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jueves, 9 de mayo de 2024

La Novena de Beethoven, símbolo de paz y de la unidad de Europa, celebra 200 años

 Una obra maestra, una de las cumbres de la cultura de todos los tiempos

El pasado 7 de mayo celebramos el 200 aniversario del estreno de la Novena Sinfonía de Beethoven quizás la sinfonía más interpretada y deslumbrante de todos los tiempos, una obra maestra amada por los amantes de la música en todo el mundo. Estrenada el 7 de mayo de 1824 en el Kärntnertortheater de Viena, probablemente fue uno de los momentos más conmovedores de la historia de la música.

 Detalle del "Retrato (1820) de Ludwig van Beethoven" componiendo la "𝘔𝘪𝘴𝘴𝘢 𝘚𝘰𝘭𝘦𝘮𝘯𝘪𝘴", de "Joseph Karl Stieler" (1781-1858)

 Como todos sabemos, son numerosas las ocasiones en las que la obra ha servido para celebrar, conmemorar o institucionalizar sentimientos colectivos y dotarlos además de una dimensión ética, aportando, durante dos siglos, significado de belleza, amor y unidad a este mundo caótico, y continúa sirviendo como símbolo de esperanza y paz en la actualidad. 

(Primer movimiento)

Fue un encargo de la Sociedad Filarmónica de Londres, que interpretó la obra el 21 de marzo de 1825. Beethoven no les envió la partitura hasta después de que tuvo lugar la representación en Viena.

El programa del estreno, decidido exclusivamente por el propio Beethoven también incluyó la Obertura de la "Consagración de la Casa" y tres secciones de "Missa Solemnis" (Kyrie, Credo, Agnus Dei) cantadas en alemán. En el escenario se congregó la orquesta más grande jamás reunida por Beethoven, entre 82 y 100 músicos, procedentes de la orquesta del teatro, de la Sociedad de Amigos de laMúsica de Viena y de aficionados. También contó con un coro de 80 voces y cuatro solistas vocales. La contralto solista, Caroline Unger, tenía 20 años en el estreno 


Como el genio ya estaba completamente sordo, (había sufrido una pérdida de los agudos a una edad temprana y ya no podía oír los tonos altos) como las notas de flauta. otro músico tuvo que asumir la dirección de la orquesta. Beethoven estaba de espaldas al público para poder leer las palabras de los cantantes en sus labios. Al final del concierto estallaron unos frenéticos aplausos que el compositor no notó, por lo que el público empezó a agitar pañuelos. Entonces Caroline tomó a Beethoven de la mano y lo volvió hacia el público. Sólo entonces vio a la multitud entusiasta y agradeció a los oyentes con numerosas reverencias.

El tema principal de su cuarto y último movimiento, An die Freude (“Oda a la alegría”) fue elegido como Himno de Europa en 1985; un himno que Europa aún está por merecer.

La portada de la Sinfonía n.º 9 de Beethoven con la dedicatoria 
manuscrita al rey de Prusia, Federico Guillermo III

El tema principal de su cuarto y último movimiento, An die Freude (“Oda a la alegría”) fue elegido como Himno de Europa en 1985; un himno que Europa aún está por merecer. Friedrich Schiller la escribió en 1785, inspirado por su amistad con Christian Gottfried Körner, quien lo acogió cuando atravesaba dificultades legales y financieras. La melodía (que no la letra) fue arreglada por Herbert von Karajan para que sirviera de himno de la Unión Europea.

Este movimiento se ha convertido en un himno para ideologías muy diferentes y ha desempeñado un papel simbólico en la reconciliación entre pueblos. Se ha utilizado, por ejemplo, en España para homenajear a las víctimas del terrorismo, para conmemorar el aniversario de la Constitución de 1978 o para integrar a un grupo de personas con discapacidad auditiva en un medio para ellos ajeno y extraño como es la sala sinfónica. De forma análoga, sirvió para honrar a las víctimas del 11-S en la Última Noche de los Proms de 2001 y para celebrar la caída del muro de Berlín en 1989 en un legendario concierto dirigido por Leonard Bernstein.

Este movimiento se ha convertido en un himno para ideologías muy diferentes y ha desempeñado un papel simbólico en la reconciliación entre pueblos. Se ha utilizado en España para homenajear a las víctimas del terrorismo, para conmemorar el aniversario de la Constitución de 1978 o para integrar a un grupo de personas con discapacidad auditiva en un medio para ellos ajeno y extraño como es la sala sinfónica. De forma análoga, sirvió para honrar a las víctimas del 11-S en la Última Noche de los Proms de 2001 y para celebrar la caída del muro de Berlín en 1989 en un legendario concierto dirigido por Leonard Bernstein.

Bernstein sustituyó “Freiheit” por “Freude” para dirigir esa orquesta de músicos de todo el mundo. Un símbolo para resaltar la hermandad entre las dos Alemanias. Bernstein sustituyó “Freiheit” por “Freude” para dirigir esa orquesta de músicos de todo el mundo. Un símbolo para resaltar la hermandad entre las dos Alemanias. El mismo explica por qué lo hace.

No hay evidencia del mito de que el poema de Schiller se llamó originalmente An die Freiheit (“Oda a la libertad”). De hecho, ahora sabemos que fue inventado por el biógrafo de Beethoven, Alexander Thayer. Las primeras palabras que escuchamos cantadas, “O Freunde, nicht diese Töne! Sondern laßt uns angenehmere anstimmen, und freudenvollere” (¡Oh amigos, basta de estos sonidos! ¡En lugar de eso, toquemos notas de alegría y placer!), no son de Schiller, sino del propio Beethoven. Lo que sí es cierto, sin embargo, es que la última estrofa original del poema comenzaba con el verso “Rettung von Tirannenketten” (Rescate de las cadenas de los tiranos), que cortó cuando revisó el poema poco antes de su muerte en 1805.

No hay evidencia del mito de que el poema de Schiller se llamó originalmente An die Freiheit (“Oda a la libertad”). De hecho, ahora sabemos que fue inventado por el biógrafo de Beethoven, Alexander Thayer. Las primeras palabras que escuchamos cantadas, “O Freunde, nicht diese Töne! Sondern laßt uns angenehmere anstimmen, und freudenvollere” (¡Oh amigos, basta de estos sonidos! ¡En lugar de eso, toquemos notas de alegría y placer!), no son de Schiller, sino del propio Beethoven. Lo que sí es cierto, sin embargo, es que la última estrofa original del poema comenzaba con el verso “Rettung von Tirannenketten” (Rescate de las cadenas de los tiranos), que cortó cuando revisó el poema poco antes de su muerte en 1805.

En la capital de Japón, Tokio, la Novena sirve como excusa inmejorable para reunir una vez al año en la capital a un coro de 10.000 aficionados de todo el país el primer domingo de diciembre en lo que constituye para todos ellos —y para el público— una experiencia sobrecogedora.

Con motivo del 250 aniversario del nacimiento del músico, en 2020, la Deutsche Welle produjo un documental titulado “Una sinfonía para el mundo”, difundido principalmente a través de plataformas digitales. La Novena ¿es tan solo un gran éxito de la música clásica?, ¿un himno europeo, una fetichización de la metafísica occidental?  ("Es el fetiche musical de Occidente", decía el escritor Esteban Buch en su libro Beethoven's Ninth: a Political History. ¿O es simplemente una obra maestra de increíble belleza que hasta el día de hoy conmueve a personas de todo el mundo? Cuál es su secreto? El documental sigue las huellas de la Novena a través de cuatro continentes. Encuentra personas cuyas vidas están estrechamente entrelazadas con la sinfonía de Beethoven y ofrece a los espectadores una visión profunda de una música en la que Beethoven abrió la puerta a una utopía para toda la humanidad.

Aún hoy, esta genial obra transporta al público a un estado de éxtasis. Así es como un alma torturada, un individuo notoriamente dependiente del alcohol, ceñudo, acaparador de dinero y socialmente intolerable, compone su manifiesto filosófico-musical sobre la superación del aislamiento. Aquí, Beethoven da la máxima expresión a los sentimientos de interconexión, alegría y liberación de las cadenas del miedo, la compulsión y la demagogia. Poco antes de las elecciones europeas de 2024, en un año en el que aumentan las preocupaciones sobre un giro hacia la derecha en Europa, la fuerza La Oda a la Alegía tiene más sentido que nunca. Visto lo visto, quizá bastaría con desembarazarnos de todo lastre ideológico y vivirla mientras intentamos soñar, como hiciera Miguel Ríos en 1969 “el nuevo sol en que los hombres volverán a ser hermanos”. Escojo esta versión poque yo estuve allí 😉

Cuidaos mucho. Y cuidad la Cultura para que ella cuide de nosotros. ¡Y no a la invasión rusa! ¡Libertad para Ucrania! Imposible acabar sin gritar: ¡Poned fin al genocidio palestino! No seamos soldados de los telediarios y los magacines, dejemos de ser habitantes de las trincheras mediáticas, no nos lavemos las manos con agua que está teñida con sangre. Digamos ¡basta!


Buenas noches.  Bona nit.  Boas noites. Bones nueches. Arratsalde on. طاب مساؤك. לילה טוב

lunes, 8 de diciembre de 2014

El mar, música y poesía

“Et deixo, amor, la mar com a penyora (Carme Riera)


Me gusta el mar. Acudo a su bramido,
al ámbito olvidado por la altura,
acepto la condena de su hondura,
el aire horizontal, el sol hundido.
Me gusta el mar de gesto indefinido.

El mar es resonancia
y no cantar: palabra.

El mar se enamoró de ella que lo amaba desde siempre. Por eso, una tarde se atrevió a seducirla. Y ella se dejó seducir.


Aprovecho que me han dejado sola en este frío domingo para alejarme un rato del mundo real. Desde mi rincón, a través de la puerta del jardín, contemplo un cielo oscuro y amenazador que recuerda que el otoño sigue su curso mientras el frío va imponiendo su ley. El viento transporta recuerdos y me hace evocar esos momentos que nos marcaron.

Frente al mar

Oh Mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
"Piedad, piedad para el que más ofenda".

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza,
¡Aire de mar!... ¡Oh tempestad, oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y equivoca
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele
(Alfonsina Storni. Irremediablemente)


Antes, cuando volvía a casa de tirar la basura por la cuesta del silencio, cerré los ojos. Y apreté los puños. Quería escuchar una vez más el mar rompiéndose bajo mis pies, igual que se rompía aquellos atardeceres en que yo escribía y salía a descifrar la luna grabando en plata su nombre sobre las aguas.


Subía y miraba el cielo en busca de las estrellas. Una, la única que logro apreciar, pierde su brillo de forma definitiva.  En la oscuridad del cielo, su rastro se aleja tristemente. De nuevo, sólo la niebla envuelve el verde bosque cubriéndolo de un manto blanco y siniestro. Un escalofrío atraviesó mi cuerpo... Algún viejo fantasma del pasado hace su travesía a ninguna parte. He querido componer un poema y no he podido. Abro los ojos y el futuro me acecha; quien sabe qué sorpresas me depara.

 Solitario, mudo, ceñidas
las sienes de hojas otoñales.
En la boca reseca el gusto
de la sal de todos los mares.

La sal que dejaron las olas
de los días al derrumbarse.

Una noche después de un largo día le dice la luna al cielo: voy a navegar por el mar de estrellas que forman tu cuerpo.


El mar sin tiempo y sin espacio nos acaricia con sus olas comprensivas.
Su soledad es tan inmensa que se confunde con sus aguas infinitas.
Nadie lo habita, ni lo surca; nadie lo llama, ni lo escucha, ni lo mira.
Vive desnudo como el alma, con su profunda inmensidad por compañía.
No hay bienvenidas en sus puertos; ni en sus obscuros malecones despedidas.
Tanto las playas que desea como las playas que abandona están vacías.

Mudas están sus caracolas, y ya no alumbran sus estrellas submarinas.
De los veleros que lo amaron apenas hay reminiscencias imprecisas.
La tierra ignora nuestras dudas y el firmamento nuestras largas agonías.
Sólo este mar que nos comprende puede medir la soledad de nuestras vidas.
El mar inunda nuestros ojos con la ternura temblorosa de sus aguas.
Y nos contempla largamente con la dulzura elemental de su mirada.
El poderoso sentimiento del mar sin fin tiene un momento forma humana.
Y entre las aguas invasoras nuestra emoción es más profunda y más amarga.
Para el dolor alternativo de las mareas nuestro ser es una playa.

De nuestras venas son las olas que se suceden en las costas más lejanas.
Algo más grande que nosotros está despierto en nuestra voz abandonada.
Una pasión de carne y hueso tiembla en el pulso de las olas solitarias.

Manos de viento nos golpean el corazón y nos oprimen la garganta.
Sólo este mar que nos contempla sabe medir la soledad de nuestras lágrimas.
El mar escucha sin descanso la silenciosa confesión de los recuerdos.
Una emoción incontenible, pero sin voz, sube del fondo de su pecho.
Donde las aguas son profundas como la muerte y el amor, hay un velero.
Bajo las olas pensativas el gran navío de la infancia está durmiendo.
En el abismo es su dulzura como un violín abandonado en un desierto.

Fotografía de mi amiga Gelu
Nido en el bosque tenebroso, llanto infantil en un camino solo y negro.
Su cuerpo mudo y solitario vive la vida de las flores y los ciegos.
Por lo callado y por lo solo parece un alma ensimismada en vez de un cuerpo.

Para su amor interminable todos los puertos de la tierra son pequeños.

Sólo este mar que nos escucha puede medir la soledad de nuestros sueños.
El mar pregunta por nosotros en el lenguaje de sus olas más obscuras.
(De tan sombrías, ni siquiera tienen la gracia luminosa de la espuma.)
Profundos son sus ojos negros, pero su voz es todavía más profunda.
Es necesario haber sufrido sin compasión para saber lo que murmura.
Las olas vienen de muy lejos a descansar en nuestro ser, una por una.
Vienen sin restos de naufragios y bajo cielos sin estrellas y sin luna.
No vieron islas encantadas, ni blancas velas, ni gaviotas vagabundas.
Desierto igual es imposible fuera del ser por quien suspiran y preguntan.
Sobre las olas desoladas el firmamento está distante como nunca.
Sólo este mar que nos invoca puede medir la soledad de nuestra angustia.
El mar sin rumbo y sin amparo busca refugio silencioso en nuestra frente.
Y el movimiento de las olas infatigables se apacigua lentamente.
Sobre las aguas angustiosas una quietud espiritual dicta sus leyes.
La eternidad las tranquiliza con la virtud maravillosa de su aceite.
En las tinieblas infinitas un gran misterio abre las alas para siempre.
Y en el abismo solitario todas las formas del olvido están presentes.
En vez de voces hay silencio, y aterradora soledad en vez de seres.
Donde hubo pájaros hay viento, y oscuridad y oscuridad donde hubo peces.
Nuestro dolor y el de las aguas están unidos en la paz de las rompientes.

Sólo este mar que nos conoce puede medir la soledad de nuestra mente. 
(Francisco Luis Bernárdez)


Allí donde la tempestad declina y el agua se torna calma será el encuentro... Y de esa azul profundidad brotarán quimeras, se oirán melodías…


Mar distante
Si no es el mar, sí es su imagen,
su estampa, vuelta, en el cielo.
Si no es el mar, sí es su voz
delgada,
a través del ancho mundo,
en altavoz, por los aires.
Si no es el mar, sí es su nombre
es un idioma sin labios,
sin pueblo,
sin más palabra que ésta:
mar.
Si no es el mar, sí es su idea
de fuego, insondable, limpia;
y yo,
ardiendo, ahogándome en ella.


El Mar

NECESITO del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navios.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.
No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.


Meditación
[...]
Yo te veo en el mar: en la ola verde,
azul, o sonrosada que camina,
que con orla de aljófares se pierde,
mientras otra más alta se avecina.

También cuando lo tienes en bonanza,
para el pequeño alción que a sus cristales
fía su hermosa prole y su esperanza,
mientras atas furiosos vendavales.

Y en el cetáceo enorme que entre hielos,
que muros de cristal pueden decirse,
alza dos ríos de agua hasta los cielos,
y agita el mar del norte al rebullirse;

que herido del arpón, iras alienta,
con su sangre las aguas enrojece,
y las pone agitadas en tormenta...
¡Tanto puede su mole que padece!

Tú le diste los mares por presea
donde tenga por lecho las bahías
el boreal y antártico pasea;
por abismos de espuma tú le guías.
[...]


Elegía del niño marinero
Marinerito delgado,
Luis Gonzaga de la mar,
qué fresco era tu pescado,
acabado de pescar!

Te fuiste, marinerito,
en una noche lunada,
tan alegre, tan bonito,
cantando, a la mar salada!

Qué humilde estaba la mar!
¡El cómo la gobernaba!
Tan dulce era su cantar,
que el aire se enajenaba.

Cinco delfines remeros
su barca le cortejaban.
Dos ángeles marineros,
invisibles, la guiaban.

Tendió las redes, ¡qué pena!,
por sobre la mar helada.
Y pescó la luna llena,
sola, en su red plateada.

¡Qué negra quedó la mar!
¡La noche qué desolada!
Derribado su cantar,
la barca fue derribada.

Flotadora va en el viento
la sonrisa amortajada
de su rostro. ¡Qué lamento
el de la noche cerrada!

¡ Ay mi niño marinero,
tan morenito y galán,
tan guapo y tan pinturero,
más puro y bueno que el pan!

¿Qué harás, pescador de oro,
allá en los valles salados
del mar? ¿Hallaste el tesoro
secreto de los pescados?

¡Deja, niño, el salinar
del fondo, y súbeme el cielo
de los peces, y, en tu anzuelo,
mi hortelanita del mar!


Hay momentos de pasar día tras día
lugares de nunca llegar.
Hay lugares de estar tranquila,
lugares de no ser nadie
y huir,
ser una pierna en el aire
y perderse en ningún lugar.
Hay lugares de sí,
momentos de dudar,
de esperar el momento;
hay lugares de no,
que hoy no,
que no volveré
ni un día más.
Hay momentos de volver
y no encontrarse con nada
de agobiarse,
momentos sin rumbo,
Hay lugares de presentimiento,
de miedo hueco
siempre es el miedo
un lobo que aúlla cerca.
Hay momentos de partir,
quedarse a solas,
lugares sin mí,
que siempre serán sin mí
Hay lugares que no querré llegar,
momentos dolorosos
sin entender nada.
Hay momentos de contar
los pasos hasta el vacío
caída libre.
Hay momentos donde nada
lleva a ningún sitio,
mecer en la ausencia,
momentos de pies en alto,
cabeza suelta y nada;
momentos de nada
de más allá: nada.
Pero hay momentos incomparables,
que llegan sin esperarlos
el mar en el alma,
la arena quieta
momentos de sólo respirar
tomar el aire
creerse alguien.
Sonreír.
Hay momentos... palabras,
palabras bálsamo,
sonrisas bálsamo,
miradas bálsamo,
complicidades, certezas.


Yo me sé pasajera de tu barco sin rumbo. Tú te sabes huracán de mi calma y mi noche.


Me retiro ya. Volveré para hallar una sonrisa en la gota sutil que se rezuma de las porosas piedras, en la bruma, en el sol, en el cielo y en la brisa. Alzaré una nueva vela contra el viento. ¡Hay tantos mares que surcar! Cada naufragio exige un nuevo intento. El mar tiene infinitas rutas.

Lunes, 8 de diciembre.

Xavier Perarnau, siempre tan certero, me propone ésta maravilla que no puede faltar en este homenaje al mar. Gracias, Xavier.

jueves, 17 de julio de 2014

Ha muerto Lorin Maazel, la batuta perfecta

"Quiero infundir la música con una nueva pasión para restaurar lo que el hombre destruye"


Recordar los Conciertos de Año Nuevo, el evento más popular de la música clásica, para mí es hablar de Lorin Maazel. Esta maravillosa manera de empezar el nuevo año, si era dirigida por él siempre supuso todo un acontecimiento en casa. Con su gesto ligeramente desganado, llegaba, dirigía y vencía. Vencía ante el público de la Opera de Viena, ante la potencial audiencia de 1000 millones de personas de 60 países, ante mi familia, ante el corazón de aquella jovencita que, enganchada a la pantalla del televisor, le vio dirigir el 1 de enero de 1980 por primera vez. 

Creo que se me nota que estoy de vacaciones y un poco desconectada del mundo. O quizás es que las únicas noticias que me mantienen alerta son las del genocidio palestino. El caso es que hasta ayer no supe que se acababa de apagar la vida del gran maestro.

¿Os dais cuenta? El mes de julio ha sido nefasto para el mundo de la música clásica. El mismo día, exactamente 10 años antes, el 13 de julio de 2004, murió Carlos Kleiber. Y un 16 de julio, hace 25 años, el mundo perdió a Herbert von Karajan, "el Grande".

Fue un maestro, Maazel, aunque hay quien dice que insufrible. En sus 70 años de carrera estuvo al frente de unas 150 orquestas en más de 5.000 óperas y conciertos. Además grabó unos 300 discos de música clásica y compuso decenas de obras e incluso algunas óperas. Era una personalidad de humor cambiante, de gesto extraordinariamente claro y preciso, optimista, autoritario y sugestivo, tan práctico de cara a los músicos que dirigía como brillante para el público. Persuasivo, para unos y otros, su estilo, de gran teatralidad y pródigo en la utilización de recursos gestuales, fue fiel expresión de su concepción emotiva y apasionada de la música. Aunque fue tildado de excesivo y efectista por ciertos sectores de la crítica en sus interpretaciones reflejaba su elevada sensibilidad y perfecto dominio de la técnica. Sobre su forma de dirigir él decía en una entrevista en el suplemento "El Cultural" del diario "El Mundo", en mayo de 2001:

"El mérito del director viene de saber escuchar. Si en el oído está el sonido justo, el gesto se encuentra y van apareciendo todos los matices (...) ¿Cómo se puede controlar lo que sucede durante una interpretación si no está todo en la cabeza? Si estás pendiente de pasar las páginas de la partitura es inevitable perder concentración y contacto con la auténtica música. En muy contadas ocasiones utilizo la partitura. Sólo cuando no ha habido tiempo material porque es nueva o bien porque es una mera lectura. Como director, intento ser muy práctico. Me esfuerzo en memorizar con rapidez pero sólo porque es la única manera de liberarme de las notas para construir la música de verdad".

Como os decía antes, ese 1 de enero de 1980 fue su primer Concierto de Año Nuevo en el que Lorin Maazel substituyó a Willi Boskovsky, quien se había retirado después de dirigirlo sin interrupción durante 25 ediciones (1955 a 1979, ambas inclusive).Desde entonces yo, mi familia, el mundo entero pudimos deleitarnos con su dirección en 11 ocasiones (1980, 1981, 1982, 1983, 1984, 1985, 1986, 1994, 1996, 1999, 2005). Su condición de matemático daba pie a un sonido redondo y compacto aplaudido por crítica y público. 


Maazel presumía de no ponerse nunca nervioso ante un  concierto. “Sentirse nervioso es una señal de egoísmo y yo siempre trato de evitar cualquier acción egoísta”

Por otra parte, Maazel era conocido por ser un matemático excelente, capaz de demostrar, como Pitágoras, que la música y las ciencias exactas tenían muchos puntos en común. O la filosofía, disciplina en la que, como las matemáticas, se formó Maazel en la Universidad de Pittsburgh. Esta condición hizo de él un hombre de gran formación cultural, políglota e interesado por todos los campos del saber.


Pocas batutas tan idóneas como la de Maazel para otorgar toda la dimensión y el brillo a cualquier pentagrama, para sondear en los meandros líricos de cualquier obra dramática o sinfónica. Dibujaba la música en el aire como nadie a base de sutiles movimientos de muñeca, de un revoloteo elegante de ambas manos, con una izquierda prodigiosa, que regulaba dinámicas y moldeaba frases. La batuta era clara y poseía una apolínea manera de dividir y subdividir compases, de penetrar en todas las estructuras del pentagrama, que resultaba de esta manera, prácticamente sólo con el gesto, estupendamente explicado.


"Creo que mi mayor aportación ha consistido en el fraseo, en la precisión, en la pasión y en el buen gusto” “Me gusta la excelencia y he intentado destacar como violinista, compositor y director”, “Siempre que tenga éxito en el logro de un alto nivel en cada uno de estos campos, que por desgracia no son tan a menudo como me gustaría, me siento muy satisfecho", puntualizaba el polifacético maestro con un cierto sentido corporativo y patrimonial.

Desde muy joven tuvo una gran debilidad por Ravel, "un hombre de una delicadeza que me llega al alma; admiro su increíble habilidad para decir mucho con muy poco": 


 Maazel también era hincha del futbol, y en especial del Bayern Munich, para quien colaboró en la grabación de algunas versiones de su himno.


El primer director americano y el más joven que había bajado al foso de Bayreuth en 1960, el que más conciertos vieneses de Año Nuevo ha dirigido tras Boskovsky, nada menos que once, posiblemente sólo le falló una cosa, la titularidad de la Filarmónica de Berlín, para desgracia de los berlineses y de todos nosotros



Nos ha dejado, pues, una batuta prodigiosa, una fuertísima personalidad de la música, uno de los directores de orquesta más carismáticos del mundo, alguien que había que ver para creer. Con su muerte, Maazel entra de lleno en el terreno de la leyenda. Aunque, reconozcámoslo, hacía años que ya era una leyenda viva.

miércoles, 13 de abril de 2011

El Himno a la Alegría

Pocas veces en la historia de la música se ha dado el caso de que una melodía sea reconocida en cualquier parte del mundo y encarne tantos valores e ideales como pasa con este tema. Y es tan de todos que admite variaciones interpretativas, cambios de ropaje que añaden brillantez, riqueza a la partitura original y que, en la recreación de la herencia europea rinden homenaje a una historia, pensamiento y valores comunes. Por eso esta pieza maestra de la música clásica, como otras tantas, ha sido reversionada varias veces, cantada en distintos idiomas y, por qué no, con distintos instrumentos (incluidos los más extraños).

Sin embargo, para mí, la versión que más hace honor a su nombre es ésta de Miguel Ríos.  Este portento de cantante, de voz, de persona, fue en 1969 número 1 en España con esta canción. No hay más que oírla en la voz del granadino en su gira “El Rock de una noche de verano” el 6 de septiembre de 1983 en los Jardines de Montjuïc de Barcelona, ante más de 150.000 personas, para sentir que verdaderamente es un canto a la alegría, a la esperanza, a la solidaridad, a la superación. Y Miguel consigue inyectar esa energía, esa esperanza, esa alegría a quien lo escucha (aunque Europa, y cada uno de nosotros, individualmente, hace tiempo que nos hemos rendido)

He escogido este video porque yo estuve allí… subida a los hombros de Jesús. Inolvidable.


Aunque estoy segura que de casi todo el mundo es sabido que "El Himno a la Alegría" pertenece al coro final de la  “Novena Sinfonía”  compuesta por Ludwig van Beethovenel sordo más famoso de la historia de la música, al salir de una tremenda depresión, quizás tendría que explicar que La Oda a la Alegría (An die Freude) nace en 1785 como poema escrito por el poeta, historiador, filósofo y dramaturgo alemán Friedrich Von Schiller .
Sin embargo, el genio de Beethoven terminó eclipsando la figura del poeta y convirtiendo este movimiento de la  "Novena Sinfonía" en algo que rompió las fronteras físicas y temporales hasta nuestros días.



Unos pocos años después del éxito de Miguel Ríos, en 1972, el Consejo de Europaorganismo internacional bajo el que se agrupan casi todos los estados europeos, pide al famoso director austriaco Herbert Von Karajan unos arreglos para piano, viento y orquesta sinfónica. Así, el 19 de Mayo de 1985, la Unión Europea adopta la versión de Karajan como Himno de la Unión Europea convirtiéndola en patrimonio de todos los europeos.


La web de la UE dice que El Himno a la Alegría "no pretende reemplazar los himnos nacionales de los Estados miembros sino celebrar los valores que todos ellos comparten y su unidad en la diversidad”

Como versión moderna (si Beethoven levantara la cabeza...) me quedo con esta magistral interpretación instrumental del grupo estadounidense Odin´s Court.


Para acabar, un par de curiosidades divertidas: tocada con campanas y los por los teleñecos.

domingo, 6 de marzo de 2011

¡Gracias!

Hoy quiero empezar agradeciendo las visitas y comentarios a este blog. Hace un mes que me metí en esta aventura que ha ido creciendo, tomando forma cada día, a sorbitos, para poder paladearla. Mi sentimiento de satisfacción es enorme. 

Jesús, que es aficionado a mirar las estadísticas de las visitas como aquel que ve a un hijo crecer, me sorprende con cifras que para mí son estratosféricas. Más de 1200 visitas en un mes, sin contar las nuestras, desde países muy dispares: España (1.038), Estados Unidos (68), Argentina (19), Marruecos (10), Emiratos Árabes (5), Vietnam (5), Reino Unido (4), Canadá (3), China (3), Colombia (3), Francia (3) Singapur (3), Rusia (3), Australia (2), Paraguay (2)

Aunque sé que la casualidad y las palabras de búsqueda que se ponen en el Google muchas veces son las que te hacen entrar en blogs como el mío, hay momentos en los que me sorprendo intentando imaginar cómo alguien desde Singapur o desde Australia o desde los Emiratos Árabes ha podido acabar aterrizando en este espacio. Es curiosa la vida ¿verdad?.

Así es imposible que no vayan en aumento mis ganas de seguir aportando más y más temas, algunos conocidos, otros no tanto pero que son verdaderas joyas que se han cruzado en mi camino y que, fuera del las leyes del mercado, son piezas de culto que vale la pena conocer, al menos desde mi perspectiva. 


Pero tengo de deciros que me encantaría que este rincón nocturno fuera, también,  un lugar de intercambio no sólo de opiniones, comentarios  y "buen rollo" sino de canciones, piezas musicales u otras versiones de lo que aquí se encuentra, que quisierais compartir conmigo, con todos los que se pasan por aquí, para enriquecernos juntos en red. Un buen ejemplo son las sugerencias de Silvestre en uno de los primeros post, o la de ayer de Jesús aportando otra versión a Manha de Carnaval. Tal y como comenté, eso es lo verdaderamente enriquecedor. Y juntos podríamos ir haciendo de la palabra COMPARTIR algo con mucho más sentido. ¡Bah! ¡Animaros! Ahí queda dicho.

Si inauguré este blog con mi querido Chopin  esta noche voy a celebrar su primer mes de vida con el grande entre los grandes, el compositor Ludwig van Beethoven 

Sobre el tema que podréis escuchar, la Sonata para piano nº14 en Do# menor “Quasi una fantasía”, popularmente conocida como "Claro de Luna", circula una leyenda que, si bien ha sido desacreditada por muchos, ya es parte de su historia.

Un Beethoven cada vez más sordo, amargado y solitario se encuentra con una chica ciega que ante su abatimiento le dice: “Yo lo daría todo por ver una noche de luna llena”. Y el compositor, desde su profunda tristeza, tradujo, a través de la melodía, la belleza del cielo plateado en una noche bañada por los claros de luna, para aquella joven que no podía ver.
El resultado fue una de las piezas musicales más bellas de la humanidad.

Pero la verdad es que la sonata fue compuesta en 1801 y que se la dedicó a la condesa Giulietta Guicciardi, su alumna, de 17 años, de quien se decía que estaba enamorado.
Fue años más tarde, después de la muerte del compositor, que se le empezó a denominar “Claro de Luna”, cuando el poeta y crítico musical alemán Ludwig Rellstab comparó el primer movimiento de la pieza con el claro de luna del Lago de Lucerna, popularizando, asi, el sobrenombre.

Os dejo con ella.