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domingo, 6 de octubre de 2024

Reflejos del alba: música y poesía para el amanecer

 

Cuando amanece,

cubierta de rocío
está la rosa.

Somos testigos de un espectáculo sublime que nos perdemos cada día. La vida nos torna disidentes de la belleza. Queremos correr más que el tiempo y no nos paramos a mirar. Nada nos compensará el habernos perdido la luz de un amanecer. Cuando amanece, pequeñas gotas cubren hojas y flores que dormían en la noche callada. Nada respira, es la hora del silencio. Paisajes de sol y niebla. "A veces uno amanece con ganas de extinguirse… Como si fuéramos velitas sobre un pastel de alguien inapetente. A veces nos arden terriblemente los labios y los ojos y nuestras narices se hinchan y somos horribles y lloramos y queremos extinguirnos… Así es la vida, un constante querer apagarse y encenderse..." dijo Julio Cortázar. Cierto. Pero el primer rayo de la luz de la mañana nos murmura: la vida sigue.

AMANECE EN DOSRIUS
 
Se desmenuza la noche en el corazón de la niebla.
A través de mi ventana
veo procesiones de árboles que se desperezan.
Hay quietud, calma, letargo
en el frío de un amanecer en vela.
Mientras la luz alcanza los más lejanos portales,
espero ese rayo de sol alumbrando mi frente.
Ya no es destino mi almohada.
Siento el tiempo escurridizo, fugitivo,
huyendo del clamor de tantos sueños
engendrados en el vientre de esa luna
que cuenta las estrellas, cada noche,
una a una, para no perderlas.
La niebla se disipa.
Escucho los buenos días del sol sobre la tierra,
el lento despertar de los latidos,
con un rumor tibio de colores,
zapatos, voces y alientos,
carreras que llegan tarde, para empezar a vivir.
Ardiente paciencia la del sol…
Despierta, sueño un amanecer que no ha nacido:
el primer rayo de luz reflejado en tus ojos
y tu dorada sonrisa como despertar.
Cabe el sol entero en tu mirada al despuntar el día.
Por fin recibo la blancura del alba
con un grito ahogado entre las manos.
Gozoso impulso de amanecer tardío.
 
(Dosrius, 2 de enero de 2011.
La foto la hizo mi hija Ainhoa el 15 de agosto de 2010)

("El Amanecer" Peer Gynt, de  Edvard Grieg)

Los rayos crepusculares  rompen  las nubes. En cada uno hay escrito un libro de luces infinitas, un sol que amanece, que siempre está ahí para quien camina, fuerza humana que transita por los oscuros laberintos de la existencia. Todo comienza con un amanecer, pero lo que importa es lo que hagamos antes del crepúsculo.

AMANECE
 
Cuántos sueños escondidos
sin saber qué hacer con ellos,
cuántos momentos perdidos, lejanos, queridos, bellos....
No saber cómo atrapar
el profundo sentimiento
que al suave despertar
es la brisa y el aliento.
Como nube que entorpece
la mirada en el recuerdo
es la mente que enloquece
que vivirlo ya no puedo.
Cuántos sueños escondidos
sin saber qué hacer con ellos,
cuántos momentos perdidos,
quizás...esté ya despierto.
 
(Mario Benedetti)


("Amanecer", Daphnis et Chloe, Maurice Ravel

Un amanecer es un poema escrito en la tierra con palabras de luz. Las palabras se mezclan con la via. Por eso es bueno inventarse nuevas definiciones como hace Luis García Montero. Convicción: una firmeza en las personas serenas. Optimismo: compromiso posible más allá de la ingenuidad. Despertador: animal de compañía que nos invita a repasar el amanecer para perfeccionar la vida.

AL AMANECER

Salta cantando alegre en la enramada
el tierno pajarillo sus amores,
pasa besando las sencillas flores
la juguetona brisa enamorada.
 
Se retira la noche avergonzada
de tanta luz, encantos y colores
y baña con sus tibios resplandores
naciente rayo la órbita azulada.
 
Se despierta cantando la mañana
la venida feliz del nuevo día,
cúbrese el cielo de color de grana.
 
Todo es amor, doquier todo armonía,
que hasta un borrico atado a mi ventana,
rebuzna deleitable sinfonía.
 
(Vicente Ruiz Llamas )

(“Serenade” Franz Schubert)

Hay un sol que amanece en cada herida, un rayo de luz que se cuela por la rendija del alma despabilando de a poco junto al castrado silencio.

RIMA LXII
 
Primero es un albor trémulo y vago,
raya de inquieta luz que corta el mar;
luego chispea y crece y se dilata
en ardiente explosión de claridad.
 
La brilladora luz es la alegría;
la temerosa sombra es el pesar:
¡ay! en la oscura noche de mi alma,
¿cuándo amanecerá? 

(“Campanas del alba” Eduardo Sainz de la Maza)

Con intrépida arrogancia y elegancia desmedida, las primeras luces del día dejan entrever la bruma blanca como un sudario, mientras se va encendiendo al sol, somnoliento secreto de una ilusión reprimida.

ALARGAME EL ABRAZO

Hombre soy que en la pálida mañana
ruega a la luz demora de su paso;
hay tanto que beber aún de tu vaso,
tanto de ti la noche se engalana.
 
Cuando la aurora llame a la ventana,
pretendamos dormir, como si acaso
nuestro sueño, cubierto de retraso,
requiriera repique de campana.
 
Prolongaré la noche, tuya y mía,
sobre la tersa cúpula del día,
que desconocerá el amanecer.
 
Alárgame el abrazo, que no puedo
detener más el tiempo, y tengo miedo
que vayas pronto a desaparecer.
 
("Soneto 896" Francisco Álvarez Hidalgo)

(“Amanecer” Joseph Haydn)

La ciudad se despereza y recupera poco a poco su latido pausado. La ciudad se despereza, hundida en su pozo brumoso reclamando su dosis de vida. La ciudad se despereza como si no tuviera ninguna prisa. Mientras, late despierta la poesía.

En el corazón de cada árbol
se ha estremecido la medianoche.
 
La noche se desmenuza
en lenta procesión de niebla.
 
Todas las tardes terminan su cansancio.
 
Los letreros luminosos duermen
el asombro de sus colores
y anticipan la contemplación de cada pobre.
 
En toda esquina vigila el sueño
y es tu recuerdo la única pena
que humilla la altivez de las aceras.
 
Lejos, el primer mendigo,
traiciona el portal donde ha dormido.
 
Y la ciudad se abre como una carta
para decirnos la sorpresa de sus calles.
 
(Norah Lange)


 AMANECER EN VALENCIA

Estas rachas de marzo, en los desvanes
--hacia la mar-- del tiempo; la paloma
de pluma tornasol, los tulipanes
gigantes del jardín, y el sol que asoma,
bola de fuego entre dorada bruma,
a iluminar la tierra valentina...
¡Hervor de leche y plata, añil y espuma,
y velas blancas en la mar latina!
Valencia de fecundas primaveras,
de floridas almunias y arrozales,
feliz quiero cantarte, como eras,
domando a un ancho río en tus canales,
al dios marino con tus albuferas,
al centauro de amor con tus rosales

(“Amanecer Madrileño” Pablo Sorozábal

Alba: presencia de la sangre, tristeza de la agonía de la Naturaleza moribunda. Luto infinito, dolor de la pérdida.

LIED I
 
Era el alba,
cuando las gotas de sangre en el olmo
exhalaban tristísima luz.
 
Los amores
de la chinesca tarde fenecieron
nublados en la música azul.
 
Vagas rosas
ocultan en ensueño blanquecino
señales de muriente dolor.
 
Y tus ojos
el fantasma de la noche olvidaron,
abiertos a la joven canción.
 
Es el alba;
hay una sangre bermeja en el olmo
y un rencor doliente en el jardín.
 
Gime el bosque,
y en la bruma hay rostros desconocidos
que contemplan el árbol morir.
 
(José María Eguren)


 ("Cantos del Alba" Robert Schumann)

A mitad de camino entre la mar y el cielo, rayos de luz crepuscular; fértil gesto de vida proseguida sobre la arena oscura expuesta al sol. Amor que acoge el laberinto de nácar donde verter nuestros sueños.

 Pero cuando amanece
en la playa larga y solitaria,
cuando el sol comienza a acariciar
las dunas y las olas,
cuando las gaviotas y los peces
saludan jubilosos el despertar de la mañana,
entonces el mar, mi mar,
me habla de emociones contenidas
mientras mis pasos presurosos
interrumpen el cristal claro de las aguas
en las orillas de la playa.
 
Entonces me hago de sueños
y dejo acunar los sentimientos dormidos
en cada paso, en cada huella
de aguas y de arenas. Entonces
mi canto es un canto de peces y gaviotas,
de barcos que faenan a lo lejos,
de bancos de sardinas o jureles
que buscan su amor desesperado.
 
Y mis pasos, que el agua borra
pero que guarda la arena dorada,
son versos de esperanza
que voy lanzando a los vientos,
al agua, a las olas, a las gaviotas...
a todo lo que añoro y lo que amo.
 

(“Alba, aliento de ballenas, mar helado, de 7 haikus para piano solo” Thierry Huillet)

“Que mi canto sea simple como el despertar en la mañana, como el goteo del rocío en las hojas, simple como los colores de las nubes y los aguaceros a medianoche”. (Rabindranath Tagore)

AMANECER CON LLUVIA
 
Bueno es saber sin saber que se sabe.
Saber es la riqueza de lo que no se tiene.
Amo este día gris. Es un hueso de aire
que roe el aire.
Llueve como una letanía.
¿Qué me dice esta lluvia?
Llueve, extiendo las manos
con las palmas hacia arriba.
Recojo vida en ellas. Llueve.
¿Tiene sombra la nieve?
¿Y el granizo y la lluvia?
¿Tiene sombra cada pétalo
de la orquídea?
¿Y el perfil delicado del filo de una estrella?
Como un estribillo interminable llueve.
 
( Ángel Guinda)

(“Pour remercier la pluie au matin”, Claude Debussy )

Llega la madrugada para dejarnos en medio de nuestro propio silencio. Con el canto del gallo, se disipan la tiniebla nocturna y ese temor sombrío que nos impuso la noche con su espesura.

De madrugada
todo el silencio duerme,
el gallo canta.
(Valentín García Alonso)

"Era un glorioso día de julio, uno de esos días que sólo llegan después de muchas jornadas de buen tiempo. Desde el amanecer, el cielo estaba claro; la aurora no se inflamó en fuegos, sino que se tiñó de suaves arreboles. El sol -ni abrasador como en la época de la canícula, ni turbiamente rojo como en vísperas de la tormenta, sino radiante y benigno- discurría plácido detrás de una larga y estrecha nube, brillaba suavemente y se sumergía en su bruma de color lila. El alto borde sutil de la nubecilla relucía, serpeando, y su lustre parecía el de la plata labrada.” (El prado de Bezhin - Memorias de un cazador de Ivan Turgénev)

EL AMANECER
 
Blando céfiro mueve sus alas
empapadas de fresco rocío...
De la noche el alcázar sombrío
dulce alondra se atreve a turbar...
Las estrellas, cual sueños se borran...
Sólo brilla magnífica una...
 
¡Es el astro del alba! La luna
ya desciende, durmiéndose, al mar.
 
Amanece: en la raya del cielo
luce trémula cinta de plata
que, trocada con fulgente escarlata,
esclarece la bóveda azul;
y montañas y selvas y ríos,
y del campo la mágica alfombra,
roto el negro capuz de la sombra,
muestra nieblas de cándido tul.
 
¡Es de día! Los pájaros todos
lo saludan con arpa sonora,
y arboledas y cúspides dora
el intenso lejano arrebol.
 
El Oriente se incendia en colores...;
Los colores en vívida lumbre...,
¡Y por encima del áspera cumbre
sale el disco inflamado del sol!
 
(Pedro Antonio de Alarcón)

(“Crepúscule matinal” Erik Satie)

Cuánta belleza y sensibilidad en notas y versos… Pero hay otros amaneceres llenos de espanto y destrucción con la única música del rugir de las bombas israelíes y los únicos versos el llanto y el grito de dolor de seres indefensos. En agosto de 2022 hubo una Operación Amanecer, qué ironía... Los amaneceres en Gaza desde el 7 de octubre de 2023 son un infierno: 41.800 personas muertas, entre ellos 16.500 niños (incluidos 169 bebés nacidos después), 2.955 personas mayores de 60 años y más de 11.800 mujeres, a los que se suman más de 96.359 heridos (incluidos 8.663 niños y 19.000 mujeres) y más de 10.000 desaparecidos, más de la mitad de los desaparecidos son niños. Y la Franja devastada. Esos amaneceres sí los contemplamos sin hacer nada. 

Imposible acabar sin gritar: ¡Poned fin al genocidio palestino! No seamos soldados de los telediarios y los magacines, dejemos de ser habitantes de las trincheras mediáticas, no nos lavemos las manos con agua que está teñida con sangre. Digamos ¡basta! ¡Palestina libre desde el río hasta el mar!

"El grito de Gaza" Omar Esstar

Cuidaos mucho. Y cuidad la Cultura para que ella cuide de nosotros. ¡Y no a la invasión rusa! ¡Libertad para Ucrania! 

Buenas noches.  Bona nit.  Boas noites. Bones nueches. Arratsalde on Надобраніч. طاب مساؤك. לילה טוב

viernes, 27 de marzo de 2020

Marco Mezquida y "El sueño de Ravel"

En tiempo de confinamiento "la música es un estado de ánimo que sale de la Tierra" (*)


Es indudable que cuando escuchamos música, ésta tiene un efecto en nosotros, nos emociona, nos moviliza, acelera nuestro ritmo cardíaco, nos hace recordar etapas de nuestra vida… La emoción viene provocada porque despierta unas expectativas con respecto a lo que vamos escuchar. Pero la emoción varía si estas espectativas se confirman o no.


No sé qué expectativas tenía yo el viernes 28 de febrero cuando iba hacia el concierto que Marco Mezquida iba a dar en La Sala de Argentona, pero lo cierto es que no me esperaba lo que me encontré. La simbiosis jazz-música clásica fue una emocionante sorpresa. La cercanía del jazz y la música clásica ha producido históricamente obras muy interesantes; un esfuerzo que ha tenido siempre reconocimiento y aplauso en los dos campos. Pero nadie hasta ahora había hecho algo obvio: ver qué aportaban los impresionistas como Debussy o Ravel al jazz. De este último hablaremos esta noche de la mano de Mezquida.

Quien conozca la indómita e inclasificable naturaleza de Marco Mezquida sabe que es capaz de todo y que no le tiene temor a nada. Mezquida es un músico versátil, pianista de jazz, improvisador y genial compositor. Nacido en Menorca hace 32 años su humildad es como una bendición, una brisa de aire fresco que mejora todo lo que toca y hace que este “Ravel´s Dreams” vuelva a ser otro hito en la ascendente carrera de un gran musico y persona que, como él dice, quiere “llevar a la audiencia a un viaje”.

En este álbum, Marco Mezquida se lía la manta a la cabeza y se adentra en el onírico mundo (¿jazzero?) del musico vasco francés Maurice Ravel y nos lo devuelve envuelto en improvisaciones y blue notes. Para ello nos ofrece una recreación personal y única de la música del genial impresionista: la impregna de groove, la expande a través de la improvisación y le insufla texturas de la música contemporánea. Un sueño a través de la modernidad de su legado y el eclecticismo de las músicas que le sedujeron: del clasicismo francés a los virtuosos románticos, de la experimentación con la música popular a la influencia de sus contemporáneos y la efervescencia del jazz. 

Y lo hace contando con la inestimable ayuda de dos músicos jóvenes y atrevidos como él, el cubano Martin Meléndez al cello y el batería y percusionista catalán Aleix Tobias. Muy bien elegido el cello frente al contrabajo, por sus texturas musicales más clásicas que jazzeras y lo mismo con la batería: gran uso de la percusión, muy variada.  La apuesta está clara, intentar descifrar los sueños de Ravel, si es que Ravel soñaba, y trasladarlos a una música que Ravel conocía y parecía amar, el jazz. Ravel conoció el jazz de finales de los años 20 cuando recorrió los Estados Unidos en una larga gira e incorporo detalles de esta música a sus composiciones milimétricas y preciosistas.

Las obras que eligió Mezquida para el concierto podrían haber sido otras, tanto da. Imposible resaltar unas sobre otras.  Lo importante es que extrae lo mejor de la intensidad raveliana, de la fuerza y musicalidad, un tanto ibérica, de esos temas y lo mejor del piano actual de jazz, algo de lo que el menorquín sabe mucho. Da gusto poder deleitarse con la delicadeza y la pasión que pone este trio en composiciones como Le Tombeau de Couperin, el segundo movimiento del Cuarteto de cuerda que transcriben a su manera al completo, la Pavane o el fantástico adagio del Concierto para Piano, una de mis músicas preferidas del siglo XX que, por cierto, bordan. 


Como era de esperar, no faltó el famoso Bolero, que dejaron para el final. Sabia elección de Mezquida comenzarlo en la plenitud del tema; así el crescendo se mantiene, algo que le permite muy rápidamente pasar a la improvisación.


Durante todo el concierto, Marco y sus acompañantes consiguieron que la música de Ravel mantuviera su esencia y que su poder permaneciera. Sonó sensual y elegante, orgullosa y amarga, vanguardista y clásica a la vez. Los sueños de Ravel, fue un encargo de L’Auditori que se estrenó el 20 de febrero de 2016 dentro de los proyectos Revisitings en la Sala 3. La obra fue recibida con una acogida entusiasta por parte de la crítica y del público, y cautivó tanto a audiencias aficionadas al jazz como a la clásica.
"Prodigio", "mago", "el músico total", "prestidigitador", "magnético", "fuera de serie". Esos son los adjetivos que podréis encontrar repasando las críticas que de sus discos y conciertos hay a lo largo y ancho de internet.  "Cuanto más tocaba, más difícil era comprender cómo su cerebro era capaz de realizar cambios en forma y sentimiento, en fracción de segundos, de una manera tan orgánica y fluida. El término sorprendente suele usarse como un cliché sin significado. pues no es este el caso ", The New York City Jazz Record.


Todo esto y más se ha dicho sobre Marco Mezquida; ya no es una estrella en ascenso sino una realidad de la escena musical española, uno de los artistas más brillantes y prometedores en décadas. Sus intereses eclécticos se unen a una amplia gama de géneros: Jarrett, Schubert, Chopin, Evans, Rajmaninov o Bley, por nombrar unos pocos, se funden exquisitamente en el ADN su musica.  Su poder creativo es abrumador, integrando estas influencias en su expresividad con intersecciones inesperadas que han surgido en su camino. A pesar de su juventud, cuenta a sus 32 años en su impresionante currículum con 50 discos grabados, 17 bajo su propio nombre, cientos de conciertos, y composiciones para teatro y televisión. También aparece en muchos proyectos de compañeros, lidera sus propios grupos, trabaja en dúos junto a otros pianistas además de ser profesor en la High School of Music,  en el Taller de Músics y en Liceum Conservatoire y desarrolla sus propias composiciones, improvisaciones y arreglos.

Para acabar este retrato, entre su basta obra cabe resaltar estos álbumes: “Sing My Heart”, “Llunàtics”, “Conexión” junto al guitarrista flamenco Chicuelo (que merece una entrada en este blog) y este “Ravel’s Dreams” que ahora nos ocupa y donde afronta un reto totalmente distinto a los anteriores. En definitiva, creo que puede ser una buena propuesta para esta noche de confinamiento.
Por último, como guinda de este maridaje, los "Valses nobles y sentimentales (I)" enriquecidos con improvisaciones maravillosas que se deconstruyen virtuosamente. 


Y ya sabéis: QUEDAOS EN CASA. Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. 굿나잇. Boas noites. 晚安 Bonne nuit グッドナイト    Buonanotte. לילה טוב.  Oíche mhaith. Wengi alus. Bones nueches. اچھا شام Noson dda. Good night. Спокойной ночи. Guten Abend. শুভ রাত্রি. Laku noć

(*) Cuando empecé a escribir esta entrada hace algo menos de un mes, tenía muy claro donde había leído u oído esta frase. Ahora, tengo dudas. Creo que viene de un libro que he leído recientemente: “Mañana no será lo que Dios quiera”, una biografía novelada del poeta Ángel González, a cargo de Luis García Montero... creo…

Fuentes
http://marcomezquida.com
https://www.todalamusica.es/marco-mezquida-los-suenos-raviel/
https://www.auditori.cat/es/marco-mezquida--los-suenyos-de-ravel
https://auditorioteatrolaspalmasgc.es/noticia/marco-mezquida-vuelve-al-rincon-del-jazz-con-los-suenos-de-ravel/835
https://marcomezquida.com/discos-i-grups/
https://www.docenotas.com/142690/marco-mezquida-ravels-dream-la-interpretacion-los-suenos-jazz-ravel/

jueves, 17 de julio de 2014

Ha muerto Lorin Maazel, la batuta perfecta

"Quiero infundir la música con una nueva pasión para restaurar lo que el hombre destruye"


Recordar los Conciertos de Año Nuevo, el evento más popular de la música clásica, para mí es hablar de Lorin Maazel. Esta maravillosa manera de empezar el nuevo año, si era dirigida por él siempre supuso todo un acontecimiento en casa. Con su gesto ligeramente desganado, llegaba, dirigía y vencía. Vencía ante el público de la Opera de Viena, ante la potencial audiencia de 1000 millones de personas de 60 países, ante mi familia, ante el corazón de aquella jovencita que, enganchada a la pantalla del televisor, le vio dirigir el 1 de enero de 1980 por primera vez. 

Creo que se me nota que estoy de vacaciones y un poco desconectada del mundo. O quizás es que las únicas noticias que me mantienen alerta son las del genocidio palestino. El caso es que hasta ayer no supe que se acababa de apagar la vida del gran maestro.

¿Os dais cuenta? El mes de julio ha sido nefasto para el mundo de la música clásica. El mismo día, exactamente 10 años antes, el 13 de julio de 2004, murió Carlos Kleiber. Y un 16 de julio, hace 25 años, el mundo perdió a Herbert von Karajan, "el Grande".

Fue un maestro, Maazel, aunque hay quien dice que insufrible. En sus 70 años de carrera estuvo al frente de unas 150 orquestas en más de 5.000 óperas y conciertos. Además grabó unos 300 discos de música clásica y compuso decenas de obras e incluso algunas óperas. Era una personalidad de humor cambiante, de gesto extraordinariamente claro y preciso, optimista, autoritario y sugestivo, tan práctico de cara a los músicos que dirigía como brillante para el público. Persuasivo, para unos y otros, su estilo, de gran teatralidad y pródigo en la utilización de recursos gestuales, fue fiel expresión de su concepción emotiva y apasionada de la música. Aunque fue tildado de excesivo y efectista por ciertos sectores de la crítica en sus interpretaciones reflejaba su elevada sensibilidad y perfecto dominio de la técnica. Sobre su forma de dirigir él decía en una entrevista en el suplemento "El Cultural" del diario "El Mundo", en mayo de 2001:

"El mérito del director viene de saber escuchar. Si en el oído está el sonido justo, el gesto se encuentra y van apareciendo todos los matices (...) ¿Cómo se puede controlar lo que sucede durante una interpretación si no está todo en la cabeza? Si estás pendiente de pasar las páginas de la partitura es inevitable perder concentración y contacto con la auténtica música. En muy contadas ocasiones utilizo la partitura. Sólo cuando no ha habido tiempo material porque es nueva o bien porque es una mera lectura. Como director, intento ser muy práctico. Me esfuerzo en memorizar con rapidez pero sólo porque es la única manera de liberarme de las notas para construir la música de verdad".

Como os decía antes, ese 1 de enero de 1980 fue su primer Concierto de Año Nuevo en el que Lorin Maazel substituyó a Willi Boskovsky, quien se había retirado después de dirigirlo sin interrupción durante 25 ediciones (1955 a 1979, ambas inclusive).Desde entonces yo, mi familia, el mundo entero pudimos deleitarnos con su dirección en 11 ocasiones (1980, 1981, 1982, 1983, 1984, 1985, 1986, 1994, 1996, 1999, 2005). Su condición de matemático daba pie a un sonido redondo y compacto aplaudido por crítica y público. 


Maazel presumía de no ponerse nunca nervioso ante un  concierto. “Sentirse nervioso es una señal de egoísmo y yo siempre trato de evitar cualquier acción egoísta”

Por otra parte, Maazel era conocido por ser un matemático excelente, capaz de demostrar, como Pitágoras, que la música y las ciencias exactas tenían muchos puntos en común. O la filosofía, disciplina en la que, como las matemáticas, se formó Maazel en la Universidad de Pittsburgh. Esta condición hizo de él un hombre de gran formación cultural, políglota e interesado por todos los campos del saber.


Pocas batutas tan idóneas como la de Maazel para otorgar toda la dimensión y el brillo a cualquier pentagrama, para sondear en los meandros líricos de cualquier obra dramática o sinfónica. Dibujaba la música en el aire como nadie a base de sutiles movimientos de muñeca, de un revoloteo elegante de ambas manos, con una izquierda prodigiosa, que regulaba dinámicas y moldeaba frases. La batuta era clara y poseía una apolínea manera de dividir y subdividir compases, de penetrar en todas las estructuras del pentagrama, que resultaba de esta manera, prácticamente sólo con el gesto, estupendamente explicado.


"Creo que mi mayor aportación ha consistido en el fraseo, en la precisión, en la pasión y en el buen gusto” “Me gusta la excelencia y he intentado destacar como violinista, compositor y director”, “Siempre que tenga éxito en el logro de un alto nivel en cada uno de estos campos, que por desgracia no son tan a menudo como me gustaría, me siento muy satisfecho", puntualizaba el polifacético maestro con un cierto sentido corporativo y patrimonial.

Desde muy joven tuvo una gran debilidad por Ravel, "un hombre de una delicadeza que me llega al alma; admiro su increíble habilidad para decir mucho con muy poco": 


 Maazel también era hincha del futbol, y en especial del Bayern Munich, para quien colaboró en la grabación de algunas versiones de su himno.


El primer director americano y el más joven que había bajado al foso de Bayreuth en 1960, el que más conciertos vieneses de Año Nuevo ha dirigido tras Boskovsky, nada menos que once, posiblemente sólo le falló una cosa, la titularidad de la Filarmónica de Berlín, para desgracia de los berlineses y de todos nosotros



Nos ha dejado, pues, una batuta prodigiosa, una fuertísima personalidad de la música, uno de los directores de orquesta más carismáticos del mundo, alguien que había que ver para creer. Con su muerte, Maazel entra de lleno en el terreno de la leyenda. Aunque, reconozcámoslo, hacía años que ya era una leyenda viva.