“Lo supe siempre. No hay nadie que aguante la libertad
ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, ése es el
precio que tienes que pagar: la soledad”.
Hoy se cumplen
doce años de la muerte de un referente de la libertad y de la música mexicana.
Doce años sin una mujer increíble, ¡quién supiera rebelarse como lo hizo
Chavela Vargas! que actuó como quiso, dentro y fuera de los escenarios. Una
artista explosiva, una vida única.Una
persona genial que vivió adelantada a su época y nos dejó sus sentimientos
grabados en canciones espectaculares. Fue conocida por sus interpretaciones de
música ranchera, por las que se la conoció como “La voz áspera de la ternura” y
“La dama del poncho rojo”. Vestía como un hombre, llevaba pistola, fumaba tabaco y bebía mucho. No se privó de
nada, salvo del amor que su madre no le dio.
Foto de CNN español
Migrante
costarricense que adoptó a México como su patria, se abrió camino contra las
adversidades en el mundo del espectáculo. Trabajó hasta el último aliento. En
2007 rechazó un Grammy honorífico, máximo premio otorgado por la industria
musical. En abril de 2010, con 91 años, Chavela Vargas lanzó el disco
"¡Por mi culpa!", uno de esos discos "entre amigos" que
Chavela eligió y que contiene sus canciones predilectas. En el incluyó dúos con
sus grandes amigos: Eugenia
León, Lila Downs, La
Negra Chagra y Joaquín
Sabina. “Con su desaparición, se pierde una manera de cantar
llorando, un quejío inigualable, una expresividad fuera de lo común, dijo
Sabina, con quien mantenía una estrecha amistad, en una maravillosa
carta al diario El País, cuando murió.
Con décadas y
décadas de carrera, Vargas fue protagonista de muchos excesos que dieron al
traste con su carrera, bache del cual logró salir. Este álbum fue una buena
muestra. Este disco “es una
revancha contra las compañías de discos, que no le han otorgado los beneficios
que le corresponden a los discos que ha grabado durante toda su vida"acusó
María Cortina, amiga, coproductora de la cantante.
Dos años
después, en abril de 2012, con 93 años de edad, lanzó su disco-libro “Luna
grande” en el que revive, a modo de homenaje, relevantes poemas Federico García
Lorca y repasa algunos de sus mayores éxitos.
Chavela estaba
orgullosa de ser mujer y nos dejó una serie de frases redondas que sonaban como
sentencias. “Qué bonito y qué privilegio haber nacido mujer” o “Cuando
eres verdad, te impones”. Ella se impuso y fue “la más macha
entre los machos”, como asegura Eugenia León. “La dama del poncho rojo”
cantó para todas las mujeres del mundo con su voz rota y desgarrada. “Me
llamo Chavela Vargas. No se les olvide”, repetía
a un público al que no veía. Imposible olvidar su
nombre, así como el espíritu libre y atormentado que derrochó esta leyenda que
pedía luz de luna para su noche triste.
Cuidaos
mucho. Y cuidad la Cultura para que ella cuide de nosotros. ¡Y no a la invasión
rusa! ¡Libertad para Ucrania! Imposible acabar sin gritar: ¡Poned fin al
genocidio palestino! No seamos soldados de los telediarios y los magacines,
dejemos de ser habitantes de las trincheras mediáticas, no nos lavemos las
manos con agua que está teñida con sangre. Digamos ¡basta! ¡Palestina libre
desde el río hasta el mar!
Buenas
noches.Bona nit.Boas noites. Bones nueches. Arratsalde on
Надобраніч. طاب مساؤك. לילה טוב
Pero yo me vuelvo hacia la noche; la santa, indecible,
misteriosa noche. Lejos queda el mundo... (Novalis)
Cuenta una
antiquísima leyenda brasileña que hace mucho, pero que muchos años, en la
Tierra solo habitaban los dioses y algunos humanos. No existían animales ni
tampoco la noche. Siempre lucía el sol. “El
cuento de la noche” originario de
Brasil, cuenta cómo la noche apareció sobre la Tierra, y es, quizás, un relato
que ayuda a los niños a superar el temor a la oscuridad nocturna. Yo nunca tuve
miedo a la noche. A pesar de que las pesadillas me atormentaron desde muy
pequeña, la noche fue para mí durante años y años una aliada, un refugio, el
momento de más creatividad y más lucidez. En mi juventud podía estar despierta escribiendo
hasta el amanecer. Arropada por la oscuridad de la noche, entraba en una
actividad cada vez más frenética que desembocaba en un estado de excitación
nerviosa que me producía cierto temblor y que después me impedía dormir. ¡Qué
tiempos aquellos tan fértiles! Qué diferente es todo. Siento nostalgia, aunque
la noche no fuera una ciencia exacta…
Creo que desde
el momento en el que el ser humano tuvo conciencia de serlo, la Humanidad ha
sentido la llamada misteriosa de la noche. Su magnetismo ha sido un campo
abonado para la sensibilidad de los artistas y, especialmente, para los poetas
que han sentido la irresistible atracción de su simbolismo. La noche se
convirtió pronto en el escenario para comunicarse con lo irreal, con los
dioses, con el Absoluto, el mejor espacio posible para la creación y fuente
inagotable de inspiración artística.
La noche presenta
una riqueza infinita de temas, enfoques y matices y muchos son los poemas y las
canciones dedicadas a ella. Elegir unas u otras acabará siendo, seguramente,
algo aleatorio y casual, una selección que hoy puede ser una pero quizás mañana
sería otra. El estado de ánimo y la memoria van a jugar un papel fundamental,
aunque hay algunos temas imprescindibles que no pueden faltar como el siguiente
poema, uno de más bellos de la lengua castellana.
“Noche
oscura del alma” del místico San Juan de la Cruz, es
un poema que, siendo de los más importantes del autor, está sin terminar. Los
comentarios en prosa que tratan de explicar el inexplicable relato poético del
encuentro amoroso con el Amado, acaban bruscamente como invitándonos a que el
silencio y la oración nos lo terminen de aclarar.
Pero si el
trabajo de Amancio Prada es de una calidad y una sensibilidad difícil de
igualar, no puedo dejar de nombrar la canción que Loreena McKennitt, compuso
en honor del místico abulense, una preciosa canción capaz de ablandar al corazón
más duro, una canción en la que supo recoger e integrar todo ese amor puro,
sensual y sin mácula que transmite la poesía de San Juan de la Cruz. Esa
canción, que fue gestándose en su cabeza a raíz de su estancia en España, la
tituló The Dark Night of the Soul; es decir, La Noche Oscura del Alma.
La poesía universal
nos muestra sus misterios, oscuridad y resplandor. Resplandor que es para André Breton el
equivalente de la atmósfera surrealista. Refulgente oscuridad que pone el foco en
el crepitar luminoso de la alta tensión, “la plus belle des nuits, la
nuit des éclairs: le jour, auprès d’elle, est la nuit” Una oscuridad
obscena y sensual.
“Obscena noche, noche de flores, noche de
estertores, noche embriagadora, noche apagada, cuya mano es una cometa abyecta
sujeta por todos los lados con hilos negros, ¡hilos vergonzosos!”
Podemos poner
muchos adjetivos a Joaquín
Sabina por su predilección por la noche: trasnochador, calavera,
noctámbulo, crápula, etc. Y, así es; en sus canciones aparece la oposición
día/noche con bastante frecuencia. El autor se decanta abiertamente por
anteponer la noche al día. La noche en Sabina simboliza la pasión, el amor, los
excesos, el placer, la libertad, los sueños; mientras que el día representa las
obligaciones, el trabajo, los horarios, los compromisos...
Para cada
momento de nuestra vida hay un libro. Conocí a Hermann Hesse a los 14 años.
Mi hermano me introdujo en él dándome a leer Demian, un libro que supuso mi
salto de la literatura juvenil a la adulta. Hermann Hesse está considerado como
"autor de la crisis", un poeta que se sometió por escrito al doloroso
autoanálisis, siempre en busca de su auténtica y propia identidad, uno de esos
autores que se debe leer. Lo demuestran, no sólo sus novelas sino su gran obra
poética, que en 1946 le hizo merecedor del Premio Nobel.
He apagado mi vela con un soplo.
Por la ventana abierta se introduce la noche,
dulcemente me abraza y me permite ser
como amigo o hermano.
Enfermos ambos por igual nostalgia;
lanzamos sueños aprensivos
y hablamos quedamente de los viejos tiempos
en el paterno hogar.
La noche que la luna salió tarde es la
tercera canción del disco del grupo 091,
de 1995, "Todo lo que vendrá después". En este caso es la versión
remasterizada de 2001, y el tema compuesto por José Ignacio García
Lapido.
“Cuando en la noche”, uno de los grandes poemas de
amor de Gustavo
Adolfo Bécquer, describe acaso la vana esperanza de prolongar el recuerdo
de la amada.
Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
diera, alma mía,
cuanto poseo,
¡la luz, el aire
y el pensamiento!
(…)
Pocas canciones expresan tan mágicamente el
sentimiento de pérdida y ausencia como Nights in White Satin.
Interpretada por The
Moody Blues a finales de los 60, formó parte del álbum “Days of Future
Passed” en el que cada canción forma parte de un todo y al que recomiendo
darle una escucha si quieres viajar un rato entre música clásica y psicodelia
orquestal.
Luis
Cernuda fue uno de los poetas fundamentales de la Generación del 27, un
escritor rebelde, abiertamente homosexual y siempre en búsqueda de una soledad
que lo hiciera libre, alejada del juicio de la sociedad en una España que era “un
país donde todo nace muerto, vive muerto y muere muerto”, como dirá en “Desolación
de la Quimera”. La consciencia de su aislamiento se expresa en una de sus
imágenes más conocidas: Cernuda se ve a sí mismo “como naipe cuya baraja se
ha perdido”. En el siguiente poema “Razón de lágrimas” sobrevuela una
cierta resignación ante una realidad que no puede cambiar.
La noche por ser triste carece de fronteras.
Su sombra en rebelión como la espuma,
rompe los muros débiles
avergonzados de blancura;
noche que no puede ser otra cosa sino noche.
Acaso los amantes acuchillan estrellas,
acaso la aventura apague una tristeza.
Mas tú, noche, impulsada por deseos
hasta la palidez del agua,
aguardas siempre en pie quién sabe a cuáles
ruiseñores.
Más allá se estremecen los abismos
poblados de serpientes entre pluma,
cabecera de enfermos
no mirando otra cosa que la noche
mientras cierran el aire entre los labios.
La noche, la noche deslumbrante,
que junto a las esquinas retuerce sus caderas,
aguardando, quién sabe,
como yo, como todos.
Cold Black Night pertenece al álbum debut “Peter Green's Fleetwood de la
banda británica de rockFleetwood
Mac, publicado en 1968 por el sello Blue Horizon Records. Cuenta con una
mezcla entre covers de otros artistas de blues y
canciones escritas por Peter Green y Jeremy
Spencer, quienes comparten a su vez la labor de vocalista.
“Poco sé de
la noche, dijo Alejandra
Pizarnik, pero la noche parece saber de mí, y más aún, me asiste como si
me quisiera, me cubre la conciencia con sus estrellas. Tal vez la noche sea la
vida y el sol la muerte. Tal vez la noche es nada y las conjeturas sobre ella
nada y los seres que la viven nada”. Aunque quizás, como dijo Goethe, “La
noche es la mitad de la vida, /y la mitad mejor.”
Esta ha sido
mi selección de esta noche. Cualquiera de vosotros podría añadir bellísimos
poemas, intensísimas canciones. No dudéis de proponerlas si os apetece. Seguro
que tendrán un lugar en este espacio.
Buenas noches.
Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. 굿나잇.
Boas noites. 晚安 Bonne nuit グッドナイト Buonanotte. לילה טוב. Oíche mhaith. Wengi alus. Bones nueches. اچھا
شام Noson dda. Good night. Спокойной ночи. Guten Abend. শুভরাত্রি.
Laku noć
Ilustración de la leyendra brasileña "El cuento de la noche"
¿Quién
no reconoce entre cualquiera otra la áspera voz de Joaquín Sabina? Una
voz de lija que, con toda su aspereza, se dio a conocer un 14 de septiembre de
1999, con su álbum “19 días y 500
noches”. Antes habían visto la luz grandes discos como “Física y
química”, “Esta boca es mía”, “Yo, mi, me, conmigo”
o “Enemigos
íntimos”. Pero con este disco llega el bombazo definitivo. Es Sabina en
estado puro, la metáfora perfecta y precisa, la historia de desamor, la alegría
de la tristeza, la fiesta y la cocaína y la rumba con el rock&roll. Así que
triunfa. Inmediatamente. Y convirtió al artista en mito.
Todo empezó
con una ruptura. En el verano del 98, ante lo que parece ser un malentendido con
Fito Páez, Sabina decidió
poner punto final a los proyectos conjuntos, incluida la gira de sesenta shows
que realizarían por España y América latina para presentar "Enemigos
íntimos", el disco que grabaron juntos. Resentido y frustrado Sabina se
metió en el estudio, prescindiendo de sus productores habituales, y del brazo
de Alejo Stivel, ex Tequila, grabaron el
disco más largo del de Úbeda y su más profundo trabajo.
En aquel
momento, finales de los noventa, eran muy frecuentes las largas noches de
juerga en el piso de Joaquín, situado en los alrededores de la madrileña plaza
de Tirso de Molina. A una de esas veladas acudió Stivel, quien, al oír cantar al anfitrión entre amigos, desinhibido y
con la voz rota le preguntó por qué no cantaba así en los discos. “Le
comenté que me gustaba mucho lo que oía, porque ahí, en la intimidad, rodeado
de amigos, cantaba desde un lugar muy poco esteticista, muy libre”,
explica en el libro “Sol y sombra”, una biografía que el periodista
Julio Valdeón publicó en 2017.
Hacía tiempo que Stivil opinaba que Sabina tenía en los discos un sonido muy procesado, que la voz del artista y los arreglos instrumentales estaban demasiado modulados y que abusaba del reverb. Así se lo
comentó, sin que hubiese una intención oculta, asegura en distintas
entrevistas. Y funcionó. “19 días y 500 noches” suena bien, tiene diferentes
registros musicales, flirtea con diversos géneros sin que nada chirríe. Resulta
más neutro, más asumible por todo tipo de público.
Sobran los
motivos para considerar que “19 días y 500 noches” es la gran obra de Joaquín
Sabina. El primero es que él mismo considera ese disco como “el más
importante” de su vida, pero hay otra razón fundamental: ese es el
álbum que permitió al ubetense desprenderse del "maquillaje" que lo
acompañó durante años para mostrar, al desnudo, la voz de lija que hoy se le
conoce, esa que dejó en ‘shock’ a su discográfica y a sus seguidores hace ahora
veinte años.
Cuando Carlos López, que en aquel momento era el director de Ariola-BMG, y
Paco Martín, el director artístico, escucharon la primera canción del esperado
disco se miraron asustados y dijeron: “¡No canta!”, reveló Stivel
al periodista Diego
Manrique en una entrevista en El País en 2007. Dejando de lado los
complejos, Sabina dio vía libre a su voz ronca, a la poesía urbana y a la inspiración
de la golfa madrugada de Madrid que le define. Los directivos de la
discográfica tuvieron que acostumbrarse, como los propios seguidores del artista,
a la nueva voz del maestro.
Aunque lo que realmente
importan son las canciones. La colección de grandísimas piezas que hay en "19
días y 500 noches" resulta la clave fundamental. Canciones largas, larguísimas, que
confluyen como ríos en un mar intimista en el que bucear. La aparente desnudez
que caracteriza todos los temas del álbum es fruto de un exhaustivo trabajo
en equipo que exigió muchas horas de laboriosa grabación y mezcla, y una gran
dedicación al tratamiento de la voz de Joaquín, carente ya del más tenue maquillaje.
Seis meses de grabación, en tres estudios que ya no existen y con unos
implicados que nunca más volvieron a trabajar juntos.
El periodista Juan Puchades en un artículo conmemorando los 15 años de la edición del disco afirma con rotundidad: “Deslumbra la monumentalidad de unos textos que son cumbre de su propio repertorio pero, que, sin dudarlo, están entre lo mejor del cancionero castellano”.
La letra de 19
días y 500 noches, la canción homónima al disco, es una canción redonda,
porque es de las que mejor cuenta una historia. El propio Sabina explicó en su
día de qué va: “Mis canciones siempre arrancan de un verso. En el caso de
19 días y 500 noches es uno que suele pasar desapercibido, pero que es el más
cruel de la canción: “No pido perdón, para qué, si me va a perdonar
porque ya no le importa”. Acababan de dejarme y me dije: “¡Tendré que vengarme
de ella de alguna manera, tendré que hacerle una canción que la persiga toda la
vida!” Y así surgió el tema. Ahora, la hija de puta anda diciendo por ahí que
le hice una canción muy bonita. ¿No te jode?”
Con toda la
justicia del mundo, esta canción ha quedado como una de las más importantes de
su carrera, asentando ya la rumba, en este caso la rumba catalana, como uno de
los pilares de su música. En el álbum hay espacio para otra rumba, Cerrado
por derribo, igual de trascendente, una estremecedora canción que vendría a
ser la parte oscura y más triste que la anterior, conformando las dos caras de
una moneda.
El disco también tiene
hermosas y cegadoras canciones como Una canción para la Magdalena un
homenaje a las prostitutas, compuesta a medias con Pablo Milanés, y Noches
de boda en un dúo con Chavela
Vargas.
Por su
intensidad, por su letra, por su música y por su clima sonoro no puedo dejar de
citar Donde habita el olvido. El título proviene, obviamente, del verso
de Luis Cernuda,
mientras que, según Sabina, la tristeza de A mis cuarenta y diez, una
canción demoledora, sincera, atrevida, brutamente autobiográfica por su irremediable
drama, se la debe a César
Vallejo.
Y la otra
carta de amor sería Dieguitos y Mafaldas, con la que rinde cuentas a una
relación vivida con una joven en Argentina pero que además le sirve de homenaje
a aquel país, a la vez que mezcla sonoridades hispanas y porteñas.
Pero no todo
es pesimismo en el disco, y prueba de ello es su apertura con Ahora que…,
un tema de sonido típico sabinero y con una letra de enamoramiento muy a su
estilo, sin exaltaciones, con una armonía más triste que luminosa.
Y si queremos
al Sabina más irónico Pero qué hermosas eran y Como te digo una co te
digo la o.
Y más de 7.300
días y 500 noches después, las melodías resuenan como una resaca atemporal. “19
días y 500” noches se configura por ser esa obra sin peros. La carta para la
posteridad más canalla e intimista de cuantas compuso, entre el whisky y la
cocaína, a la que muy pocos pudieron resistirse y que anticipaba el fin del
siglo XX y sus maneras.
Joaquín Sabina
toca la gloria con “19 días y 500 noches”, vende a toda velocidad un millón de
copias, y sigue vendiéndose a día de hoy. Estamos hablando de un clásico
incontestable. Su buen amigo, el cantante Miguel Ríos, lo tiene
claro: “Debe considerarse obra maestra”. ¿Y luego? Luego vendría
el infarto cerebral que lo cambio todo, en agosto de 2001, una catástrofe que
le aparta de la noches y las drogas y las amistades peligrosas. Desde su
atalaya de la plaza de Tirso de Molina, Joaquín Sabina continúa con su vida, continúa con sus
discos, continúa con sus conciertos y sigue haciéndonos felices.
Nadie somos
los que éramos en 1999, pero me ha apetecido celebrar el 20 cumpleaños de este disco que llevó a Sabina a las puertas del cielo, para acordarme de la que fui.
Buenas noches.
Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. 굿나잇.
Boas noites. 晚安 Bonne nuit グッドナイト Buonanotte. לילה טוב. Oíche mhaith. Wengi alus. Bones nueches. اچھا
شام Noson dda. Good night. Спокойной ночи. Guten Abend. শুভরাত্রি
Me siento nostálgica
en noches como ésta. Sentir de nuevo los nocturnos de Chopin interpretados
por la magia de Maria
João Pires me ayudan a conectar con mi otro yo. Adoro la noche; adoro su silencio. Sí, adoro
el silencio. Por eso he escrito tanto de noche, supongo; para que los destinatarios de
mis cavilaciones, a veces absurdas, fueran ojos mudos, sin halagos ni críticas,
de lo que llevaba dentro. Un hábito evasivo, seguramente, esto de la escritura
sin más finalidad que el silencio infinitamente compartido.
Adoro la
noche. Hay en ella un almacén lleno de vida, vida desperdiciada. Con ella se
podría crear otro mundo, una existencia que sabría cómo aprovechar la inmensa
cantidad de tiempo que se pierde en ésta. Todo está volcado en su oscuridad: los
sueños rotos, los besos que nos dieron una vez y los que no se dan, los
suspiros que se lanzan al aire, las ilusiones sin realizar, los te quiero sin
respuesta, desamores, equívocos, tiempo sin vivir, sensaciones sin sentir.
Los recuerdos. Pero siempre habrá un poema o una canción donde mecer el ánima arruinada o
triste o efusiva o agotada, naufragando en su oleaje.
Una
curiosidad. Uruguay tiene entre sus fiestas nacionales “la Noche de la
Nostalgia” o la “Noche de los Recuerdos”, una fiesta que se celebra desde hace
más de 38 años. Cada 24 de agosto, en la víspera de la celebración de la
Declaración de la Independencia, miles de uruguayos se dan cita para
reencontrarse y bailar al ritmo de los más grandes old hits de todos los tiempos. Me pregunto si en ella se canta a Drexler.
Al acabar el
día, quisiera escribir de nuevo versos de aquellos que ya no retroceden,
sílabas resbalando por cejas y pestañas en las que hallas esa intimidad que
resplandece unos segundos y después se esfuma.
En las palabras habitan sueños nocturnos que se desintegran al contacto
con la vida. Otros lo hicieron, ya.
Escribir por ejemplo: "La
noche está estrellada, y tiritan,
azules, los astros, a lo
lejos".
El viento de la noche gira en el
cielo y canta.
Puedo escribir los versos más
tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella
también me quiso.
En las noches como ésta la tuve
entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el
cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también
la quería
Como no haber amado sus grandes
ojos fijos.
Puedo escribir los versos más
tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir
que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa
sin ella
Y el verso cae al alma como al
pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no
pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella
no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien
canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con
haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la
busca,
Mi corazón la busca, y ella no
está conmigo.
La misma noche que hace blanquear
los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no
somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero
cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para
tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes
de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos
infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero
tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan
largo el olvido.
Porque en noches como ésta la
tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con
haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor
que ella me causa,
y éstos sean los últimos verso
que yo le escribo.
¿Qué es para
vosotros la noche? ¿Una nada improductiva carente de significación, que ha dado
lugar a la prefiguración de la noche como madre de lo negativo y monstruoso o un sentido de afirmación sobre aquello otro que reside en nosotros y nos
abraza? La noche como origen o como fin. Para Lope de Vega, la noche no
sólo es cómplice de los amantes, sino también refugio del poeta. Con ella, en este soneto el
escritor recorrerá el camino para mostrarnos la estrecha relación existente
entre el sueño, la muerte y la vida.
A LA NOCHE
Noche fabricadora de embelecos,
loca, imaginativa, quimerista,
que muestras al que en ti su bien
conquista,
los montes llanos y los mares
secos;
habitadora de celebros huecos,
mecánica, filósofa, alquimista,
encubridora vil, lince sin vista,
espantadiza de tus mismos ecos;
la sombra, el miedo, el mal se te
atribuya,
solícita, poeta, enferma, fría,
manos del bravo y pies del
fugitivo.
Que vele o duerma, media vida es
tuya;
si velo, te lo pago con el día,
y si duermo, no siento lo que
vivo.
A medida que el universo, y por
ende la tierra, se expande, la oscuridad nocturna aumenta. Y cuanto más
descendemos a nuestro yo onírico, la negrura del alma nos asedia.
Pero no es agua. Es
languidez. Son abismos abiertos
para hacer caer sobre
nosotros
reguerones de paz.
Cada gota, una
estrella fugaz.
¿Dónde estarán mañana
las golondrinas?
Tijeras negras que
cortan el cielo.
Llueve esta noche.
Pero llueve sin
ganas.
Como si no fuera el
momento de llover.
Agua lenta,
ensimismada.
No hay que arropar
espejos ni cristales
para que no tiemblen
de miedo.
Llueve esta noche.
No es lluvia casi,
es agua con alas,
transparencia de la
intimidad nocturna.
Llueve esta noche, en
silencio:
Dulce presagio de tu
sueño,
universo de lugares
sin peso.
Se han confabulado
las gotas
para llover calladas;
todo se calla cuando
tú descansas.
Llueve esta noche.
La oscuridad tiene
ojos claros.
Llueve. Me encanta la lluvia. El
bosque se mueve a mi paso, los centenarios árboles marchitan y con sus hojas
decoran el suelo. El suelo es blando y cálido como una alfombra, alfombra que atraviesa
el bosque de la melancolía. Cielo gris, suelo dorado, la melancolía.
Miro por la ventana y veo ese
cielo lluvioso. Llueve, sí, pero me sienta bien. En lo que otros ven un día
nublado, yo veo un cielo de plata, de plata que brilla e ilumina mis palabras.
Cuando otros ven caer agua del cielo, yo veo mi vida que brota de la
melancolía. Añorado sentimiento, perpetuada eternamente en el otoño, la
melancolía. La melancolía.... Miro en mi interior. Suelo hacerlo y me
reconforta.
Sigo escuchando el goteo impenitente de la lluvia,
“El poeta es el único ser que se
baña dos veces en el mismo río, el único que se moja dos veces en la misma
lluvia”, respondía Isidoro
Blaisten en las páginas de su libro “Anticonferencias” a la pregunta
formulada acerca de qué era un poeta y, de paso, para qué servían.
Siento un enorme placer en
caminar sin paraguas bajo la lluvia. Me encanta sentir las pequeñas gotas
resbalando por la frente, por la nariz, por la barbilla... A veces las saboreo,
solo a veces. Luego, cuando mi cuerpo se empapa, acelero el paso y me escondo
bajo el tejadillo de algunos edificios ante la mirada atónita de la gente. La
última vez se rieron de mí. No es habitual ver a una mujer de mi edad actuando
como una niña.
Hay quien se sorprende cuando
alguien comenta que le encanta ver llover, pero hay gente.
La lluvia tiene un
vago secreto de ternura,
algo de soñolencia
resignada y amable,
una música humilde se
despierta con ella
que hace vibrar el
alma dormida del paisaje.
Es un besar azul que
recibe la Tierra,
el mito primitivo que
vuelve a realizarse.
El contacto ya frío
de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre
de atardecer constante.
Es la aurora del
fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de
espíritu santo de los mares.
La que derrama vida
sobre las sementeras
y en el alma tristeza
de lo que no se sabe.
La nostalgia terrible
de una vida perdida,
el fatal sentimiento
de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta
de un mañana imposible
con la inquietud
cercana del color de la carne.
El amor se despierta
en el gris de su ritmo,
nuestro cielo
interior tiene un triunfo de sangre,
Yo no sé, mira, es terrible cómo
llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con
goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno
detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la
ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos
apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se
cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se
agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que
cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una
viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan
y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver
la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las
emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas
inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós. (Aplastamiento de las gotas.
Rayuela. Julio Cortázar)