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domingo, 4 de septiembre de 2016

Katie Melua

Una caricia hecha sonido

Es posible que este nombre no os sea muy familiar. Es uno de esos misterios sin demasiadas explicaciones. Katie Melua hace canción madura, rebosante de sentimientos, con calidad demostrada. Y a pesar de ello, sigue siendo una desconocida en muchas partes del mundo, entre ellas, el honor es para España. Yo me tropecé con ella hace ya 6 años buscando novedades en el mundo de jazz. Acababa de ver la luz su cuarto disco, “The House”, y estaba en casi todas las páginas dedicadas al género. Tengo que reconocer que desde entonces la he tenido en el saco del olvido. La casualidad ha hecho que se cruzara en la búsqueda de música fresca para una asfixiante noche de septiembre.

La belleza de esta joven cantante (fijaos qué ojos tiene) sólo es comparable a la dulzura de su voz privilegiada, sensual y moldeable, capaz de interpretar con el matiz adecuado composiciones que giran en torno al blues, el jazz o el soul. Suavidad y sencillez: una caricia hecha sonido.

Nacida en Georgia (URSS) en 1984 pero trasladada a Belfast (Irlanda del Norte) a los 8 años, su historia de adolescente prodigio no eclipsa un trabajo duro de persona que no se ha conformado con ser una voz bonita al servicio de los demás. Desde 2001 también compone y posee un pequeño estudio en su casa desde el que trabaja en sus nuevas canciones.  He podido comprobar que versatilidad de Katie como vocalista está presente en todo su repertorio y en esa capacidad de abordar diversos géneros y matices. Siempre acompañada por una sensibilidad transmitida con sencillez.  Parece ser que Katie nunca pensó en ser cantante o compositora. De niña se veía con 30 años, como política o historiadora. Cuando lleguéis al final del post coincidiréis conmigo que hubiera sido un desperdicio.


La discografía de esta artista irrumpió en el 2003 con tan solo 19 años, llegando al Top 1 de las listas británicas con “Call Off The Search” y convirtiéndose en la artista femenina que más discos vendió en el Reino Unido. el 2004. Fue séxtuple disco de platino en UK, doble en Alemania y platino en Suiza. En España, como siempre, a por uvas... Gran parte del éxito de este álbum es debido a esta canción: The Closest Thing To Crazy.

           
 Un tema que me apasiona, sin duda, es Somewhere in the Same Hotel  de su álbum The Katie Melua Collection (2011)


En el apogeo de su carrera musical llegaron los tentadores experimentos. Junto al productor William Orbit grabó  “The House”, un trabajo coloreado con tintes electrónicos que la alejó de sus creaciones más clásicas y que llegó a ser el número uno de ventas en varios países de Europa, aunque fuera efímeramente. 


Con “Secret Symphony” (Dramatico) volvió a sus texturas más tradicionales, en las que su voz se desenvuelve con mucha naturalidad. Con este regreso a la instrumentación eminentemente acústica y los arreglos preciosistas, Melua recuperó toda la magia. Su voz y una guitarra son más que suficientes para vivir una noche de emoción e intimidad con temas infalibles para eso. De todas las canciones del álbum me quedo con ésta pero todo el disco es una delicia.


Amparada por los ritmos del jazz, el soul o el blues, Katie Melua nos demuestra  que la dulzura y la juventud no están reñidas con la calidad, y que una voz con personalidad propia nos acaba atrapando, siempre.


Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. Boas noites. Bonne nuit.

martes, 24 de junio de 2014

Rebekka Bakken

La mujer que nació cantando

Jazz. Necesito jazz. Hace tiempo que otras emociones, pasiones o vivencias me han alejado de mi música nocturna por excelencia. La cultura mediterránea ama la luz, la música, el ruido y el gentío. Y tengo aún en mi retina la luz de los fuegos artificiales de anoche, con los que la fiesta convierte el cielo en un espectáculo único, tan bello como efímero.

Necesito jazz y una voz femenina. Será la nostalgia del frío al otro lado de las ventanas o esa necesidad de una de “mis voces” después de la verbena (me canso; me hago mayor, sin duda) pero de pronto me ha venido a la cabeza el recuerdo de ésta para mí fantástica intérprete, compositora y pianista autodidacta de la que no puedo decir cuándo la conocí. Si es la primera vez que os acercáis a su voz os voy a decir tres cosas: Primera que habéis tardado mucho. Segunda, sus sensuales y seductoras melodías os atraparán cual oso polar. Tercera, cualquier relación con el jazz es pura coincidencia. Aunque cierto es que las coincidencias se producen.

Rebekka Bakken, en la mejor línea de Joni Mitchell, es una de las voces femeninas del jazz cuyo lirismo y sensualidad se desenvuelven entre el soul-pop, folk-rock y el blues. Una de esas voces que te atrapa el corazón.

Viendo su cara queda claro que Rebekka Bakken es noruega, o de la zona: rubia, alta, ojos de un azul transparente... Pero toda su presunta frialdad nórdica se derritió y me derritió cuando la escuché hablar en la radio, allá por el 2004, con vehemencia casi latina, sobre las cosas que le llegan al corazón. Iba a participar en el Festival de jazz de Terrassa (y en algunos más) y nos contó algunas cosas sobre su vida: En su casa no había radio ni equipo de música; nadie le había dado nunca una lección de canto y pasó su adolescencia colaborando con grupos aficionados. En 1994 decidió dar el gran salto y viajó a Nueva York, donde empezó a escribir poemas. "Fue cuando empecé a sentirme realmente cómoda", dijo.

Creo que esta hermosa mujer venida de los profundos y escarpados fiordos noruegos ha conseguido la fama a fuerza de talento natural y de luchar por hacerse un espacio en el mundo de la música.

Cuentan que su voz llenaba continuamente el hogar familiar situado en un pueblo de Noruega cercano a Oslo.Siempre la oyeron cantar, desde que era una niña. Ella misma explicó que cuando bajaba al sótano a buscar algo lo hacía cantando, "tenía tanto miedo que pensaba que cantando los fantasmas no me tocarían”. Pese a esa natural predisposición, su decisión de dedicarse a cantar profesionalmente la tomó no hace mucho. En este caso se confirma aquel dicho de “más vale tarde que nunca”

Su triunfo seguramente se debe a su forma de aproximarse a las canciones. "Son ellas las que mandan", dice, "cada una tiene un matiz dramático que hay que calibrar"  En realidad, cuando canta Rebekka está desnuda. Completamente desnuda. Indefensa. Hace un striptease con su alma, habla de su corazón de corazones, de las múltiples divisiones dentro de su personalidad. Sus temas están llenos de melodías brillantes y letras intimistas (ojalá supiera inglés...), dos ingredientes en los que Rebekka se mueve cual arenque en las frías aguas nórdicas. Escuchadlos, seguro que no os dejarán fríos.