“Cuando las luces del
cine se apagan, empieza la magia…”
En mi niñez mi tía Juanita me llevaba al cine del barrio que se
llamaba Dos de Mayo pero que los vecinos le conocíamos como el “dosde”.
“Echaban” dos películas, decían que por lo menos una era buena. Debía
ser cierto, porque recuerdo atravesar llanuras polvorientas sentado en la
diligencia de John Ford y acurrucarme en el regazo de mi tía para no ver como
el atractivo psicópata Norman Bates, con las ropas y peluca de su madre, cosía
a cuchilladas a una aterrada Janet Leigh al compás de unos sonidos
que nunca ya olvidé y que he utilizado mentalmente contra los pesados que han
cruzado por mi vida.
Foto propiedad de www.todocoleccion.net
Ya adolescente, frecuenté con mi vecina Adelita la famosa fila de los
mancos, siempre luchando entre mi desbordante virilidad y ese
acomodador represivo, que blandiendo su linterna nos dirigía un fuerte haz de
luz que creía que era el ojo de Dios que todo lo ve.
Hace décadas que el “dosde” desapareció
y quizás dentro de poco desaparezca yo también. Deseo que me espere donde
sea, y si veo a tía Juanita a mi lado y John Wayne me hace un sitio en su
diligencia, sabré que estoy en el cielo.
"El
dosde" de Félix Domingo Ayuso, microrrelato finalista en el II Certamen
de microrrelatos sobre cine "arvikis-dragonfly" 2011
Hay películas
que por distintas razones accionan ese resorte capaz de provocarnos las más
intensas emociones, pasando a convertirse en memorables para cada uno de
nosotros. Películas capaces de hacernos llorar, reír, pensar o emocionar como
un regalo del cielo. Películas que permanecen fácilmente en el recuerdo. Y Cinema Paradiso es una
película de esas “Hay películas
enternecedoras, pero no una tan enternecedora” escribió Rita Kempley,
Washington Post.
Una historia
tan emotiva como aquella merecía un compositor de altura y lo tuvo en la figura
del genial Ennio
Morricone La música aquí no es una herramienta o una ayuda que el director
utiliza para potenciar su historia sino que es parte vital del film. Ella es la
que realmente se encarga de hacer estallar las emociones y de darle ese tono
nostálgico que impregna toda la película. “Cinema Paradiso” es un retrato
sentimental de la Italia de la posguerra además de una hermosa historia de
amistad, la que viven el niño Totó y el proyeccionista Alfredo. Pero sobre todo
es una auténtica declaración de amor al cine tal y como éste se entendía antes,
cuando las películas eran para la gente una forma de soñar y de escapar de
cruda realidad. El cine puede hacer que
te enamores de una película, pero hay algunas películas que te enamorarán del
Cine.
Una de las
razones por las que Cinema Paradiso ha despertado tanta admiración entre sus
espectadores se debe precisamente al trascendental papel que desempeña su música,
convirtiéndose además en uno de los scores (música instrumental creada por el
compositor) más populares en el campo de la música cinematográfica. La música que acompaña a las imágenes se ha distinguido como un sobresaliente procedimiento para avivar el recuerdo. Morricone presenta unostemas tan apasionantes que es difícil que el espectador no repare en ellos.
En Cinema
Paradiso la música ejerce una labor fundamental, hasta el punto de atreverme a
afirmar que sin ella la película probablemente no sería la misma. Para ello Ennio Morricone
utilizó una orquestación sencilla: piano, una pequeña sección de cuerdas y
entradas puntuales de guitarra o instrumentos de viento. El tema principal se
ha convertido en un clásico muy popular, auténtica carne de recopilatorio y
reconocible incluso por aquellos que no saben nada de música de cine.
Otro de los
cortes fundamentales de la banda sonora es el Tema de amor (aunque el título de la canción propiamente dicha
sería Se -si-) que ilustra la
relación del Totó adolescente con una joven que llega al pueblo. Un tema de grandes posibilidades románticas
que en realidad no es una pieza original de Ennio Morricone sino de su hijo
Andrea. De no constar acreditado en el disco nadie lo hubiera sospechado ya que
Andrea Morricone
imprime al tema el estilo característico de su padre, con lo que se amolda
perfectamente al resto de la banda sonora.
He aquí cuatro versiones fantásticas: una al violín,
del maravilloso violinista Itzahk Perlman, a la
guitarra por Pat Metheny
Trio, otra de la clarinetista Seunghee
Lee y la última del trompetista Chris Botti. Impresionantes.
El tercer
vértice musical de la banda sonora es el tema de Totó y Alfredo que en nuestro
país se hizo muy famoso gracias a un anuncio televisivo de loterías. “Cinema Paradiso” tuvo un gran éxito de
público y crítica. En España, por ejemplo, la vieron más de un millón de
personas. Ganó el Globo de Oro y el Oscar a la mejor película de habla no
inglesa aunque Morricone, una vez más, se quedó sin premio.
Ha tenido que
llegar Ennio Morricone a los 87 años y hacer la música de medio millar de
producciones para conseguir su primer Oscar por su trabajo de composición en
una película “Los odiosos ocho” de Tarantino. Un logro
aún mayor si se tiene en cuenta que el compositor italiano recibió en 2007 una
estatuilla honorífica por toda su trayectoria, que suele entregarse como
galardón de consolación por la academia a aquellos veteranos cuyo fin parece
próximo. Su vinculación al antiguo partido comunista italiano pudo ser la razón
de que durante muchos años los norteamericanos le negaran su total
reconocimiento. Siendo uno de los más grandes de la historia de la música de
cine sólo había sido nominado en cinco ocasiones a la estatuilla y en las cinco se
fue de vacío a casa. No es extraño que para salvar esa mala conciencia en 2007
la Academia de Hollywood le entregara ese Oscar honorífico por toda su carrera.
Estaréis de
acuerdo conmigo que Morricone cumplió perfectamente su cometido, y el resultado
es una banda sonora imperecedera, de esas cuya lozanía se mantendrá invariable,
que seguirá despertando pasiones en nuevos oyentes y espectadores.
"La vida no es como la has visto en el cine, Totó. La vida es más difícil"
Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُالخَير . Gabon. Boas noites. Bonne nuit.
Que la
banda sonora es una parte esencial
de la atmósfera de un film estuvo claro desde los primeros pasos de
la cinematografía, cuando el cine mudo no era exactamente mudo y las latas de las cintas iban acompañadas de
una lista de partituras. Desde entonces, la música en el cine se ha convertido en un “actor” más: Establece
un tono y funciona como guía de lo que debemos sentir en cada momento. Nos
manipula, es cierto. Pero también nos ayuda a saber qué puede ocurrir. La banda sonora de una película puede provocar desasosiego en el espectador con
la intención de hacerle sentirse tan
desconcertado como un protagonista. También es capaz de elevar en
grandilocuencia y dramatismo cualquier escena en cualquier tipo de historias. O puede acabar resultando
la única arma para sobresaltar al espectador en una mala película de terror.
Pero la banda
sonora no sólo funciona como conductora de emociones. Su relevancia como
herramienta narrativa dentro de las películas se aprecia de nuevo desde los
comienzos del cine, donde no sólo subrayaban las emociones que los actores
trataban de comunicar con sus exageradas muecas, sino que se empleaban para llamar
la atención del espectador y poner énfasis sobre ciertos elementos esenciales
de la historia. La música en
el cine es, pues, una explicación paralela, a veces opuesta, que bien
complementa o bien mejora (nunca debe empeorar) lo que se explica en guion y en
imágenes. Y como la música siempre gana, porque nunca es cuestionada, aquello
que explique el compositor es aquello que el espectador recibe.
Grandes compositores hay muchos, pero parece que siempre que tropiezo con una banda
sonora que me gusta está detrás Ennio Morricone. Siento
debilidad por él, lo confieso. Por todo
Morricone; porque hay muchos Morricones en Morricone, lo que da fe de su
polivalencia y el inmenso interés de su obra: está el vinculado al cine social
izquierdista, el de su inquebrantable lealtad a un buen puñado de directores. Ha
trabajado con directores tan diversos como Sergio Leone, Roman Polanski, Giuseppe Tornatore, Brian de Palma, Quentin Tarantino, Bernardo Bertolucci,
Oliver Stone o Pedro Almodóvar. Está el Morricone comercial y el artesano, que abarca desde las melodías más
sencillas hasta los ejercicios de estilo más atrevidos, que distingue aquello
que la gente quiere escuchar y aquello que realmente le gusta componer (por lo
general, poco asequible a oídos generales, pero fascinante). Y está el
Morricone de los géneros: el romántico, el dramático, el terror, el policíaco o
el erótico, en los que imprimió una huella tan reconocible como imitada (el
llamado “sonido Morricone”). Pero, claro, está el Morricone de los westerns de
Sergio Leone (y los que no son de Leone). Y en este punto habría que remarcar
que nadie llevó tan lejos la música para el género, y que por la exquisitez de
su aportación merece ser considerado el mejor compositor que jamás haya
trabajado en el mismo.
Cuando Sergio
Leone cuenta con su buen amigo Ennio para componer la música de la
llamada "Trilogía del dólar", el spaghetti
western obtiene un inesperado éxito. La estrecha colaboración entre ambos genios de la industria del cine continuaría siempre, haciendo más grandes las películas de este gran director. La soledad
del desierto no se entiende sin la harmónica, el cabalgar de los caballos no es
lo mismo sin la rítmica percusión ni los tensos y dramáticos duelos no se
entienden sin las voces, los silbidos o las trompetas.
Nadie ha
abierto tanto el objetivo de la cámara (musical) como él, nadie ha multiplicado
tantas posibilidades expresivas y narrativas en el cine. No quiero afirmar que
sea el mejor compositor de cine de la Historia, porque atribuir esa corona en
un reino con tantos reyes es casi insultante, pero sí desde luego es uno de los
cineastas más fundamentales de este medio. ¡Y sigue vivo y productivo! manteniendo
intacta su increíble vitalidad. No es nada fácil hacer un resumen de una
carrera tan prolífica. Para
detallar su obra y su importancia necesitaría un espacio inabordable, así que
iré despiezando lo que más me gusta de él. Espero que la selección que he hecho sea de vuestro
agrado.
En los dos años consecutivos se
estrenarían los dos títulos restantes de la trilogía :“La muerte tenía un precio”
y “El bueno, el feo y el malo”.
No quiero
dejar de lado el western sin antes hablar de una de sus mayores características
y aportaciones. Morricone ideó una fórmula que aplicaría varias veces en los
créditos iniciales (misma fórmula, distinta música) y que consiste en un
símil de la Creación: se inicia con sonoridades rudas y primitivas (la
música de la Tierra silvestre), prosigue incorporando percusiones y otros
instrumentos convencionales y voces (el origen de la vida) y acaba con la
orquesta en su máximo rendimiento (la aparición del hombre). Es entonces cuando
comienzan las historias. Por ello, la lógica impuso que los instrumentos fueran
lo menos convencionales posibles y, a la vez, con las sonoridades más
primarias: látigos, golpes de yunque, guitarras tocadas en sus registros
graves, campanas, aullidos, gritos, harmónica… todo lo que evocara la idea del
origen del hombre. Lo contrastaba con la intervención de la voz soprano de su
inseparable Edda Dell’Orso y el resultado, entonces, era perfecto. Aquí tenéis
plasmada clarísimamente esta fórmula de Morricone.
El más famoso
de entre los compositores que trabajan en el cine, sin embargo, y esto es muy
curioso, tiene una ingente obra que es, a pesar de lo que se pueda creer, muy
poco conocida. Exceptuando los westerns y filmes como “La Misión” o “Cinema
Paradiso”, que le han dado mucha fama, el grueso de su creación, más de 500
títulos en cine y televisión, es muy desconocida.
Con su ritmo
sosegado en unos momentos y desasosegante en otros Morricone, sin alzar la voz,
consigue comunicar todo tipo de sensaciones. La inolvidable partitura integra,
casi milagrosamente, los sonidos del folclore indígena en una música de
naturaleza mística y profundamente evocadora. Banda sonora que no necesita
imágenes para llegar a lo más hondo del ser humano. Inexplicablemente no
consiguió el Oscar a la mejor banda sonora (nunca lo consiguió). No sé dónde
tenían puestos los sentidos los entendidos de Hollywood.
Dulzura,
humanidad, belleza. Unas cualidades que van inherentes al título de Giuseppe
Tornatore y su música. Otro de esos ejemplos en los que no se comprende la
película sin su banda sonora; las notas no sólo acompañan sino que forman parte
de la nostalgia, la melancolía y todo ese abanico emocional de la historia de
Alfredo y Salvatore.
Difícil dejar de lado películas
como “El Juego de Ripley” o “Érase una
vez América”
Ripley’s
game, (El juego de Ripley) del 2002 está basada en la novela “El amigo
americano” de Patricia Highsmith y cuenta con una banda sonora de regusto
minimalista con la que nos vemos envueltos por la tensión creciente de la
acción. El clavicémbalo con piezas de Bach y de Scarlatti,
ahonda aún más en esta sensación. La película me cautivó. Viendo al
protagonista caminar por esa casa monstruosamente grande, monstruoso vacío
nocturno, guiados por la música de Morricone, se puede llegar a sentir la
soledad y el aislamiento que rezuma este hombre, una soledad que su propio
cinismo convertido en forma de vida no le permite reconocer. La alternancia de minimalismo y música lírica
agrega dimensión al misterio. Inquietante el piano desafinado del final. He
buscado insistentemente la pieza número 3 del que acabó siendo el disco de la
banda sonora, Louise, pero no lo he encontrado. Lástima, porque me encanta.
“Érase
una vez América” dirigida por Sergio Leone en 1984. Para algunos entendidos
esta película está considerada como la obra maestra de este director. Una vez
más, esos grandes amigos que fueron Leone y Morricone, consiguieron una nueva
pepita de oro para el cine.
Mi admirado compositor de bandas
sonoras cumplió en noviembre 85 años. El 7 de
diciembre se hizo oficial el Premio Europeo de Cine a la Mejor Banda Sonora por
su composición para “La
mejor oferta” (2013), la última película que se ha estrenado bajo su
batuta. Éste es un Morricone íntimo,
cerrado, por momentos críptico, que busca encontrar a través de su música la
esencia de la obsesión, de la inseguridad, y lo hace con una música que en
términos globales es quebrada, inestable, rota, lo que ayuda mucho a recrear el
pesar psicológico del protagonista. Hay un fuerte contraste con su bello y
austero tema principal, lírico pero también afligido, y es ese tono dolorido, en momentos desesperado, lo más destacado de esta singular y no fácil
creación.
Pero el
Morricone que más me atrae, que más me cautiva, que más me apasiona es el
cineasta y compositor comprometido. Bernardo Bertolucci
ya dijo en su momento que “Morricone es
el autor de varios de los Himnos nacionales de Italia”, por el inmenso
poder e influencia que ha tenido su música dentro y fuera del cine, en los
ambientes populares y también los intelectuales. Su vinculación al cine social
izquierdista de su país, en filmes de Gillo Pontecorvo, Elio Petri, Giuliano Montaldo o
el propio Bertolucci, hicieron de su música toda una declaración de compromiso
político e intelectual, y su lealtad a estos directores fue férrea. En una
entrevista de la revista Fotogramas, en diciembre de 1999, declaraba:
“Soy de izquierdas, pero no comunista. Me
impliqué en aquellos filmes porque mis amigos los dirigieron, pero también
porque lo que se contaba era muy importante. Me alegra saber que con mi música
llegaron a más gente”.
Y esa es,
precisamente, una de las claves de su éxito: la repercusión de su música ayudó mucho a popularizar esos filmes: “La batalla de Argel” (1966), “Queimada” (1969), “Sacco y Vanzetti” (1970), “La clase obrera irá al
Paraíso” (1971), “Allonsanfan” (1974), “Novecento” (1976) o “El prado”
(1979) son solo algunos de esos títulos en los que no se limitó a poner música,
sino que hizo de ella un compromiso ideológico que ayudó, porque la buena
música tiene ese poder, a implicar emocionalmente a los espectadores. A implicarnos a muchos de nosotros aún más.
En el caso de
“Baarìa”, Morricone recupera una
imponente marcha siciliana que había escrito para “Allonsanfan”, en la que
condensa el orgullo y el poderío de un pueblo sufriente. Junto a esta,
maravillosos temas dramáticos y líricos encabezados por un hermoso tema dulce,
evocador y delicado, que lleva bien impresa la firma de su legendario autor y
que aporta una gran profundidad emocional. Otros temas de similar línea se
combinan con músicas contundentes y dan como resultado una nueva creación
ejemplar del eterno romano.
Italia le
debe mucho a Ennio Morricone. El Séptimo Arte, muchísimo más. Escuchad el maravilloso
himno de “Novecento”. El extenso fresco humano y político de Bernardo Bertolucci
está enmarcado en esta apasionada y sincera banda sonora, que se ha convertido en himno y referente.
Podría haber hablado de Los intocables, “La Cosa”,
“Días de Cielo” o “Lolita”
pero he decidido acabar con una de mis favoritas personales y no tan reconocida
como las anteriores, ‘The
Legend of 1900’, otra de las colaboraciones de Morricone con Tornatore.
Como ya he dejado caer en varias ocasiones, los pianos me pierden, y Ennio
desata aquí su habilidad para emocionar con la orquesta con piezas preciosas de
aquel instrumento para acompañar la historia del pianista. No faltan los temas
de jazz y blues, con su saxo o su trompeta, pero cuando me entran escalofríos
es cada vez que escucho The Crisis
con ese trágico piano y la nota desafinada que casi parte el corazón cada vez
que suena.
Si tuviera que resumir este largo
post (es maravilloso estar de vacaciones para poder dedicarme a lo que tanto me
gusta) diría que Ennio Morricone es el músico del sentimiento, la melancolía,
la nostalgia y la añoranza. Y sin repetirse, cada película es una nueva inspiración.
Toda su obra es maestra gracias a su constancia, su talento, cualidades ambas
de los genios. ¡Cómo no amar el cine!
Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti (zapatero, uno, y vendedor ambulante de pescado, el otro) fueron dos anarquistas e inmigrantes italianos acusados de haber asesinado a dos hombres en un robo a mano armada en 1920 en South Braintree, Massachussets. El 23 de agosto de 1927 fueron asesinados en la cárcel de Charlestown por el cruel método de la silla eléctrica después de un juicio irregular. Habían pasado más de siete años en la cárcel, en un país crispado por el odio y el terror ante los extranjeros progresistas.
Su ejecución fue un escarnecimiento contra la creciente fuerza del proletariado norteamericano compuesto, mayoritariamente, como pasa actualmente, por inmigrantes que reclamaban mejores condiciones de vida. Sin embargo acabaría suscitando un movimiento popular internacional en contra de dichas irregularidades y como crítica al sistema judicial americano. La ejecución de Sacco y Vanzetti fue llevada al cine en 1971, en plena guerra fría, por Giuliano Montaldo.
La impactante partitura de la película se popularizó gracias a la bella Balada de Sacco y Vanzetti cantada por Joan Baez, con música de Ennio Morricone. El compositor, además, escribió Here´s to You (Esto es para Usted) una exquisita melodía dramática, a modo de réquiem, con la que dignificó a los personajes en su calvario y que se aprovechó en el filme como principal sustento emocional y de denuncia. Sacco e Vanzetti, así, se convirtieron en símbolos de libertad en EUA así como en el resto del mundo
Hoy al escucharla nuevamente me sigue dejando consternada como la primera vez que la oí.
BALADA DE SACCO I VANZETTI (I)
Dadme a vuestros cansados y a vuestros pobres,
vuestras masas agrupadas anhelando respirar libres,
la basura desgraciada vertida en tu orilla,
envíame a estos, a los que no tienen hogar,
a los sacudidos por la tempestad, a mí.
Benditos sean los perseguidos,
y benditos sean los puros de corazón;
benditos sean los misericordiosos,
y benditos sean los que están de luto.
El paso es tan duro que rasga las raíces
y dice adiós a los amigos y a la familia.
Los padres y las madres sollozan,
los niños no pueden comprender,
pero cuando hay una tierra prometida
los valientes irán allí y otros les seguirán.
La belleza del espíritu humano
es la voluntad para intentar nuestros sueños,
y por eso las masas se vierten a través del océano
hacia una tierra de paz y esperanza,
pero nadie oyó una voz o vio una luz
cuando se tambalearon en la costa
y nadie fue recibido con el eco de la frase
Alzo mi lámpara detrás de la puerta dorada.
Benditos sean los perseguidos,
y benditos sean los puros de corazón;
benditos sean los misericordiosos,
y benditos sean los que están de luto.
Vanzetti tenía dos hermanas a las que escribió asiduamente desde la prisión. Aunque nunca compartieron sus ideales anarquistas, se decidieron a publicar sus cartas ante la grandeza de corazón de su hermano, un ejemplo de humanidad, respeto y tolerancia.
“Pronto, los hermanos no se batirán con sus hermanos; los niños ya no serán privados del sol, ni alejados del verdor de los campos; ya no está lejano el día en que ha de haber un pan para cada boca, un lecho para cada cabeza, felicidad para cada corazón”.
“No se avergüencen de mí -escribe en otro momento desgarrador-. Vendrá un día en que mi vida se conocerá tal cual es, y entonces todos los que se llamen Vanzetti se sentirán contentos y orgullosos de su apellido”.
Como dijo Albert Einstein “El caso de los dos anarquistas italianos demuestra que las instituciones democráticas más minuciosamente estudiadas no son mejores que los individuos que las usan como instrumento”.