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sábado, 29 de mayo de 2021

Palabras para Julia, radiografía de una canción

“Si tuviera que volver a vivir todo lo que he vivido, preferiría no volver a vivirlo” (José Agustín Goytisolo)

Julia y su padre. Foto UAB

Hay canciones que llegan al alma y se quedan allí a vivir, poemas que son canciones y canciones que son poemas. El jueves pasado, mi compañero de luchas sindicales Jaume Roig me envió un correo que decía: “Palabras para Julia” radiografía d’una cançó, con un montón de versiones y enlaces. Me pareció una buena idea profundizar en ello y dedicarle un espacio en mi blog. Ese poema-canción y viceversa es, pues, el protagonista de esta noche.

De todos es sabido que “Palabras para Julia” es un bellísimo poema que José Agustín Goytisolo escribió para su hija cuando esta tenía solamente siete años y que Paco Ibáñez hizo canción convirtiéndolo pronto en un himno de resistencia, en un canto a la esperanza y a la solidaridad. Lo leo y releo, la escucho una y otra vez, y siempre, siempre me conmueve. Porque en sus versos lo concentra todo: alegría y tristeza, dolor y esperanza, soledad y compañía, llanto y risa, todo ello desde el amor de un padre a su hija. Julia lleva ese nombre por deseo de su abuelo paterno pues era el nombre de su esposa, Julia Gay, cuya muerte, acaecida el 17 de marzo de 1938 durante el famoso bombardeo del Coliseum de Barcelona por parte de la aviación italiana, tanto impactó en el escritor catalán y sumió en el más profundo dolor a la familia. 

Él tenía 10 años y su madre había salido de casa para ir a comprarle un regalo. Ya nunca volvió. Este trágico acontecimiento marcó para siempre su vida y su obra. Así que, de alguna manera, estas “palabras para Julia” son al mismo tiempo palabras de ánimo y esperanza dirigidas a su hija, y un recuerdo amoroso de su madre.

El poeta y Julia. Fotografía de El Mundo

Tanto críticos literarios de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde existe una catedra que estudia al poeta, como la misma Julia Goytisolo están de acuerdo que este poema refleja el deseo del autor de que su madre lo hubiese escrito para él; que hubieran sido unas “Palabras de Julia,  como parte de ese vacío que sucedió a la tragedia. Por ello, en este poema se mezclan de alguna forma sus sentimientos de admiración por la madre que quedan reflejados en el cariño y amor por su hija: la madre muerta, la mujer en cuyos brazos quisiera morir, la hija a la que ha de enseñar a vivir a pesar de su propio escepticismo.

La vida, al fin y al cabo, es esa asignatura para la que nunca estamos suficientemente preparados. Y la suya transcurrió entre vicisitudes y alegrías, enormes logros y un gran legado. Sin embargo, al poeta le sobrevino la muerte de manera trágica el 19 de marzo de 1999. Acababa de cumplir 70 años y hay quienes hablan de que sufría un cuadro depresivo. Son muchas las hipótesis que giran en torno a la temprana partida del escritor, aunque la más plausible es que fue un suicidio. Esta postura se justifica en la frase que el mismo autor emitió en su último cumpleaños: “Si tuviera que volver a vivir todo lo que he vivido, preferiría no volver a vivirlo". El cuerpo de Goytisolo fue hallado en la calle Marià Cubí tras caer de una ventana de su domicilio de Barcelona, dejando huérfana la poesía española. La familia, sin embargo, tal y como explicó el diario El País, rechazó rotundamente que se arrojara voluntariamente. Por el contrario, anunció su deceso como un desafortunado accidente.

Gil de Biedma, Carme Riera, Carlos Barral y
 J.A Goytisolo en la UB. Foto El Mundo.

Estas palabras que Carme Riera le dedica a su amigo nos ayudan a conocer al hombre que había detrás del poeta. Ella tampoco creyó que fuera un accidente.

José Agustín se fue por un azar absurdo. “El viaje no le importa” había escrito en el último verso del poema que cierra su último libro publicado, “Las horas quemadas”, refiriéndose a sí mismo, desdoblándose en otro, un recurso que siempre le gustó emplear y que iba mucho más allá de lo poético. Dos días antes, se habían cumplido sesenta y un años de la muerte de su madre.

Dicen que el encuentro entre la música y la poesía es a veces circunstancial y extraño, tal y como les ocurrió a Goytisolo y al cantautor. José Agustín recuerda el primer día en que se encontraron, con estas palabras:

"… Paco llegó a mi casa con una guitarra... al fin comenzó a explicar que le gustaba poner música y cantar ciertos poemas de ciertos poetas. Eso debió ser en 1968 o por ahí, no recuerdo bien... lo cierto es que al poco de charlar ya estaba cantando poemas... Me quedé asombrado: su música y su voz daban una dimensión nueva y para mí desconocida a la letra de aquellos poemas ... y sin avisar, cantó dos o tres poemas míos. Me asusté. No tuve tiempo para sentirme halagado, porque me asusté. Me parecían de otra persona, escritos como para ser cantados, o hechos cantando... sus canciones, no los poemas, eran algo nuevo, hermoso, sorprendente pero también con sabor añejo, entre medieval y renacentista, y en todo caso, trovadoresco...". Terminada la reunión, Goytisolo emocionado le regaló a Ibáñez unos versos en borrador, donde aparecía el poema "Palabras para Julia". Así se inició una intensa amistad.

La canción, con acompañamiento de guitarra y violoncelo, se incluyó por primera vez en el disco “Paco Ibáñez 3” (1969). El autor del diseño de la carátula fue el pintor Antonio Saura. Posteriormente, el poema fue incluido en “Palabras para Julia y otras canciones” (Laia, 1980), en cuyo prólogo Manuel Vázquez Montalbán afirma que en el conjunto de la obra poética de Goytisolo pesa sobre todo "la asunción del relativo poder de la palabra y la propuesta de utilizarla para enseñar a querer y a vivir".
Julia la oyó cantar por primera vez en Colliure, cuando tenía doce años y todavía no alcanzaba a comprender su significado. Fue Paco, su intérprete, quien le desveló que la Julia del poema era ella.

La propia hija del poeta confesó que durante muchos años de su vida le costaba asumir el peso del poema. Se había convertido sin pretenderlo en protagonista de esa lucha por el futuro y la esperanza, la gente la miraba con admiración sin haber hecho nada especial y le preguntaban si ella era la “Julia” del poema. Con el tiempo fue asumiendo la grandeza del legado que le había dejado su padre.


Pero cuando Paco Ibañez logró la máxima difusión de su canción fue con el doble disco de la grabación de su concierto en el Olympia de Paris, él solo con su guitarra y presentando antes en francés los versos más íntimos y emocionantes del poema. Era mayo de 1969, el aniversario del esplendoroso movimiento estudiantil de mayo del 68; Paco Ibáñez, presentado como “La voz libre de España”, fue invitado a cantar en la Universidad de La Sorbona de Paris, en el salón Richelieu, que se quedó corto porque los estudiantes empezaron a llenar todos los espacios hasta hacer “sudar las paredes”, como diría el mismo Paco.

De alguna manera, este recital se repitió en diciembre de ese mismo año en el Olympia. Una multitud increíble invadió el aforo del teatro y Paco Ibáñez acompañado otra vez tan solo de su guitarra, realizó uno sus conciertos más asombrosos, aprovechando ese fervor que existía en Francia con la lucha de los estudiantes y el espíritu de resistencia en contra de la dictadura del llamado Generalísimo Franco (a quien Paco irónicamente llamaba el criminalísimo). Los aplausos no cesaron en ese mítico concierto cuando anunció aquello de: “De José Agustín Goytisolo: Palabras para Julia. Paroles pour Julie”. Podéis escucharlo en el minuto 46 de esta grabación.


De él diría el crítico francés  Jean Wener después de la primera de muchas de sus actuaciones en París: ''Quién hubiera imaginado que una multitud increíble iba a invadir los accesos del Olympia... y todo por ese muchacho simple, distendido, que después de un recibimiento tan fogoso como no recuerdo haber registrado más que en personajes como Toscanini, Chaplin, Robeson, se puso a cantar acompañado por su guitarra''.

Dicen en algunos foros que las siguientes palabras las dijo el cantautor en una entrevista allá por 2013. No la he encontrado, esa es la verdad, pero bien podrían ser suyas.

En tiempos de ignominia como ahora, a escala planetaria, y cuando la crueldad se extiende por doquier fría y robotizada, aún queda buena gente en este mundo que escucha una canción o lee un poema; es el canto, la voz y la palabra, única patria que no pueden robarnos, ni aun poniéndonos de espaldas contra el muro.
Que nadie piense nunca: “No puedo más y aquí me quedo”. Mejor miradlos a la cara y decid alto: “Tirad, malnacidos, somos millones y el planeta no es vuestro”. 

Pero, volvamos a la música. Muchas son las versiones de este tema. En el blog de Fernando G. Lucini  constan hasta hoy 31 versiones. Parémonos en algunas de ellas. Una de las primeras la hizo Rosa León en 1984 para su disco “Cuenta conmigo”. Pero me gusta muchísimo más en su disco en directo “Amigas mías” de 1986.

Seguiremos con una versión flamenca preciosa de Bebe con Antonio RankiJesuli a la guitarra, en la presentación de la película Princesa de África:

En Sudamérica, es un himno de resistencia para las generaciones que han padecido alguna dictadura, durante los mítines o en cárceles y centros de tortura de Chile, Argentina y Uruguay. He aquí las versiones de Liliana Herrero con el pianista y compositor Lito Vitale, y otra de Mercedes Sosa.

En noviembre de 2016, en el estudio Toresky de Radio Barcelona de la Cadena Ser, se presentó el libro solidario Vull tot això, hecho a partir de otro poema de Goytisolo, “Quiero todo esto”. En la presentación, Rosalía interpretó nuestra canción de esta noche. Todos los beneficios del libro se destinaron a la compra de juguetes en el marco de la campaña de Navidad Cap nen sense joguina (“Ningún niño sin juguete”).  

Ahora, escuchemos algo muy diferente. Una de las versiones que más predicamento tienen en las redes es la de Los Suaves, una banda española de hard rock formada en Orense (Galicia) que rescata alguna estrofa más del poema.

Qué bien le va el flamenco a esta canción. A continuación, la versión interpretada por Reina Roja que forma parte de su primer disco “FlamenCopla”. Brutal.

También Ismael Serrano hizo un videoclip con su personal adaptación. Es una de las delicias acústicas que pueden encontrarse en “Todavía”, uno de los discos más personales de su carrera. “Palabras para Julia es una de las canciones que han marcado mi vida”, dijo a través de sus redes sociales.

Otra versión flamenca. La cantante y socióloga Lourdes Pastor la incluyó en su tercer álbum de estudio “La Revolución a la vuelta de la esquina”. “Un quejío gitano que recuerda al cante más añejo, envuelto en una personalidad libre y revolucionaria”. Colaboran Sandra Carrasco y el pianista flamenco Pablo Rubén Maldonado.

En 1995, Niquel también versionó el poema de Goytisolo. Níquel fue una banda de rock-pop y blues, cuyos principales referentes fueron el compositor y cantante uruguayo Jorge Nasser y el guitarrista argentino Pablo Faragó, y cuya actividad se extendió entre los años 1985 y 2001. En 2020, la banda se reagrupó pero sin Faragó.

Dos clásicos de la canción argentina, Jairo y Juan Carlos Baglietto, se asociaron artísticamente en 2018 para montar su espectáculo “Historias con voz” del que formó parte Palabras para Julia.

El 9 de octubre de 2008, Raimundo Amador, Kiko Veneno, Peret y Muchachito Bombo Infierno, intervinieron en el programa “No disparen al pianista”, con esta canción. Lo dicho. El flamenco le da no sé qué…

Estas son las 12 versiones (11 más la de Paco Ibañez) que creo que aportan más. Pero todo va a gustos. Como siempre, si alguno de los que os habéis pasado por aquí tiene cariño a alguna versión en especial no tiene más que decirlo que aquí tendrá un hueco. 

 Para acabar, un muy interesante trabajo de RTVE que realizó Juan Carlos Ortega en el programa “La Mitad Invisible”. En él podemos escuchar a Julia Goytisolo, Asunción Carandell, viuda de José Agustín, Carme Riera y el crítico musical Pere Pons. En este reportaje, además aparecen el propio José Agustín Goytisolo, Paco Ibáñez e incluso a Los Suaves para llegar a conocer la dimensión del poema y de la vida y obra de su autor, con muchos detalles personales relatados por gente tan cercana.

Se acabó por hoy, no sin antes darle las gracias a Jaume por motivarme a sumergirme en estos versos, hoy ya universales. Y ya sabéis; parafraseando al poeta: “Nuestro destino está en los demás / nuestro futuro es nuestra propia vida / nuestra dignidad es la de todos”

Mi ejemplar

Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. 굿나잇. Boas noites. 晚安 Bonne nuit グッドナイト    Buonanotte. לילה טוב.  Oíche mhaith. Wengi alus. Bones nueches. اچھا شام Noson dda. Good night. Спокойной ночи. Guten Abend. শুভ রাত্রি. Laku noć. Bon lannwit. Fie. God nat. Usiku mwema. Oimore. Fanaanal ak jàmm!. 

Cuidaos mucho que ya falta menos.

7 de junio de 2021

Lito de Morón nos propone esta versión conjunta de Mercedes Sosa y Liliana Herrero acompañada de estas palabras. Gracias, de corazón.

"Palabras para Julia”, de José Goytisolo y Paco Ibáñez. Bella canción que me conmueve hasta las lágrimas. Tiene varias versiones que me encantan, pero considero que no la puede cantar cualquiera, hay que tener con qué... Esta es la versión que más me emociona, no solo por sus voces, la interpretación o el ámbito, sino también por sus historias. Mercedes, la Negra, para nosotros... militante, perseguida y amenazada, obligada al exilio, a vivir otra cultura.

Liliana Herrero, secuestrada y desaparecida por la dictadura, hasta que pasó a las listas del poder ejecutivo nacional, señal de que aun estabas viva, militante comprometida con el pueblo, hasta hoy.

Esta canción las toca, partes de la canción las refleja, allí cobra sentido la emoción, las miradas y sus caricias mutuas, durante la interpretación. Y ese gracias interminable con los ojos humedecidos, con el nudo en la garganta... ¿cómo no llorar?


13 de junio de 2021

El compositor de bandas sonoras Miguel Ortega (Mortegae) nos ofrece su hermosa versión para guitarra y orquesta en este enlace.

23 de abril 2022

Un miembro del grupo Kin Krible nos propone esta (clicad aquí para escucharla) versión salsera, de su disco “Vengo Soñando”. En los comentarios explica su historia con el poeta.  


 Otras fuentes


lunes, 8 de marzo de 2021

Cuando fracasan las palabras (la muerte convertida en música)

 El arte de la música es el que más cercano se halla de las lágrimas y los recuerdos(Oscar Wilde)

Llevamos un año rodeados de muerte. Muchos hemos sentido el dolor desgarrador que produce la pérdida. La muerte es una pregunta incontestable para la humanidad, la pregunta que siempre permanece sin respuesta ya que se sitúa más allá de la experiencia humana. La música ocupa un lugar significativo en las relaciones con la muerte, tanto en las sociedades tradicionales como en las modernas, porque nos recuerda la finitud de la vida. Es en el dolor donde encontramos la voz más punzante de la música, el dolor ineludible del duelo. La música se convierte, así, en una forma de enfrentarnos a la mortalidad humana cuando no tenemos respuestas. A veces, la música que rodea a la muerte nos dice tanto sobre los muertos como sobre los que quedamos. 

En la Historia de la Música, el discurso clásico en torno a la experiencia de la muerte nos muestra una gran diversidad de himnos litúrgicos,  composiciones y autores con grandes títulos de sobras conocidos. Pero, si entre los pocos cientos de réquiems musicalizados desde el siglo XVI la mayoría confía en el texto de la misa católica de difuntos, otros se alejan del papel de adjunto litúrgico. Hablamos de Mozart , Berlioz , Verdi, o Fauré, por nombrar solo los más clásicos,  u otros más cercanos a nosotros como Penderecki, Maciejewski o Lloyd Webber, con réquiems que no son monumentales pero que, a través de sus propuestas musicales, invitan a la profundidad meditativa, a un retorno reflexivo sobre la condición humana.

Muerte privada, duelo privado

Pero no es necesario adentrarnos en la música clásica para encontrar lazos en común entre la música y la muerte. El universo musical de todos los géneros está poblado de canciones a través de las que tratamos drenar el dolor, de conectarnos a ese sentimiento doloroso del que nos alejan los ruidos de la rutina diaria. La lista es larguísima. Yo he elegido unas cuantas pero, ya lo sabéis,  quien lo desee puede ampliar esta breve selección añadiendo sus sugerencias. Seguro que vuestras experiencias personales son múltiples, diversas y enriquecedoras. Vamos allá.

Si la muerte pisa mi huerto es una canción compuesta por Joan Manuel Serrat que aparecía en su álbum "Mi niñez", editado en 1970. “Si la muerte pisa mi huerto ¿quién firmará que he muerto de muerte natural?” Aunque ya nadie muere de muerte natural. Hasta hace poco nos creíamos inmortales. Y si moríamos era de pena, de envidia, de avaricia o de una "larga enfermedad". Como si eso no fuera natural. Ahora nos morimos muertos de miedo.

Tears in Heaven (Lágrimas en el cielo), una de las canciones más emblemáticas del cantautor británico Eric Clapton, tiene detrás la trágica muerte de su hijo de cuatro años. Una experiencia que te cambia por dentro y por fuera. Estamos preparados para despedir a nuestros padres, pero no a nuestros hijos. Para Clapton, la mejor manera de expresar su dolor y perpetuar su recuerdo fue con esta canción que publicó unos meses después, en la que se pregunta si será posible de alguna forma volver a encontrarse con su hijo. “Esencialmente escribí esa canción para hacer la pregunta que yo llevaba haciéndome desde que murió mi abuelo. ¿De verdad nos volveremos a ver?”, explicó el cantante en una entrevista.

Alfonsina Storni murió ahogada en una playa bonaerense. Cuenta la leyenda que ella misma recorrió, serenamente, el camino hacia un mar embravecido, se sumergió andando hasta que el agua le cubrió la cabeza. Ello inspiró a Mercedes Sosa una canción tan sensible como hiperversionada.

El heavy metal y todas sus variantes tienen mucha querencia por aquello que los antiguos llamaban memento mori. En Fade to Black (Desvanecerse en negro), del grupo Metallica, la idea de la muerte se plantea no como una amenaza sino como una liberación. La letra habla de la historia de un hombre que toma la decisión de suicidarse motivado por la maldad que lo rodeaba. Una letra densa y oscura, acompañada de unos riffs que pasan de la tranquilidad a la desesperación.


The Great Gig in the Sky (Un gran espectáculo en el cielo) es una canción de la banda inglesa Pink Floyd que fue publicada en marzo de 1973 dentro de su famoso disco conceptual "The Dark Side Of The Moon". Este fragmento fue una improvisación de Clare Torry, la voz femenina que querían introducir en el disco.

"Y no le tengo miedo a la muerte, en cualquier momento llegará,
no me importa. ¿por qué debería tenerle miedo a la muerte?
No hay razón para ello, tendrás que ir alguna vez.
Si puedes oír este susurro es que te estás muriendo.
Nunca diré que le tengo miedo a la muerte."

Todas las culturas, religiones y etnias; en todas las épocas y estratos sociales o gustos personales, la muerte arranca de nosotros lo más querido, deja tras de sí un silencio que hiere, silencio roto con interpretaciones mortuorias para quienes parten hacia la eternidad. Una despedida con amor. Herencia de África para aliviar el dolor de la partida. La colombiana Elena Hinestroza nos pone la piel de gallina.


Podría seguir con muchos temas más, pero voy a cerrar este apartado del duelo privado con un tango de Carlos Gardel. Adoro los tangos; son la representación ideal de los lamentos, el desgarro y la nostalgia. Sus ojos se cerraron.


Muerte pública, duelo público 

Pero no siempre el duelo es un proceso privado, íntimo. La muerte de personajes públicos recordados por artistas famosos se convierte en un acto de exhibición pública del dolor. Para Bruce Springsteen, la muerte en 2008 del organista Danny Federici fue más que la pérdida de un antiguo compañero de banda. Fue como un circo ambulante que pierde a un miembro clave. Aquí el jefe deambula por el recinto ferial a medianoche, elogiando a un compañero trapecista que nunca lo dejó caer. The Last Carnival

Goodbye England's Rose (Adiós rosa de Inglaterra) de Elton John y Bernie Taupin, escrita para el funeral de su amiga Diana, Princesa de Gales, conmovió a un público abrumado por la pérdida.  La canción reutilizó la melodía de un éxito anterior del dúo, Candle in the Wind  (Vela al viento) dedicada a Marilyn Monroe canción dedicada a la actriz como ejemplo de muerte prematura. “Adiós rosa de Inglaterra/Ojalá crezcas siempre en nuestros corazones/Fuiste la gracia que se colocó/donde las vidas estaban destrozadas”. Los que estaban fuera de la Abadía de Westminster lloraron abiertamente durante la actuación. La popularidad de la canción superó al cantante. “Me parecía como si la gente se estuviera regodeando en su muerte, como si el duelo por ella se les hubiera ido de las manos y se negaran a seguir adelante. Me parecía algo insano; morboso y antinatural. Estoy seguro que eso no es lo que Diana hubiera querido”. Solo una vez, en 2007, a propósito del aniversario de la muerte de Lady Di, Elton volvió a cantarla. 

No son solo las celebridades las que inspiran homenajes musicales. Knockin’ on Heaven’s Door (Llamando a las puertas del cielo) es una canción de Bob Dylan, publicada en la banda sonora de la película de Sam PeckinpahPat Garrett y Billy the Kid. Esta versión del músico escocés Ted Christopher con la guitarra de Mark Knopfler fue grabada en memoria de la masacre de Dunblane el 13 de marzo de 1996, en la que dieciseis niños y un adulto murieron. Cosa rara, Dylan autorizó al cantante que introdujera un nuevo verso en homenaje a los niños asesinados.

Cuando una explosión en la mina de carbón Westray en Nueva Escocia (Canadá) se cobró veintiseis vidas en 1992, el dolor personal se vio agravado por lo repentino y la magnitud de la tragedia, sumado al impacto social y financiero en las familias y en la comunidad. Posteriormente, músicos locales produjeron hasta 50 canciones de tributo, como Westray Trilogy de Ghostrider and The Allied Horns.

A raíz del atentado terrorista de mayo de 2017 en Manchester, sucedió algo inusual. Se estaba guardando un minuto de silencio en todo Reino Unido en homenaje a los veintidos muertos y cincuenta y nueve heridos que produjo el ataque.  Allí, durante la concentración en la plaza de Saint Ann, en el centro de la ciudad, se vivió un momento muy emocionante. Una mujer empezó a cantar Don't look back in anger (No mires atrás con ira), de la banda de rock local Oasis, y en el estribillo se sumaron algunos de los presentes. El periodista de The Guardian, Josh Halliday, grabó el instante.

Llegamos al final de esta noche con el popular Adagio para cuerdas de Samuel Barber, una obra que ha estado ligada siempre a momentos de tragedia como el funeral de Einstein, el anuncio de la muerte de Rooselvelt, la noticia del asesinato de Kennedy o la ceremonia de conmemoración de las víctimas del 11-S de 2001. En 2004, fue elegida por los oyentes de la BBC como la pieza de música más triste jamás escrita. El Adagio es uno de los ejemplos más claros de cómo la música puede ejercer su poder, a través de su capacidad de vincularse emocionalmente en la memoria con personas y eventos particulares, llegando incluso a alterar nuestra percepción sobre ellos. La obra de Braber llega tan hondo, seguramente, por su sinceridad y tremenda intensidad emocional. Si existe alguna pieza musical que puede acercarse a transmitir el efecto de un suspiro y, al mismo tiempo, la tragedia de la pérdida, la melancolía y la falta de esperanza, es esta obra de Barber.

La música nocturna de esta noche es una pequeña muestra de que cuando el duelo hace que las palabras sean inadecuadas o imposibles, la música puede dar voz a la emoción visceral más abrumadora. Esta pandemia nos ha traído otro dolor añadido a la pérdida: la lejanía de los seres queridos. Sin el refugio de estar con los tuyos, sin despedidas, sin besos, ni abrazos, ni manos tendidas… quizás solo nos quede la música.  Cuidaos mucho.



domingo, 21 de octubre de 2018

Aquellas pequeñas cosas / Joan Manuel Serrat (II)


Uno se cree
que las mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.
Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.
Como un ladrón
te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas
que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve.

La memoria colectiva guarda destellos. Hay canciones que por muchos años que tengan, o por muchas veces que las hayas escuchado, me siguen removiendo y seguirán haciéndolo de por vida. Hay pequeñas cosas que pensamos estaban lejos o muertas y que vuelven una y otra vez. Nos acosan. Hace poco en un programa de radio de la SER que recuperó una entrevista a Teresa Pamies, esta canción removió mis recuerdos.


En el año 1971, Joan Manuel Serrat publicó “Mediterráneo”, el LP que le consagró definitivamente.  Entre las diez canciones que figuraban en ese disco, a  cual mejor, en segundo lugar se encontraba esta pequeña joya, Aquellas pequeñas cosas, un tema breve, delicado, intimista, que tras cada escucha se va haciendo un hueco cada vez más grande en mi memoria musical.
. 
Aquellas pequeñas cosas entona recuerdos ya vividos, que te hacen sentir bien al abrir el baúl de los recuerdos. Una canción despojada de cualquier tipo de adorno que es capaz de transmitir en poco más de dos minutos las emociones que pasan por tu cuerpo cuando recuerdas. La sorpresa de lo cotidiano, el golpe de efecto que esconde un cajón. La vida en silencio, tan sólo interrumpido por una sonora estampida de recuerdos, se esconde bajo este poema: “Quería reflejar cierta ternura de lo cotidiano, la gran dimensión que adquieren en nosotros muchas veces las pequeñas cosas”, asegura el autor. La inspiración de esta canción la tiene asociada al poema Las moscas, de Machado, que por aquel entonces le zumbaba por detrás. “Hay varias maneras de construir canciones. Una tiene que ver con agarrar un hecho contundente y dejarlo en dimensión de andar por casa, otro, como hizo Machado en ese poema, consiste en poner en valor algo tan ínfimo como las moscas”.

Aquellas pequeñas cosas, protagonistas, se pasean de principio a fin en la pieza. Pícaras sonríen, se esconden, acechan y nos hacen llorar (lloro mucho últimamente). Pero, ¿qué son aquellas pequeñas cosas? ¿Algo más que pequeñas cosas? ¿Son sólo recuerdos? Son aquellas cosas de las que no podemos librarnos voluntariamente y que voluntariosas se apoderan de nuestra mente. Tercas permanecen, fugaces huyen. Poesía. Y en los tiempos confusos que vivimos, uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia. El tiempo, el peor de los tiempos, y sobre todo la ausencia (de capacidad, de criterio, de moral) se han empeñado en matar aquellas pequeñas cosas que una vez creímos que vivirían para siempre. Pequeñas cosas que nos mantenían el equilibrio.

Un cantautor es un cronista de su pueblo y de su tiempo. A Serrat le debemos buena parte de nuestra educación sentimental, el habernos abierto los ojos y el corazón a los versos en nuestra lengua y habernos mostrado el atajo para recuperar la dignidad como ciudadanos. Pero, como él mismo dijo en 2011 en su discurso de investidura como Doctor Honoris Causa por la Universitat Pompeu Fabra, estamos en tiempos de vergüenza y de renuncia en los que espectadores y víctimas, a la vez, parecen esperar que los mismos que nos han llevado hasta aquí resuelvan los problemas. (…) La codicia de unos, la incompetencia de otros, la ignorancia y la poca vergüenza de muchos nos han situado en un mercado en el que todo tiene un precio, donde todo se compra y todo se vende”. No hay lugar para las pequeñas cosas… Afortunadamente, existe la esperanza de que, como canta Serrat, su tren vendió billete de ida y vuelta. Exijamos que vuelvan. Consigamos que vuelvan.

 

Es una de las canciones más versionadas del cantante catalán por intérpretes de diferentes nacionalidades y estilos musicales. Hay tantas... He aquí una muestra de ellas.


28 de octubre de 2024

Seis años después de esta entrada, Joan Manuel Serrat recibe el Premio Príincesa de Asturias de las Artes 2024. El jurado le concedió el galardón por haber aunado el arte de la poesía y la música "al servicio de la tolerancia y los valores compartidos". En su breve pero intenso discurso, una suerte de autorretrato machadiano, visión de “un señor mayor tirando a viejo”, Serrat defiende lo que ya defendía con sus letras: la libertad, la justicia y la democracia, “valores que van de la mano o no lo son”. “Creo en la tolerancia. Creo en el respeto al derecho ajeno y el diálogo como la única manera de resolver los asuntos justamente. Prefiero los caminos a las fronteras, la razón a la fuerza y el instinto a la urbanidad”.

Como despedida, el cantante aprovechó para ofrecer un pequeño concierto: interpretando esta canción acompañado de un violín. 
 

Que las pequeñas cosas nunca os abandonen. Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. 굿나잇. Boas noites. 晚安 グッドナイト    Buonanotte. לילה טוב.  Oíche mhaith. Wengi alus. Bones nueches.
 
Fuentes:
https://www.publico.es/culturas/serrat-gente-pie-debe-recuperar.html
https://elpais.com/cultura/2014/10/22/actualidad/1413980239_836802.html

domingo, 31 de enero de 2016

La Música y la Paz

Un antropólogo estudiaba los usos y costumbres de una tribu en África y, al estar siempre rodeado por los niños de la tribu, decidió hacer algo divertido para ellos. Consiguió una buena porción de dulces de la ciudad y los colocó dentro de un canasto decorado con cintas y otros adornos. Luego dejó el cesto debajo de un árbol.
Así, llamó a los niños y coordinó un juego que consistía en que cuando él dijera “Ya” tenían que correr hasta el árbol y el que primero agarrase el cesto sería el ganador y tendría todos los dulces exclusivamente para él solo.
Los niños procedieron a colocarse en fila, esperando la señal acordada.
Cuando dijo “Ya”, inmediatamente, todos los niños se tomaron de las manos y salieron corriendo juntos en dirección al canasto. Todos llegaron juntos y comenzaron a dividirse los dulces y, sentados en el piso, comieron felices.
El antropólogo fue a su encuentro y preguntó por qué tuvieron que ir todos juntos, cuando podrían haber tenido uno de ellos el canasto completo.
Fue ahí cuando ellos respondieron:
“UBUNTU, UBUNTU!!
¿Cómo solo uno de nosotros podría ser feliz si todo el resto estuviera triste?”

UBUNTU, en la cultura xhosa y zulú significa: "Yo soy porque nosotros somos". Es una “conexión universal de compartir que conecta a toda la humanidad”, es decir: Yo no soy si tú no eres, si los demás no son. “Soy porque ustedes son”. Una persona con Ubuntu es aquella que se alegra cuando el otro es bueno en algo, cuando tiene destreza porque piensan que todos se benefician con esto, todos son más. Muchos africanos piensan que cada persona decrece cuando otras personas son humilladas o menospreciadas, cuando otros son torturados u oprimidos.



La explicación de este cuento por cuatro de nuestros alumnos ha sido una de las actividades que realizamos en mi escuela para celebrar el Día Escolar de la No-violencia y la Paz. El DENIP fue declarado por primera vez en 1964. Surge de una iniciativa pionera, no gubernamental, independiente y voluntaria de Educación No-violenta y Pacificadora del profesor y poeta  mallorquín Llorenç Vidal, pionero en la sensibilización social. Llorenç perseguía como objetivo la educación en y para la tolerancia, la solidaridad, la concordia, el respeto a los Derechos Humanos, la no-violencia y la Paz. Vidal convirtió los colegios en instrumentos de paz y entendimiento entre personas de distinta formación, raza, cultura y religión. El mensaje básico que utilizó fue: “Amor universal, No-violencia y Paz. El Amor universal es mejor que el egoísmo, la No-violencia es mejor que la violencia y la Paz es mejor que la guerra”. En este día, los colegios y centros se convierten, pues, en instrumentos de paz y entendimiento entre personas de distinta formación, raza, cultura y religión.


El día 30 de enero, día del DENIP,  se conmemora además la muerte del líder nacional y espiritual de la India, el Mahatma Gandhi, en 1948, asesinado a tiros por un fanático hinduista. Por su parte, en septiembre de 1981, cuando ya se cumplían 17 años de la celebración del DENIP, la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) comenzó a celebrar el Día Internacional dela Paz y se ha seguido conmemorando esta jornada cada 21 de septiembre. Mientras, la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), no reconoció esta celebración del Día Escolar de la No-violencia y la Paz hasta casi 30 años después.


La música ha sido a lo largo de la historia un instrumento eficaz para la concienciación, para la denuncia y para ofrecer nuevas propuestas a la vida. La música como instrumento para combatir la guerra, la violencia, las desigualdades, las injusticias tiene como única arma las notas musicales y acordes que componen una canción.

Pero ¿qué es la Paz? Durante muchos años se ha entendido como ausencia de guerra y de violencia directa (que es la violencia física, verbal y psicológica). 

El concepto de Paz se ha venido interpretado negativamente: la paz es la No guerra. Esta concepción negativa ha provocado que durante algunos años, la paz, fuera de su contraste con la guerra, haya carecido de contenido digamos palpable, convirtiéndose en un concepto pasivo, vago, manipulable, sin dinamismo propio. Sin embargo esta concepción ha ido evolucionando. Una concepción amplia, rica, inclusiva y multidimensional de la violencia, nos permitirá concretar una visión amplia y rica de la paz. Considerando estas otras violencias (estructural, cultural) podremos ver otros tipos de paz. A la vez que ésta se acompañará de otros muchos conceptos que significarán puntos de partida para permitirla como pueden ser la justicia social y el desarrollo, la convivencia, los derechos humanos y la democracia, el desarme o el respeto al medio ambiente.

Del mismo modo que la música puede tener relación con la paz, también la puede tener con la violencia.  La música también se ha utilizado y se sigue utilizando para fomentar el odio o la venganza, con la voluntad de humillar, de reprimir, de aterrorizar e incluso de torturar.

“La música es pacífica o no pacífica no por el carácter inherente de la música en sí misma, sino por la manera como es utilizada. El que la música sea o no pacífica depende del contexto, pero también depende de cómo es escuchada. Si es utilizada para glorificar el mal, no es pacífica. La música puede contribuir a la paz, pero esta contribución es limitada mientras esté en manos de aquellos que están en el poder”

En los últimos 50 años, muchos cantantes y grupos han compuesto canciones de temáticas relacionadas con la paz, implicándose a título personal en la celebración de macroconciertos solidarios relacionados con diferentes causas sociales, siendo la música la portavoz e instrumento de paz. Actualmente también muchas organizaciones musicales hacen de la música un poderoso medio para reunir a la gente en la construcción de la cultura de paz.


Es evidente que la música por sí sola no nos traerá la Paz al mundo, pero considerando el panorama actual a nivel mundial, y a sabiendas de que los conflictos acontecen más y más numerosos y violentos en nuestros días, es importante que exploremos y apliquemos las oportunidades y potencialidades del poder de la música para una transformación de conflictos pacífica y efectiva, apoyándola y promoviéndola, ya que se configura como referente indispensable para intentar transformar y reinventar el mundo en el que vivimos, y en el que queremos vivir.


Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. Boas noites. Bonne nuit.

lunes, 8 de diciembre de 2014

El mar, música y poesía

“Et deixo, amor, la mar com a penyora (Carme Riera)


Me gusta el mar. Acudo a su bramido,
al ámbito olvidado por la altura,
acepto la condena de su hondura,
el aire horizontal, el sol hundido.
Me gusta el mar de gesto indefinido.

El mar es resonancia
y no cantar: palabra.

El mar se enamoró de ella que lo amaba desde siempre. Por eso, una tarde se atrevió a seducirla. Y ella se dejó seducir.


Aprovecho que me han dejado sola en este frío domingo para alejarme un rato del mundo real. Desde mi rincón, a través de la puerta del jardín, contemplo un cielo oscuro y amenazador que recuerda que el otoño sigue su curso mientras el frío va imponiendo su ley. El viento transporta recuerdos y me hace evocar esos momentos que nos marcaron.

Frente al mar

Oh Mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
"Piedad, piedad para el que más ofenda".

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza,
¡Aire de mar!... ¡Oh tempestad, oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y equivoca
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele
(Alfonsina Storni. Irremediablemente)


Antes, cuando volvía a casa de tirar la basura por la cuesta del silencio, cerré los ojos. Y apreté los puños. Quería escuchar una vez más el mar rompiéndose bajo mis pies, igual que se rompía aquellos atardeceres en que yo escribía y salía a descifrar la luna grabando en plata su nombre sobre las aguas.


Subía y miraba el cielo en busca de las estrellas. Una, la única que logro apreciar, pierde su brillo de forma definitiva.  En la oscuridad del cielo, su rastro se aleja tristemente. De nuevo, sólo la niebla envuelve el verde bosque cubriéndolo de un manto blanco y siniestro. Un escalofrío atraviesó mi cuerpo... Algún viejo fantasma del pasado hace su travesía a ninguna parte. He querido componer un poema y no he podido. Abro los ojos y el futuro me acecha; quien sabe qué sorpresas me depara.

 Solitario, mudo, ceñidas
las sienes de hojas otoñales.
En la boca reseca el gusto
de la sal de todos los mares.

La sal que dejaron las olas
de los días al derrumbarse.

Una noche después de un largo día le dice la luna al cielo: voy a navegar por el mar de estrellas que forman tu cuerpo.


El mar sin tiempo y sin espacio nos acaricia con sus olas comprensivas.
Su soledad es tan inmensa que se confunde con sus aguas infinitas.
Nadie lo habita, ni lo surca; nadie lo llama, ni lo escucha, ni lo mira.
Vive desnudo como el alma, con su profunda inmensidad por compañía.
No hay bienvenidas en sus puertos; ni en sus obscuros malecones despedidas.
Tanto las playas que desea como las playas que abandona están vacías.

Mudas están sus caracolas, y ya no alumbran sus estrellas submarinas.
De los veleros que lo amaron apenas hay reminiscencias imprecisas.
La tierra ignora nuestras dudas y el firmamento nuestras largas agonías.
Sólo este mar que nos comprende puede medir la soledad de nuestras vidas.
El mar inunda nuestros ojos con la ternura temblorosa de sus aguas.
Y nos contempla largamente con la dulzura elemental de su mirada.
El poderoso sentimiento del mar sin fin tiene un momento forma humana.
Y entre las aguas invasoras nuestra emoción es más profunda y más amarga.
Para el dolor alternativo de las mareas nuestro ser es una playa.

De nuestras venas son las olas que se suceden en las costas más lejanas.
Algo más grande que nosotros está despierto en nuestra voz abandonada.
Una pasión de carne y hueso tiembla en el pulso de las olas solitarias.

Manos de viento nos golpean el corazón y nos oprimen la garganta.
Sólo este mar que nos contempla sabe medir la soledad de nuestras lágrimas.
El mar escucha sin descanso la silenciosa confesión de los recuerdos.
Una emoción incontenible, pero sin voz, sube del fondo de su pecho.
Donde las aguas son profundas como la muerte y el amor, hay un velero.
Bajo las olas pensativas el gran navío de la infancia está durmiendo.
En el abismo es su dulzura como un violín abandonado en un desierto.

Fotografía de mi amiga Gelu
Nido en el bosque tenebroso, llanto infantil en un camino solo y negro.
Su cuerpo mudo y solitario vive la vida de las flores y los ciegos.
Por lo callado y por lo solo parece un alma ensimismada en vez de un cuerpo.

Para su amor interminable todos los puertos de la tierra son pequeños.

Sólo este mar que nos escucha puede medir la soledad de nuestros sueños.
El mar pregunta por nosotros en el lenguaje de sus olas más obscuras.
(De tan sombrías, ni siquiera tienen la gracia luminosa de la espuma.)
Profundos son sus ojos negros, pero su voz es todavía más profunda.
Es necesario haber sufrido sin compasión para saber lo que murmura.
Las olas vienen de muy lejos a descansar en nuestro ser, una por una.
Vienen sin restos de naufragios y bajo cielos sin estrellas y sin luna.
No vieron islas encantadas, ni blancas velas, ni gaviotas vagabundas.
Desierto igual es imposible fuera del ser por quien suspiran y preguntan.
Sobre las olas desoladas el firmamento está distante como nunca.
Sólo este mar que nos invoca puede medir la soledad de nuestra angustia.
El mar sin rumbo y sin amparo busca refugio silencioso en nuestra frente.
Y el movimiento de las olas infatigables se apacigua lentamente.
Sobre las aguas angustiosas una quietud espiritual dicta sus leyes.
La eternidad las tranquiliza con la virtud maravillosa de su aceite.
En las tinieblas infinitas un gran misterio abre las alas para siempre.
Y en el abismo solitario todas las formas del olvido están presentes.
En vez de voces hay silencio, y aterradora soledad en vez de seres.
Donde hubo pájaros hay viento, y oscuridad y oscuridad donde hubo peces.
Nuestro dolor y el de las aguas están unidos en la paz de las rompientes.

Sólo este mar que nos conoce puede medir la soledad de nuestra mente. 
(Francisco Luis Bernárdez)


Allí donde la tempestad declina y el agua se torna calma será el encuentro... Y de esa azul profundidad brotarán quimeras, se oirán melodías…


Mar distante
Si no es el mar, sí es su imagen,
su estampa, vuelta, en el cielo.
Si no es el mar, sí es su voz
delgada,
a través del ancho mundo,
en altavoz, por los aires.
Si no es el mar, sí es su nombre
es un idioma sin labios,
sin pueblo,
sin más palabra que ésta:
mar.
Si no es el mar, sí es su idea
de fuego, insondable, limpia;
y yo,
ardiendo, ahogándome en ella.


El Mar

NECESITO del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navios.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.
No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.


Meditación
[...]
Yo te veo en el mar: en la ola verde,
azul, o sonrosada que camina,
que con orla de aljófares se pierde,
mientras otra más alta se avecina.

También cuando lo tienes en bonanza,
para el pequeño alción que a sus cristales
fía su hermosa prole y su esperanza,
mientras atas furiosos vendavales.

Y en el cetáceo enorme que entre hielos,
que muros de cristal pueden decirse,
alza dos ríos de agua hasta los cielos,
y agita el mar del norte al rebullirse;

que herido del arpón, iras alienta,
con su sangre las aguas enrojece,
y las pone agitadas en tormenta...
¡Tanto puede su mole que padece!

Tú le diste los mares por presea
donde tenga por lecho las bahías
el boreal y antártico pasea;
por abismos de espuma tú le guías.
[...]


Elegía del niño marinero
Marinerito delgado,
Luis Gonzaga de la mar,
qué fresco era tu pescado,
acabado de pescar!

Te fuiste, marinerito,
en una noche lunada,
tan alegre, tan bonito,
cantando, a la mar salada!

Qué humilde estaba la mar!
¡El cómo la gobernaba!
Tan dulce era su cantar,
que el aire se enajenaba.

Cinco delfines remeros
su barca le cortejaban.
Dos ángeles marineros,
invisibles, la guiaban.

Tendió las redes, ¡qué pena!,
por sobre la mar helada.
Y pescó la luna llena,
sola, en su red plateada.

¡Qué negra quedó la mar!
¡La noche qué desolada!
Derribado su cantar,
la barca fue derribada.

Flotadora va en el viento
la sonrisa amortajada
de su rostro. ¡Qué lamento
el de la noche cerrada!

¡ Ay mi niño marinero,
tan morenito y galán,
tan guapo y tan pinturero,
más puro y bueno que el pan!

¿Qué harás, pescador de oro,
allá en los valles salados
del mar? ¿Hallaste el tesoro
secreto de los pescados?

¡Deja, niño, el salinar
del fondo, y súbeme el cielo
de los peces, y, en tu anzuelo,
mi hortelanita del mar!


Hay momentos de pasar día tras día
lugares de nunca llegar.
Hay lugares de estar tranquila,
lugares de no ser nadie
y huir,
ser una pierna en el aire
y perderse en ningún lugar.
Hay lugares de sí,
momentos de dudar,
de esperar el momento;
hay lugares de no,
que hoy no,
que no volveré
ni un día más.
Hay momentos de volver
y no encontrarse con nada
de agobiarse,
momentos sin rumbo,
Hay lugares de presentimiento,
de miedo hueco
siempre es el miedo
un lobo que aúlla cerca.
Hay momentos de partir,
quedarse a solas,
lugares sin mí,
que siempre serán sin mí
Hay lugares que no querré llegar,
momentos dolorosos
sin entender nada.
Hay momentos de contar
los pasos hasta el vacío
caída libre.
Hay momentos donde nada
lleva a ningún sitio,
mecer en la ausencia,
momentos de pies en alto,
cabeza suelta y nada;
momentos de nada
de más allá: nada.
Pero hay momentos incomparables,
que llegan sin esperarlos
el mar en el alma,
la arena quieta
momentos de sólo respirar
tomar el aire
creerse alguien.
Sonreír.
Hay momentos... palabras,
palabras bálsamo,
sonrisas bálsamo,
miradas bálsamo,
complicidades, certezas.


Yo me sé pasajera de tu barco sin rumbo. Tú te sabes huracán de mi calma y mi noche.


Me retiro ya. Volveré para hallar una sonrisa en la gota sutil que se rezuma de las porosas piedras, en la bruma, en el sol, en el cielo y en la brisa. Alzaré una nueva vela contra el viento. ¡Hay tantos mares que surcar! Cada naufragio exige un nuevo intento. El mar tiene infinitas rutas.

Lunes, 8 de diciembre.

Xavier Perarnau, siempre tan certero, me propone ésta maravilla que no puede faltar en este homenaje al mar. Gracias, Xavier.