“La música es un cuadro que se pinta con sonidos”
Estos días he llegado a creer que la música me había abandonado, que en el primer aniversario de este espacio que me ayuda a sobrevivir y a disfrutar, símbolo de libertad en el que nuestra soledad se puebla, lo iba a pasar en silencio absoluto. No, peor. Que lo iba a pasar con la cabeza llena de la negatividad que nos envuelve. Al menos a mí. Pero no… esto es un cumpleaños… y durante estos días de duelo he tenido infinidad de regalos. De Jordi, de Julia, de Marian, de Ramiro, de Manuel, de Roge, de Cris, de Toni, de Ovi, de Jesús… Dice Jehudi Menuhi que la buena música alarga la vida. Yo digo hoy que vuestra música alarga mi esperanza.
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| Imagen de Radio Gladys |
Definitivamente, necesito una voz que me acompañe en el camino hacia un momento de paz (interior), y, lo tengo comprobado, no hay nada mejor para ello ni más satisfactorio que una voz femenina acompañada de un toque de jazz. Así he encontrado entre mis CDs (piratas) a esta joven de 26 años y una trágica historia. Melody Gardot
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| Imágen de Last FM |
La historia de Melody Gardot es como la de la niña de “El hombre que susurraba a los caballos” pero con música. Melody comenzó a interesarse por la música desde pequeña y a la edad de 9 años ya tomaba clases de piano. A los 19, en su Filadelfia natal, tuvo un accidente que le causó graves lesiones cerebrales, incluida la pérdida de memoria, que la obligó a pasar una larga temporada postrada en una cama de hospital. Antes de eso, Melody tocaba el piano de forma amateur por diferentes locales de la ciudad. También pintaba y estudiaba para diseñadora de moda.
Melody tardó casi 2 años volver a caminar, sin casi poderse sentar. Como parte de las diversas terapias por las que pasó, dio con un médico que le dijo que sólo tenía que encontrar algo que la hiciese feliz y la mandó de regreso a casa sin una receta, sólo con la recomendación de refugiarse en la música como vehículo para recuperar su mente.
A Melody le parecía absurdo que el médico la mandase a tocar el piano cuando ni siquiera podía permanecer rato sentada. Fue en ese momento que la cantante decidió aprender a tocar la guitarra y comenzó a escribir sus canciones. En un principio solía grabarlas porque olvidaba fácilmente lo que componía. De esta manera, mientras se reconstruía, surgió "Some Lessons" su primer LP y el que le abriría las puertas hacía una gran recuperación y hacía el mundo de la música.
Su música es indisociable de su peripecia personal. Cada una de sus canciones es un mundo de sensaciones, un cúmulo de experiencias que dejan un sabor intenso, duradero. Una música reñida con las prisas, con el consumo rápido, que pide compañía, escucha activa, relajarse y disfrutar con las atmósferas que cada uno de los temas nos va creando.
Me impresiona pensar que esas melodías y esa voz provienen de alguien que, a día de hoy, debe llevar lentes oscuros, un bastón, tiene hipersensibilidad al ruido y sufre de dolores musculares. Los fallos en su memoria no han desaparecido y, según sus propias palabras, es normal que se despierte sin saber donde está o qué tiene que hacer. Sin embargo su determinación, perseverancia y talento innato, hicieron de ella una verdadera revelación en el mundo del jazz.
En una entrevista después de su concierto en Madrid, en octubre de 2009 dijo: “Si valgo para esto es porque el jazz nace del blues, el blues proviene del dolor y de dolor yo sé bastante” Con eso está todo dicho. Buenas noches

