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lunes, 22 de junio de 2026

La música y la poesía también viajan en tren

"Los trenes, de noche, mueven la melancolía por el mundo". (Karmelo Iribarren)

Cuando era pequeño, a Izan le encantaban los trenes. Los fines de semana que su padre trabajaba, subíamos al terrado del ambulatorio de la Torrassa a verlos pasar. Se quedaba atrapado de su grandeza, sus artilugios y sonidos. Nos podíamos pasar horas jugando a contar convoyes y vagones o a adivinar el cambio de aguja qué decidiría el camino que tomarían. ¿A dónde irían? Y echábamos a volar la imaginación. Aún conservamos sus trenes eléctricos, los cuentos que tantas veces leíamos, los álbumes de cromos, pequeños tesoros familiares. Es que el tren tiene algo de mágico. Y de nostálgico, de melancólico…  

Muchas personas llevan un tren circulando por las vías trazadas en su subconsciente más profundo. Eso es lo que le pasa a Jesús, "mi Jesús", (no es extraño que a su hijo le encantaran tanto como a él) que cogía el tren de noche para ir y volver del trabajo: Quizás siempre eché de menos la columna de humo saliendo de la locomotora, evoca. Quizás nunca superé el sentir alejarme del hogar. Pero los trenes nocturnos, que cada día me llevaban hacia un mundo que siendo el mío no lo era, siempre me produjeron una sensación compleja. Entre el extrañamiento y la introspección, entre la tristeza y la reflexión. Siempre acompañado por la música, por ese buen amigo.  Por mucho que ver aparecer la luz esas mañanas no acabase con las sombras nocturnas, cada día es una nueva esperanza, una oportunidad. La lucha de la oscuridad y la luz a ritmo de ese amigo del alma, Pat Metheny.

El poeta catalán Joan Margarit estuvo vinculado estrechamente al mundo técnico y a sus recuerdos de infancia. Por eso recurrió a menudo al tren para evocar en su obra las memorias más íntimas.

HORARIS NOTURNS
 
Estic dormint amb tu i sento passar els trens.
Em  travessen el front els llums de les finestres
estripant el vellut blau fosc d’aquesta nit.
L’estona de silenci em deixa un llum vermell,
la nota a un pentagrama de cables i de vies
obscures i lluents. Estic dormint amb tu
i els sento com s’allunyen amb el soroll més trist.
Potser m’he equivocat no pujant en un d’ells.
Potser l’últim encert és–abraçat a tu-
deixar que els trens se’n vagin en la nit. 

Hubo un tiempo en que viajar de noche en tren era mucho más que desplazarse de un lugar a otro. Era entrar en una geografía distinta, en un mundo suspendido entre la vigilia y el sueño, entre el traqueteo constante de las ruedas sobre la vía y el rumor apagado de conversaciones que nacían y se extinguían en unas pocas horas. En aquellos trenes nocturnos de los años ochenta no solo se cruzaban ciudades, comarcas, países o fronteras; se cruzaban también vidas, recuerdos, silencios y destinos.

 

 Algo tendrán los trenes que transforman la nostalgia y la melancolía en música y poesía, ¿no creéis? De humildes trabajadores ferroviarios nacieron hijos que fueron poetas y universales. Es el caso de Pablo Neruda cuya relación con los trenes fue siempre profundamente personal, ya que su padre lo era. Muchos son sus poemas dedicados al mundo ferroviario. En su obra, el silbato de la locomotora y la figura de su padre como capitán de tren son imágenes recurrentes.

SUEÑOS DE TRENES

Estaban soñando los trenes
en la estación, indefensos,
sin locomotoras, dormidos.

Entré titubeando en la aurora:
anduve buscando secretos,
cosas perdidas en los vagones,
en el olor muerto del viaje.
Entre los cuerpos que partieron
me senté solo en el tren inmóvil.

Era compacto el aire, un bloque
de conversaciones caídas
y fugitivos desalientos.
Almas perdidas en los trenes
como llaves sin cerraduras
caídas bajo los asientos.

Pasajeras del Sur cargadas
de ramilletes y gallinas,
tal vez fueron asesinadas,
tal vez volvieron y lloraron,
tal vez gastaron los vagones
con el fuego de sus claveles:
tal vez yo viajo, estoy con ellas,
tal vez el vapor de los viajes,
los rieles mojados, tal vez
todo vive en el tren inmóvil
y yo un pasajero dormido
desdichadamente despierto.

Yo estuve sentado y el tren
andaba dentro de mi cuerpo
aniquilando mis fronteras,
de pronto era el tren de la infancia,
el humo de la madrugada,
el verano alegre y amargo.

Eran otros trenes que huían,
carros repletos de dolores,
cargados como con asfalto,
y así corría el tren inmóvil
en la mañana que crecía
dolorosa sobre mis huesos.

Yo estaba solo en el tren solo,
pero no sólo estaba solo,
sino que muchas soledades
allí se habrán congregado
esperando para viajar
como pobres en los andenes.


Y yo en el tren como humo muerto
con tantos inasibles seres,
por tantas muertes agobiado
me sentí perdido en un viaje
en el que nada se movía,
sino mi corazón cansado.

Aunque los trenes hayan dejado de ser esas máquinas de hierro humeantes que fueron,  viajar en tren tiene un encanto difícil de explicar y, al mismo tiempo, imposible de ignorar. Quizá sea el suave balanceo de los vagones, el rumor constante de las ruedas sobre los raíles o la sucesión interminable de paisajes que se deslizan tras la ventana. En el tren, el tiempo parece adoptar un ritmo diferente, más pausado, más propicio para la contemplación. Mientras el mundo corre al otro lado del cristal, el viajero permanece suspendido en una especie de intervalo donde la imaginación encuentra espacio para desplegarse.

Nada mejor para ilustarlo que una canción de Junior Parker que se convirtió en un clásico del blues. Porque, ¿quién no ama los trenes y el blues, a la vez? Es evidente que ambos estaban hechos el uno para el otro.

Antonio Machado consideraba el tren un espacio de reflexión y ensueño. En sus versos, el traqueteo y el paisaje exploran el paso del tiempo, el nomadismo y los encuentros casuales Hay que viajar en tren porque como dice el poeta “el tren al caminar / siempre nos hace soñar”. Eso practicaba el poeta en sus idas y venidas -siempre sobre la madera/de mi vagón de tercera-, del páramo a los olivares, de la mística Castilla a la Andalucía del limonero.

EL TREN
 
Yo, para todo viaje
—siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera—,
voy ligero de equipaje.
Si es de noche, porque no
acostumbro a dormir yo,
y de día, por mirar
los arbolitos pasar,
yo nunca duermo en el tren,
y, sin embargo, voy bien.
¡Este placer de alejarse!
Londres, Madrid, Ponferrada,
tan lindos... para marcharse.
Lo molesto es la llegada.
Luego, el tren, al caminar,
siempre nos hace soñar;
y casi, casi olvidamos
el jamelgo que montamos.
¡Oh el pollino
que sabe bien el camino!
¿Dónde estamos?
¿Dónde todos nos bajamos?
¡Frente a mí va una monjita
tan bonita!
Tiene esa expresión serena
que a la pena
da una esperanza infinita.
Y yo pienso: Tú eres buena;
porque diste tus amores
a Jesús; porque no quieres
ser madre de pecadores.
Mas tú eres
maternal,
bendita entre las mujeres,
madrecita virginal.
Algo en tu rostro es divino
bajo tus cofias de lino.
Tus mejillas
—esas rosas amarillas—
fueron rosadas, y, luego,
ardió en tus entrañas fuego;
y hoy, esposa de la Cruz,
ya eres luz, y sólo luz...
¡Todas las mujeres bellas
fueran, como tú, doncellas
en un convento a encerrarse!...
Y la niña que yo quiero,
¡ay!, preferirá casarse
con un mocito barbero!
El tren camina y camina,
y la máquina resuella,
y tose con tos ferina.
¡Vamos en una centella!

En esta canción sobre un tren en concreto, la Locomotora 8 de la Southern Crescent que pasaba por el estado de Georgia, una de las rutas ferroviarias históricas de los EEUU, el grupo REM describe con rara minuciosidad en una banda de rock, el trayecto del tren: los niños que miran desde dentro, los campos, los bloques de viviendas, los aviones que pasan por encima. Pero, al mismo tiempo, tiene una cualidad espectral, lo que le otorga una categoría peculiar dentro de las canciones sobre trenes.

Juan Ramón Jiménez nos explica también la emoción de viajar en una vieja locomotora.

LA VIEJA LOCOMOTORA

La vieja locomotora empuja y tira
con toda su fuerza
y su respiración de hierro.

A través de la llanura
y la montaña,
va dejando atrás
los campos y los pueblos.

Los vagones van detrás
como un sueño
que se escapa
por los raíles.

Y el maquinista
en su alto asiento
va mirando el horizonte
con ojos de fuego.

La vieja locomotora
va hacia la ciudad
con un ruido de trueno
y un aroma de humo.

Y yo me siento
en la ventana
mirando el paisaje
que se va deslizando.

La vieja locomotora
me lleva lejos
a un mundo nuevo
de aventuras y de sueños.

Sin duda hay algo profundamente romántico en observar a través de la ventanilla campos, montañas, valles, pueblos y estaciones que aparecen y desaparecen como escenas de una película. Cada figura que se distingue a lo lejos parece guardar una historia; cada casa iluminada al anochecer invita a imaginar vidas, encuentros y secretos. El tren no solo transporta personas de un lugar a otro: también conduce pensamientos, recuerdos y fantasías.

IRIS DE LA NOCHE

A D. Ramón del Valle-Inclán.


Hacia Madrid, una noche,
va el tren por el Guadarrama.
En el cielo, el arco iris
que hacen la luna y el agua.
¡Oh luna de abril, serena,
que empuja las nubes blancas!

 La madre lleva a su niño,
dormido, sobre la falda.
Duerme el niño y, todavía,
ve el campo verde que pasa,
y arbolillos soleados,
y mariposas doradas.

 La madre, ceño sombrío
entre un ayer y un mañana,
ve unas ascuas mortecinas
y una hornilla con arañas.

 Hay un trágico viajero,
que debe ver cosas raras,
y habla solo y, cuando mira,
nos borra con la mirada.

 Yo pienso en campos de nieve
y en pinos de otras montañas.

 Y tú, Señor, por quien todos
vemos y que ves las almas,
dinos si todos, un día,
hemos de verte la cara

(Otra vez Neruda)

 En Train in he distance, el sonido del tren en la distancia es romántico y misterioso; nos hace imaginar que nos llevará a un lugar paradisíaco. Sin embargo, cuando el tren finalmente llega, es ruidoso, pesado y ensordecedor. Para Paul Simon, hay relaciones que suceden con la naturaleza predecible de un vagón de tren siguiendo al siguiente por una vía predeterminada.

Tanto en la poesía como en la música, los trenes también son símbolos recurrentes del viaje físico y metafórico, del paso del tiempo... Su cadencia y velocidad han inspirado innumerables metáforas sobre el destino, la nostalgia, la memoria, el tránsito hacia lo desconocido, la pérdida, el dolor, la muerte… El tren es un emblema en la música popular estadounidense, simbolizando la huida, la libertad o el paso hacia una vida mejor. He sabido de personas a las que Little Black Train de Woody Guthrie les ha ayudado a afrontar la muerte de sus seres queridos a través de una canción. A pesar del tono amargo de esta canción, los trenes en la obra de Woody Guthrie representan el símbolo definitivo de la movilidad y la supervivencia durante la Gran Depresión.

En Black Train Song, Jim Morrison también utiliza la metáfora del tren para explorar temas de pérdida, destino y resignación. La imagen del tren, recurrente en toda la canción, simboliza un poder imparable y cruel que arrebata lo más querido.

En este poema, Machado nos evoca un viaje de madrugada donde la alegría de la compañía se rompe bruscamente, simbolizando cómo la muerte aprieta el corazón y cambia nuestro rumbo.

OTRO VIAJE

Ya en los campos de Jaén
amanece. Corre el tren
por los brillantes rieles,
devorando matorrales,
alcaceles,
terraplenes, pedregales,
olivares, caseríos,
praderas y cardizales,
montes y valles sombríos.
Tras la turbia ventanilla,
pasa la devanadera
del campo de primavera.
La luz en el techo brilla
de mi vagón de tercera.
Entre nubarrones blancos,
oro y grana,
la niebla de la mañana
huyendo por los barrancos.
¡Este insomne sueño mío!
¡Este frío
de un amanecer en vela! ...
Resonante,
jadeante,
marcha el tren. El campo vuela.
Enfrente de mí, un señor
sobre su manta dormido;
un fraile y un cazador
—el perro a sus pies tendido—.
Yo contemplo mi equipaje,
mi viejo saco de cuero;
y recuerdo otro viaje
hacia las tierras del Duero.
Otro viaje de ayer
por la tierra castellana,
¡pinos del amanecer
entre Almazán y Quintana!
¡Y alegría
de un viajar en compañía!
¡Y la unión
que ha roto la muerte un día!
¡Mano fría
que aprietas mi corazón!
Tren: camina, silba, humea,
acarrea
tu ejército de vagones,
ajetrea
maletas y corazones.
Soledad,
sequedad.
Tan pobre me estoy quedando,
que ya ni siquiera estoy
conmigo, ni sé si voy
conmigo a solas viajando.

Otra canción sobre un tren metafórico símbolo de la muerte es Freight Train, un tren que va a toda prisa. Un tema lleno de bellas imágenes, dulce en sus severas admoniciones y muy pegadizo.

Se dice que esta canción la compuso Eliza Cotten con ¡once años! Pero yo no acabo de creérmelo, la verdad, a juzgar por la letra. Quizás que lo hubiera hecho con catorce o quince. Pero eso es lo de menos; Cotten fue  una mujer increíble y su descubrimiento se debe a la casualidad. Eliza trabajaba en unos grandes almacenes y un día encontró a una niña que se había perdido. La madre de esta niña resultó ser Ruth Seeger, la célebre musicóloga, que la contrató como niñera de sus hijos pequeños, Pete, Mike y Peggy. Y con los años, nació su leyenda.

123RF

En poesía, el poeta chileno Jorge Teillier cinceló este sencillo epitafio: “¡Hasta luego, raíles, girasoles...!”. Y, con su proverbial flema cáustica, el peruano Emilio Adolfo Westphalen equiparó su propia muerte a este parón ferroviario: “El tren se ha detenido en el silencio opaco y sin ecos de la noche anónima. Es la llegada a término / no se reanudarán ya más ni agitación ni bullicio ni carcoma”.

Estació de França. Barcelona

Cómo hablar de trenes sin hablar de las estaciones. En las estaciones, la viejas y las nuevas, hay dos mundos: el del andén y el nuestro. A la estación llega el dolor y la felicidad, cartas, noticias, avisos o paquetes. También personas, encuentros y despedidas. Es recurrente la metáfora de la estación como imagen de la vida y la muerte. Desgarros y llantos, pañuelos blancos que sirven para prolongar la despedida y secar las lágrimas. Besos de adiós, abrazos del reencuentro. Estaciones que fueron partida, que fueron destino o simple parada. Estaciones contempladas con el tren en marcha y estaciones de diez minutos. Presencias y ausencias. Serrat nos lo explica muy bien.

El tiempo avanza sin medida dentro del vagón del tren, donde el pasado el presente y el futuro parecen fusionarse sin remedio hacia su destino. Ausencia y probabilidad. El tren llega puntual, la protagonista no llega. La ausencia se mezcla con la multitud en un mundo que sigue funcionando perfectamente sin ella. Me encanta cómo Wisława Szymborska explora magistralmente la idea de la ausencia, el azar, los encuentros fortuitos y cómo la vida continúa su curso independientemente de nuestra presencia.

ESTACIÓN
 
Mi no llegada a la ciudad de N.
se efectúa puntualmente.
 
Te lo he comunicado
por carta no enviada.
 
Has tenido tiempo
para no llegar a la hora prevista.
 
El tren entra por la vía tres.
Se apea mucha gente.
 
La ausencia de mi persona
sigue a la multitud hacia la salida.
 
Deprisa
entre tanta prisa
varias mujeres ocupan mi vacío.
 
Un desconocido mío
da la bienvenida a una de ellas,
ella le reconoce
de inmediato.
 
Intercambian besos
no nuestros,
y se extravía
una maleta no mía.
 
La estación de la ciudad de N.
ha aprobado el examen
de existencia objetiva.
 
El todo ha permanecido firme en su sitio.
Los detalles se han desplazado
por trayectorias calculadas.
 
Incluso ha tenido lugar
una cita concertada.
 
Fuera del alcance
de nuestra presencia.
 
En el paraíso perdido
de la probabilidad.
En otra parte.
En otra parte.
¡Sonora expresión!

En esta canción, Johnny Cash captura la desolación de esperar en los paneles de información.

También encontramos entre los versos himnos silenciosos a todo lo que hemos perdido. Todo está en este breve poema de Peter Ling: las imágenes, los sonidos y los olores de una estación rural a punto de cerrar. He buscado si existía Harviston End, pero parece que no. Sin embargo, la palabra “end” en el título va mucho más allá del nombre de una estación de guijarros blancos. 

HARVISTON END
 
Miré por la ventana del tren,
y de repente vi la estación vacía
mientras atravesábamos a toda velocidad, con un rugido hueco...
'Harviston End'... Estaba oscuro y muerto."

Noticias de Salamanca

Dice Pablo Arribas que la vida no siempre son trenes a los que hay que subir, a veces son estaciones en las que hay que bajar. Por muy hermoso que haya sido el viaje, casi siempre llega el momento en el que se abren las puertas y toca mirar a ese presente ya con ojos de pasado y decirle: "este no es mi viaje es el tuyo.”  Pero también hay otros “viajes” de los que hablar. En esca canción, el tren sirve como metáfora de la droga, y el sonido de Leño ruge imitando un tren. En el argot callejero de finales de los años 70, "subirse al tren" era una metáfora directa de colocarse o experimentar un viaje psicodélico con esta sustancia.

Armando Uribe lo erigió en siniestro emblema del despecho amoroso: “¿Dónde estabas, maldita, mientras yo en largos trenes / llenos de muertos despulgaba niños”. Los versos de  Vanesa Pérez-Sauquillo cantan a ese amor imperdonable, tal vez equivocado, que atraviesa un tren de largo recorrido hacia el alma de uno mismo.

"Compartimiento C" Edwar Hopper

Llega un punto
en que solo somos libres

para saltar -o no-
de un tren en marcha.
Ese tren que cogimos
demasiado temprano.

El tren también puede ser metáfora de la esperanza, claro está. La canción de Curtis Mayfield People Get Ready sobre ese tren que acoge a todos los que se suban, sin discriminación ni equipaje, sin pedir ticket, solo con su fe, se convirtió en un himno no oficial del Movimiento por los Derechos Civiles. He aquí la versión de Jeff Beck y Rod Stewart.

Sin embargo, este poema de Helen Mackay sobre un soldado que deja a su familia para viajar al frente, en la Primera Guerra Mundial es verdaderamente angustioso.

TREN
 
¿Nunca arrancará el tren?
Dios, haz que arranque el tren.
 
Ella no puede soportarlo, aguantando tanto tiempo;
y él, él ya no intenta reírse de ella.
Se va.
 
Ella ahora le toma las dos manos.
Ahora, ella lo toca y lo ve.
Y entonces él se habrá ido.
Se habrá ido.
 
Son tan jóvenes.
Ella está de pie bajo la ventana de su vagón,
y él está de pie en la ventana.
Se toman de las manos
a través del alféizar de la ventana.
Y miran y miran,
y saben que tal vez nunca vuelvan a mirarse.
 
El gran reloj de la estación, -
qué extraño es.
Terrible que los minutos pasen,
terrible que los minutos nunca pasen.
 
Habían caminado por el andén durante tanto tiempo,
arriba y abajo, y arriba y abajo-
el andén, en la mañana lluviosa,
arriba y abajo, y arriba y abajo.
 
El guardia pasó, llamando,
“Tomen sus lugares, tomen sus lugares”.
 
Ella está de pie bajo la ventana de su vagón,
y él está de pie en la ventana.
 
¡Dios, haz que arranque el tren! ¡
Antes de que no puedan soportarlo,
haz que arranque el tren!
 
¡Dios, haz que arranque el tren!
 
Los tres niños, allí,
vestidos de negro, con la anciana niñera,
de pie juntos, mirando, y mirando,
a su padre en la ventana del vagón,
están tan desolados y silenciosos.
 
La niña no llora,
pero le tiembla la barbilla.
Echa la cabeza hacia atrás,
con su pequeña trenza rígida,
y no llora.
 
Su padre se inclina,
sobre el alféizar de la ventana,
y la besa, y la besa.
 
Debe ser como su madre,
y debe ser la madre la que está muerta.
 
La niñera levanta al niño más pequeño,
y su padre lo besa,
inclinándose a través de la ventana del vagón.
 
El niño grande se mantiene muy erguido,
y mira a su padre,
y lo mira, y nunca aparta los ojos de él.
Y sabe que tal vez nunca vuelva a mirarlo. ¿
 
¿Nunca arrancará el tren?
¡Dios, haz que arranque el tren!
 
El padre extiende la mano desde la ventana,
y agarra la mano del niño,
y no dice nada.
 
¿Nunca arrancará el tren?
 
Suelta la mano del niño.
 
¿Nunca arrancará el tren?
 
Toma la barbilla del niño entre sus manos,
asomándose por la ventana,
y levanta su rostro juvenil hacia el suyo.
Se miran y se miran,
sabiendo que tal vez nunca vuelvan a mirarse.
 
¿Acaso el tren nunca arrancará?
¡Dios mío, que arranque el tren!

Y es que en la historia de la humanidad siempre ha habido un tipo de trenes que conducían a un negro destino.

El siempre combativo Pete Seeger (a quien Barack Obama pisó el Nobel de la Paz) escribía en 1970 esta protesta cantada contra la guerra de Vietnam, en la que culpa a los políticos, a los militares, a los ciudadanos conformes y a los votantes de cierto presidente de la invasión del país asiático en nombre de (decían, dicen, y como no nos andemos con ojo, volverán a decir) “la democracia” … Una democracia que había tenido silenciado al gran trovador estadounidense por su ideología socialista, por apoyar a los trabajadores y a los negros. Seeger invita a todos ellos a tomar el último (por desgracia no ha sido así) a Nüremberg, que, como todos sabéis, es la ciudad alemana en donde los criminales de guerra nazis fueron juzgados por crímenes contra la humanidad.

Miguel Hernández conoció los trenes-hospital del bando republicano, combatiendo a su lado en la guerra civil española de 1936. Este poema es una alegoría del viaje de los milicianos hacia la noche más oscura, por un territorio en el que no se detienen, porque ya no tienen dónde detenerse.

EL TREN DE LOS HERIDOS
 
Silencio que naufraga en el silencio
de las bocas cerradas de la noche.
No cesa de callar ni atravesado.
Habla el lenguaje ahogado de los muertos.
 
Silencio.
 
Abre caminos de algodón profundo,
amordaza las ruedas, los relojes,
detén la voz del mar, de la paloma:
emociona la noche de los sueños.
 
Silencio.
 
El tren lluvioso de la sangre suelta,
el frágil tren de los que se desangran,
el silencioso, el doloroso, el pálido,
el tren callado de los sufrimientos.
 
Silencio.
 
Tren de la palidez mortal que asciende:
la palidez reviste las cabezas,
el ¡ay! la voz, el corazón la tierra,
el corazón de los que malhirieron.
 
Silencio.
 
Van derramando piernas, brazos, ojos,
van arrojando por el tren pedazos.
Pasan dejando rastros de amargura,
otra vía láctea de estelares miembros.
 
Silencio.
 
Ronco tren desmayado, enrojecido:
agoniza el carbón, suspira el humo
y, maternal la máquina suspira,
avanza como un largo desaliento.
 
Silencio.
 
Detenerse quisiera bajo un túnel
la larga madre, sollozar tendida.
No hay estaciones donde detenerse,
si no es el hospital, si no es el pecho.
 
Para vivir, con un pedazo basta:
en un rincón de carne cabe un hombre.
Un dedo solo, un solo trozo de ala
alza el vuelo total de todo un cuerpo.
 
Silencio.
 
Detened ese tren agonizante
que nunca acaba de cruzar la noche.
 
Y se queda descalzo hasta el caballo,
y enarena los cascos y el aliento.

Locomotoras, vagones, raíles, estaciones… los trenes no le temen al vacío de los puentes ni a la oscuridad de los túneles. Nosotros sí. Se podría decir que oímos el corazón del mundo cuando pasan. “¿Hay algo más triste en el mundo que un tren inmóvil en la lluvia?” dijo Neruda. “Pensad que el viajero que se aleja / siempre vuelve a su punto de partida / y que el tren que parte a medianoche / es el mismo que llega al amanecer”. 

El tren es un sentimiento permanente que no está en vías de extinción. Sigue vivo aunque las malas hierbas invadan algunos andenes y la vida se parece a veces a esas estaciones olvidadas. No es fuego extinguido, invisible a los ojos: la llama sigue latente. Hubiera sido pretencioso tratar de recoger aquí toda la música con los trenes. Existe una lista de 800 temas y no está completa. Y hay cientos de páginas en internet dedicadas a la poesía ferroviaria.

"La estacón de Saint Lazare". Claude Monet

Para acabar, quiero nombrar el documental “El último vagón”, un trabajo universitario chileno que nos invita a mirar hacia atrás, a reconocer las historias que aún viajan entre los rieles del pasado. “El último Vagón” no solo cuenta una historia: abre una ventana a la memoria, al territorio y a quienes hicieron parte de una época que no debe ser olvidada.

24 de junio de 2026

Mi querido amigo Migel Sagües nos propone esta canción de Andrés do Barro, uno de los referentes de la música gallega. Una canción que tiene su historia: “O tren” es una canción que salió a la luz el 3 de noviembre de 1969. Andrés Dobarro colocó su canción directamente en el número uno en España. Fue la primera canción gallega en conseguirlo. Y la única en una lengua diferente al castellano, en una época en la que la censura franquista no permitía editar canciones en gallego.

Y pase lo que pase, NO DEJEMOS DE HABLAR DE GAZA. Buenas noches. Bona nit. Boas noites. Bones nueches. Arratsalde on. طاب مساؤك לילה טוב Спокойной ночи Добрий вечір, si el calor tropical os lo permite. Aunque ya sabemos que el cambio climático es una farsa, ¿verdad?

Otras fuentes:


lunes, 2 de noviembre de 2015

La lluvia, música y poesía

La lluvia es una canción sin letra

Llueve esta noche.
Pero no es agua. Es languidez. Son abismos abiertos
para hacer caer sobre nosotros
reguerones de paz.
Cada gota, una estrella fugaz.
¿Dónde estarán mañana las golondrinas?
Tijeras negras que cortan el cielo.
Llueve esta noche.
Pero llueve sin ganas.
Como si no fuera el momento de llover.
Agua lenta, ensimismada.
No hay que arropar espejos ni cristales
para que no tiemblen de miedo.
Llueve esta noche.
No es lluvia casi,
es agua con alas,
transparencia de la intimidad nocturna.
Llueve esta noche, en silencio:
Dulce presagio de tu sueño,
universo de lugares sin peso.
Se han confabulado las gotas
para llover calladas;
todo se calla cuando tú descansas.
Llueve esta noche.
La oscuridad tiene ojos claros.


Llueve. Me encanta la lluvia. El bosque se mueve a mi paso, los centenarios árboles marchitan y con sus hojas decoran el suelo. El suelo es blando y cálido como una alfombra, alfombra que atraviesa el bosque de la melancolía. Cielo gris, suelo dorado, la melancolía.


Miro por la ventana y veo ese cielo lluvioso. Llueve, sí, pero me sienta bien. En lo que otros ven un día nublado, yo veo un cielo de plata, de plata que brilla e ilumina mis palabras. Cuando otros ven caer agua del cielo, yo veo mi vida que brota de la melancolía. Añorado sentimiento, perpetuada eternamente en el otoño, la melancolía. La melancolía.... Miro en mi interior. Suelo hacerlo y me reconforta.

Sigo escuchando el goteo impenitente de la lluvia,
golpeando con fuerza.
Versos húmedos detrás de los cristales.


La lluvia está cansada de llover
yo/cansado de verla en mi ventana
es como si lavara las promesas
y el goce de vivir y la esperanza

la lluvia que acribilla los silencios
es un telón sin tiempo y sin colores
y a tal punto oscurece los espacios
que puede confundirse con la noche

ojalá que el sagrado manantial
aburrido suspenda el manso riego
y gracias a la brisa nos sequemos
a la espera del próximo aguacero

lo extraño es que no sólo lllueve afuera
otra lluvia enigmática y sin agua
nos toma de sorpresa/y de sorpresa
llueve en el corazón/ llueve en el alma

(Lluvia-Mario Benedetti)


El poeta es el único ser que se baña dos veces en el mismo río, el único que se moja dos veces en la misma lluvia, respondía Isidoro Blaisten en las páginas de su libro “Anticonferencias” a la pregunta formulada acerca de qué era un poeta y, de paso, para qué servían.

Llueve
sobre la arena, sobre el techo
el tema
de la lluvia:
las largas eles de la lluvia lenta
caen sobre las páginas
de mi amor sempiterno,
la sal de cada día:
regresa lluvia a tu nido anterior,
vuelve con tus agujas al pasado:
hoy quiero el espacio blanco,
el tiempo de papel para una rama
de rosal verde y de rosas doradas:
algo de la infinita primavera
que hoy esperaba, con el cielo abierto
y el papel esperaba,
cuando volvió la lluvia
a tocar tristemente
la ventana,
luego a bailar con furia desmedida
sobre mi corazón y sobre el techo,
reclamando
su sitio,
pidiéndome una copa
para llenarla una vez más de agujas,
de tiempo transparente,
de lágrimas.

(Llueve-Pablo Neruda)


Siento un enorme placer en caminar sin paraguas bajo la lluvia. Me encanta sentir las pequeñas gotas resbalando por la frente, por la nariz, por la barbilla... A veces las saboreo, solo a veces. Luego, cuando mi cuerpo se empapa, acelero el paso y me escondo bajo el tejadillo de algunos edificios ante la mirada atónita de la gente. La última vez se rieron de mí. No es habitual ver a una mujer de mi edad actuando como una niña.

Hay quien se sorprende cuando alguien comenta que le encanta ver llover, pero hay gente.


La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.

El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.

Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!



Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto

Patio que ya no existe. La mojada
Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.

(La lluvia-Jorge Luis Borges)


    Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.

    Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós. (Aplastamiento de las gotas. Rayuela. Julio Cortázar)


Lluvia, hoy no te siento.
Hoy no eres nada
mas que agua vertical.
Apenas si te escucho
golpear el pavimento
y llamar con tu clave
sobre mi ventanal

Lluvia, hoy no eres nada
para mi desaliento
nocturno y abismal.

Cuando era niña hallaba
en tu cancion un cuento,
y ya en mi adolescencia
me diste un madrigal.
Ahora lluvia tengo
tanta tristeza adentro,
que no me dices nada
solo te oigo golpear.
  
(Lluvia-Alba Swann)


Esta agua medrosa y triste,
como un niño que padece,
antes de tocar la tierra
desfallece.

Quieto el árbol, quieto el viento,
¡y en el silencio estupendo,
este fino llanto amargo
cayendo!

El cielo es como un inmenso
corazón que se abre, amargo.
No llueve: es un sangrar lento
y largo.

Dentro del hogar, los hombres
no sienten esta amargura,
este envío de agua triste
de la altura.

Este largo y fatigante
descender de aguas vencidas,
hacia la Tierra yacente
y transida.

Llueve... y como un chacal trágico
la noche acecha en la sierra.
¿Qué va a surgir, en la sombra,
de la Tierra?

¿Dormiréis, mientras afuera
cae, sufriendo, esta agua inerte,
esta agua letal, hermana
de la Muerte?

(La lluvia lenta-Gabriela Mistral)


hoy llueve mucho, mucho,
y pareciera que están lavando el mundo
mi vecino de al lado mira la lluvia
y piensa escribir una carta de amor/
una carta a la mujer que vive con él
y le cocina y le lava la ropa y hace el amor con él
y se parece a su sombra/
mi vecino nunca le dice palabras de amor a la
mujer/
entra a la casa por la ventana y no por la puerta/
por una puerta se entra a muchos sitios/
al trabajo, al cuartel, a la cárcel,
a todos los edificios del mundo/ pero no al mundo/
ni a una mujer/ni al alma/
es decir/a ese cajón o nave o lluvia que llamamos así/
como hoy/que llueve mucho/
y me cuesta escribir la palabra amor/
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa/
y sólo el alma sabe dónde las dos se encuentran/
y cuándo/y cómo/
pero el alma qué puede explicar/
por eso mi vecino tiene tormentas en la boca/
palabras que naufragan/
palabras que no saben que hay sol porque nacen y
mueren la misma noche en que amó/
y dejan cartas en el pensamiento que él nunca
escribirá/
como el silencio que hay entre dos rosas/
o como yo/que escribo palabras para volver
a mi vecino que mira la lluvia/
a la lluvia/
a mi corazón desterrado/

(Lluvia-Juan Gelman)


cesó la lluvia,
las calles inundadas
de agua y cielo

afortunadamente, y en todo
momento, la mejor forma de
comunicarse, es el silencio

Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. Boas noites.

Por recomendación expresa de mi amigo Ovi, una canción que está en todas las listas de canciones sobre la lluvia: