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domingo, 23 de noviembre de 2014

Jan Garbarek

El cielo en la tierra (con permiso de Carlos Pérez Cruz)

El cielo como sinónimo de máxima espiritual, de logro místico con los pies en el suelo. Así, la música del saxofonista noruego Jan Garbarek produce una enorme paz interior. Y como el exterior que nos rodea no se corresponde con lo que escucho acudo mentalmente a ese cielo (profano) prometido. 

Su música busca las raíces profundas de la tierra. Un elfo de la noche que revela todos sus hechizos humanos, generalmente ocultos. Fuego bajo el hielo. Música lejana, emociones cristalinas, notas que ruedan como pompas de jabón, que responden, observan, lloran y finalmente encajan en la aurora azul, color blanco, nieve eterna. La música que se extiende, gira sobre sí misma con temas simples, repetitivos, inmemorial. Los espacios se cierran, el tiempo se oculta en la belleza del sonido.  A veces los sonidos de su saxofón son gritos de las gaviotas que descansan sobre los países que no existen. Y una luz eterna, lleva su música como un soplo.


Garbarek es una leyenda, el saxofonista más inspirado del jazz europeo, y un improvisador con innumerables recursos melódicos. Una se siente extraña hablando de Garbarek en términos de jazz porque este músico ha roto ya muchas fronteras pasando a ser MÚSICA sin más.  “ El único elemento del jazz que sigo, es la improvisación ” ha repetido hasta la saciedad. Jamás ha sabido conformarse y sus intuiciones recorren un espacio cada vez más abstracto, buscando siempre el matiz lírico que le sitúe por encima de la música de jazz. Por ello, Jan Garbarek no es un músico virtuoso, como tantos, es un pintor de colores musicales que utiliza el saxo a modo de pinceles.

Hay en sus solos un regusto inequívocamente variado que encuentra en las músicas tradicionales de diversos lugares del planeta una fecunda fuente de inspiración. Sin embargo, de sus declaraciones, se intuye que el recuerdo de sus maestros, George Russell y Don Cherry- también está presente siempre. "Al primero le debo que me diese la oportunidad de formar parte de su grupo cuando solo tenía 17 años de edad. Al segundo que me alentase a adentrarme en la música popular escandinava y, más tarde, en otras culturas más alejadas geográficamente. Su forma de fagocitar cualquier expresión tradicional y utilizarla, más tarde, en su propio marco, fue, quizás, el mayor hallazgo que me transmitió", declaró al diario ABC



A lo largo de su discografía, en la que se reúnen una treintena de títulos, destaca poderosamente el sonido que Garbarek es capaz de sacar de su saxo, tenor o soprano, para dar vida a unas notas que quedan flotando en el aire con limpieza, y seguridad, mientras que la solidez de su timbre le sirve para dar a su música un aire melódico, triste, capaz de poner la piel de gallina al oyente más insensible. El tono de su música es austero, huye de la complacencia melódica para convertirse en un instrumento capaz de evocar paisajes, vistas, sentimientos, y una complejidad oculta debajo de una sencillez capaz de hacernos llegar momentos de enorme ternura. Digamos que nos dibuja paisajes sencillos y, al mismo tiempo, tan inmensamente complejos como inmensas son los paisajes noruegos ocultos bajo la nieve de los largos inviernos nórdicos.



En 1969 grabó su primer álbum titulado “Esoteric circle” y en 1970 el sello grabador de discos ECM le llama para grabar su segundo disco.



Ciertamente podríamos decir que el sonido de Garbarek es el distintivo de la discográfica ECM que ha publicado casi todas sus grabaciones; allí tuvo la oportunidad de tocar junto a los célebres músicos Chick Corea y Don Cherry.

Fue ese trompetista el que le animó a explorar el potencial de la música folclórica del lejano norte en el que tenía sus orígenes para incorporarle a los conceptos de la improvisación propios del jazz. En esa línea, Jan Garbarek publicó en 1972 el disco que tituló "Triptykon" en el que por vez primera, toma los elementos propios del folclore de su país para darle un aire completamente nuevo gracias a los esquemas procedentes del jazz. Era la primera vez que adaptaba una canción del folklore noruego, que a partir de entonces se convirtió en una de sus fuentes de inspiración. En sus discos con las cantantes noruegas Agnes Buen Garnas y Mari Boine ha dado a conocer al mundo aspectos inéditos de la música popular de su país.

Interesantes estas imágenes inéditas de este trío tocando un popurrí de canciones de éste su único LP juntos con Jan Garbarek al saxofón, Arild Andersen en el bajo y Edward Vesala en la batería



Pero no fue hasta que se asoció con el cuarteto de Keith Jarrett que se hizo famoso, resultando de ello clásicos temas como My song.



A partir de ahí el camino que emprendió Garbarek, le ha llevado a explorar el potencial musical de los países que conforman el Oriente Medio, la India, las canciones medievales noruegas o el canto gregoriano, con tal éxito que ha conseguido colar sus discos en las listas de jazz, clásica, e incluso de rock y pop, lo que habla de una versatilidad ciertamente extraordinaria. En este punto, destacan con luz propia las colaboraciones que ha tenido con músicos como el indio Ravi Shankar; el virtuoso del laúd, el tunecino Anouar Brahem; el bajista checo, Miroslav Vitous



También a principios de los 90' entra en contacto con  el coro británico The Hilliard Ensemble, con el que grabaría dos discos imprescindibles como son Officium, (1994) , en el que se inclina hacia la el canto gregoriano y uno de los álbumes más y mejor vendidos de la ECM, alcanzando gran éxito en varios países de Europa. y "Mnemosyne" (1999). 



Diecisiete años después de reunirse para grabar el referencial "Officium" (y con "Mnemosyne" de por medio) vuelven con "Officium Novum" y con repertorio del armenio Komitas Vardapet como epicentro de un trabajo que, a su vez, tiene la firma de Garbarek, anónimos como el del siglo XVI recogido en el "Cancionero de palacio" español, una composición del estonio Arvo Pärt y otras a su vez relacionadas con la música ortodoxa.



Los silencios, que tanto amo, son otro elemento que vendría a definir su estilo, contribuyen a redondear una música de una suave intensidad, con textura de terciopelo, y un punto contemplativo. En resumen, una música desprovista de todo lo superficial, en la que la emoción y el sentimiento son los elementos que priman.

(Jan Garbarek tiene por fin su espacio en este blog. Es tal mi insistencia en profundizar en aquellas maravillas descubiertas recientemente o desconocidas para mí que a menudo me olvido de rendir la debida atención a los grandes de la música)

sábado, 15 de noviembre de 2014

Anouar Brahem

De lo minúsculo al infinito

La pena ignorada (frag)

                                   Estoy apenado
                                   Soy un extraño

Mi pena es diferente a las demás penas.
Es extraña en los mundos de la tristeza.
Mi pena es pensamiento que gorjea
mientras lo ignora el oído del tiempo.

Mas con mi alma he escuchado su eco
en mi juventud embriagada.
Lo he escuchado y triste he caminado
cantando con mi pena cual pájaro de montaña.

Lo he escuchado como un quejido devuelto
por la voz de la noche y el corazón de lo eterno.
Lo he escuchado como el grito amortiguado
de un arroyo entre los desfiladeros.

(poeta tunecino)

Hay músicas  que cuando una las escucha por primera vez ya sabe que van a acompañarle durante el resto de su existencia, formando parte de la particular banda sonora que podría resumir perfectamente los distintos momentos vitales por los que una ha pasado y por los que me quedan por pasar.


Eso me ocurre con  Anouar Brahem, tunecino nacido en la Medina de la capital del país en 1957, otro de los prodigios de la música actual, alguien en el puedes ver reflejada tu alma.

Le llaman, con razón, el "encantador maestro del oud."  El oud, la variedad que se utiliza en los países árabes de lo que aquí conocemos como laúd, es el corazón musical de Anouar, un instrumento que en Túnez se utiliza solamente para acompañar al cantante.

De hecho, Brahem ha magnificado este milenario instrumento, este laúd oriental que se conservó y viajó a través de las edades y los pueblos, desde Babilonia y el norte de África a España, a través del Medio Oriente y Egipto. Pero en los años sesenta, cerca de Túnez, el oud viajero se ve atrapado en el vuelo por un niño de diez años que acaba de entrar en el conservatorio y que toca en orquestas tradicionales.




Una de las primeras osadías formales de este norteafricano es elevar este instrumento a la categoría de instrumento solista. No toca jazz, pero comparte con este género la capacidad de improvisar mientras que , a su vez, el mismo Brahem declara que sus influencias europeas son Debussy y Satie

Por sus cuerdas pasa la vida con mucha alegría y, a la vez, con mucha tristeza, con todo el sentimiento y también toda la ilusión. La claridad de su fraseo, la facilidad con que desarrolla las improvisaciones hacen de esta música una experiencia hermosa e intensa que nos muestra una tradición que no tiene olor a naftalina, ni a cosa de laboratorio, sino que es diálogo sincero, provechoso, cargado de sentimiento, de vida, de viaje, de sinceridad, de nostalgia, de alegría, de todo eso que da forma al ser y el sentir mediterráneo (el Mare Nostrum, mar seminal que ha dado vida a las civilizaciones más importantes de la historia de la humanidad), esa forma peculiar de entender el mundo, y todas las cosas importantes para las personas.

Qaws
De su álbum "Madar" con Jan Garbarek (saxo) y Shaukat Hussain (tabla)


Otra de sus osadías es tomar un instrumento de raíces tan profundas en el sentir de su pueblo y mezclarlo con el acordeón y el piano, y lograr una hermandad de sonoridades que se complementan a la perfección

El Anouar Brahem Trio, con Francois Couturier al piano y Jean-Louis Matinier en el acordeón consigue un diálogo que resulta un bálsamo en tiempos convulsos como los que vivimos. La dulzura del oud se entremezcla con los tintes jazzeros y hasta clásicos del piano mientras el acordeón funciona como una amalgama que da unidad sin caer en la monotonía donde ninguno de los tres ejecutantes prima por sobre los demás. Prodigioso.



También podemos gozar de la formación Anouar Brahem Quarted con Brahem al oud,  Klaus Gesing, con el clarinete bajo,  Björn Meyer con el bajo y Khaled Yassine tocando los intrumentos de percusión darbuka, bendir

Anouar Brahem forma parte, con el libanés Rabih Abou-Khalil, de esta corriente que aúna la música árabe y la occidental. Es verdaderamente un contrabandista que tiene el vínculo musical de un estilo ancestral con la escritura contemporánea, tradicional y la improvisación, con el "mundo" y el jazz. De hecho, y para decirlo simplemente, Anouar Brahem toca la "música del mundo"

Una música que no esconde el diálogo sino que lo busca, y en la confluencia con el jazz (han sido muchos los músicos importantes de jazz los que han colaborado con Brahem), ha encontrado nuevos territorios en los que dejar germinar la música con resultados de una enorme belleza formal salida de las cuerdas de un músico que como buen virtuoso apenas si hace gala de ello, solo con dejar que la música fluya ya ha cumplido.


Vais a ser testigos de un matrimonio entre el Este y el Oeste con Anouar Brahem como maestro de ceremonias. Después de todo es la herencia musical de Oriente con la tradición occidental de jazz y la chanson. Eso proporciona  música de jazz con una encantador tono oriental.


Cabe remarcar que, en 2006, justo después de que el conflicto entre Israel y Líbano, Anouar Brahem se pone detrás de la cámara y dirige su primera película documental llamada Palabras de la guerra. La película gira en torno a una historia de la guerra, con entrevistas a artistas e intelectuales libaneses después del alto el fuego. 


En 2012, a raíz de la revolución tunecina, fue nombrado miembro vitalicio de la Academia Tunecina de Ciencias, Artes y Letras. En Francia, en 2009, fue nombrado "Caballero de las Artes y las Letras."

La discreción de la que hace gala lleva a su música más allá de las culturas y de los géneros, hacia un territorio muy personal en el que todo cabe, en el que todo es posible, en el que el diálogo sincero se llena de sentimiento y de belleza.