir los acúfenos que me acribillan impidiendo mi descanso he pensado que nada mejor que dedicar mi recopilación a los “sonidos del silencio”.

Os propongo, pues, una selección de 10 temas que tienen un ritmo y estilo muy diferentes entre sí pero que apelan a ese silencio interior que necesitamos a veces. Puede incluso que sea fácil reconocernos: desde la angustia de estar solo en la oscuridad hasta la paz que surge al encontrar la serenidad.

Como no podría ser de otra manera empezaremos con The sounds of silence, uno de los mayores éxitos musicales de los años 60 en Estados Unidos y el resto de occidente, un aldabonazo inesperado al movimiento folk-rock que consagraría para siempre a unos por entonces jovencísimos Paul Simon y Art Garfunkel, y que a muchos de nosotros nos ha acompañado durante casi toda la vida. Aunque ha habido múltiples teorías sobre su significado, desde los primeros versos se aborda el tema principal: la incomunicación. La canción es una demostración de cómo con simplicidad melódica y una letra que llegue se puede hacer una obra maestra.“Las canciones no son sólo lo que dicen las palabras, sino lo que dice la melodía y el sonido. Si no tienes una melodía correcta y cantable, da igual lo que tengas que decir, porque la gente no lo va a escuchar, decía Simon. 

“Eye in the Sky” fue el sexto álbum de estudio de The Alan Parsons Project posiblemente, el disco más exitoso de toda su carrera. ​El secreto fue mezclar hábilmente un producto de calidad, con arreglos orquestales y maneras de rock progresivo, con melodías sencillas al oído en clave pop-rock. La canción elegida, Silence and I es una buena muestra de ello. El vídeo está subtitulado en español; os recomiendo que también prestéis atención a la letra francamente sugerente.

   

“In a silent way” (1969) es uno de los álbumes que, de manera silenciosa y sin grandes pretensiones, supuso el primer brote de una de las ramas del jazz que conforman el gran árbol del género, y del que, según explica en la revista caravanjazz, el crítico estadounidense Lester Bangs: “Esta es la clase de álbum que te da fe en el futuro de la música”. “In a silent way” encarna el auténtico espíritu de Miles Davis, “The kind of blue”, mucho más azul, con tonalidades más eléctricas, donde la brisa suave y melancólica de este último se transforma en los momentos posteriores a la tempestad, allí donde huele a lluvia, a tierra mojada, a cansancio y a desvanecimiento. A la nada más absoluta que, sin saber muy bien cómo, te llena el alma de silencio. Un silencio que si alguna vez tuviera que sonar, estoy segura que lo haría muy parecido a lo que se grabó en 1969 en este álbum.

“El silencio se está convirtiendo en una bien muy escaso”, dijo Jorge Drexler en una entrevista sobre su gira “Silente”. Y sin silencio no hay canciones. “El silencio en realidad es la hoja en blanco sobre la que se escribe la música”. Silencio es una canción sobre el poder del silencio. Es una canción sobre la paz que surge al encontrar la serenidad y la soledad de estar solo en la oscuridad. Es una hermosa canción que explora las diferentes formas en que el silencio puede afectar nuestras vidas.

Sigamos con Enjoy The Silence, el tema más exitoso de los ingleses Depeche Mode (que sufrió la muerte prematura de su fundador Andy Fletcher hace un par de semanas) Solemne, profunda y a la vez muy apropiada para la pista de baile, una combinación inusual. Es quizá la canción quintaesencial de los artistas que la concibieron y un obligado punto de referencia en su obra. Su letra por sí sola es un oxímoron tan simple como tajante: el silencio que comunica lo que las palabras no pueden expresar. El gesto sigiloso que transmite los sentimientos guardados durante toda una vida. Enjoy the silence es el tema más reproducido de los ingleses en Spotify.

Sons of the Silent Age es una canción escrita por David Bowie en 1977 para Heroes. Fue la única canción del álbum compuesta antes de las sesiones de grabación, ya que todas las demás fueron improvisadas en el mismo estudio. La pieza, que llegó a ser el título provisional del disco, es una de las más sombrías no solo por la melodía en la que predomina el saxofón sino por la letra. El texto ha sido interpretado como un renacimiento en tercera persona de los temas de misantropía patológica explorados por Bowie en su anterior álbum "Low” ("Paseando sus habitaciones como las dimensiones de una celda "), y una referencia a los personajes de una canción de su Superman ("Ellos nunca mueren simplemente se van a dormir un día "). El escritor Nicholas Pegg no dudó en sugerir que el verso: "Plataformas, miradas en blanco, sin libros" puede ser una alusión al régimen nazi.

Vamos a dar un salto copernicano para escuchar un tango, un género que me encanta. Y Silencio (también conocido como Silencio en la noche) tiene su historia. La letra es una adaptación libre de un drama familiar “para construir un homenaje a la soledad de las madres mientras los soldados mueren en el campo de honor”. Fue uno de los temas del film Melodías de Arrabal en el que Carlos Gardel lo canta acompañado por la orquesta de Juan Cruz Mateo.

Otra pirueta en el aire. The Knife fue un dúo sueco de música electrónica formado por los hermanos Karin Dreijer Andersson y Olof Dreijer. Su segundo álbum de estudio, fue "Silent Shout·.  La canción que da nombre al disco nos habla de un ser vulnerable, una obra que se adentra en el mundo onírico de un hombre temeroso de ser visto como inferior a lo que la sociedad espera que sea. El título, dijo Karin, refleja una expresión sofocada: “Cuando sueñas y realmente quieres gritar algo, no sale nada”.

El silencio que acompaña al arrepentimiento puede durar toda la vida, especialmente si se trata de una oportunidad perdida. Eso es lo que nos dice Elliot Smith en su I Better Be Quiet Now, de su álbum “Figure 8” publicado el año 2000. Elliot canta sobre un protagonista que no logra obtener el número de quien le gusta. La soledad se está apoderando de él.

También tiene un espacio en esta recopilación la banda de rock británica The Who, la responsable de la siguiente canción sobre el silencio. The Quiet One trata sobre el lado oscuro del silencio. La canción fue escrita por John Entwistle: "Soy yo tratando de explicar que no soy realmente callado. Empecé siendo callado y ese es el casillero en el que he estado atrapado todos estos años” La letra advierte de las personas tranquilas y calladas, ya que no son ellas las que no hablan sino sus compañeros los que no escuchan.

Para acabar, un extra point: este tema de Gregg Allman, alma del rock sureño, que murió, también, antes de tiempo a los 69 años. Fundó The Allman Brothers Band, seleccionada por la revista 'Rolling Stone' como una de las mejores de todos los tiempos. Silence Ain't Golden Anymore, pertenece al álbum “Searching for simplicity”. Sin cuerdas, coros ni sintetizadores, el conmovedor barítono de The Allman brilla. Un tema que desconocía pero que me ha transportado a ese piso del barrio de Sant Andreu en el que empecé mi vida con Jesús.

“Nunca rompas el silencio sino es para mejorarlo”, afirmó hace muchos años el gran músico y compositor Beethoven. Espero haberlo conseguido porque a veces es difícil. Hay silencios que dicen más que mil palabras. Hay silencios que gritan, que consienten, que censuran, que claman, que duelen... La música es melodía, palabra y silencio. Se acabó por esta noche; han sido 10 temas, pero podrían haber sido más. Si hay alguno que os gusta en particular, no tenéis más que proponerlo y lo incluiré.

Cuidaos mucho. Y cuidad la Cultura para que ella cuide de nosotros. ¡Y no a la invasión rusa! ¡Libertad para Ucrania!


Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير. Gabon. 굿나잇. Boas noites. 晚安 Bonne nuit グッドナイト    Buonanotte. לילה טוב.  Oíche mhaith. Wengi alus. Bones nueches. اچھا شام Noson dda. Good night. Спокойной ночи. Guten Abend. শুভ রাত্রি. Laku noć. Bon lannwit. Fie. God nat. Usiku mwema. Oimore. Sula bulungi. Добрий вечір

Otras fuentes

https://www.ondacero.es/solo-ondaceroes/10-historias-10-canciones/canciones-sobre-el-silencio_201711085a0305160cf2ebaa1668ca26.html
https://www.lacultureria.com/diez-canciones-sobre-silencio/
https://culturainquieta.com/es/inspiring/item/9406-los-efectos-que-produce-el-silencio-en-el-cerebro.html

lunes, 8 de marzo de 2021

Cuando fracasan las palabras (la muerte convertida en música)

 El arte de la música es el que más cercano se halla de las lágrimas y los recuerdos(Oscar Wilde)

Llevamos un año rodeados de muerte. Muchos hemos sentido el dolor desgarrador que produce la pérdida. La muerte es una pregunta incontestable para la humanidad, la pregunta que siempre permanece sin respuesta ya que se sitúa más allá de la experiencia humana. La música ocupa un lugar significativo en las relaciones con la muerte, tanto en las sociedades tradicionales como en las modernas, porque nos recuerda la finitud de la vida. Es en el dolor donde encontramos la voz más punzante de la música, el dolor ineludible del duelo. La música se convierte, así, en una forma de enfrentarnos a la mortalidad humana cuando no tenemos respuestas. A veces, la música que rodea a la muerte nos dice tanto sobre los muertos como sobre los que quedamos. 

En la Historia de la Música, el discurso clásico en torno a la experiencia de la muerte nos muestra una gran diversidad de himnos litúrgicos,  composiciones y autores con grandes títulos de sobras conocidos. Pero, si entre los pocos cientos de réquiems musicalizados desde el siglo XVI la mayoría confía en el texto de la misa católica de difuntos, otros se alejan del papel de adjunto litúrgico. Hablamos de Mozart , Berlioz , Verdi, o Fauré, por nombrar solo los más clásicos,  u otros más cercanos a nosotros como Penderecki, Maciejewski o Lloyd Webber, con réquiems que no son monumentales pero que, a través de sus propuestas musicales, invitan a la profundidad meditativa, a un retorno reflexivo sobre la condición humana.

Muerte privada, duelo privado

Pero no es necesario adentrarnos en la música clásica para encontrar lazos en común entre la música y la muerte. El universo musical de todos los géneros está poblado de canciones a través de las que tratamos drenar el dolor, de conectarnos a ese sentimiento doloroso del que nos alejan los ruidos de la rutina diaria. La lista es larguísima. Yo he elegido unas cuantas pero, ya lo sabéis,  quien lo desee puede ampliar esta breve selección añadiendo sus sugerencias. Seguro que vuestras experiencias personales son múltiples, diversas y enriquecedoras. Vamos allá.

Si la muerte pisa mi huerto es una canción compuesta por Joan Manuel Serrat que aparecía en su álbum "Mi niñez", editado en 1970. “Si la muerte pisa mi huerto ¿quién firmará que he muerto de muerte natural?” Aunque ya nadie muere de muerte natural. Hasta hace poco nos creíamos inmortales. Y si moríamos era de pena, de envidia, de avaricia o de una "larga enfermedad". Como si eso no fuera natural. Ahora nos morimos muertos de miedo.

Tears in Heaven (Lágrimas en el cielo), una de las canciones más emblemáticas del cantautor británico Eric Clapton, tiene detrás la trágica muerte de su hijo de cuatro años. Una experiencia que te cambia por dentro y por fuera. Estamos preparados para despedir a nuestros padres, pero no a nuestros hijos. Para Clapton, la mejor manera de expresar su dolor y perpetuar su recuerdo fue con esta canción que publicó unos meses después, en la que se pregunta si será posible de alguna forma volver a encontrarse con su hijo. “Esencialmente escribí esa canción para hacer la pregunta que yo llevaba haciéndome desde que murió mi abuelo. ¿De verdad nos volveremos a ver?”, explicó el cantante en una entrevista.

Alfonsina Storni murió ahogada en una playa bonaerense. Cuenta la leyenda que ella misma recorrió, serenamente, el camino hacia un mar embravecido, se sumergió andando hasta que el agua le cubrió la cabeza. Ello inspiró a Mercedes Sosa una canción tan sensible como hiperversionada.

El heavy metal y todas sus variantes tienen mucha querencia por aquello que los antiguos llamaban memento mori. En Fade to Black (Desvanecerse en negro), del grupo Metallica, la idea de la muerte se plantea no como una amenaza sino como una liberación. La letra habla de la historia de un hombre que toma la decisión de suicidarse motivado por la maldad que lo rodeaba. Una letra densa y oscura, acompañada de unos riffs que pasan de la tranquilidad a la desesperación.


The Great Gig in the Sky (Un gran espectáculo en el cielo) es una canción de la banda inglesa Pink Floyd que fue publicada en marzo de 1973 dentro de su famoso disco conceptual "The Dark Side Of The Moon". Este fragmento fue una improvisación de Clare Torry, la voz femenina que querían introducir en el disco.

"Y no le tengo miedo a la muerte, en cualquier momento llegará,
no me importa. ¿por qué debería tenerle miedo a la muerte?
No hay razón para ello, tendrás que ir alguna vez.
Si puedes oír este susurro es que te estás muriendo.
Nunca diré que le tengo miedo a la muerte."

Todas las culturas, religiones y etnias; en todas las épocas y estratos sociales o gustos personales, la muerte arranca de nosotros lo más querido, deja tras de sí un silencio que hiere, silencio roto con interpretaciones mortuorias para quienes parten hacia la eternidad. Una despedida con amor. Herencia de África para aliviar el dolor de la partida. La colombiana Elena Hinestroza nos pone la piel de gallina.


Podría seguir con muchos temas más, pero voy a cerrar este apartado del duelo privado con un tango de Carlos Gardel. Adoro los tangos; son la representación ideal de los lamentos, el desgarro y la nostalgia. Sus ojos se cerraron.


Muerte pública, duelo público 

Pero no siempre el duelo es un proceso privado, íntimo. La muerte de personajes públicos recordados por artistas famosos se convierte en un acto de exhibición pública del dolor. Para Bruce Springsteen, la muerte en 2008 del organista Danny Federici fue más que la pérdida de un antiguo compañero de banda. Fue como un circo ambulante que pierde a un miembro clave. Aquí el jefe deambula por el recinto ferial a medianoche, elogiando a un compañero trapecista que nunca lo dejó caer. The Last Carnival

Goodbye England's Rose (Adiós rosa de Inglaterra) de Elton John y Bernie Taupin, escrita para el funeral de su amiga Diana, Princesa de Gales, conmovió a un público abrumado por la pérdida.  La canción reutilizó la melodía de un éxito anterior del dúo, Candle in the Wind  (Vela al viento) dedicada a Marilyn Monroe canción dedicada a la actriz como ejemplo de muerte prematura. “Adiós rosa de Inglaterra/Ojalá crezcas siempre en nuestros corazones/Fuiste la gracia que se colocó/donde las vidas estaban destrozadas”. Los que estaban fuera de la Abadía de Westminster lloraron abiertamente durante la actuación. La popularidad de la canción superó al cantante. “Me parecía como si la gente se estuviera regodeando en su muerte, como si el duelo por ella se les hubiera ido de las manos y se negaran a seguir adelante. Me parecía algo insano; morboso y antinatural. Estoy seguro que eso no es lo que Diana hubiera querido”. Solo una vez, en 2007, a propósito del aniversario de la muerte de Lady Di, Elton volvió a cantarla. 

No son solo las celebridades las que inspiran homenajes musicales. Knockin’ on Heaven’s Door (Llamando a las puertas del cielo) es una canción de Bob Dylan, publicada en la banda sonora de la película de Sam PeckinpahPat Garrett y Billy the Kid. Esta versión del músico escocés Ted Christopher con la guitarra de Mark Knopfler fue grabada en memoria de la masacre de Dunblane el 13 de marzo de 1996, en la que dieciseis niños y un adulto murieron. Cosa rara, Dylan autorizó al cantante que introdujera un nuevo verso en homenaje a los niños asesinados.

Cuando una explosión en la mina de carbón Westray en Nueva Escocia (Canadá) se cobró veintiseis vidas en 1992, el dolor personal se vio agravado por lo repentino y la magnitud de la tragedia, sumado al impacto social y financiero en las familias y en la comunidad. Posteriormente, músicos locales produjeron hasta 50 canciones de tributo, como Westray Trilogy de Ghostrider and The Allied Horns.

A raíz del atentado terrorista de mayo de 2017 en Manchester, sucedió algo inusual. Se estaba guardando un minuto de silencio en todo Reino Unido en homenaje a los veintidos muertos y cincuenta y nueve heridos que produjo el ataque.  Allí, durante la concentración en la plaza de Saint Ann, en el centro de la ciudad, se vivió un momento muy emocionante. Una mujer empezó a cantar Don't look back in anger (No mires atrás con ira), de la banda de rock local Oasis, y en el estribillo se sumaron algunos de los presentes. El periodista de The Guardian, Josh Halliday, grabó el instante.

Llegamos al final de esta noche con el popular Adagio para cuerdas de Samuel Barber, una obra que ha estado ligada siempre a momentos de tragedia como el funeral de Einstein, el anuncio de la muerte de Rooselvelt, la noticia del asesinato de Kennedy o la ceremonia de conmemoración de las víctimas del 11-S de 2001. En 2004, fue elegida por los oyentes de la BBC como la pieza de música más triste jamás escrita. El Adagio es uno de los ejemplos más claros de cómo la música puede ejercer su poder, a través de su capacidad de vincularse emocionalmente en la memoria con personas y eventos particulares, llegando incluso a alterar nuestra percepción sobre ellos. La obra de Braber llega tan hondo, seguramente, por su sinceridad y tremenda intensidad emocional. Si existe alguna pieza musical que puede acercarse a transmitir el efecto de un suspiro y, al mismo tiempo, la tragedia de la pérdida, la melancolía y la falta de esperanza, es esta obra de Barber.

La música nocturna de esta noche es una pequeña muestra de que cuando el duelo hace que las palabras sean inadecuadas o imposibles, la música puede dar voz a la emoción visceral más abrumadora. Esta pandemia nos ha traído otro dolor añadido a la pérdida: la lejanía de los seres queridos. Sin el refugio de estar con los tuyos, sin despedidas, sin besos, ni abrazos, ni manos tendidas… quizás solo nos quede la música.  Cuidaos mucho.



miércoles, 24 de junio de 2015

El viaje más corto de Carlos Gardel

80 años no es nada

Pasa el tiempo y, como en el tango, la nostalgia invade los corazones de los amantes de Carlos Gardel. Su nacimiento envuelto en la penumbra, y su muerte tampoco muy clara, dan a su biografía un halo de misterio. El lugar y fecha de nacimiento de “zorzal criollo” como se conoce al cantor, sigue siendo polémico. Se lo disputan Argentina, Uruguay y Francia. Se estima que la fecha estaría entre 1883 y 1890. Ninguna otra figura del tango concitó un interés comparable, ninguna dio lugar a tantas y tan exhaustivas investigaciones.


Pero el recuerdo de Gardel, que se mató un día como hoy hace 80 años en Medellín (Colombia) resucita estos días en la tierra donde murió y en la que creció. Y resucita en mi memoria aquellos tangos que escuchaba en mi casa los fines de semana mientras mi padre pintaba en su rincón.

El mismo día que en Europa se entretejían los inicios de la Segunda Guerra Mundial, en Medellín se despedía Carlos Gardel ante los ojos de sus seguidores, que esta vez no lo veían irse en un concierto, pero lo querían ver volver bajo el burlón mirar de las estrellas, cómo él mismo lo cantó.

El 24 de junio de 1935 por la mañana, Gardel en compañía de Le Pera y sus músicos salen de Bogotá rumbo a Cali, pero hacen una escala técnica en el aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, conocido como Las Palmas. El objetivo de la escala fue cargar combustible y los rollos de la película Payasadas de la vida. El avión además llevaba instrumentos musicales, telones y valijas de los 13 ocupantes.

Eran las 3 de la tarde. Los 3.000 espectadores que habían ido al campo de aviación a despedir a Carlos Gardel y a sus acompañantes no tuvieron tiempo de pensar en nada. Apenas se quedaron paralizados y abrieron los ojos como puertas de una iglesia. Sus cuerpos, detrás de las improvisadas barreras del aeropuerto de Medellín, quedaron en pie sólo por la escasa rebeldía ante la ley de gravedad.

Desde lejos pudieron contemplar, atónitos, la tragedia que se estaba desarrollando: dos moles de metal en movimiento, un choque seco, la explosión de los tanques del combustible y el incendio que se extendió en un área de cuarenta metros a la redonda. A las tres de la tarde, el Ford F-31 de la empresa Saco, carreteó el aeropuerto y se salió de pista al intentar despegar y chocó de frente con el Ford F-11 de Scadta. Así falleció al instante el ícono que influenció toda la cultura del tango para el mundo.

Todos lo lloraron, pero, más que eso, todos lo cantaron, lo bailaron, lo inventaron, y después de esa deflagración de dolor y humanidad y deseo y tristeza lo único que pudieron hacer fue revivirlo.
Gardel tuvo el privilegio de estar dotado de una voz única, acompañada de un oído que la guiaba de forma magistral. Su talento vocal está fuera de discusión, pero sí se discute sobre su mayor o menor capacidad como compositor e instrumentista.

Vocalmente lo tuvo todo: timbre, color, oído, y una expresividad que podía recorrer la ironía, el humor o el mayor dramatismo. Contó con la suerte de poseer un natural histrionismo escénico y tuvo a lo largo de su carrera una serie de afortunados encuentros con artistas, productores y empresarios del espectáculo, que lo llevaron a la cima del éxito internacional, en el complejo periodo de entreguerras.

Sus restos reposan en el Cementerio de la Chacarita de Buenos Aires. Desde su muerte, los temas interpretados por Gardel han cruzado océanos y perduran en la memoria musical de todo un continente. 

Porque 80 años no es nada, y porque siempre se regresa a Gardel, aquí os dejo, esta noche, las canciones con las que se le recuerda (o, quizás, le recuerdo yo)

lunes, 9 de julio de 2012

¡Tango!


“El amor. ¿Cómo amar sin poseer? ¿Cómo dejar que te quieran sin que te falte el aire? Amar es un pretexto para adueñarse del otro, para volverlo tu esclavo, para transformar su vida en tu vida, ¿cómo amar sin pedir nada a cambio, sin necesitar nada a cambio?” (El lado oscuro del corazón)

El tango es como una despedida eterna, irreparable, irrevocable. Con su olor a olvido sepia, humedad, trasnoches de esas que duelen al día siguiente; con su sabor a dolor mal masticado, indigesto. Esas voces que rozan en una púa que ya no existe, en el vinilo que rueda como una luna por calles empedradas custodiadas por altos plátanos que transpiran verano. Lo escucho de noche en noche, cuando mis penas, que son muchas, pero con las que aprendí a convivir en silencio, sin cuestionarles sus sombras, sus descuidos, me dejan una pava caliente y un mate en el rincón que hay entre las 2 y las 3 de la mañana, cuando los ruidos son suaves silbidos de viento, lluvia, soledad.

Me encantan los tangos. Quizás porque crecí con ellos, quizás porque somos familia de carácter apasionado y el tango la transmite en todas sus letras, en el propio baile que une, entrelaza, sensual... El tango es un fenómeno complejo, como la vida que lo genera. Múltiples han sido a lo largo del siglo pasado las definiciones otorgadas al tango. Desde las más emotivas: «una posibilidad infinita», «un pensamiento triste que se baila», «una manera de conversar en silencio entre un hombre y una mujer», hasta las más provocativas: «el libro de quejas del arrabal», «una orgiástica diablura», «el lamento del cornudo», y la originalísima «un acta de policía en música».

Se suma a ello su profunda filosofía, su nostalgia y su, muchas veces, ácida crítica social. Hay coincidencia en que sus orígenes se remontan a los burdeles del siglo XIX en Buenos Aires, con raíces africanas y cubanas. Luego, con la inmigración europea tomó su forma definitiva, con la aparición del bandoneón, instrumento parecido al acordeón de origen alemán, alrededor de 1910. Primero fue refugio de excluidos y luego entró en los grandes salones. Y aparecieron los grandes letristas del tango con sus críticas sociales y semblanza de la época. Surgen los fenómenos del tango: De Caro, Gardel, Juan D´Arienzo , Discepolo, y tantos otros.
También el tango fue vehículo de la crítica ante la desigualdad social y la crisis de valores. Estuvo del lado de los débiles, denunció abusos, acusó a los ricos y extorsionadores convirtiéndose sus letras en verdaderos alegatos sociales. Así, muestra amargura por las crisis económicas recurrentes, el egoísmo y el individualismo. En Acquaforte aparece el tango como reflejo de la situación socio-política de cada época. Podemos apreciar la influencia importante de toda la corriente socialista-anarquista que había llegado a Buenos Aires en la segunda década del siglo pasado, y que defendía los derechos del trabajador.

 
A lo largo de la historia, pues, es posible encontrar tangos de todos los tipos y para todos los paladares. Revolucionarios, conservadores, anarquistas, nostálgicos, surrealistas, divertidos, trágicos, provocativos, cultos, e incluso a veces tremendamente reaccionarios. Lo que sí efectivamente ha muerto son las condiciones sociales y culturales que lo hicieron posible. El tango de las antiguas milongas y de los conventillos del comienzo del siglo pasado, entendidos como dimensión aglutinante o como lugar de encuentro. Todo eso ya no existe.


Aunque a pesar de todo los dicho hay quien dice que a lo largo de su historia no ha existido un tango efectivamente revolucionario (aparte algunos casos individuales de autores luego en su gran mayoría censurados y olvidados) el tango siempre ha representado las complejas dinámicas de la existencia, con todas sus paradojas, caídas y resurrecciones, con todas las groserías de un pensamiento no siempre crítico pero sin duda profundamente genuino.
Para acabar, aquí os dejo un recuerdo de infancia: A la luz de un candil Ese “arrésteme sargento” lo cantaba a grito pelado por el pasillo de mi casa mientras llevaba a mi madre la ropa que había recogido del tendedor para planchar.



Podía haber compartido cientos de tangos esta noche. ¿Cómo elegir? Al final han sido los recuerdos de la niña que fui, la de aquellos domingos en casa, en Barcelona, en los que por la mañana, mientras mi padre pintaba cuadros, se oían tangos y por la tarde el “Carrusel Deportivo”.