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viernes, 14 de marzo de 2025

Philip Glass: el genio incomprendido

Mucho más que un minimalista

He de reconocerlo: A mí no me gustaba nada, pero nada, Philip Glass. Durante mucho tiempo fui refractaria a este portento de la música. Sin embargo, hace mucho que cuando lo escucho me quedo colgada de su reiteración, de su sensibilidad, de la huella que ha dejado y me pregunto el porqué de aquella cerrazón por mi parte.

Foto: The Creative Independet

Glass, escuchado a estas horas es un poco como yo, una música recogida sobre sí misma, ensimismada en repeticiones (como los sonsonetes de la vida cotidiana) que se van rompiendo con enorme sutileza, engranándose con otros. Os invito a entrar en ella, como en una cueva, a descubrir cada rincón. Al final, acabaréis saliendo a la luz, como me pasó a mí, o quizás os quedaréis colgados del precipicio. Pero tranquilos; os acabará recogiendo con mucha suavidad. Su efecto balsámico está asegurado.

Todo empezó en 1961 cuando el entonces joven estudiante de la Juilliard School, quedó profundamente impresionado por la obra de Le Monte Young, el primer compositor reconocido como minimalista. Glass no podía imaginar que, junto con Young, Steve Reich y Terry Riley, pasaría a la historia como uno de los cuatro padres fundadores del minimalismo. Cuando en 1966 viaja al norte de la India, las composiciones de Bach y de Beethoven que había aprendido, las cambió  por piezas austeras basadas en ritmos aditivos, propios de la música india y experimental. Escuchemos su el segundo movimiento de su Concierto para violín, una obra maestra tristemente subestimada que une los mundos de la tradición clásica y la vanguardia.

La decisión de romper con lo que había aprendido puso a prueba su pasión por la música porque, debido a una difícil situación económica en la década del 70, tuvo que trabajar como taxista y reparar electrodomésticos mientras componía. Eran melodías repetitivas y complicadas que para él sustentaban un cambio y que lo enfrentaron a un público que parecía no comprenderlo. Tiempo después, en una entrevista, recordó con humor: “Cuando alguien del público se quedaba hasta el final de la presentación, lo invitaba a comer”. Cincuenta años después, el estilo de Glass es tan reconocido, ampliamente interpretado e imitado que es fácil olvidar que una vez se hizo un nombre en el mundo comparativamente esotérico de la ópera contemporánea para convertirse en compositor a tiempo completo. Lo consiguió con “Einstein on the Beach” (1976).

Pero la  verdadrera fama internacional le llegó con la película experimental Koyaanisqatsi dirigida por Godfrey Reggio y producida por Francis Ford Coppola, en 1983. La simplicidad y la armonía consonante de esta obra, lo ubicaron, definitivamente, dentro del movimiento minimalista. 

Desde entonces, ha compuesto unas veinte óperas, ocho sinfonías y numerosos conciertos. “La ópera siempre fue la forma de arte popular de su época”, dice Glass, “así que simplemente he ido pasando de una forma de arte popular a otra”. Aunque si por algo le conoce el gran público, es por sus bandas sonoras para películas como El Show de Truman , Diario de un Escándalo Las Horas, entre otras. 

No vamos a negar ahora que sus composiciones fueron a menudo radicales. Tomemos como ejemplo sus primeros experimentos, como Strung Out (1967): escrita para violín solo amplificado e interpretada a partir de un manuscrito colgado en la pared. La obra cumplía con su función original: desentonaba.

En sus piezas de finales de la década de 1960, como Música en Quintas (1969) Glass, elimina todos los indicadores tradicionales, como el tono o el ritmo, que nos acostumbran a guiar a través de una pieza de música clásica. Estilo Glass en estado puro.

No quiero olvidar en este pequeño repaso a la vida y obra del compositor estadounidense su amor por el instrumento de cuerda más “humano”: el violonchelo, instrumento para el que ha escrito algunas de sus mejores composiciones de la última década. El amor de Glass por el chelo se remonta a su juventud, cuando trabajaba en la tienda de discos de su padre y empezó a escuchar las “Suites para violonchelo solo de Bach”. Pero fue su romance personal con la violonchelista Wendy Sutter lo que le inspiró a componer la Partita n.º 1, Songs and Poems (2007)

Empezamos esta entrada con una composición para piano y acabaremos igual con la Sonata Trilogía, transcripciones de la trilogía de óperas-retrato de Philip Glass: “Einstein en la Playa”, “Satyagraha” (1980) y “Akhnaten” (1984). La belleza de la Trilogy Sonata II. Satyagraha es indiscutible.

La versatilidad de Philip Glass ha quedado probada a lo largo de su vida profesional en la cual el único proyecto que no tendría cabida es el de retirarse de la música. Nada más, por esta noche. Es poco discutible que el mundo es un lugar peor con Trump, que está sembrando el caos: con aranceles, modificando mapas, compadreando con Putin, amparando la limpieza étnica en Palestina, debilitando o destruyendo desde dentro los organismos multilaterales y buscando operar en la geopolítica sin cortapisas. Es poco discutible que la ola reaccionaria va más allá de Estados Unidos, que el bolsillo y las banderas quieren poner todo patas arriba en su propio beneficio. Los fanáticos alimentan la tensión y la utilizan para crecer. Cuando Europa ha despertado, el dinosaurio seguía ahí. Por eso debemos de seguir buscando la belleza porque es la única protesta que vale la pena en este asqueroso mundo. 




domingo, 14 de mayo de 2017

Nino Rota: El Padrino

La banda sonora de la mafia

Violencia. ¿Cómo suena la violencia? ¿Cuál es la música de la violencia? “Asociamos la violencia con sonidos que se sacuden bruscamente y que restallan con espasmos que nos sorprenden, que nos asustan; estallidos fuera de control que sirven de prolongación de una conducta trastornada” nos dice Pablo Gil en elmundo.esAsí era hasta que llegó  El Padrino” (“The Godfather”) sin duda uno de los grandes títulos que han marcado la historia del cine. Se ha argumentado muchas veces que ninguna película ha tenido tanto impacto en el cine como este film de Francis Ford Coppola. Estrenado en1972, no sólo definió todo el género subsiguiente de películas relacionadas con la mafia, sino que sigue siendo una exhibición realmente memorable de cómo contar historias dramáticas en su forma más convincente. La adaptación de la novela más vendida y polémica de Mario Puzo, realizada por Coppola y el propio autor, encapsulaba tantas cosas que justificaba cada minuto de sus casi tres horas de duración, dejando espacio suficiente para la que sería la trama más larga de la segunda película de una memorable trilogía, para expandirse aún más sobre los mismos personajes. Mientras que la mayoría de las películas utilizan, intencionalmente o no, estereotipos en la definición de sus caracteres, Puzo y Coppola inventaron un reino entero de nuevos estereotipos en El Padrino.


La obra maestra de Francis Ford Coppola, pues, siempre será recordada por sus representaciones icónicas, su agarre y su pionera cinematografía. Pero no hay que olvidar el papel imprescindible de su banda sonora, compuesta por el prolífico Nino Rota. No es muy conocido por el público que el estudio quería que fuera Henry Mancini el compositor de la banda sonora, incluso uno de los productores había llegado ya a un preacuerdo con él. Pero Coppola tenía otra idea. Admiraba a Rota por sus trabajos junto a Fellini y Visconti. "El Padrino", más que una historia sobre la mafia, contaba la desintegración de una familia, es decir, prácticamente el mismo tema de “El Gatopardo” de Visconti cuya música había compuesto unos años antes el propio Nino Rota. Así, a comienzos de 1972, Coppola viajó a Roma con la película bajo el brazo para que el viejo maestro pusiese la música.

Coppola acertó de pleno ya que Rota consiguió componer una música que no solo refuerza la historia sino que forma parte de ella. Todos los buenos aficionados al cine la hemos tarareado en más de una ocasión y canturrear sus notas significa evocar inmediatamente a la familia Corleone y lo que les acontece: los turbios negocios de la mafia, sus ajustes de cuenta, la venganza, el asesinato. Y, sin embargo, todo eso llega envuelto en lentas, armoniosas y bellas melodía, temas que se adaptan perfectamente a la emoción y la estética de la película, y que han definido lo que pensamos que es la música de la mafia. El mismo Rota apuntó en una entrevista que el encargo de Coppola fue muy claro, que le dio indicaciones bastante precisas de cómo imaginaba el sonido de esta familia encadenada a la fatalidad: nada de música “de gángsters”, policiaca o similares. La petición que le fue hecha contenía una palabra clave que Rota no solamente interiorizó sino que defendió magistralmente: meridional. Y es que probablemente el compositor no fue solo elegido por su gran prestigio internacional por su trabajo con Federico Fellini, si no por el interés en reflejar de la manera más realista posible la herencia italiana en Estados Unidos. Qué mejor para ello que llamar a un compositor italiano que permitiese reflejar esa tradición y tono. El resultado es que su tema principal y su tema de amor son dos de esas piezas de la música de cine que tenemos ya grabadas en la mente cuando escuchamos sus primeros compases.

Tres temas principales abordan directamente los tres elementos emocionales de la trama, cada uno sobre un motivo que representa un personaje o una emoción: tradición, amor y miedo, que se repiten y desarrollan a lo largo de la película.

El tema central es un vals, El vals del Padrino, de tono triste que da vueltas y vueltas a su ritmo de tres por cuatro, representando la espiral inacabable de violencia en la que están envueltos los Corleone. Coppola quería un vals para acompañar la personalidad del padrino y su familia: alguien que mata, y mata, y... El tema se repite a lo largo de la película, siempre que hay un tiroteo, una muerte o alguien resulta herido, en clara identificación del sello de identidad de la familia, sonando a veces melancólico, triste y elegíaco, otras veces dulce y romántico o incluso siniestro. Sin embargo, este no es el tema de Vito Corleone (un fascinante e impresionante Marlon Brando), sino de los ideales que encarna, la tradición, el honor, la fuerza. Aunque los actos terribles se llevan a cabo en su nombre, el Vito Corleone que vemos es más suave, bailando con su hija el día de su boda, jugando al escondite y al ratón con su nieto. No es la violencia lo que lo motiva sino el honor y el respeto a la tradición y la vieja manera de hacer las cosas.


Más allá de recomendar encarecidamente la audición de este nostálgico y efectista, brillante y, ante todo, inspirado Godfather Waltz (Corleone’s Waltz, en la partitura de Rota) quisiera destacar cómo Rota matiza esta primera composición con un segundo tema que adquirirá a lo largo de las tres entregas un creciente protagonismo hasta centrar, en la tercera parte, un momento álgido en lo que a emotividad se refiere: el The Godfather Love Theme, interpretado por el joven tenor Anthony Vito Corleone, con el único acompañamiento de la guitarra.


Esta canción de amor aparece en relación a Michael y Apollonia. Hasta entonces, la melancolía suena como una extensión de ese destino sanguinario. Con Love Theme se impone lo que hasta ahora parece un matiz: la nostalgia. El uso de instrumentos tradicionales, inusuales en el entorno de la banda sonora orquestal como acordeón, trompeta y mandolina nos remiten a los orígenes, a una Sicilia idealizada, ya demasiado lejana: inalcanzable. Michael intenta regresar a ella, ser parte de ella, como un sueño romántico, pero su fracaso es despiadado. Una vez más, no hay vuelta atrás. Y la música nos lo está diciendo.

Para este tema, Nino Rota recicló una vieja melodía que había compuesto en el año 1958 para la película italiana “Fortunella”. Ganó el Globo de Oro a la mejor canción de película y fue nominado en la misma categoría al Oscar, al igual que toda la banda sonora  pero, finalmente, fue descalificado cuando se supo que pertenecía a una obra anterior. Dos años después Nino Rota y Carmine Coppola, el padre del director,  pudieron resarcirse ganando la estatuilla con la banda sonora de “El Padrino II”. 

En Los pasillos del miedo aparece en la tensa escena del hospital, donde el pensamiento rápido de Michael salva la vida de su padre y acaba captado para la causa, algo de lo que siempre había huido. La música, la edición, los largos pasillos, todo es rígido, todo es tan inquietante, casi como una película de terror. A principios de la escena oímos una nota alta, sostenida en las cuerdas, superpuesta con un poco de tensión, palpitantes acordes del piano. Cuando Michael se da cuenta de que los guardias y el personal del hospital han abandonado sus puestos, empieza una búsqueda frenética de su padre. Aquí el tema hace su entrada, una trompeta triste, jugando una serie de figuraciones descendentes que imitan a la espera de la caída de Michael. Lo que subraya este punto es el ritmo del tambor solemne tocando el ritmo de una marcha de la muerte. Los tambores siguen, con temblorosa cuerdas graves, cuando Michael localiza su padre y hace los preparativos para trasladarlo a un lugar seguro.


Rota resume brillantemente las tres ideas, tradición, amor y miedo, en The Godfather finale, entregándolas a secciones orquestales que no estaban presentes en sus versiones anteriores y añadiendo el coro para un valor de impacto obvio.


Llegamos al final, por hoy. Llevaba muchos días lejos de mi refugio musical. La vida no me da cuartel. Solo me queda deciros que me encanta la música de Rota porque está hecha por un verdadero artesano. Rota estaba abierto a todo. Estudió música medieval y barroca, amó a Satie y a los compositores rusos, estaba fascinado por lo que llamamos música del mundo, y usó los sonidos electrónicos de una manera fascinante. Fascinante, como lo es la banda sonora de esta inconmensurable película.

Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. 굿나잇. Boas noites. 晚安 グッドナイト    Buonanotte. לילה טוב

Fuentes
http://www.efeeme.com/las-grandes-b-s-o-el-padrino-musica-de-nino-rota/ 
http://cineultramundo.blogspot.com.es/2012/08/critica-de-el-padrino-francis-ford.html
http://orfeoed.com/melomano/2013/articulos/curiosidades/musica-de-cine/el-padrino/ 

jueves, 26 de diciembre de 2013

Ennio Morricone

La música de cine se llama Morricone

      Que la banda sonora es una parte esencial de la atmósfera de un film estuvo claro desde los primeros pasos de la cinematografía, cuando el cine mudo no era exactamente mudo y las latas de las cintas iban acompañadas de una lista de partituras. 

      Desde entonces, la música en el cine se ha convertido en un “actor” más: Establece un tono y funciona como guía de lo que debemos sentir en cada momento. Nos manipula, es cierto. Pero también nos ayuda a saber qué puede ocurrir. La banda sonora de una película puede provocar desasosiego en el espectador con la intención de hacerle sentirse  tan desconcertado como un protagonista. También es capaz de elevar en grandilocuencia y dramatismo cualquier escena en cualquier tipo de historias. O puede acabar resultando la única arma para sobresaltar al espectador en una mala película de terror.

      Pero la banda sonora no sólo funciona como conductora de emociones. Su relevancia como herramienta narrativa dentro de las películas se aprecia de nuevo desde los comienzos del cine, donde no sólo subrayaban las emociones que los actores trataban de comunicar con sus exageradas muecas, sino que se empleaban para llamar la atención del espectador y poner énfasis sobre ciertos elementos esenciales de la historia. La música en el cine es, pues, una explicación paralela, a veces opuesta, que bien complementa o bien mejora (nunca debe empeorar) lo que se explica en guion y en imágenes. Y como la música siempre gana, porque nunca es cuestionada, aquello que explique el compositor es aquello que el espectador recibe. 


      Grandes compositores hay muchos, pero parece que siempre que tropiezo con una banda sonora que me gusta está detrás Ennio Morricone. Siento debilidad por él, lo confieso.  Por todo Morricone; porque hay muchos Morricones en Morricone, lo que da fe de su polivalencia y el inmenso interés de su obra: está el vinculado al cine social izquierdista, el de su inquebrantable lealtad a un buen puñado de directores.  Ha trabajado con directores tan diversos como Sergio Leone, Roman Polanski, Giuseppe Tornatore, Brian de Palma, Quentin Tarantino, Bernardo Bertolucci, Oliver Stone o Pedro Almodóvar. Está el Morricone comercial y el artesano, que abarca desde las melodías más sencillas hasta los ejercicios de estilo más atrevidos, que distingue aquello que la gente quiere escuchar y aquello que realmente le gusta componer (por lo general, poco asequible a oídos generales, pero fascinante). 

      Y está el Morricone de los géneros: el romántico, el dramático, el terror, el policíaco o el erótico, en los que imprimió una huella tan reconocible como imitada (el llamado “sonido Morricone”). Pero, claro, está el Morricone de los westerns de Sergio Leone (y los que no son de Leone). Y en este punto habría que remarcar que nadie llevó tan lejos la música para el género, y que por la exquisitez de su aportación merece ser considerado el mejor compositor que jamás haya trabajado en el mismo. 

      Cuando Sergio Leone cuenta con su buen amigo Ennio para componer la música de la llamada "Trilogía del dólar", el  spaghetti western obtiene un inesperado éxito. La estrecha colaboración entre ambos genios de la industria del cine continuaría siempre, haciendo más grandes las películas de este gran director. La soledad del desierto no se entiende sin la harmónica, el cabalgar de los caballos no es lo mismo sin la rítmica percusión ni los tensos y dramáticos duelos no se entienden sin las voces, los silbidos o las trompetas.

      Nadie ha abierto tanto el objetivo de la cámara (musical) como él, nadie ha multiplicado tantas posibilidades expresivas y narrativas en el cine. No quiero afirmar que sea el mejor compositor de cine de la Historia, porque atribuir esa corona en un reino con tantos reyes es casi insultante, pero sí desde luego es uno de los cineastas más fundamentales de este medio. ¡Y sigue vivo y productivo! manteniendo intacta su increíble vitalidad. No es nada fácil hacer un resumen de una carrera tan prolífica. Para detallar su obra y su importancia necesitaría un espacio inabordable, así que iré despiezando lo que más me gusta de él. Espero que la selección que he hecho sea de vuestro agrado.



      En los dos años consecutivos se estrenarían los dos títulos restantes de la trilogía :“La muerte tenía un precio” y “El bueno, el feo y el malo”.

      
No quiero dejar de lado el western sin antes hablar de una de sus mayores características y aportaciones. Morricone ideó una fórmula que aplicaría varias veces en los créditos iniciales (misma fórmula, distinta música) y que consiste en un símil de la Creación: se inicia con sonoridades rudas y primitivas (la música de la Tierra silvestre), prosigue incorporando percusiones y otros instrumentos convencionales y voces (el origen de la vida) y acaba con la orquesta en su máximo rendimiento (la aparición del hombre). Es entonces cuando comienzan las historias. Por ello, la lógica impuso que los instrumentos fueran lo menos convencionales posibles y, a la vez, con las sonoridades más primarias: látigos, golpes de yunque, guitarras tocadas en sus registros graves, campanas, aullidos, gritos, harmónica… todo lo que evocara la idea del origen del hombre. Lo contrastaba con la intervención de la voz soprano de su inseparable Edda Dell’Orso y el resultado, entonces, era perfecto. Aquí tenéis plasmada clarísimamente esta fórmula de Morricone.


      El más famoso de entre los compositores que trabajan en el cine, sin embargo, y esto es muy curioso, tiene una ingente obra que es, a pesar de lo que se pueda creer, muy poco conocida. Exceptuando los westerns y filmes como “La Misión” o “Cinema Paradiso”, que le han dado mucha fama, el grueso de su creación, más de 500 títulos en cine y televisión, es muy desconocida.

La misión (1986)
      Con su ritmo sosegado en unos momentos y desasosegante en otros Morricone, sin alzar la voz, consigue comunicar todo tipo de sensaciones. La inolvidable partitura integra, casi milagrosamente, los sonidos del folclore indígena en una música de naturaleza mística y profundamente evocadora. Banda sonora que no necesita imágenes para llegar a lo más hondo del ser humano. Inexplicablemente no consiguió el Oscar a la mejor banda sonora (nunca lo consiguió). No sé dónde tenían puestos los sentidos los entendidos de Hollywood.

      Dulzura, humanidad, belleza. Unas cualidades que van inherentes al título de Giuseppe Tornatore y su música. Otro de esos ejemplos en los que no se comprende la película sin su banda sonora; las notas no sólo acompañan sino que forman parte de la nostalgia, la melancolía y todo ese abanico emocional de la historia de Alfredo y Salvatore.


      Difícil dejar de lado películas como “El Juego de Ripley”  o “Érase una vez América”

    Ripley’s game, (El juego de Ripley) del 2002 está basada en la novela “El amigo americano” de Patricia Highsmith y cuenta con una banda sonora de regusto minimalista con la que nos vemos envueltos por la tensión creciente de la acción. El clavicémbalo con piezas de Bach y de Scarlatti, ahonda aún más en esta sensación. La película me cautivó. Viendo al protagonista caminar por esa casa monstruosamente grande, monstruoso vacío nocturno, guiados por la música de Morricone, se puede llegar a sentir la soledad y el aislamiento que rezuma este hombre, una soledad que su propio cinismo convertido en forma de vida no le permite reconocer.  La alternancia de minimalismo y música lírica agrega dimensión al misterio. Inquietante el piano desafinado del final. He buscado insistentemente la pieza número 3 del que acabó siendo el disco de la banda sonora, Louise, pero no lo he encontrado. Lástima, porque me encanta.


      “Érase una vez América” dirigida por Sergio Leone en 1984. Para algunos entendidos esta película está considerada como la obra maestra de este director. Una vez más, esos grandes amigos que fueron Leone y Morricone, consiguieron una nueva pepita de oro para el cine.


      Mi admirado compositor de bandas sonoras cumplió en noviembre 85 años. El 7 de diciembre se hizo oficial el Premio Europeo de Cine a la Mejor Banda Sonora por su composición para “La mejor oferta” (2013), la última película que se ha estrenado bajo su batuta. Éste es un Morricone íntimo, cerrado, por momentos críptico, que busca encontrar a través de su música la esencia de la obsesión, de la inseguridad, y lo hace con una música que en términos globales es quebrada, inestable, rota, lo que ayuda mucho a recrear el pesar psicológico del protagonista. Hay un fuerte contraste con su bello y austero tema principal, lírico pero también afligido, y es ese tono dolorido, en momentos desesperado, lo más destacado de esta singular y no fácil creación.


      Pero el Morricone que más me atrae, que más me cautiva, que más me apasiona es el cineasta y compositor comprometido.  Bernardo Bertolucci ya dijo en su momento que “Morricone es el autor de varios de los Himnos nacionales de Italia”, por el inmenso poder e influencia que ha tenido su música dentro y fuera del cine, en los ambientes populares y también los intelectuales. Su vinculación al cine social izquierdista de su país, en filmes de Gillo Pontecorvo, Elio Petri, Giuliano Montaldo o el propio Bertolucci, hicieron de su música toda una declaración de compromiso político e intelectual, y su lealtad a estos directores fue férrea. En una entrevista de la revista Fotogramas, en diciembre de 1999, declaraba:

      “Soy de izquierdas, pero no comunista. Me impliqué en aquellos filmes porque mis amigos los dirigieron, pero también porque lo que se contaba era muy importante. Me alegra saber que con mi música llegaron a más gente”.

      Y esa es, precisamente, una de las claves de su éxito: la repercusión de su música ayudó mucho a popularizar esos filmes: “La batalla de Argel” (1966), “Queimada” (1969), “Sacco y Vanzetti” (1970), “La clase obrera irá al Paraíso” (1971), “Allonsanfan” (1974), “Novecento” (1976) o “El prado” (1979) son solo algunos de esos títulos en los que no se limitó a poner música, sino que hizo de ella un compromiso ideológico que ayudó, porque la buena música tiene ese poder, a implicar emocionalmente a los espectadores. A implicarnos a muchos de nosotros aún más.

      En el caso de “Baarìa”, Morricone recupera una imponente marcha siciliana que había escrito para “Allonsanfan”, en la que condensa el orgullo y el poderío de un pueblo sufriente. Junto a esta, maravillosos temas dramáticos y líricos encabezados por un hermoso tema dulce, evocador y delicado, que lleva bien impresa la firma de su legendario autor y que aporta una gran profundidad emocional. Otros temas de similar línea se combinan con músicas contundentes y dan como resultado una nueva creación ejemplar del eterno romano.

     
 Italia le debe mucho a Ennio Morricone. El Séptimo Arte, muchísimo más. Escuchad el maravilloso himno de “Novecento”. El extenso fresco humano y político de Bernardo Bertolucci está enmarcado en esta apasionada y sincera banda sonora, que se ha convertido en himno y referente.


      Podría haber hablado de Los intocables, “La Cosa”,Días de Cielo” o “Lolita” pero he decidido acabar con una de mis favoritas personales y no tan reconocida como las anteriores, ‘The Legend of 1900’, otra de las colaboraciones de Morricone con Tornatore. Como ya he dejado caer en varias ocasiones, los pianos me pierden, y Ennio desata aquí su habilidad para emocionar con la orquesta con piezas preciosas de aquel instrumento para acompañar la historia del pianista. No faltan los temas de jazz y blues, con su saxo o su trompeta, pero cuando me entran escalofríos es cada vez que escucho The Crisis con ese trágico piano y la nota desafinada que casi parte el corazón cada vez que suena.

      Si tuviera que resumir este largo post (es maravilloso estar de vacaciones para poder dedicarme a lo que tanto me gusta) diría que Ennio Morricone es el músico del sentimiento, la melancolía, la nostalgia y la añoranza. Y sin repetirse, cada película es una nueva inspiración. Toda su obra es maestra gracias a su constancia, su talento, cualidades ambas de los genios. ¡Cómo no amar el cine!