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domingo, 20 de abril de 2025

Y al tercer día resucitó

 Siete grandes compositores clásicos para la noche del Domingo de Resurrección

Estas fechas en las que el cristianismo celebra, con más o menos intensidad, la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, suponen una perfecta síntesis entre tradición, arte, cultura y fe. La palabra fiesta viene del latín y nos comunica una acción, algo a impulsar, manifestar, festejar, alegres o tristes, en público o en privado, pero siempre acompañados por aquellos que comparten unos sentimientos, sean personales, históricos, sociales o religiosos. Si bien quedan lejos los días en que estas constituían un acontecimiento religioso de primer orden en España sigue siendo indicado gozar de la calma y la armonía que los grandes compositores nos ofrecen. La música desempeñaba un papel importante en su liturgia, fuera por medio del canto o combinando la voz humana con una instrumentación de progresiva complejidad.

“La música siempre fue un vehículo de alabanza a la gloria de Dios y no puede estar ausente en la celebración de la Resurrección de Cristo. De ahí la importancia de las obras musicales dedicadas a celebrar esta festividad”expresa el director Sánchez Haase. De muestra, ocho obras maestras de la liturgia musical para disfrutar.

Pedro Pablo Rubens-Cristo Resucitado 1615-1616Galleria Palatina Florence.

Puede afirmarse que el primer gran oratorio de Georg Friedrich Haendel fue “La Resurrección” (Resurrezione) compuesto con motivo de su estancia en Italia (1706-1710). Representado por primera vez en Roma en 1708, este oratorio obedeció a un encargo de varias obras por parte del príncipe Francesco Maria Ruspoli y, por tal razón, se estrenó en su residencia privada, el Palazzo Bonelli.

Casi cien años antes, en 1623, el organista y compositor alemán Heinrich Schütz compuso un oratorio llamado Auferstehungs-Historie, SWV 50 ("La Historia de la Resurreción"), que puede considerarse (también) como el primer oratorio en lengua alemana. Cuando Schütz asumió su cargo en la corte de Dresde en 1617, era costumbre cantar la “Historia de la Resurrección” de su predecesor Antonio Scandello durante la Pascua. Supuso diversas novedades como usar un texto basado libremente en los evangelios o dotar al narrador de mayor libertad. Se trata, por tanto, de una obra paradigmática, al igual que su compositor.

El “Oratorio de la Ascensión BWV 11” fue compuesto para el Día de la Ascensión de 1734 por Johann Sebastian Bach. Su carácter y escala recuerdan a las cantatas de Bach, pero debido al relato bíblico, cantado por el evangelista, pertenece al género del oratorio. El tempo y los pasajes de gran coloratura oara expresar la alegría de la ascensión suponen un enorme desafío para los cantantes.

En esta obra, su quinto hijo, Carl Philipp Emanuel Bach, canta la resurrección y ascensión de Cristo. El autor del texto fue Karl Wilhelm Ramler (1725-1798), un poeta y académico berlinés. El estreno de la composición tuvo lugar en un ambiente privado hace 250 años, el domingo de Pascua de 1774 en Hamburgo. Y la primera actuación pública tuvo lugar el 18 de marzo de 1778 en la sala de conciertos del Kamp de Hamburgo.

La impresionante “Missa Salisburguensis” para 53 voces que Heinrich Ignaz Franz von Biber escribió en 1682, cuyo “Et Resurrexit tercia die secundum escripturas” cantado por el coro constituye el mayor monumento musical escrito por un compositor occidental.

Vale la pena escuchar otra composición del mismo autor pero que tiene un registro muy diferente y que pertenecen a Las Sonatas del Rosario (también llamadas del Misterio), uno de los corpus instrumentales más densos y monumentales de la literatura violinística del siglo XVII. Fueron escritas en torno a 1676. Fueron encontradas en la Bayerische Staatsbibliothek , la biblioteca estatal de Baviera, en Munich, y publicadas en Viena en 1905. Las sonatas, al igual que el rezo del Rosario y de sus misterios, se reparten por temas en grupos de cinco. La Sonata XI en sol mayor ‘La Resurrección’, C 100 corresponde a los Misterios Gozosos.

"¿Por qué has vivido? ¿Por qué has sufrido? ¿Es todo una enorme y horrible broma? ¡Tenemos que responder a estas preguntas de alguna manera si queremos seguir viviendo - de hecho, incluso si sólo vamos a seguir muriendo!" Estas son las preguntas que Mahler dijo que se plantearon en el primer movimiento de su Segunda Sinfonía, preguntas que prometió que serían contestadas en el final.

Cerraremos esta selección con Il prete rosso. El repertorio coral de Antonio Vivaldi, (1678-1741) fue descubierto en el siglo XX, cuando entre los años 1926 y 1930 salieron a la luz los que se conocen como Manuscritos de Turín que contenían más de trescientas obras del autor. Uno de los primeros en acceder a sus obras religiosas para coro fue Alfredo Casella, al que también se le atribuye el estreno del “Gloria RV 589” en el Festival Vivaldi de Sienna de 1939, tras más de doscientos años de silencio desde que fuera escrito en 1713. Aunque es un canto de Navidad esta magna obra se interpreta habitualmente, igual que ocurre con el Mesías de Haendel o la Misa solemnis de Beethoven, en los conciertos del Domingo de Resurrección en todo el mundo.



Cuidaos mucho. Y cuidad la Cultura para que ella cuide de nosotros. A pesar de que el narcisista Trump está sembrando el caos político y económico en el mundo, que el bolsillo y las banderas quieren poner todo patas arriba en su propio beneficio, que la ultraderecha avanza sin freno porque cuando Europa ha despertado el dinosaurio seguía ahí, el arte es y será siempre un lugar de encuentro. Pero no nos olvidemos de los más de 55.000 muertos de Gaza, ni su interminable genocidio, ni de Ucrania, bombardeada por Putin a pesar de la tregua, ni de Siria, que pronto será abandonada a su suerte (también), o Sudán de la que desconocemos cuantos muertos llevan en un año, ni de la oscura realidad de las mujeres en Afganistán, ni de las guerras del Congo por un puñado de coltán… ni de los 227 muertos por la DANA de Valencia, ni de los 7291 muertos en las residencias de Madrid. Hay demasiado sufrimiento para refugiarnos en el arte y olvidarnos del mundo.


Buenas noches.  Bona nit.  Boas noites. Bones nueches. Arratsalde on Надобраніч. طاب مساؤك. לילה טוב

 Otras fuentes consultadas:
https://musicaantigua.com/musica-sacra-para-el-domingo-de-resurreccion/
https://pianoencasa.com/semana-santa/
https://www.medici.tv/es/collections/easter-music
https://hjck.com/musica/en-canto-y-musica-coral-la-resurreccion-y-ascension-de-jesus-de-carl-philipp-emanuel-bach-ex40
https://www.religiondigital.org/aeterna_christi_munera/Historia-Resurreccion_7_1914178569.html
https://hjck.com/musica/la-musica-clasica-y-la-tradicion-religiosa-programacion-especial-en-hjck-ex40
https://loff.it/archivos/collections/seis-grandes-compositores-clasicos-para-la-tarde-del-domingo-de-resurreccion-234864/
https://www.ultimahora.com/la-resurreccion-un-tema-abordado-compositores-siglos-pasados-n1078484
https://www.melomanodigital.com/la-resurrezione-hwv-47-de-georg-friedrich-haendel/
https://filomusica.com/filo3/nuevor.html
https://es.laphil.com/musicdb/pieces/3938/symphony-no-2-resurrection

martes, 13 de octubre de 2020

El otoño: música y poesía

“El otoño es una segunda primavera, cuando cada hoja es una flor” (Albert Camus).

Por fin se respira otoño tras un verano que se me hizo eterno. A las veranofóbicas como yo, (la primera vez que leí esta palabra supe que me definía) nos encanta el otoño, por el verano que dejamos por fin atrás y porque el siguiente nos queda, afortunadamente, muy lejos.

EL OTOÑO SE ACERCA

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.
Y lo perdimos para siempre.

He querido empezar mi música de esta noche con esta preciosidad, “The Chestnut Tree” (El castaño) un cortometraje de animación, dirigido por la animadora coreana afincada en EEUU Hyun-mon Lee. Esta encantadora historia se centra en una niña y su madre, en Corea del Sur, mientras revisitan los recuerdos bajo un castaño. La animación, dibujada a mano, fue nominada a los Premios Annie 2008 al Mejor Cortometraje. La música del corto es la Mazurka en D mayor, Op. 33, No.2 de mi amado Chopin, interpretada por So Yun Kim. Desde que lo descubrí, curso tras curso mis alumnos lo miran fascinados.

El cielo tiene color de otoño. Y la vida. El jueves asistimos a un fantástico concierto de The Bob Collective, el curso escolar ha cogido ya carrerilla a pesar del COVID, y, aunque no acabamos de sacudirnos la tristeza que sentimos al escuchar cada día las noticias y no ver la luz al final del túnel, podemos dar las gracias de estar vivos.


           VIDAS DE OTOÑO

Vidas de otoño son, crepusculares,
con un sentido ambiguo e indeciso,
sin que se sepa que es lo que Dios quiso
al crearlas decir. Con sus pesares

oscuros cruzan campos y lugares
marcando a vuelo roto sobre el piso
la vaga sombra. Su hálito sumiso
va al morir a las nieblas estelares

Sale, perdido ya, negro murciélago
en estas noches tibias de septiembre
el cielo del otoño a disfrutar

y vuela acaso de la aceña al piélago,
sin que su triste sino se remembre,
su oscura vida errática a acabar.

“El otoño devuelve a la tierra las hojas que ella le prestó en verano”, dijo George Christoph Lechtenberg, una imagen que va íntimamente ligada al sentimiento de nostalgia. La tristeza, los recuerdos y pesares se amontonan en el suelo junto a las hojas. Vladimir Rebikov supo resumir este sentimiento en esta pieza maravillosamente expresiva, Les feuilles mortes, la tercera parte de su composición Sueños de otoño Opus 9.

“Voy a decir todavía unas palabras para los oídos más selectos: qué es lo que yo quiero en realidad de la música. Que sea jovial y profunda, como un mediodía de octubre” Friedrich Nietzsche. La pieza que vamos a escuchar a continuación no podemos decir que sea jovial, pero sí profunda. En noviembre de 1875, Nikolai Bernard, editor de la revista musical Le Nouvelliste, escribe a Tchaikovsky. En su carta le pide si podría escribir unas piezas breves para piano para su revista. Concretamente le pide una para cada mes del año. Las doce piezas, en vez de llamarse "Los meses" como sería más lógico, se publicaron con el título en francés, “Les saisons”, una joya musical que debería ser más conocida y que demuestra que la melancolía no tiene por qué ser dolorosa. Este es el epígrafe poético contenido en la edición rusa (Nikolai Bernard eligió uno para cada mes):

Otoño, nuestro pobre jardín se está cayendo
las hojas amarillentas vuelan en el viento.

OCTUBRE

Estaba echado yo en la tierra, enfrente
el infinito campo de Castilla,
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.

Lento, el arado, paralelamente
abría el haza oscura, y la sencilla
mano abierta dejaba la semilla
en su entraña partida honradamente

Pensé en arrancarme el corazón y echarlo,
pleno de su sentir alto y profundo,
el ancho surco del terruño tierno,
a ver si con partirlo y con sembrarlo,

la primavera le mostraba al mundo
el árbol puro del amor eterno.

(Juan Ramón Jiménez)

Otro compositor ruso, Alexander Glazunov, escribió el ballet Las Estaciones, su obra más popular. Representa la música romántica en su apogeo.  De los tres movimientos del Otoño os invito a escuchar más detenidamente el Adagio. La versión a piano es maravillosa.

 

OTOÑO

Aprovechemos el otoño
antes de que el invierno nos escombre
entremos a codazos en la franja del sol
y admiremos a los pájaros que emigran
ahora que calienta el corazón
aunque sea de a ratos y de a poco
pensemos y sintamos todavía
con el viejo cariño que nos queda
aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha.

Pero otoño es también sinónimo de vendimia y, por tanto, de fiesta y alegría, como nos recuerdan los coros del Otoño de “Las Estaciones” de Haydn.

Acompaña este tema Francisco Villaespesa, un prolífico poeta y, sin embargo, gran desconocido para mí, con este hermoso y sensorial soneto. 

POR TIERRAS DE SOL Y SANGRE III

frescura matutina del paisaje...
Verdores temblorosos del rocío...
A veces bajo el túnel del ramaje
brilla al sol la serpiente azul del río...

Hay olor de vendimia en los parrales.
Un silencio de paz duerme en la aldea...
Sólo algún perro ladra en los umbrales
del viejo hogar madrugador que humea.

En la azul palidez de la mañana,
cerrada para siempre la ventana
de las nocturnas citas... ¡Con sus hojas

dosel la enredadera le tejía,
y su pálido rostro sonreía
entre un temblor de campanillas rojas!

“Mi corazón está cansado” El otoño invita a la melancolía, a la soledad, al recogimiento hacia el interior del hogar, del alma, como sucede en el segundo Lied de “La canción de la tierra” de Gustav Mahler, El solitario en otoño (Der Einsame im Herbst). El compositor captura a la perfección la sensación de melancolía de la temporada: En esta “sinfonía” (así se le denominó en origen) el compositor pone música a antiguos poemas chinos llenos de sutileza y sensibilidad. Mahler estaba profundamente conmovido por la profundidad de los poemas sobre la fugacidad y el destino. Basta escucharlo para entender lo que sentía.


MELANCOLÍA

Me siento, a veces, triste
como una tarde del otoño viejo;
de saudades sin nombre,
de penas melancólicas tan lleno...
Mi pensamiento, entonces,
vaga junto a las tumbas de los muertos
y en torno a los cipreses y a los sauces
que, abatidos, se inclinan... Y me acuerdo
de historias tristes, sin poesía... Historias
que tienen casi blancos mis cabellos.
(Manuel Machado)

November Woods es una historia de tormento. Es el mejor de los poemas tonales (o sinfónicos) del compositor y poeta Arnold Bax, inspirada originariamente en los bosques de su tierra, pero.... “puede tomarse como una impresión de la música húmeda y tormentosa de la naturaleza a finales de otoño, pero toda la pieza está conectada con mi Yo. Estaba pasando por ciertas experiencias bastante problemáticas en ese momento”, escribió en una carta a sus amigos Podía haber pintado un cuadro o escrito un poema, pero compuso esta obra.

 

OTRO OTOÑO TRISTE.
 
Ya el otoño frunce su tul
de hojarasca sobre el suelo,
y en vuelo repentino,
la noche atropella la luz.
 
Todo es crepúsculo,
señoreando en mi corazón.
Hoy no queda en el cielo
ni un remanso de azul.
 
Qué pena de día sin sol.
Qué melancolía de luna
tan pálida y sola,
ay que frío y ay que dolor.
 
¿Dónde quedó el calor
del tiempo pasado,
la fuerza y la juventud
que aún siento latir?
 
Se fue quizás con los días cálidos,
de los momentos que a tu lado viví.
Y así esperando tu regreso,
otro otoño triste ha llegado sin ti.

El poco pretencioso género de la miniatura de salón fue cultivado por Albéniz en su juventud, terreno en el que se mueve el pianista con gran soltura, resultando muy hermosa la forma sugerentemente impresionista con la que se aborda “Les Saisons” (también conocido como “Álbum de Miniaturas”), retrato conmovedor de las estaciones del año. Esta es la pieza dedicada al tiempo que nos ocupa.

 

POEMA 25

De repente el olor de las mimosas
como una antorcha que respira o como
una ola inmemorial que besa
la desnudez expectante de la playa.
No es más que la puerta
que se abre, pero pone en movimiento
un aire donde cuaja
toda la dulzura de este precario otoño.

(Jorge Riechmann)

 El “loco” que revolucionó el tango nos regala este Otoño porteño, un tango arrebatado, encendido y a la vez elegante y digno. El sentimiento tan nostálgico que Piazzolla es capaz de describir impacta en quien lo escucha, irremediablemente.

Otro argentino, Leopoldo Lugones, una de las mentes más prodigiosas de su país, nos ofrece esta fugaz escena de toques toques impresionistas:

ROSA DE OTOÑO

Abandonada al lánguido embeleso
que alarga la otoñal melancolía,
tiembla la última rosa que por eso
es más hermosa cuanto más tardía.

Tiembla... un pétalo cae... y en la leve
imperfección que su belleza truncas
e malogra algo de íntimo que debe
llegar acaso y que no llega nunca.

La flor, a cada pétalo caído,
como si lo llorara, se doblega
bajo el fatal rigor que no ha debido
llegar jamás, pero que siempre llega.

Y en una blanda lentitud, dichosa
con la honda calma que la tarde vierte
pasa el deshojamiento de la rosa
por las manos tranquilas de la muerte.

Ya veis que existe un largo repertorio de música clásica que nos ofrece diferentes miradas sonoras sobre las cuatro estaciones, que van más allá de la que nos cuenta Antonio Vivaldi. Composiciones del siglo XIX hasta el siglo XXI nos muestran otras maneras de escucharlas.

Quiero acabar con dos piezas preciosas de la pianista rusa Irina Shishkina, de su álbum, “Sueños de Otoño”.  Poco o nada puedo comentar sobre ella, pues era una perfecta desconocida para mí; pero, da igual. Lo mejor, sin duda, es escucharla. 


Y esta poesía de Neruda pone las últimas palabras a ese sentimiento otoñal, a ese…"hasta de mi alma caen hojas".


MARIPOSA DE OTOÑO
 

La mariposa volotea
y arde con el sol, a veces.
 
Mancha volante y llamarada,
ahora se queda parada
sobre una hoja que la mece.
 
Me decían: No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.
 
Yo tampoco decía nada.
Y pasó el tiempo de las mieses.
 
Hoy una mano de congoja
llena de otoño el horizonte.
Y hasta de mi alma caen hojas.
 
Me decían: No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.
 
Era la hora de las espigas.
El sol, ahora,
convalece.
 
Todo se va en la vida, amigos.
Se va o perece.
 
Se va la mano que te induce.
Se va o perece.
 
Se va la rosa que desates.
También la boca que te bese.
 
El agua, la sombra y el vaso.
Se va o perece.
 
Pasó la hora de las espigas.
El sol, ahora, convalece.
 
Su lengua tibia me rodea.
También me dice: Te parece.
 
La mariposa volotea,
revolotea,
y desaparece.

Por hoy hemos acabado este largo paseo por el otoño y la música clásica, un recorrido que ha dejado algunas bellezas en el camino. Tiempo habrá. Faltan esas y todas las canciones y temas de grupos, géneros y artistas que han formado y forman parte de la banda sonora de nuestras vidas. Pero eso lo dejaremos para otra noche.

Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. 굿나잇. Boas noites. 晚安 Bonne nuit グッドナイト    Buonanotte. לילה טוב.  Oíche mhaith. Wengi alus. Bones nueches. اچھا شام Noson dda. Good night. Спокойной ночи. Guten Abend. শুভ রাত্রি. Laku noć. Bon lannwit. Fie.



jueves, 17 de julio de 2014

Ha muerto Lorin Maazel, la batuta perfecta

"Quiero infundir la música con una nueva pasión para restaurar lo que el hombre destruye"


Recordar los Conciertos de Año Nuevo, el evento más popular de la música clásica, para mí es hablar de Lorin Maazel. Esta maravillosa manera de empezar el nuevo año, si era dirigida por él siempre supuso todo un acontecimiento en casa. Con su gesto ligeramente desganado, llegaba, dirigía y vencía. Vencía ante el público de la Opera de Viena, ante la potencial audiencia de 1000 millones de personas de 60 países, ante mi familia, ante el corazón de aquella jovencita que, enganchada a la pantalla del televisor, le vio dirigir el 1 de enero de 1980 por primera vez. 

Creo que se me nota que estoy de vacaciones y un poco desconectada del mundo. O quizás es que las únicas noticias que me mantienen alerta son las del genocidio palestino. El caso es que hasta ayer no supe que se acababa de apagar la vida del gran maestro.

¿Os dais cuenta? El mes de julio ha sido nefasto para el mundo de la música clásica. El mismo día, exactamente 10 años antes, el 13 de julio de 2004, murió Carlos Kleiber. Y un 16 de julio, hace 25 años, el mundo perdió a Herbert von Karajan, "el Grande".

Fue un maestro, Maazel, aunque hay quien dice que insufrible. En sus 70 años de carrera estuvo al frente de unas 150 orquestas en más de 5.000 óperas y conciertos. Además grabó unos 300 discos de música clásica y compuso decenas de obras e incluso algunas óperas. Era una personalidad de humor cambiante, de gesto extraordinariamente claro y preciso, optimista, autoritario y sugestivo, tan práctico de cara a los músicos que dirigía como brillante para el público. Persuasivo, para unos y otros, su estilo, de gran teatralidad y pródigo en la utilización de recursos gestuales, fue fiel expresión de su concepción emotiva y apasionada de la música. Aunque fue tildado de excesivo y efectista por ciertos sectores de la crítica en sus interpretaciones reflejaba su elevada sensibilidad y perfecto dominio de la técnica. Sobre su forma de dirigir él decía en una entrevista en el suplemento "El Cultural" del diario "El Mundo", en mayo de 2001:

"El mérito del director viene de saber escuchar. Si en el oído está el sonido justo, el gesto se encuentra y van apareciendo todos los matices (...) ¿Cómo se puede controlar lo que sucede durante una interpretación si no está todo en la cabeza? Si estás pendiente de pasar las páginas de la partitura es inevitable perder concentración y contacto con la auténtica música. En muy contadas ocasiones utilizo la partitura. Sólo cuando no ha habido tiempo material porque es nueva o bien porque es una mera lectura. Como director, intento ser muy práctico. Me esfuerzo en memorizar con rapidez pero sólo porque es la única manera de liberarme de las notas para construir la música de verdad".

Como os decía antes, ese 1 de enero de 1980 fue su primer Concierto de Año Nuevo en el que Lorin Maazel substituyó a Willi Boskovsky, quien se había retirado después de dirigirlo sin interrupción durante 25 ediciones (1955 a 1979, ambas inclusive).Desde entonces yo, mi familia, el mundo entero pudimos deleitarnos con su dirección en 11 ocasiones (1980, 1981, 1982, 1983, 1984, 1985, 1986, 1994, 1996, 1999, 2005). Su condición de matemático daba pie a un sonido redondo y compacto aplaudido por crítica y público. 


Maazel presumía de no ponerse nunca nervioso ante un  concierto. “Sentirse nervioso es una señal de egoísmo y yo siempre trato de evitar cualquier acción egoísta”

Por otra parte, Maazel era conocido por ser un matemático excelente, capaz de demostrar, como Pitágoras, que la música y las ciencias exactas tenían muchos puntos en común. O la filosofía, disciplina en la que, como las matemáticas, se formó Maazel en la Universidad de Pittsburgh. Esta condición hizo de él un hombre de gran formación cultural, políglota e interesado por todos los campos del saber.


Pocas batutas tan idóneas como la de Maazel para otorgar toda la dimensión y el brillo a cualquier pentagrama, para sondear en los meandros líricos de cualquier obra dramática o sinfónica. Dibujaba la música en el aire como nadie a base de sutiles movimientos de muñeca, de un revoloteo elegante de ambas manos, con una izquierda prodigiosa, que regulaba dinámicas y moldeaba frases. La batuta era clara y poseía una apolínea manera de dividir y subdividir compases, de penetrar en todas las estructuras del pentagrama, que resultaba de esta manera, prácticamente sólo con el gesto, estupendamente explicado.


"Creo que mi mayor aportación ha consistido en el fraseo, en la precisión, en la pasión y en el buen gusto” “Me gusta la excelencia y he intentado destacar como violinista, compositor y director”, “Siempre que tenga éxito en el logro de un alto nivel en cada uno de estos campos, que por desgracia no son tan a menudo como me gustaría, me siento muy satisfecho", puntualizaba el polifacético maestro con un cierto sentido corporativo y patrimonial.

Desde muy joven tuvo una gran debilidad por Ravel, "un hombre de una delicadeza que me llega al alma; admiro su increíble habilidad para decir mucho con muy poco": 


 Maazel también era hincha del futbol, y en especial del Bayern Munich, para quien colaboró en la grabación de algunas versiones de su himno.


El primer director americano y el más joven que había bajado al foso de Bayreuth en 1960, el que más conciertos vieneses de Año Nuevo ha dirigido tras Boskovsky, nada menos que once, posiblemente sólo le falló una cosa, la titularidad de la Filarmónica de Berlín, para desgracia de los berlineses y de todos nosotros



Nos ha dejado, pues, una batuta prodigiosa, una fuertísima personalidad de la música, uno de los directores de orquesta más carismáticos del mundo, alguien que había que ver para creer. Con su muerte, Maazel entra de lleno en el terreno de la leyenda. Aunque, reconozcámoslo, hacía años que ya era una leyenda viva.

domingo, 15 de enero de 2012

Gustav Mahler

“Los que me conocen saben quién fui. Los demás no necesitan saberlo”

Este fue el epitafio que hizo poner en su lápida Gustav Mahler el compositor que con su muerte marcó el final de la vida privada de los personajes públicos tal y como muy bien explica este reportaje de El País en el centenario de su muerte el verano pasado: Mahler, el final de la privacidad. Esta noche se la dedico al hombre que con sus diez sinfonías (la última esbozada pero inconclusa) cambió el mundo de la música clásica. Seguramente me motivó la noticia de que hace un par de días, en el Avery Fisher Hall, una de las salas del Lincoln Center de Nueva York mientras transcurría el movimiento final de la su Novena Sinfonía interpretada por la Sinfónica de Nueva York y en medio de la sutil vibración de las dos arpas, los violines, violas y violonchelos, y muy por encima del contrabajo, apareció una marimba. Pero no se trataba de un instrumento de percusión, sino del ringtone característico de iPhone. Vergonzoso.

El universo sinfónico mahleriano es riquísimo y permite siempre descubrir nuevas sensaciones y significados. Su discografía es inmensa, repleta de reediciones y nuevas aportaciones. Mahler hizo de la sinfonía y la grandiosidad una forma de expresión personal única y un vehículo de evolución y desarrollo de la tradición germánica heredada desde Bach hasta Bruckner, pasando por Mozart, Beethoven, Brahms y Wagner, quien le influyó definitivamente durante su época de estudiante y del que se convirtió en uno de los más fieles intérpretes.

Nuestro gran compositor siempre tuvo la sensación de que la vida se le escapaba entre los dedos como el agua al cerrar la mano, sobre todo desde que viera consumirse durante meses entre fiebres reumáticas a su hermano Ernst, un año más joven que él. Al pie de su cama, inventaba todo tipo de cuentos de hadas para entretenerle, llenos de dragones y caballeros. Contarle cuentos a un niño de trece años que va a morir. Una situación paradójica, despiadadamente cruel, que hará mella en su corazón e inspirará el sorprendente tercer movimiento de su Primera Sinfonía 


La “Cuarta Sinfonía” es un buen ejemplo de algo que caracteriza toda su creación: una facilidad extrema para abarcar todos los registros emocionales que puede suscitar la música. Sus melodías pasan repentinamente de reflejar el anhelo de lo sublime y heroico a describir un regodeo sarcástico y grotesco. Una airosa marcha militar victoriosa se transmuta en unos cuantos compases en una lúgubre procesión funeraria. De lo alto a lo bajo y de lo inferior a lo superior. Para Mahler, una sinfonía debía abarcar la totalidad de la experiencia humana.



El adagietto de la Quinta Sinfonía fue inmortalizado en la película Muerte en Venecia. Esta sinfonía acompaña a toda la película y el adagietto corona el trágico y triste final de la misma.
Nadie que haya visto la obra de Visconti olvidará el exquisito cuarto movimiento de "la Quinta" de Mahler. Es una de esas piezas que suspenden el ánimo, como una profunda compresión del drama humano y que por eso son extremadamente difíciles de describir. Para mí, una verdadera canción de amor.

Su “Octava Sinfonía”, dicen los expertos, no es una obra que se pueda solamente escuchar. Hay que verla al mismo tiempo que se está interpretando. Porque su sobrecogedora monumentalidad tiene sus momentos (el Veni Creator o el finale), pero entre ambos extremos fluye un largo discurso en el que coros e instrumentos se dividen en pequeños grupos instrumentales y vocales casi camerísticos que se van moviendo musicalmente por la escena según un juego de timbres perfectamente establecido. Es la única sinfonía de Mahler que fue un éxito el día del estreno. 


Estaréis conmigo que la música de Mahler es como una espiral abierta hacia la exaltación de la tierra, de la vida, en la que la sinfonía actúa como espejo y síntesis del mundo y la voz, la canción, como su expresión mínima, la más íntima. Al término de su existencia, tanto la “Novena Sinfonía” como su famosísima Das Lied von der Erde (La canción de la tierra) estructuralmente llenas de auto-citas, de miradas retrospectivas hacia el camino musical recorrido, están impregnadas de melancolía y nostalgia. Melancolía que brota del amor a todo lo terrenal que, inevitablemente, habrá de abandonarse. Nostalgia de la tierra. Y de ahí el tono melancólico de la despedida, del adiós, que intenta dejar fluir esa voz, la voz de la tierra: "¡La tierra querida por todas partes / Florece en la primavera y reverdece de nuevo! / ¡Por todas partes y siempre la lejanía luce azul! / Siempre… siempre…".



Mahler ha sufrido periodos de ostracismo por culpa en parte a su carácter innovador y en gran medida por la llegada del nazismo a Europa y particularmente a Austria y Alemania, que la tachó de “degenerada”. Su condición de judío, también ayudó a que esto fuera posible Cuando era minusvalorado en vida por críticos y directores, afirmaba: “Mi tiempo llegará”. Y acertó. Sus sinfonías han ido creciendo en valoración, como un universo sonoro que integra felicidad y dolor, alegría y tristeza, y transmite dudas e intensas y complejas emociones. Un buen montón de esa emociones provocadas por la que fue su inspiración y su desasosiego, su mujer Alma Mahler. Pero esa es otra historia.