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domingo, 14 de febrero de 2016

Sonny Stitt

El lobo solitario

No podía dormir. Me levanté en la noche y, sin encender la luz, me dirigí al balcón. Habían florecido las palabras que planté en las macetas. Por ejemplo el verbo gritar. Las palabras solo sirven para atenuar el dolor. El dolor no sirve para nada. Las recogí y las lancé sobre el asfalto, una detrás de otra,  como una lluvia de confetis. He contemplado a los niños mientras dormían. He intentado conciliar el sueño. También pensar en una historia tonta: si eres una oveja y tienes insomnio, ni siquiera puedes contar ovejas. Sería un sinsentido. Da igual que seas una oveja blanca o una oveja negra. No hay distinción.

Las horas fluyen y el tic-tac sigue prisionero en su esfera. Tal vez la sombra del lobo se esconda  detrás de las manecillas.  Florecieron las palabras, eso fue lo que ocurrió. He podido escuchar tu respiración entrecortada,  he acariciado el contorno de tu cara en la almohada. Entonces me he despertado y no estabas a mi lado. Luego he visto los armarios vacíos y una grieta en el comedor que supuraba tu ausencia. Las palabras germinaron con espinas. Por ejemplo la palabra miedo. También el verbo llorar.


Sonny Stitt es uno de esos grandes saxofonistas que quedan en el semi-olvido por haber sido coetáneos de los inconmensurables Coltrane, Rollins, Gordon, Webster. Un bopper total, parkeriano hasta la médula, con un calor, un fraseo de lo más coherente, sin virtuosismos baratos; para mí uno de esos músicos de jazz que mejoran con el tiempo.

De joven tocó con los más grandes del bebop, Gillespie, Parker incluidos. Su música está imbricada en el sonido que los jóvenes de la calle 52 inventaron en los años cuarenta y fue fiel mientras vivió a esa forma de música.
El bebop es ese jazz que surgió en los cuarenta, con Parker, Gillespie y Bud Powell, entre otros. Si en aquellos momentos la música de avanzada era un producto de blancos, el bop fue producto exclusivo de negros. El bop tiene una complejidad armónica y rítmica que compite con, y derrota a, cualquier otra música. Desde el punto de vista melódico, los temas no se reconocen fácilmente pues están construidos por frases cortas, disonantes, apresuradísimas.

Sin embargo, a lo largo de su carrera Stitt combina bebop, blues y swing en un sonido que corría riesgos, es cierto, cuyo objetivo era que el jazz llegara a la gente como algo maravilloso. Esa inquebrantable devoción al progreso en el jazz y sus constantes giras le valió del crítico Dan Morgenstern el apodo de “lobo solitario”.

Sonny Stitt gravó más que cualquier otro instrumentalista jazz. La discografía a su nombre cuenta con cerca de ciento cincuenta álbumes espléndidos. Fue tanta la frecuencia con la que gravó que a menudo no podía recordar sus sesiones un año más tarde. 

Aunque eclipsado en su época por la extraordinaria atención que se centró en Charlie Parker, Stitt fue muy admirado por los aficionados y músicos. Es cierto que en su articulación, fraseo y técnica hay evidentes similitudes con las que usa Parker en el saxofón alto. Pero es injusto considerar a Sonny un mero imitador. Sobre la base de las innovaciones de Parker, Stitt las adaptó a los saxofones barítonos y tenores. Al hacer esto, amplió su propio conocimiento armónico, y esta gama de colores ampliada de timbres y recursos armónicos en última instancia, le permitió establecer una voz instrumental que era enteramente suya.

Stitt fue especialmente eficaz con los blues y con las baladas. Tengo que reconocer que es lo que más me engancha de él. Para mí ha sido casi un lujo, una sorpresa cautivadora que convierte la noche más triste y anodina en un ejercicio de liberación, de dejarse llevar por la magia de los sonidos. Es de lo más bueno que he escuchado

The Nearness of You (1955)
Sonny Stitt Quintet


Body and Soul (1956)


A Blues Offering (1959
Sonny Stitt Quartet 


Algo un poco diferente. A Minor Sax (1958) y  C Jam Blues (1964)


Dos piedras preciosas: Yesterdays y Angels Eyes (Sonny Stitt- Hank Jones Trío)


Empieza a llover. Por fin. Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. Boas noites. Bonne nuit.

viernes, 31 de julio de 2015

Rayuela, la apología del jazz

“Los veranos son tiempo para ti, para la familia, los amigos, para mimarte, para escribir y leer, escuchar música, para disfrutar” me dijo mi amiga y compañera Noelia mientras destapaba un frasco del que salieron un montón de mariposas de colores en busca de su Libertad.

Como casi siempre, esa mujer tan especial tiene razón: yo los veranos los aprovecho para leer libros largos, intensos, de esos en los que me zambullo y me es imposible salir hasta que los acabo. Libros que, por su tamaño, la agotadora cotidianidad de la vida les empuja a dormirse sobre mi regazo alargando su lectura de tal modo que nunca llego al final. 

Uno de esos libros ha sido Rayuela, la obra con la que Julio Cortázar sacudió las letras en español, coincidiendo con los grandes movimientos de liberación; un libro que leí en 1987 y quise releer esta primavera, en Semana Santa.  

Me compré una nueva edición (con la letra más grande que la que tenía) pero no lo acabé. Así que este verano, mientras un sorprendente (por nuevo) y tórrido calor insoportable en la Ribera del Duero nos mantenía encerrados en busca de un poco del fresco que se consigue a la sombra en aquella tierra, retomé su lectura para encontrarme con algo a lo que en 1987 no le di el valor que tiene: múltiples referencias al jazz.

Julio Cortázar, amante de la música, seguidor de varios géneros musicales, fue mucho más que un mero aficionado al jazz. Su pasión por esta música acabó moldeando su creación literaria, hasta el extremo de que su escritura, libre e improvisada, puede considerarse como un reflejo de los elementos compositivos del jazz. Nació solo tres años antes de que se grabara el primer disco de jazz, y se aficionó para siempre a esa música en una adolescencia que coincidió con su primera edad de oro, a finales de los años veinte, con las grabaciones legendarias de los Hot Five y los Hot Seven, de Louis Armstrong y el éxito en el Cotton Club de Harlem y en las transmisiones de radio de la orquesta de Duke Ellington

"Soy un músico frustrado", confesaba en 1983 en una entrevista que le hicieron en Madrid. Tocar la trompeta no era su fuerte, y él lo sabía. Aun así, decidió anteponerse al ridículo y sacarle algunos sonidos, por lo menos unos años, motivado por el amor al jazz, “para gran desesperación de mis vecinos. Yo la tengo como procedimiento higiénico. Cuando estoy cansado, fatigado, por haber escrito o leído mucho, tocar un rato la trompeta es un ejercicio respiratorio formidable”

Pero volvamos a la novela. El jazz tiene en Rayuela un poder autónomo y un valor fundamental, ya que posee una variedad de funciones que en la novela trabajan simultáneamente. Aparece, por ejemplo, como objeto de exploración, ya que los personajes lo usan como punto de partida para la exploración de sus propias inquietudes. Es también sujeto, cuando su influencia sobre los personajes llega a afectar la acción o como observador marginal: la música y la lírica son usadas para comentar el desarrollo de la acción; y como mundo paralelo al de los personajes, cuando la problemática del jazz como forma de arte se ofrece como una alternativa posible a la escritura y paralelo para los dilemas literarios y existenciales. Esta variedad de funciones, así como la fuerza que tiene en el texto y el grado en que afecta a los personajes y a la acción de la novela, se perciben en la forma en que la novela representa las conciencias de cada personaje, ya que éstos se presentan al lector a través de sus experiencias con el jazz.


Los miembros del Club de la Serpiente escuchan discos, se comenta la música, se especula sobre la vida de los jazzmen, y se citan letras de canciones de jazz. Pero fijaos que no escuchan el jazz que podría ser el soundtrack perfecto del libro, como un TheloniusMonk o un Miles Davis, el cool jazz o el free jazz, sino que son adeptos al jazz más temprano, a los clásicos, cuando ni siquiera se le conocía popularmente como tal, sino las variantes como el ragtime, el dixieland, el swing, y ya más tarde el bop y el bebop
¿Nos metemos en la música? ¡Vamos a ello! Entre los capítulos del 10 al 18 aparecen los siguientes temas (si clicáis en el enlace del capítulo os dirigirá al texto):
En el capítulo 10 aparecen I'm coming, Virginia de Frankie Trumbauer & His Orchestra y Jazz me blues de Bix Beiderbecke & His Gang. En el capítulo 11Four O'clock drag de Lester Young and The Kansas City Six y Save it pretty mama de Lionel HamptonEn el capítulo 12 encontramos tres temas: Body and soul de Coleman HawkinsGrooving high de Dizzy Gillespie y Baby dol Empty Bed Blues de Bessie Smith. Pasamos al capítulo 13 con Don't play me cheap de Louis Armstrong y al capítulo 14 con After the rain de John ColtraneVillage blues de Sidney Bechet y C.C. rider de Lonnie Johnson.


En el capítulo 15 encontramos Blue interlude de Benny Carter, When I'm drunk de Champion Jack Dupree y Black brown and white de Big Bill Broonzy. En el Capítulo 16 Hot and bothered de Duke Ellington & His Orchestra y I ain't got nobody de Earl Hines. En el capítulo 17 Mamie's blues de Jelly Roll Morton y Stack O'Lee blues de Waring's Pennsylvanians. Y, finalmente, en el capítulo 18, Jelly beans blues de Ma Rainey y Oscar’s Blues de Oscar Peterson.


Como ya he dicho y habéis podido comprobar, el jazz que escuchan los personajes de Rayuela es un jazz muy temprano, muy basado en el blues ( Big Bill Broonzy, Bessie Smith, Bunk Johnson...), y en el bebop (Oscar Peterson, Dizzy Gillespie...) Ambos estilos enfatizan la marginalidad y la expresión emocional profunda; son formas artísticas nuevas e innovadoras que se basan en la improvisación: la creación de algo nuevo e individual (la improvisación del solista), pero arraigado en la creación colectiva (la actividad del conjunto).

Si os fijáis la mayoría de carátulas de los videos que os propongo llevan el título de Jazzuela. Este trabajo es música para leer, literatura para escuchar, la “banda sonora” del libro, un viaje musical por Rayuela.

“Jazzuela es mi humilde homenaje a Julio Cortázar”, escribe la autora Pilar Peyrats en 2001, lejos de centenarios y celebraciones oficiales mil,  en el epílogo de un libro-disco que es un hallazgo porque recorre la obra de Julio Cortázar en general pero sobre todo detalle a detalle los capítulos de Rayuela con extractos de conversaciones, explicaciones, comentarios y apostillas en torno a la música que escuchan los protagonistas. Un volumen que es una pequeña enciclopedia de las preferencias musicales del autor.

El disco compacto que acompaña el libro recoge 21 grabaciones de jazz y blues mencionadas en esos capítulos (19 que figuran en la novela y dos más que “están implícitos”) que no sólo son determinantes en el texto; sino que nos invitan a recorrer parte de la historia del jazz, toda una explicación de cómo Cortázar armaba sus modelos con palabras y notas. Este post es una pequeña y podéis decir burda imitación de lo que hizo la autora de Jazzuela.

Rayuela es pues, una apología del jazz. Julio Cortázar señaló en una entrevista a Ernesto González Bermejo en Revelaciones de un Cronopio (Conversaciones con Cortázar) que la importancia del jazz está:"en la manera en que puede salirse de sí mismo...permitiendo todos los estilos, ofreciendo todas las posibilidades, cada uno buscando su vía. Desde ese punto de vista está probada la riqueza infinita del jazz; la riqueza de la creación espontánea, total... cada músico crea su obra, es decir que no hay un intermediario, no existe la mediación de un intérprete...la improvisación, una creación que no está sometida a un discurso lógico y preestablecido sino que nace de las profundidades..."

Para acabar uno de los textos más bonitos jamás escritos sobre cualquier tipo de música, y del ser humano, y de todo lo que se encuentra en nuestro interior. 

"... todo es turbio y sucio y canalla y cada hombre quisiera arrancar esos corpiños tibios mientras las manos acarician una espalda y las muchachas tienen la boca entreabierta y se van dando al miedo delicioso y a la noche, entonces sube una trompeta poseyéndolas por todos los hombres, tomándolas con una sola frase caliente que las deja caer como una planta cortada entre los brazos de los compañeros, y hay una inmóvil carrera, un salto al aire de la noche, sobre la ciudad, hasta que un piano minucioso las devuelve a sí mismas, exhaustas y reconciliadas y todavía vírgenes hasta el sábado siguiente, todo eso en una música que espanta a los cogotes de platea, a los que creen que nada es de verdad si no hay programas impresos y acomodadores, y así va el mundo y el jazz es como un pájaro que migra o emigra o inmigra o transmigra, saltabarreras, burlaaduanas, algo que corre y se difunde y esta noche en Viena está cantando Ella Fitzgerald mientras en París Kenny Clarke inaugura una cave y en Perpignan brincan los dedos de Oscar Peterson, y Satchmo por todas partes con el don de ubicuidad que le ha prestado el Señor, en Birmingham, en Varsovia, en Milán, en Buenos Aires, en Ginebra, en el mundo entero, es inevitable, es la lluvia y el pan y la sal, algo absolutamente indiferente a los ritos nacionales, a las tradiciones inviolables, al idioma y al folklore: una nube sin fronteras, un espía del aire y del agua, una forma arquetípica, algo de antes, de abajo, que reconcilia mexicanos con noruegos y rusos y españoles, los reincorpora al oscuro fuego central olvidado, torpe y mal y precariamente los devuelve a un origen traicionado, les señala que quizá había otros caminos y que el que tomaron no era el único y no era el mejor, o que quizás había otros caminos, y que el que tomaron era el mejor, pero que quizá había otros caminos dulces de caminar y que no los tomaron, o los tomaron a medias, y que un hombre es siempre más que un hombre y siempre menos que un hombre, más que un hombre porque encierra eso que el jazz alude y soslaya y hasta anticipa, y menos que un hombre porque de esa libertad ha hecho un juego estético o moral, un tablero de ajedrez donde se reserva ser el alfil o el caballo, una definición de libertad que se enseña en las escuelas, precisamente en las escuelas donde jamás se ha enseñado y jamás se enseñará a los niños el primer compás de un ragtime y la primera frase de un blues, etcétera, etcétera. (capítulo 17)

I could sit right here and think a thousand miles away,
I could sit right here and think a thousand miles away,
Since I had the blues this bad, I can’t remember the day...”


Buenas noches. Bona nit. Καληνύχταمَساءُ الخَير . Gabon. Boas noites. Que Charlie Parker os acompañe...