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miércoles, 13 de julio de 2022

Las revoluciones y la música

 El legado musical de quienes quisieron cambiar el mundo

No hay revolución sin música, explica muy bien Aurélie Vialette. La música no produce revoluciones pero es una acompañante ineludible. Los pueblos que saben cantar, expresar su rabia y sus anhelos a través de la música son pueblos invencibles; quizás no ganan batallas, pero conquistan el derecho a permanecer en la memoria colectiva. La música ha sido siempre parte de las luchas sociales porque surge directamente del pueblo, no de las élites; es la manera que tiene el pueblo de levantar la voz de una manera audible, sonora y significativa con el único instrumento de producción gratuito: la voz. Las marchas y los himnos otorgan una fuerza que llega a derribar muros, como la conocida historia bíblica de las trompetas de Jericó.  Las revoluciones sociales sin música, sin himnos, sin lemas sonoros y de fácil aprendizaje, serían revoluciones sordomudas fáciles de olvidar con el paso de tiempo. Pero al escucharse y comprenderlas quedan grabadas en la memoria histórica de los pueblos.

"La Libertad guiando al pueblo"
Eugène Delacriox

Mañana, los franceses celebran su fiesta nacional. El 14 de julio de 1789, una muchedumbre se lanzó al asalto de una fortaleza real en las afueras de París: La Bastilla. Cuando la noticia llegó a Versalles, el rey preguntó: “¿Es una revuelta?” Un ministro le contestó: “No, sire, es una revolución”. Fue una revolución, burguesa, sin duda, pero una revolución. Una primera victoria del pueblo de París contra un símbolo del Antiguo Régimen. 

Los especialistas han contabilizado casi 200 himnos y más de 2.000 canciones y coplas populares de contenido político que se interpretaban en las calles de París entre 1789 y 1800 . Mientras que los himnos solían ser encargos de las autoridades para las ceremonias oficiales (coros, cantos fúnebres, odas…), las canciones tenían un carácter popular. Circulaban en hojas volantes o en opúsculos y almanaques, se reproducían en los periódicos y hasta se recopilaron en cancioneros. En la Francia de 1789, la mitad de los hombres y más del setenta por ciento de las mujeres no sabían leer. Por eso, uno de los medios más eficaces para transmitir las nuevas ideas revolucionarias fueron las canciones. Estas coplas populares hacían escarnio de los reyes, de los tiranos, de la aristocracia, traidores todos a la nación, a los que amenazan con suplicios. En esos momentos surgió el himno revolucionario más famoso: La Marseillaise, un himno que nació en tiempos de guerra y revolución, y lo hizo para quedarse. Aunque en origen no fuera escrita con un espíritu precisamente republicano sino más bien como un canto de guerra. Su objetivo fue tanto dar ánimo a las tropas como reclutar voluntarios a petición del mismísimo rey Luis XVI, en un intento de alentar a los soldados franceses a pelear contra Austria. Jamás habría imaginado don Luis que, un año después, sería ese mismo canto el que serviría de bandera a sus verdugos para cortarle la cabeza. 

La Marseillaise de Francois Rude 
base del Arc de Triomphe de París

El ahora himno nacional fue escrito en 1792 por el militar, poeta y compositor Rouget de Lisle, capitán del regimiento llamado “Enfants de la Patrie” (“los hijos de la Patria”). Hacía poco, el 20 de abril de ese año, que Francia le había declarado la guerra a la Austria de Leopoldo II por amenazarlos tras haber encarcelado al rey y a la reina, cuando intentaban fugarse. El día 24, cuando el alcalde de Estrasburgo supo la noticia, por indicaciones del rey convocó a una cena a varios oficiales, entre ellos a de Lisle, a quien le pidió que compusiera un himno patriótico para el ejército del Rhin.  Inspirado en un cartel que había visto en la calle con la proclama “Aux armes, citoyens! ("¡Ciudadanos, a las armas!"), tituló así su canto de guerra: Canción de guerra para el ejército del Rhin.  En julio de aquel año, voluntarios marselleses que marchaban hacia París lo entonaron al entrar en la capital; de ahí viene su nombre: La Marseillaise. Ya desde la primera estrofa ("Allons, enfants de la Patrie"), los franceses son llamados a luchar contra los invasores, “los feroces soldados” que vienen “a degollar a vuestros hijos y compañeras”.

He escogido, cómo no, la memorable escena de Casablanca (1942) en la que Víktor Lazlo (Paul Henreid) canta La Marsellesa en aquel mítico bar de Rick (Humphrey Bogart), para hacer frente a los alemanes, lo cual implicó todo un guiño de los Estados Unidos en favor de la resistencia francesa en plena guerra.

En un decreto aprobado el 14 de julio de 1795, La Marsellesa fue declarada himno nacional de Francia. La canción fue prohibida y restaurada varias veces a lo largo de la historia. En el año 1940 el himno había sido prohibido porque era considerado como un elemento de resistencia a la ocupación alemana y al gobierno colaboracionista de Vichy. En 1945, con el término de la II Guerra Mundial, se volvió a restablecer. En la Constitución del 4 de octubre de 1958, fue declarada definitivamente himno nacional. Además, la ley Fillon para la reforma de la educación, adoptada en marzo de 2005, incluye la obligación de su aprendizaje en la educación infantil y primaria.

Hasta que La Internacional, el himno de los trabajadores, adquirió fuerza a fines de siglo XIX, La Marsellesa fue la canción revolucionaria más cantada, la más versionada y difundida durante más tiempo. El influjo musical de la Revolución Francesa y de La Marsellesa pronto traspasó a la monarquía Hispánica, aunque con mensajes diferentes a aquella, como en la Carmañola venezolana o la Canción americana, convertidas en banderas de las independencias de América Latina contra la corona española. Aquí los sans-culottes franceses eran los sin camisa.

Existe una música que ha provocado una revolución, un caso único. Bélgica, 1830, 25 de agosto. El fervor patriótico que inflamó a los espectadores de “Masaniello” o “La muda de Portici” inició la revolución belga que permitió alcanzar la independencia de los Países Bajos en 1830. La ópera narra la rebelión de Nápoles contra la corona española en 1647. La fervorosa comunión que surgió entre los espectadores y la trama operística, la rebelión de Masaniello, un pescador, contra la corona española en 1647, provocó el estallido. “Mejor morir que vivir desgraciado, ¿qué tiene que perder un esclavo?”, clamó el tenor en el segundo acto. Cuando, en el tercero, cantó “¡Amor sagrado a la patria!” y exclamó “¡A las armas!”, ¡Viva la libertad!”, “¡Muerte a los holandeses!” y “¡Muerte al rey!” el público de Bruselas se puso en pie y coreó sus proclamas patrióticas. No pudo terminarse la obra. Horas después, los adoquines volaban por los aires lanzados contra los centros de poder holandeses oficiales y oficiosos, apuntando a la inminente independencia del país.

De la misma manera, el Canto de los esclavos de “Nabucco” se transformó en el grito de la unificación italiana; o cuando Miguel Fleta cantó en las calles de Madrid, el 14 de abril de 1931, la versión española de La Marsellesa de la zarzuela homónima de Miguel Ramos Carrión, para dar la bienvenida a la Segunda República.

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Particularmente en España, la Historia nos recuerda hasta qué punto la música ha sido esencial en la formación de grupos de resistencia. No hay más que ver la fuerza con la que el pueblo español cantó su odio frente a la invasión de las tropas francesas, que entraban para imponer a Napoleón a principios del siglo XIX. De 1809 es Los defensores de la Patria, una canción de tono lúgubre dado su origen en la derrota de la Batalla de Medellín de la Guerra de la Independencia en la que el invasor no hizo prisioneros.  

El papel de La Marseillaise lo tuvo en España El Himno de Riego, aunque su vida como himno nacional solo duró un año, de 1822 a 1823. El 1 de enero de 1820, en el municipio sevillano de Las Cabezas de San Juan, el general del Riego se convertía en referencia histórica de la lucha por la libertad al sublevarse contra Fernando VII, arengando a sus tropas al grito de “Sí, sí, soldados; la Constitución. ¡Viva la Constitución!”. Se trataba del primer pronunciamiento de la era moderna. El himno se convirtió en una de las canciones patrióticas de la época, y fue lo más parecido a un himno nacional que tuvimos a lo largo de todo el siglo XIX. En la Segunda República, la canción fue tan popular que no son pocos los que la consideran su himno. Oficialmente nunca lo fue. En 1931, poco después de la proclamación de la República, estalló una gran polémica entre políticos e intelectuales sobre su pertinencia como himno nacional. Pío Baroja llegó a escribir un artículo en el que lo calificaba de “demasiado callejero e “impropio de los ideales” de la República. El Himno de Riego contó con muchas letras, además de la más que conocida “si los curas y monjas…”, adaptándose a cada momento. Pero, no se puede negar, los objetivos más populares siempre han sido el clero y la monarquía. La letra original fue escrita por Evaristo San Miguel en los primeros días de 1820 y publicada poco después. Es también la letra oficializada como himno nacional durante el Trienio Liberal que Azaña intentó restaurar en la  Segunda República, sin conseguirlo.

Si la música es parte indispensable de resistencias y revoluciones, las canciones de lucha se multiplican tanto en momentos revolucionarios como en el caso de movimientos nacionalistas y totalitarios que promueven el sometimiento. El nacionalismo alemán, que en 1848 era una corriente republicana y revolucionaria que aspiraba a unificar los territorios de cultura y habla alemana, crea esta Canción de Alemania, hoy himno nacional de la República Federal. Heinrich Hoffmann von Fallersleben escribió el poema de “Das Lied der Deutschen” para una melodía de Haydn, versos que fueron considerados revolucionarias en el momento. La versión original empieza con “Alemania por encima de todo, por encima de todo el mundo” que acabó encajando en el programa imperialista nazi. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, las dos primeras estrofas del Canto a Alemania no se cantaban porque inculcaban ese deseo de dominio mundial. Siete años más tarde, en 1952, y debido a la imposibilidad de poder realizar un cambio importante en el himno, se tomó la decisión definitiva de reducir el himno a, únicamente, la tercera estrofa.

El siguiente ciclo de canciones revolucionarias lo monopolizarán los movimientos obreros internacionalistas del siglo XIX. El héroe será el pueblo, el proletariado. El enemigo, el tirano y el burgués. Lucha y unidad, instrumentos para conseguir la libertad y la igualdad. El ciclo empieza con una excepción: Le Temps des Cérises, canción de Jean-Baptiste Clément que se ha asociado a la Comuna libre y autogestionada de París en 1871, la primera revolución obrera de la historia. Las cerezas que caen como gotas de sangre entre el follaje se relacionaron con la sangre de miles de personas que tuvieron que ver de alguna manera con la Comuna, ejecutadas en una matanza indiscriminada, de una crueldad desproporcionada, y completada con deportaciones. También es una canción de amor. Para los millones de personas que la han tarareado, Le Temps des Cérises es quizás la alianza del amor y la revolución.

En 1871, un obrero francés que participó en la revolución de 1848 y fue miembro del consejo de uno de los municipios y las barricadas de la Comuna de París, Eugène Pottier, escribió los “Cantos Revolucionarios”, entre los cuales estaban los versos de un poema llamado La Internacional. En 1888, fueron musicalizados en pocos días por el obrero, político, músico y compositor belga Pierre Degeyter. Fue un éxito rotundo en toda Francia. Aunque durante algunos años sólo fue conocida por los obreros franceses, se acabó extendiendo entre la clase obrera europea. En 1892 fue aprobada por la Segunda Internacional como el himno oficial de los trabajadores. Lenin la oficializa en 1919 en la Tercera Internacional para convertirla en el himno de la Unión Soviética. En 1943, Stalin lo reemplaza por otro himno que exaltaba el nacionalismo ruso. La letra fue modificada según el país y la corriente política que la cantara (anarquistas o socialistas). Hoy sigue siendo entonada por las corrientes que se reivindican comunistas y trotskistas, y especialmente en los actos del 1 de mayo. En 1989, los estudiantes chinos de Tiananmén todavía la cantaban como uno de los referentes de su lucha por la democracia.

La revolución más importante después de la Comuna de París fue la rusa de 1905, una revolución que tuvo su propio cántico, la Varshavyanka (en ruso, Варшавянка) o Varsoviana (en castellano), que acabó siendo uno de los temas más populares de la tradición musical del movimiento obrero revolucionario de todos los tiempos. Versionada en muchos idiomas, pocos temas del patrimonio musical de la izquierda han llegado a tener una dimensión tan internacional. Adquirió gran popularidad a partir de la versión rusa, pasando a tener un lugar muy destacado en el repertorio musical comunista de la URSS. Pero, sin duda, a cualquiera de nosotros nos resulta más familiar la versión española A las barricadas, convertida en el himno anarcosindicalista de la CNT con letra de Valeriano Orobón.

A las barricadas desplazó como himno de la CNT al que hasta el estallido de la guerra había sido su cántico más extendido, compuesto en 1885 por el periodista  Rafael Carratalá RamosHijos del pueblo.

La Guerra Civil Española tiene también su propio cancionero revolucionario, canciones que, al igual que los fusiles y las banderas, animaron a los soldados de la Segunda República que iban a hacer frente a los militares del golpista general Franco en 1936; un cancionero procedente, en muchas ocasiones, de cantos internacionales. La creación de una voz colectiva para el canto imponía el ritmo sonoro del acto resistente. Tenemos Joven Guardia, adoptado como himno de la Juventudes Socialistas Unificadas.

Además de los himnos revolucionarios, durante la guerra se hicieron famosas las versiones de coplas populares tradicionales adaptadas al momento con otras letras. Ay Carmela (Viva la quinta brigada), Los cuatro muleros o Café de chinitas, acabaron dando paso a El Paso del Ebro, Puente de los Franceses o En la Plaza de mi Pueblo.


El gobierno republicano encargó al estudiante de composición Carlos Palacio, “Pala” la elaboración de un cancionero, canciones que se emitíeron en Radio Madrid a las 6 de la tarde, en la sección titulada “Altavoz del frente”. La pieza más popular sería Compañías de Acero.

Italia ha contribuido con dos canciones que han tenido una notable difusión internacional: Bandiera Rosa, cuya “propiedad” se la disputan socialistas y comunistas, y Bella Ciao, popularizada por la resistencia partisana italiana y, en los últimos tiempos, tristemente, por la serie de TV, “La Casa de Papel”.

En España, Adolfo Celdrán compuso en 1969 una versión en la que el guerrillero ve al opresor y no al invasor. ¡Sorpresa! La censura franquista prohibió su difusión.

Las canciones e himnos de las revoluciones Latinoamericanas merecen un capítulo para ellas solas. Por ello, acabaré esta primera parte dedicada a la música y las revoluciones con un tema que un 25 de abril le dediqué una entrada en este blog, Grândola Vila Morena, la canción que fue la señal de inicio de la  La Revolución de los Claveles. La compuso Zeca Afonso, un cantante activista de la izquierda portuguesa que había tenido problemas con la PIDE (la terrible y brutal policía política de la dictadura) por su actividades anticolonialistas cuando vivía en Mozambique. Zeca, aunque no militó nunca, mantenía un estrecho contacto con el movimiento comunista portugués. Grândola, Vila Morena es una canción preciosa que no responde a una obra tipo de carácter revolucionario. En 2013, se revitalizó como símbolo de la resistencia social y política contra las políticas criminales de la Troika europea convirtiéndose en la canción de batalla del movimiento "Que se lixe a troika" (algo así como "que se vaya a la mierda la troika")

Grândola, Vila Morena se transformó en un símbolo de la revolución, de libertad, de fraternidad y de la lucha popular durante la etapa revolucionaria. El símbolo traspasó fronteras, para convertirse en la España franquista también en un himno de libertad y de resistencia contra la dictadura.

Cuidaos mucho. Y ya sabéis; cuidad la Cultura para que ella cuide de nosotros. ¡Y no a la invasión rusa! ¡Libertad para Ucrania!



Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير. Gabon. 굿나잇. Boas noites. 晚安 Bonne nuit グッドナイト    Buonanotte. לילה טוב.  Oíche mhaith. Wengi alus. Bones nueches. اچھا شام Noson dda. Good night. Спокойной ночи. Guten Abend. শুভ রাত্রি. Laku noć. Bon lannwit. Fie. God nat. Usiku mwema. Oimore. Sula bulungi. Добрий вечір

Otras fuentes
https://blogs.elpais.com/tormenta-de-ideas/2012/12/la-armon%C3%ADa-de-las-cacerolas.html
https://www.rtve.es/play/audios/documentos-rne/marsellesa-musica-revoluciones/6628353/
file:///C:/Users/victo/Downloads/58954-Texto%20del%20art%C3%ADculo-121966-1-10-20180220.pdf
https://www.nodo50.org/tierraylibertad/181.html
http://blogdelviejotopo.blogspot.com/2015/10/musicas-de-las-resistencias-3.html
https://www.elperiodico.com/es/opinion/20130310/musica-revolucion-2336251
https://www.monografias.com/trabajos68/revolucion-musica-musica-revolucion/revolucion-musica-musica-revolucion2


viernes, 3 de agosto de 2012

Pongamos que os hablo de Madrid


"Hay ciudades tan descabaladas que no tienen catedral”. Así comienza Luis Martín-Santos su novela “Tiempo de Silencio” (1961)

A pesar de que en verano casi todos los blogs cierran por vacaciones, aquí estoy esta noche. Y es que ¿sabéis? ¡Nos hemos escapado cuatro días a Madrid! la capital que, a pesar de todo, aún se cree dueña del destino, la ciudad que te quiere y te odia a la vez, la pareja perfecta con la que nunca caes en la monotonía. Madrid es el comienzo y el fin de todas las eternidades, donde todo comienza y termina con una canción de Sabina.



ADORO esa ciudad desde que la visité por primera vez cuando era muy chica y me pude fotografiar, con las manos en las caderas, delante de La Puerta de Alcalá o de la tienda de la Señorita Pepis, una de las muñecas más famosas en la España de la década de los 70 (no he encontrado la foto). Allí mi abuela me enseñó a cantar, con una gorra ladeá, “Pichi, es el chulo que castiga” o el chotis Madrid

Tampoco podré olvidar jamás la letra de Por la Calle de Alcalá de la zarzuela Las Leandras que me aprendí entera. Podría cantarla ahora mismo sin ningún reparo “Por la Calle de Alcalá, con la falda almidoná y los nardos apoyaos en la cadera. La florista viene y va y sonríe descará por la acera de la Calle de Alcalaaaá ” (Me pregunto cómo he podido salir tan sana habiendo crecido en este ambiente, jeje)

En honor a mi abuela, la culpable de mi pasión por esta ciudad, os ofrezco una curiosa y chocante visión culterana, de concierto, del chotis por antonomasia:  Madrid de Agustín Lara cantado por Ramón Vargas.


Había algo inquietante en el Madrid de este mes de julio: El hambre en los soportales o pidiendo pan en las puertas de unas cafeterías (santo y seña de la ciudad) ajadas, necesitadas de una mano de pintura y una escoba en las aceras. Viejos y jóvenes, de aquí o de muy allá, con un vaso de plástico pidiendo unas monedas, los taxistas en pie de guerra, las putas de los arrabales con castizo acento que han dejado paso a las latinoamericanas, el precio (desorbitado) de la T10, los perroflautas de los cartones, ejemplo de dignidad, o lo que cuesta un refresco... No avanzamos hacia la argentinización de España sino hacia la españolización de España. ¿Volverá la historia negra de la Castilla más mísera y sanguinaria? Si es así, nadie sabe lo que ocurrirá. 

Y es que la villa de Madrid, epicentro de la vida administrativa por triplicado, tiene el raro honor de ser el centro neurálgico de una entelequia autonómica, una “Comunidad” con un millón quinientos cuarenta y cuatro mil seiscientos sesenta equivocados que, con la ayuda de los más de dos millones que no se mojaron, elevaron a Esperanza Aguirre, mitad maruja, mitad marquesa, a los altares del espejismo de este país de “ricos”. No porque lo fuéramos, sino porque nos creímos ricos. Un país que cuando apela a los cojones y al patriotismo ni la conciencia ni la inteligencia tienen espacio.

Pero la villa que palpita en horario de oficina, pacata y sumisa, también alza la cara y hace de la insolencia su bandera. Porque Madrid es una ciudad indestructible. En plena crisis, casi en estado de sitio, con las calles  semivacías y la chavalería bebiendo calimocho en cualquier rincón meado, planta cara y surgen iniciativas que demuestran la vitalidad de una urbe que nunca se da por vencida. Hace poco más de un año, en el km 0 de la Plaza del Sol, Madrid empezó a indignarse, levantarse, amotinarse, resistir y rebelarse.

Arde Madrid (Mikel Erentxun)

Madrid es una metrópolis que a veces cumple los sueños pero que, si no lo consigue, aun así siempre invita a soñar. Lo hemos podido ver, ¡sentir!. Vibrante y acogedora, se expresa en sus calles, harta de ser el nudo gordiano de la broma de mal gusto en que se ha convertido este país sin rumbo, sin criterio y sin cerebro; pero, sobre todo, sin corazón. La realidad económica, política, cultural y social está allí, aparentemente a la vista de todos. Ocurre, simplemente. Se despliega a lo largo del tiempo y del espacio.


Pero la percepción de los ciudadanos está en otro lugar: en el complejo entramado de neuronas que se comunican entre sí a través de impulsos eléctricos y de cambios químicos. En el complejo territorio que decide cómo se mira esa realidad, con qué ojos, con qué oídos y, sobre todo, con qué resonancias afectivas, ya sean consientes o inconscientes.

No debemos olvidar que Madrid es la ciudad que, contra todo pronóstico, resistió al asedio franquista hasta el final de la guerra; y se iba de paseo y al cine y a los teatros después de cada bombardeo de la aviación sublevada. Como tampoco debemos olvidar que el Madrid de la lideresa lo fue de la Movida

La villa de Madrid rezuma cultura por todos sus poros, vibra con el arte; es el placer de un viejo libro hallado a la salida del museo… acelera los pulsos, precipita los acontecimientos, genera ansiedad vital, engaña a los soñadores, recuerda a los que se fueron, da la bienvenida a los que llegaron y evita las comparaciones, que siempre son odiosas. Madrid engalana el alma, invita a la poesía, alimenta a los hambrientos de cultura como nosotros, no regaña al suicida, ataja los delirios de grandeza, ablanda los corazones, agrieta los puños, reta a la arrogancia y a la ignorancia, y enamora a las princesas de quita y pon.

Para vuestro deleite aquí tenéis la Ritirata notturna di Madrid   de Boccherini


Madrid es una ciudad que se descubre desde el asfalto, un pueblo que nunca dejará de serlo; hay algo inmutable en su fisonomía que ningún cosmopolitismo variará. Madrid desde el cielo es una constelación de tejas manchegas. Eso fue lo que pudimos ver desde la azotea del Círculo de Bellas Artes, un pueblo coronado por “El Pirulí”. Aunque por su tamaño es imposible de recorrer a pie, el Metro de Madrid te lleva cualquier sitio de interés y de tu interés. Pero sus dimensiones urbanas también invitan a caminar para descubrir cuan cosmopolita, artística, dinámica, divertida, orgullosa, encantadora y versátil es.


En las calles de Madrid (Loquillo)

Como dice el equipo de "Ruta de autor", Madrid es una ciudad que abraza, pero en la que también existen los desvíos, las perplejidades, los puntos de la confusión, los puntos de la sorpresa y el hallazgo. Madrid es lugar para perderse y encontrarse. Y es un lugar, que como todas las ciudades que me seducen, desconoce y descree de la pureza. Niñas chinas vestidas de chulapas; niños dominicanos que enseñan a sus compañeros a mezclar el merengue con el chotis; adolescentes españoles que mordisquean arepas que les han obsequiado sus amigos venezolanos; una mujer que lleva en una mano a su hijo y en la otra a un niño colombiano cuyos padres no han podido buscarlo en el colegio; tres españolas que aguardan en un café la llegada de un brasileño que las enseñará a bailar esa noche. Todo Madrid invita a la mezcla, a la mixtura, a la fusión, al frenesí, al roce, a la ternura. El Caribe está en Madrid.

Vente pa Madrid (Ketama)

Madrid es una ciudad que nunca duerme; es la meta y es el fin. Es jugárselo todo a una carta, a una mano, a cara o cruz. A camisa descubierta, dando la cara, el pecho y hasta la vida. Es templar los miedos y contener los sueños, bordados al alma en seda y oro.

Calles de Madrid (Quique González)

Madrid es soledad en multitudes, la sangre corriendo en oleadas, golpeando en los oídos; un paseo interminable que pesa con la responsabilidad que marca la historia. Madrid te lo da y te lo quita. Es furia y pasión, una amante exigente y un enemigo despiadado. Del amor al odio. Y luego otra vez amor. Porque surge por los poros, en caliente, sin más verdad que la del corazón.

Madrid amanece (Hilario Camacho)

Estoy enamorada de Madrid, ya lo veis. Es una ciudad casi perfecta, a la que sólo le falta una cosa. Y es que en Madrid… ¡no hay playa!


La selección de música que he hecho podía haber sido cualquier otra. ¡Hay tantas! Y es que Madrid suena a canciones. Aquí os dejo, casi treinta. Casi. Podía haber añadido el Himno al Real Madrid pero he preferido tener la fiesta en paz :) 
1. Jueves de La Oreja de Van Gogh
2. La Puerta de Alcalá, de Ana Belén y Victor Manuel
3. Pongamos que hablo de Madrid, de Antonio Flores
4. Pasa el otoño, de Antonio Vega
5. Te dejo Madrid, de Shakira
6. Madrid, de El Canto del Loco
7. Madrid, de Pereza
8. Puedes contar conmigo, de La Oreja de Van Gogh
9. Tu mirada me hace grande, de Maldita Nerea
10. Luces de Madrid, de Jaula de Grillos
11. La chica de ayer, El Penta
12. Las chicas tristes vuelven a Madrid, de Sin Rumbo
13. Rock de Madrid, de Los Guapos
14. En Madrid, de José María Granados
13. Yo me bajo en Atocha, de Joaquin Sabina
14. Este Madrid, de Leño
15. Pobre Madrid, de Baron Rojo
16. Cosas que debo a Madrid, de Miguel Ríos
17. A la sombra de un león, Ana Belén
18. Bruma en la Castellana, Ariel Rot
19. Geishas en Madrid, de Ariel Rot
19. Lady Madrid, de Pereza
20. Hay un Madrid, de Alberto Cortez
21. En las calles de Madrid, de Rosana
22. Kilómetro Cero, de Ismael Serrano
23. Madrid, de La Fuga
24. Camino de Madrid, de Pedro Javier Hermosilla
25. Madrid, de Dover
26. Y pare Madrid, de Sinkope
27. Y aún arde Madrid,  de Los porretas
28. Madrid  de Hombres G
29. Madrid, de Caskärrabias


Madrid es una ciudad terrible, hermosa, imposible de sustituir para quienes hemos sido seducidos por su bella fealdad. Es un cruce de caminos, el fin y el principio, el faro, la guía, el centro de la piel de toro. 

Y si en Madrid no pasa nada, es que pasa algo grave. Por eso, para defender el futuro contra los que quieren arruinar el país,  el 15 S ¡VAMOS A MADRID!






Sábado 4 de agosto
Cuando este blog se convierte en algo colaborativo, me siento feliz. Como es el caso. Mi amigo Pedro Ignacio Tofiño me/os propone un par de temas más sobre Madrid. Espero que sean de vuestro agrado como lo han sido del mío. ¡Gracias, Pedro!


 
Morning in Madrid  (Nightnoise) Es una pieza preciosa.

Cuzando Atocha ( La Romántica Banda local )

Otra nueva joyita que Miguel Montana, amigo de Pedro ha querido compartir. Por lo que he podio saber, Miguel es un cantautor catalán (esto aún no lo he confirmado) que vive en Toledo. También es componente de la Mountain Dew Band. Éste es su tema sobre Madrid: Bajo el cielo de Madrid. Va por ti, Miguel. Ojalá, algún día, nos veamos bajo el cielo de Madrid.




Parece mentira e imperdonable que haya olvidado un tema que ha sido un referente por muchas cosas. Y que, cada día más, me pone un nudo en la garganta cuando la oigo.

"Por unas cuantas horas nos sentimos libres y quien ha sentido la Libertad tiene más fuerzas para vivir"


18 de mayo en la "Villa"


Y la ciudad era joven,
aquel 18 de mayo.
Sí, la ciudad era joven,
aquel 18 de mayo
que no olvidaré nunca.

Por unas cuantas horas
nos sentimos libres,
y quien ha sentido la libertad
tiene más fuerzas para vivir.

De muy lejos, de muy lejos,
llegaban todas las esperanzas,
y parecían nuevas,
recién estrenadas:
de lejos las traíamos.

Por unas cuantas horas
nos sentimos libres,
y quien ha sentido la libertad
tiene más fuerzas para vivir.

Una vieja esperanza
encontraba la voz
en el cuerpo de miles de jóvenes
que cantaban y que luchan.

No lo olvidaré nunca,
no lo olvidaré nunca,
aquel 18 de mayo,
no lo olvidaré nunca,
aquel 18 de mayo
en Madrid.