Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti (zapatero, uno, y vendedor ambulante de pescado, el otro) fueron dos anarquistas e inmigrantes italianos acusados de haber asesinado a dos hombres en un robo a mano armada en 1920 en South Braintree, Massachussets. El 23 de agosto de 1927 fueron asesinados en la cárcel de Charlestown por el cruel método de la silla eléctrica después de un juicio irregular. Habían pasado más de siete años en la cárcel, en un país crispado por el odio y el terror ante los extranjeros progresistas.
Su ejecución fue un escarnecimiento contra la creciente fuerza del proletariado norteamericano compuesto, mayoritariamente, como pasa actualmente, por inmigrantes que reclamaban mejores condiciones de vida. Sin embargo acabaría suscitando un movimiento popular internacional en contra de dichas irregularidades y como crítica al sistema judicial americano. La ejecución de Sacco y Vanzetti fue llevada al cine en 1971, en plena guerra fría, por Giuliano Montaldo.
La impactante partitura de la película se popularizó gracias a la bella Balada de Sacco y Vanzetti cantada por Joan Baez, con música de Ennio Morricone. El compositor, además, escribió Here´s to You (Esto es para Usted) una exquisita melodía dramática, a modo de réquiem, con la que dignificó a los personajes en su calvario y que se aprovechó en el filme como principal sustento emocional y de denuncia. Sacco e Vanzetti, así, se convirtieron en símbolos de libertad en EUA así como en el resto del mundo
Hoy al escucharla nuevamente me sigue dejando consternada como la primera vez que la oí.
BALADA DE SACCO I VANZETTI (I)
Dadme a vuestros cansados y a vuestros pobres,
vuestras masas agrupadas anhelando respirar libres,
la basura desgraciada vertida en tu orilla,
envíame a estos, a los que no tienen hogar,
a los sacudidos por la tempestad, a mí.
Benditos sean los perseguidos,
y benditos sean los puros de corazón;
benditos sean los misericordiosos,
y benditos sean los que están de luto.
El paso es tan duro que rasga las raíces
y dice adiós a los amigos y a la familia.
Los padres y las madres sollozan,
los niños no pueden comprender,
pero cuando hay una tierra prometida
los valientes irán allí y otros les seguirán.
La belleza del espíritu humano
es la voluntad para intentar nuestros sueños,
y por eso las masas se vierten a través del océano
hacia una tierra de paz y esperanza,
pero nadie oyó una voz o vio una luz
cuando se tambalearon en la costa
y nadie fue recibido con el eco de la frase
Alzo mi lámpara detrás de la puerta dorada.
Benditos sean los perseguidos,
y benditos sean los puros de corazón;
benditos sean los misericordiosos,
y benditos sean los que están de luto.
Vanzetti tenía dos hermanas a las que escribió asiduamente desde la prisión. Aunque nunca compartieron sus ideales anarquistas, se decidieron a publicar sus cartas ante la grandeza de corazón de su hermano, un ejemplo de humanidad, respeto y tolerancia.
“Pronto, los hermanos no se batirán con sus hermanos; los niños ya no serán privados del sol, ni alejados del verdor de los campos; ya no está lejano el día en que ha de haber un pan para cada boca, un lecho para cada cabeza, felicidad para cada corazón”.
“No se avergüencen de mí -escribe en otro momento desgarrador-. Vendrá un día en que mi vida se conocerá tal cual es, y entonces todos los que se llamen Vanzetti se sentirán contentos y orgullosos de su apellido”.
Como dijo Albert Einstein “El caso de los dos anarquistas italianos demuestra que las instituciones democráticas más minuciosamente estudiadas no son mejores que los individuos que las usan como instrumento”.