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martes, 13 de octubre de 2020

El otoño: música y poesía

“El otoño es una segunda primavera, cuando cada hoja es una flor” (Albert Camus).

Por fin se respira otoño tras un verano que se me hizo eterno. A las veranofóbicas como yo, (la primera vez que leí esta palabra supe que me definía) nos encanta el otoño, por el verano que dejamos por fin atrás y porque el siguiente nos queda, afortunadamente, muy lejos.

EL OTOÑO SE ACERCA

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.
Y lo perdimos para siempre.

He querido empezar mi música de esta noche con esta preciosidad, “The Chestnut Tree” (El castaño) un cortometraje de animación, dirigido por la animadora coreana afincada en EEUU Hyun-mon Lee. Esta encantadora historia se centra en una niña y su madre, en Corea del Sur, mientras revisitan los recuerdos bajo un castaño. La animación, dibujada a mano, fue nominada a los Premios Annie 2008 al Mejor Cortometraje. La música del corto es la Mazurka en D mayor, Op. 33, No.2 de mi amado Chopin, interpretada por So Yun Kim. Desde que lo descubrí, curso tras curso mis alumnos lo miran fascinados.

El cielo tiene color de otoño. Y la vida. El jueves asistimos a un fantástico concierto de The Bob Collective, el curso escolar ha cogido ya carrerilla a pesar del COVID, y, aunque no acabamos de sacudirnos la tristeza que sentimos al escuchar cada día las noticias y no ver la luz al final del túnel, podemos dar las gracias de estar vivos.


           VIDAS DE OTOÑO

Vidas de otoño son, crepusculares,
con un sentido ambiguo e indeciso,
sin que se sepa que es lo que Dios quiso
al crearlas decir. Con sus pesares

oscuros cruzan campos y lugares
marcando a vuelo roto sobre el piso
la vaga sombra. Su hálito sumiso
va al morir a las nieblas estelares

Sale, perdido ya, negro murciélago
en estas noches tibias de septiembre
el cielo del otoño a disfrutar

y vuela acaso de la aceña al piélago,
sin que su triste sino se remembre,
su oscura vida errática a acabar.

“El otoño devuelve a la tierra las hojas que ella le prestó en verano”, dijo George Christoph Lechtenberg, una imagen que va íntimamente ligada al sentimiento de nostalgia. La tristeza, los recuerdos y pesares se amontonan en el suelo junto a las hojas. Vladimir Rebikov supo resumir este sentimiento en esta pieza maravillosamente expresiva, Les feuilles mortes, la tercera parte de su composición Sueños de otoño Opus 9.

“Voy a decir todavía unas palabras para los oídos más selectos: qué es lo que yo quiero en realidad de la música. Que sea jovial y profunda, como un mediodía de octubre” Friedrich Nietzsche. La pieza que vamos a escuchar a continuación no podemos decir que sea jovial, pero sí profunda. En noviembre de 1875, Nikolai Bernard, editor de la revista musical Le Nouvelliste, escribe a Tchaikovsky. En su carta le pide si podría escribir unas piezas breves para piano para su revista. Concretamente le pide una para cada mes del año. Las doce piezas, en vez de llamarse "Los meses" como sería más lógico, se publicaron con el título en francés, “Les saisons”, una joya musical que debería ser más conocida y que demuestra que la melancolía no tiene por qué ser dolorosa. Este es el epígrafe poético contenido en la edición rusa (Nikolai Bernard eligió uno para cada mes):

Otoño, nuestro pobre jardín se está cayendo
las hojas amarillentas vuelan en el viento.

OCTUBRE

Estaba echado yo en la tierra, enfrente
el infinito campo de Castilla,
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.

Lento, el arado, paralelamente
abría el haza oscura, y la sencilla
mano abierta dejaba la semilla
en su entraña partida honradamente

Pensé en arrancarme el corazón y echarlo,
pleno de su sentir alto y profundo,
el ancho surco del terruño tierno,
a ver si con partirlo y con sembrarlo,

la primavera le mostraba al mundo
el árbol puro del amor eterno.

(Juan Ramón Jiménez)

Otro compositor ruso, Alexander Glazunov, escribió el ballet Las Estaciones, su obra más popular. Representa la música romántica en su apogeo.  De los tres movimientos del Otoño os invito a escuchar más detenidamente el Adagio. La versión a piano es maravillosa.

 

OTOÑO

Aprovechemos el otoño
antes de que el invierno nos escombre
entremos a codazos en la franja del sol
y admiremos a los pájaros que emigran
ahora que calienta el corazón
aunque sea de a ratos y de a poco
pensemos y sintamos todavía
con el viejo cariño que nos queda
aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha.

Pero otoño es también sinónimo de vendimia y, por tanto, de fiesta y alegría, como nos recuerdan los coros del Otoño de “Las Estaciones” de Haydn.

Acompaña este tema Francisco Villaespesa, un prolífico poeta y, sin embargo, gran desconocido para mí, con este hermoso y sensorial soneto. 

POR TIERRAS DE SOL Y SANGRE III

frescura matutina del paisaje...
Verdores temblorosos del rocío...
A veces bajo el túnel del ramaje
brilla al sol la serpiente azul del río...

Hay olor de vendimia en los parrales.
Un silencio de paz duerme en la aldea...
Sólo algún perro ladra en los umbrales
del viejo hogar madrugador que humea.

En la azul palidez de la mañana,
cerrada para siempre la ventana
de las nocturnas citas... ¡Con sus hojas

dosel la enredadera le tejía,
y su pálido rostro sonreía
entre un temblor de campanillas rojas!

“Mi corazón está cansado” El otoño invita a la melancolía, a la soledad, al recogimiento hacia el interior del hogar, del alma, como sucede en el segundo Lied de “La canción de la tierra” de Gustav Mahler, El solitario en otoño (Der Einsame im Herbst). El compositor captura a la perfección la sensación de melancolía de la temporada: En esta “sinfonía” (así se le denominó en origen) el compositor pone música a antiguos poemas chinos llenos de sutileza y sensibilidad. Mahler estaba profundamente conmovido por la profundidad de los poemas sobre la fugacidad y el destino. Basta escucharlo para entender lo que sentía.


MELANCOLÍA

Me siento, a veces, triste
como una tarde del otoño viejo;
de saudades sin nombre,
de penas melancólicas tan lleno...
Mi pensamiento, entonces,
vaga junto a las tumbas de los muertos
y en torno a los cipreses y a los sauces
que, abatidos, se inclinan... Y me acuerdo
de historias tristes, sin poesía... Historias
que tienen casi blancos mis cabellos.
(Manuel Machado)

November Woods es una historia de tormento. Es el mejor de los poemas tonales (o sinfónicos) del compositor y poeta Arnold Bax, inspirada originariamente en los bosques de su tierra, pero.... “puede tomarse como una impresión de la música húmeda y tormentosa de la naturaleza a finales de otoño, pero toda la pieza está conectada con mi Yo. Estaba pasando por ciertas experiencias bastante problemáticas en ese momento”, escribió en una carta a sus amigos Podía haber pintado un cuadro o escrito un poema, pero compuso esta obra.

 

OTRO OTOÑO TRISTE.
 
Ya el otoño frunce su tul
de hojarasca sobre el suelo,
y en vuelo repentino,
la noche atropella la luz.
 
Todo es crepúsculo,
señoreando en mi corazón.
Hoy no queda en el cielo
ni un remanso de azul.
 
Qué pena de día sin sol.
Qué melancolía de luna
tan pálida y sola,
ay que frío y ay que dolor.
 
¿Dónde quedó el calor
del tiempo pasado,
la fuerza y la juventud
que aún siento latir?
 
Se fue quizás con los días cálidos,
de los momentos que a tu lado viví.
Y así esperando tu regreso,
otro otoño triste ha llegado sin ti.

El poco pretencioso género de la miniatura de salón fue cultivado por Albéniz en su juventud, terreno en el que se mueve el pianista con gran soltura, resultando muy hermosa la forma sugerentemente impresionista con la que se aborda “Les Saisons” (también conocido como “Álbum de Miniaturas”), retrato conmovedor de las estaciones del año. Esta es la pieza dedicada al tiempo que nos ocupa.

 

POEMA 25

De repente el olor de las mimosas
como una antorcha que respira o como
una ola inmemorial que besa
la desnudez expectante de la playa.
No es más que la puerta
que se abre, pero pone en movimiento
un aire donde cuaja
toda la dulzura de este precario otoño.

(Jorge Riechmann)

 El “loco” que revolucionó el tango nos regala este Otoño porteño, un tango arrebatado, encendido y a la vez elegante y digno. El sentimiento tan nostálgico que Piazzolla es capaz de describir impacta en quien lo escucha, irremediablemente.

Otro argentino, Leopoldo Lugones, una de las mentes más prodigiosas de su país, nos ofrece esta fugaz escena de toques toques impresionistas:

ROSA DE OTOÑO

Abandonada al lánguido embeleso
que alarga la otoñal melancolía,
tiembla la última rosa que por eso
es más hermosa cuanto más tardía.

Tiembla... un pétalo cae... y en la leve
imperfección que su belleza truncas
e malogra algo de íntimo que debe
llegar acaso y que no llega nunca.

La flor, a cada pétalo caído,
como si lo llorara, se doblega
bajo el fatal rigor que no ha debido
llegar jamás, pero que siempre llega.

Y en una blanda lentitud, dichosa
con la honda calma que la tarde vierte
pasa el deshojamiento de la rosa
por las manos tranquilas de la muerte.

Ya veis que existe un largo repertorio de música clásica que nos ofrece diferentes miradas sonoras sobre las cuatro estaciones, que van más allá de la que nos cuenta Antonio Vivaldi. Composiciones del siglo XIX hasta el siglo XXI nos muestran otras maneras de escucharlas.

Quiero acabar con dos piezas preciosas de la pianista rusa Irina Shishkina, de su álbum, “Sueños de Otoño”.  Poco o nada puedo comentar sobre ella, pues era una perfecta desconocida para mí; pero, da igual. Lo mejor, sin duda, es escucharla. 


Y esta poesía de Neruda pone las últimas palabras a ese sentimiento otoñal, a ese…"hasta de mi alma caen hojas".


MARIPOSA DE OTOÑO
 

La mariposa volotea
y arde con el sol, a veces.
 
Mancha volante y llamarada,
ahora se queda parada
sobre una hoja que la mece.
 
Me decían: No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.
 
Yo tampoco decía nada.
Y pasó el tiempo de las mieses.
 
Hoy una mano de congoja
llena de otoño el horizonte.
Y hasta de mi alma caen hojas.
 
Me decían: No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.
 
Era la hora de las espigas.
El sol, ahora,
convalece.
 
Todo se va en la vida, amigos.
Se va o perece.
 
Se va la mano que te induce.
Se va o perece.
 
Se va la rosa que desates.
También la boca que te bese.
 
El agua, la sombra y el vaso.
Se va o perece.
 
Pasó la hora de las espigas.
El sol, ahora, convalece.
 
Su lengua tibia me rodea.
También me dice: Te parece.
 
La mariposa volotea,
revolotea,
y desaparece.

Por hoy hemos acabado este largo paseo por el otoño y la música clásica, un recorrido que ha dejado algunas bellezas en el camino. Tiempo habrá. Faltan esas y todas las canciones y temas de grupos, géneros y artistas que han formado y forman parte de la banda sonora de nuestras vidas. Pero eso lo dejaremos para otra noche.

Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. 굿나잇. Boas noites. 晚安 Bonne nuit グッドナイト    Buonanotte. לילה טוב.  Oíche mhaith. Wengi alus. Bones nueches. اچھا شام Noson dda. Good night. Спокойной ночи. Guten Abend. শুভ রাত্রি. Laku noć. Bon lannwit. Fie.



domingo, 2 de abril de 2017

La noche: música y poesía

La noche es la mitad de la vida,
y la mitad mejor. (Johann W. Goethe)


Me siento nostálgica en noches como ésta. Sentir de nuevo los nocturnos de Chopin interpretados por la magia de Maria João Pires me ayudan a conectar con mi otro yo.  Adoro la noche; adoro su silencio. Sí, adoro el silencio. Por eso he escrito tanto de noche, supongo; para que los destinatarios de mis cavilaciones, a veces absurdas, fueran ojos mudos, sin halagos ni críticas, de lo que llevaba dentro. Un hábito evasivo, seguramente, esto de la escritura sin más finalidad que el silencio infinitamente compartido.


NOCTURNO

¿Por qué el alma tiembla de tal manera?
Oigo el zumbido de mi sangre,
dentro de mi cráneo pasa una suave tormenta.
¡Insomnio! No poder dormir, y, sin embargo,
soñar. Ser la auto-pieza
de disección espiritual, ¡el auto-Hamlet!
Diluir mi tristeza
en un vino de noche
en el maravilloso cristal de las tinieblas...
Y me digo: ¿a qué hora vendrá el alba?
Se ha cerrado una puerta...
Ha pasado un transeúnte...
Ha dado el reloj trece horas... ¡Si será Ella!...


Adoro la noche. Hay en ella un almacén lleno de vida, vida desperdiciada. Con ella se podría crear otro mundo, una existencia que sabría cómo aprovechar la inmensa cantidad de tiempo que se pierde en ésta. Todo está volcado en su oscuridad: los sueños rotos, los besos que nos dieron una vez y los que no se dan, los suspiros que se lanzan al aire, las ilusiones sin realizar, los te quiero sin respuesta, desamores, equívocos, tiempo sin vivir, sensaciones sin sentir. Los recuerdos. Pero siempre habrá un poema o una canción donde mecer el ánima arruinada o triste o efusiva o agotada, naufragando en su oleaje.


CADA NOCHE

Cada noche es una noche
distinta de las demás
uno se duerme y sin más
del sueño emerge el reproche
cada noche es un derroche
de goce o de desconsuelo
se vuela en absurdo vuelo
pero si soñando a tientas
uno empieza a sacar cuentas
allí comienza el desconsuelo.

Una curiosidad. Uruguay tiene entre sus fiestas nacionales “la Noche de la Nostalgia” o la “Noche de los Recuerdos”, una fiesta que se celebra desde hace más de 38 años. Cada 24 de agosto, en la víspera de la celebración de la Declaración de la Independencia, miles de uruguayos se dan cita para reencontrarse y bailar al ritmo de los más grandes old hits de todos los tiempos. Me pregunto si en ella se canta a Drexler.


Al acabar el día, quisiera escribir de nuevo versos de aquellos que ya no retroceden, sílabas resbalando por cejas y pestañas en las que hallas esa intimidad que resplandece unos segundos y después se esfuma.  En las palabras habitan sueños nocturnos que se desintegran al contacto con la vida. Otros lo hicieron, ya.

POEMA XX
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir por ejemplo: "La noche está estrellada, y tiritan,
azules, los astros, a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería
Como no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca,
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,

y éstos sean los últimos verso que yo le escribo.


¿Qué es para vosotros la noche? ¿Una nada improductiva carente de significación, que ha dado lugar a la prefiguración de la noche como madre de lo negativo y monstruoso o un sentido de afirmación sobre aquello otro que reside en nosotros y nos abraza? La noche como origen o como fin. Para Lope de Vega, la noche no sólo es cómplice de los amantes, sino también refugio del poeta. Con ella, en este soneto el escritor recorrerá el camino para mostrarnos la estrecha relación existente entre el sueño, la muerte y la vida.

A LA NOCHE
Noche fabricadora de embelecos,
loca, imaginativa, quimerista,
que muestras al que en ti su bien conquista,
los montes llanos y los mares secos;

habitadora de celebros huecos,
mecánica, filósofa, alquimista,
encubridora vil, lince sin vista,
espantadiza de tus mismos ecos;

la sombra, el miedo, el mal se te atribuya,
solícita, poeta, enferma, fría,
manos del bravo y pies del fugitivo.

Que vele o duerma, media vida es tuya;
si velo, te lo pago con el día,
y si duermo, no siento lo que vivo.


A medida que el universo, y por ende la tierra, se expande, la oscuridad nocturna aumenta. Y cuanto más descendemos a nuestro yo onírico, la negrura del alma nos asedia.

No has sentido en la noche...

¿No has sentido en la noche,
cuando reina la sombra
una voz apagada que canta
y una inmensa tristeza que llora?

¿No sentiste en tu oído de virgen
las silentes y trágicas notas
que mis dedos de muerto arrancaban
a la lira rota?

¿No sentiste una lágrima mía
deslizarse en tu boca,
ni sentiste mi mano de nieve
estrechar a la tuya de rosa?

¿No viste entre sueños
por el aire vagar una sombra,
ni sintieron tus labios un beso
que estalló misterioso en la alcoba?

Pues yo juro por ti, vida mía,
que te vi entre mis brazos, miedosa;
que sentí tu aliento de jazmín y nardo
y tu boca pegada a mi boca.

 “Rimas, leyendas y narraciones”



Cómo pasar por este espacio sin darle voz a la poeta argentina Alejandra Pizarnik ardiente escritora que escogía el ámbito de la noche para crear.

LA NOCHE

Poco sé de la noche
pero la noche parece saber de mí,
y más aún, me asiste como si me quisiera,
me cubre la conciencia con sus estrellas.
Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte.
Tal vez la noche es nada
y las conjeturas sobre ella nada
y los seres que la viven nada.
Tal vez las palabras sean lo único que existe
en el enorme vacío de los siglos
que nos arañan el alma con sus recuerdos.
Pero la noche ha de conocer la miseria
que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.
Ella ha de arrojar odio a nuestras miradas
Sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.
Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.
Su lágrima inmensa delira
y grita que algo se fue para siempre.
Alguna vez volveremos a ser.
Silencio de la noche, doloroso silencio.


“Cuando siento necesidad de religión, salgo de noche y pinto las estrellas” dijo Van Gogh. Pintémoslas antes de que se nos apaguen entre los dedos.

NOCHE

Sobre la nieve se oye resbalar la noche

La canción caía de los árboles
Y tras la niebla daban voces

De una mirada encendí mi cigarro

Cada vez que abro los labios
Inundo de nubes el vacío
                                      En el puerto
Los mástiles están llenos de nidos

Y el viento
                     gime entre las alas de los pájaros

LAS OLAS MECEN EL NAVÍO MUERTO

Yo en la orilla silbando
                    Miro la estrella que humea entre mis dedos

Poemas árticos, 1918


Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. 굿나잇. Boas noites. 晚安 グッドナイト    Buonanotte. לילה טוב

lunes, 16 de mayo de 2016

Frédéric Chopin

La intimidad de la música

Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos, un tenedor y una cuchara, que habían germinado junto a las zanahorias. Esa misma tarde reemprendió el experimento: plantó una flauta, tres partituras y un do sostenido. Luego se sentó en el porche y empezó a silbar. Lo miramos con ojos de rutina. Durante meses abonó la tierra, regó los surcos y arrancó, incansable, las malas hierbas. Una mañana nos despertó con sus gritos; nadie entendía su corretear gallináceo, su euforia desmedida. Nos arrastró hacia los ventanales y abrió el portalón. Desde allí pudimos contemplar, fascinados, como había brotado, en medio del huerto, un imponente piano de cola.

Si el piano es el instrumento romántico por excelencia se debe en gran parte a la aportación de Frédéric Chopin. En el extremo opuesto del “pianismo” orquestal de su contemporáneo extravertido, apasionado y casi exhibicionista Liszt, el compositor polaco desarrolló un estilo intrínsecamente poético, de un lirismo tan refinado como sutil, que aún no ha sido igualado.


Chopin es de una importancia enorme para todos los pianistas porque exploró una nueva forma de hacer sonar el piano. Muy pocos han hecho “cantar” al instrumento, exprimiendo sus recursos tímbricos y dinámicos, con la maestría con qué lo hizo él. Y es que el canto constituía precisamente la base, la esencia, de su estilo como intérprete y como compositor. Su técnica para tocar el piano no nos hace gritar de la sorpresa, sino que entra de forma muy sutil y natural.

La simplicidad es el logro final. Después de que uno haya jugado con una cantidad grande de notas, es la simplicidad que emerge como una recompensa del arte.

Pero, sobre todo, el gran logro de Chopin es que encontró el modo de hacer cantar al piano de una manera personalizada, dirigiéndose a cada intérprete y a cada oyente, de forma individual. Compone para cada uno de nosotros, exclusivamente. Es una cualidad muy rara y especial, la intimidad en la música. Chopin no es como Beethoven, que va declarando a los cuatro vientos sus ideas. Chopin se dirige a ti y solamente a ti. Eso le da una belleza y una profundidad que, para mí, son importantísimas.

Esta noche volveremos a escuchar el Nocturne op. 9 no. 2 el más divino poema de amor transformado en música. Fue la pieza con la que inauguré este blog. Como ya expliqué entonces mi abuela tocaba este nocturno como si el propio Chopin guiara sus manos. Se había pasado horas y horas tocando sus obras a oscuras en su piano de cola. Era una chica de "buena familia" de Isla Cristina (Huelva). Podría contar cosas de ella y no acabaría nunca. Desde muy pequeña me transmitió la pasión por Chopin y por el vals. No somos conscientes de lo importante que son en nuestras vidas algunas personas hasta que ya no están con nocotros.

Es difícil expresar con palabras lo que Chopin dibujó de manera insuperable con notas: Melancólico y llenos de arpegios, siempre sutil, dedicado a Camille Pleyel, este Nocturno pasa de la melodía a la exaltación. La pieza termina tan silenciosa como se inicia. La intimidad es sobrecogedora.

Chopin escribiría sobre la partitura la manera de digitar para obtener la sonoridad que deseaba, hecho curioso, ya que a él le gustaba dejar al intérprete la libertad de ejecución: Si cerráis los ojos es fácil percibir el distinto color de las notas que suenan, cómo unas veces las teclas del piano son presionadas con fuerza y energía, otras veces con delicadeza, acariciando la melodía. Así se demuestra la maestría de un intérprete, que con sólo ver un pentagrama oye la música en su cabeza, con todo lujo de detalles. Sienten la música, ven la música, la perciben hasta un nivel en el cual el resto de los mortales jamás seremos capaces de alcanzar jamás.

Sin desmerecer al maestro Rubinstein y a tantos otros, el pianista chino Yundi Li es el mejor intérprete de los nocturnos de Chopin actuales que conozco, siendo la competencia muy grande, lo sé. La claridad en la ejecución y su dulce ternura ha sabido para mí captar como nadie el encanto y el espíritu romántico del compositor polaco.


El pasado 18 de abril tuve la enorme suerte de asistir a un concierto en L’Auditori de Barcelona, acompañando a mi madre. En él pude escuchar a la maravillosa pianista Maria João Pires interpretando a su querido Chopin, el autor que la convirtió años atrás en superventas de la música clásica con su grabación de los “Nocturnos” un maravilloso regalo que me hizo Jesús (y que escuché con mi abuela infinidad de veces). Pero como sucede cuando las pequeñas y volcánicas manos de la ilustre pianista se deslizan sobre el instrumento para extraer la atmósfera esencial de las grandes obras, ella pasó a ocupar el papel de protagonista con una interpretación antológica del Concierto para piano número 2 en fa menor del compositor polaco, pese a que se había anunciado que ofrecería un concierto de Mozart. No os podéis imaginar el alegrón que me dio cuando supe del cambio (con todos mis respetos y mi admiración a Mozart, evidentemente)

Este concierto lleva el número dos pero fue el primero que Chopin compuso a los 19 años. (Pocos meses después verá la luz el segundo, en mi menor, y que lleva el N° 1.) De estructura clásica en tres movimientos, su estreno se realizó el 17 de marzo de 1830. Chopin alquiló para ello el Teatro Nacional de Varsovia y tres días antes del estreno sintió cómo lo inundaba la alegría al enterarse de que todas las localidades estaban vendidas. La acogida fue calurosa, de público y de crítica, a tal punto que cinco días más tarde se vio obligado a ofrecer un segundo concierto, con la sala abarrotada nuevamente. En este concierto segundo movimiento, Larghetto, por segunda vez produjo gran efecto. Pero a Chopin no se le subieron los humos a la cabeza. Escribe a un amigo:

"En todas partes me hablan del... Adagio!!... aunque no improvisé como deseaba... Me piden que haga grabar mi retrato y lo difunda entre el público. Me opongo, porque sería demasiado... ¡y además no tengo ganas de servir para envolver manteca! ..."


Si os apetece escucharlo entero, aquí os dejo a Maria João Pires con Trevor Pinnock y la Orquesta Filarmónica alemana de Bremen en un Concierto en el Teatro de los Campos Elíseos de París, el 16 de enero de este año.


Como propina, aquella memorable noche en L’Auditori Pires nos ofreció el Vals en re bemol Op 64 Nº 1 llamado "Vals del Minuto" o "Vals del Perrito"

       
         Pasemos ahora a otra de las composiciones más famosas de Chopin, los “Estudios”. El pianista tuvo que elegir el oficio de profesor de música como medio de vida por razones de necesidad: sus composiciones le significan sumas ínfimas y ofrece muy pocos conciertos (y a menudo en beneficio de alguna obra de caridad) Aun cuando gran cantidad de alumnos pertenecen a la aristocracia parisina (George Sand se referirá irónicamente a las “magníficas condesas”, las “deliciosas marquesas”, las “alumnas idólatras”); también tendrá una quincena de alumnos de valía que no pertenecen a la aristocracia.

Los Estudios son pequeñas obras creadas primordialmente destinadas a desarrollar las capacidades técnicas, destrezas y expresivas del instrumento para sus alumnos. Por consiguiente, cada estudio está consagrado a dominar una destreza técnica específica y se basa en un solo motivo musical. Pero los Estudios de Chopin trascendieron este estadio para convertirse en piezas claves del repertorio para piano, hasta inclusive muchos de ellos tienen su título propio como Estudio "Tristeza" o el archifamoso "Revolucionario".


¿Seguimos? Chopin da mucho de sí… No podía hablaros del compositor polaco y soslayar sus polonesas.  No obstante tratarse de una danza popular polaca, Fréderic Chopin no fue el primero en escribir "polonesas". Antes de él, escribieron piezas "en ritmo de polonesa", Bach, Telemann, Mozart y Schubert. Y después de él, Musorgski y Tchaikovsky. En simultaneidad con Chopin, también escribieron polonesas Liszt y Schumann. Pero de todas las "polonesas clásicas", las de Chopin son las más célebres, tal vez porque Frédéric, además de ser polaco, adquirió a lo largo de su vida gran destreza en su composición, habida cuenta de que su primera obra, escrita cuando tenía siete años, fue precisamente una polonesa.

La polonesa en La bemol mayor opus 53, denominada "Heroica" por alguno de sus editores fue escrita en 1836 y publicada en 1843. La fecha de su composición puede darse por segura puesto que se conserva una copia autógrafa del 12 de septiembre de 1836, copia que Frédéric ofrendó a una joven Clara Wieck, de diecisiete años, a su paso por Leipzig, y sobre la que estampó de su puño y letra, las palabras: "de su admirador".
Los compases iniciales de esta polonesa fueron ejecutados en muchas ocasiones por Radio Varsovia para elevar el espíritu de la nación mientras el ejército de Hitler se aproximaba a la capital. Cuando la emisora de radio fue silenciada, el 1º de septiembre de 1939, el pueblo comprendió que su país nuevamente había caído en la cautividad. A continuación, la Heroica interpretada por una jovencísima Martha Argerich


La Fantasía en fa menor op 49 es una de aquellas "piezas diversas" de Chopin que no encajan en una estructura tradicional consagrada, y entre las que se cuentan, por ejemplo, una barcarola, una canción de cuna y hasta un bolero español. Chopin la llamó "fantasía", título que mejor acomoda a una composición libre, con imprevistos cambios de tonalidad, textura y ritmo, y momentos que parecieran estar destinados a la improvisación. Un primor .
  
        Llegó el final. Como dice un político de cuyo nombre no quiero acordarme, estoy un poquito cansada. Dejo en el tintero, pues, sus “Baladas” y “Preludios”. Quizás otro día. 

        El 30 de octubre de 1849 muere Frédéric Chopin a causa de la tuberculosis. Una enfermedad muy romántica, por cierto, aunque hace años que corren dudas sobre la verdadera causa. El cuerpo del compositor fue depositado en un sencillo panteón (división XI del famosos Cementerio de Père Lachaise de París) y se le esparció un poco de tierra de su país natal, que el compositor siempre había conservado en una urna que le había sido entregada al abandonar Polonia el 2 de noviembre de 1830.
 Poco tiempo después, se lanzó una suscripción presidida por el pintor Eugène Delacroix, con el fin de realizarle un monumento. Entre otros, Pleyel, Franchomme, su buen amigo Thomas Albrecht y el pintor Kwiatkowski contribuyeron con el proyecto, sin olvidar a su última alumna Jane Stirling. El monumento, cuyas esculturas se las debemos a Jean-Baptiste Clésinger, el marido de Solange Sand, hija de George Sand, con la que Chopin siempre había conservado una gran amistad, fue inaugurado finalmente el 17 de octubre de 1850, en una conmovedora ceremonia. En la cumbre de la tumba está colocada Euterpe, musa de la música, que, desconsolada y con las cuerdas rotas de su lira, sumerge su mirada en el retrato de perfil de Chopin.

            Posiblemente el mejor acompañamiento tras relatar el final de su vida es su Marcha fúnebre. La Marcha fúnebre que escucharemos (compuso dos) es la que pertenece a la Sonata para piano nº2, que previamente no formaba parte de la misma. Es la más famosa marcha lúgubre, emocionante y solemne, aunque la sección central supone un contraste de consolación con su bella melodía, recuerdo sublimado de la persona desaparecida. 


          Espero que Chopin os lleve amoroso a los brazos de Morfeo. Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. Boas noites. Bonne nuit.

Fuentes: Wikipedia, La belleza de escuchar, Akifrases,... y mi abuela, cómo no.

martes, 3 de diciembre de 2013

Nocturno

“Cierro los ojos y me dejo llevar; me dejo llevar por las sendas inescrutables de los sueños, de la fantasía, del amor”

No hay cosa más bella en este mundo que llorar por nada mientras se escucha un solo de piano.  Quizá pensaréis que es una tontería, y tendréis razón. Pero es hermoso.

Esta noche mi abuela ha venido a visitarme de la mano de mi hija, en el texto que Miss Zeta escribió a su padre aquel 28 de mayo y que, por casualidad, se ha cruzado en mi camino.  E, irremediablemente, mi abuela tiene el sonido de un piano. De un piano interpretando un nocturno. No podrían tener mejor nombre esas composiciones que evocan la tranquilidad de la noche, la evanescencia de ese sentimiento melancólico que destila todo romántico.


Y decir “nocturno” es decir “Chopin”. Sólo con sus nocturnos hubiera sido suficiente para que el músico trascendiera las puertas de la gloria. Digo esto para mostrar hasta qué punto, los músicos, estudiosos y amantes de la música, los concebimos como una de las partes culminantes de la pianística de todos los tiempos. Transitan casi todos los estados de ánimo, desde la más profunda soledad hasta una buena charla con amigos. Pero aunque la mayoría atribuye a Chopin la creación del estilo nocturno, fue el compositor irlandés John Field el original creador de los movimientos que poco más tarde Chopin, gran admirador del trabajo de Field, hiciera de ello su sello de identidad. 


Pero lo realmente apabullante es el nivel de creatividad, sonoridad y armonía que nuestro romántico polaco logró con estas obras. Su interpretación lleva un sello de tan profunda originalidad, es tan magistral, que se podría decir de Chopin que es un virtuoso absolutamente perfecto.

“Los Nocturnos op. 9”, aquellos que mi abuela tocaba con los ojos cerrados, como si el propio Chopin guiara sus manos, son un conjunto de 3 piezas dedicadas a madame Camile Pleyel.

El Nocturno Op. 9 n.º 1 en Si bemol menor tiene una soltura rítmica que caracterizó los últimos trabajos de Chopin. La mano izquierda tiene una secuencia ininterrumpida de corcheas en arpegios sencillos durante toda la pieza, mientras que la mano derecha se mueve con total libertad en patrones de siete, once, veinte y veintidós notas mientras crece, se oscurece, vuelve a crecer para acabar en una plena y perfecta quietud..


Luego llegaría el exquisito Nocturno Op. 9 n.º 2 en Mi bemol mayor. Este nocturno está lleno de melancolía por sus  arpegios, siempre sutil y lleno de exaltación puesto que la pieza termina tan silenciosa como se inicia. Chopin escribía sus obras de forma que su digitación obtuviera la sonoridad que deseaba, hecho curioso, ya que a él le gustaba dejar al intérprete la libertad de ejecución.


Siempre me ha costado mucho decidirme por cuál de los dos me emociona más

Después de Chopin, nuestro compositor favorito era Frank Listz, su amigo y gran rival. Aún recuerdo cuando mi abuela me contó que Chopin tenía gran facilidad para hacer unas imitaciones de personas tan fieles al original que se contaba que un día copió a Liszt en su manera de vestir, hablar y tocar, con tal exactitud que un ingenuo admirador que asistía a un concierto, al encontrarse unos días después con el auténtico Franz Liszt, le dijo indignado: “¡Ah! ¡No, Chopin, esta vez no me engañará usted!”

El nocturno de Franz Liszt subtitulado Sueño de amor, es una de las más deliciosas piezas musicales románticas que, a mi gusto, se hayan compuesto para piano. Tiene de todo: finura y riqueza de color, brusquedad y golpes de brazo, melancolía y pasión, tranquilidad y tensión.

Y ¿qué amante de la música clásica no conoce a Rubinstein?  Aunque la grabación es antigua y defectuosa, fijaos en la tranquilidad que presenta el pianista en su rostro. Escuchad cómo liga las notas, aunque sus brazos apenas se mueven. Es una preciosidad, es una joya, es exquisita esta obra. Merece la pena. Palabra…