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domingo, 3 de abril de 2016

Se nos fue Gato Barbieri

Adiós al profeta del jazz de vanguardia en tierras extranjeras

Lo juro. La he visto esta mañana, no tengo ninguna duda. Viajábamos juntos en el mismo vagón de tren. La sentí cerca. No la he perdido de vista. No ha reparado en mi presencia. Esos ojos, esa mirada. Era ella. Descendí del vagón en la primera parada. Curioseó mi miedo. Se reía. Han pasado seis horas y todavía tengo el pánico en el cuerpo. Sigo deambulando por el andén. No sé dónde estoy. Quieto, parado, en ninguna parte. La diferencia entre la suerte y la muerte es sólo una letra. Os lo prometo. Era ella.


Hoy no tocaba hablar de jazz. Hoy quería dedicarle este post a una mujer irlandesa que me encanta (No; no os voy a decir su nombre. Ya llegará…) Hace relativamente poco que le dediqué ya uno a un saxofonista increíble, Sonny Stitt, alguien que cuando cruje la tristeza sus notas le dan forma (¿sólo tristeza? Se respira demasiado desaliento en el/mi/nuestro mundo, quizás) Pero al poner esta mañana la radio, eterna compañía matutina y nocturna,  la muerte de Gato Barbieri me ha dado los buenos días. ¡Qué mala (s) muerte! 


Barbieri fue el segundo músico argentino en tener un impacto significativo sobre el jazz. El primero fue Lalo Schifrin, en cuya banda Barbieri tocó cuando era un adolescente. Su historia ha sido la de una odisea en zig-zag entre su país y América del Norte: Comenzó a tocar ritmos latinos tradicionales en sus primeros años, dando la espalda a su herencia en los años 60. En 1962, junto a su esposa de aquel entonces, Michele (que falleció en 1996), el Gato pasó unos meses en Brasil y luego partieron a Europa. Allí, tuvo un encuentro trascendental con el trompetista de free jazz, Don Cherry sumergiéndose en el movimiento de jazz de vanguardia.

"Esa unión fue importantísima para mí. Nos conocimos porque él había ido a tocar con Sonny Rollins. Pero tuvieron un cruce, Sonny le dijo «no me molestes mientras estoy tocando», y se separaron. Entonces, conseguí una audición con Don en París, me escuchó tocar y le gustó. «OK, empezás mañana», me dijo. Con él toqué tres años y aprendí muchísimo, en el sentido de que no hay que hablar mucho, para tocar tenés que usar tu corazón y tu cabeza. Hay músicos que hablan muchísimo y no pasa nada. Y Don, en cambio, nunca tuvo necesidad de decir nada. Él no sabía escribir música, así que yo le copié todos sus temas. De todas maneras, era un genio." Juntos, grabaron tres discos indispensables: Toghetherness (1965), Complete Communion (1966) y Symphony for Improvisers (1966).


En los años 70 vuelve a las influencias de América del Sur, pasando por el pop y la fusión. Cuando su enfoque y su tono comenzaron a suavizarse un poco que interpretó baladas como  Cuando Vuelva A Tu Lado y Europa de Carlos Santana-


No obstante, independientemente del idioma en el que trabajara, la sangre caliente de Barbieri ha hecho de él uno de los solistas de saxo tenor más abiertamente emocionales de la historia de la música.


El año pasado, Barbieri recibió un premio por su trayectoria, el Grammy Latino, por una carrera que cubre "prácticamente todo el panorama del jazz." El reconocimiento de la Academia Latina de la Grabación acreditó a Leandro "Gato" Barbieri como el creador de "un estilo musical rebelde pero muy accesible, que combina el jazz contemporáneo con géneros latinoamericanos y los elementos del instrumental pop que incorpora."

El saxofonista ya había ganado un Grammy a la mejor composición instrumental en 1973 por su música para El último tango en París, el polémico para la época drama erótico protagonizado por Marlon Brando y Maria Schneider que le valió dos nominaciones a los Oscar. Cuando el director Bernardo Bertolucci necesario música atractiva para el último tango, pensó en  Barbieri que era conocido por el sonido distintivo, sensual, enorme de su saxo tenor "Fue como una unión entre la película y la música", dijo Barbieri sobre la banda sonora que lo convirtió en una estrella internacional, en una entrevista de 1997 con The Associated Press . "Bernardo me dijo: No quiero que la música sea demasiada Hollywood o demasiada europea, que es más intelectual.  Quiero algo intermedio”


Para el Gato, el tango tenía un atractivo especial, porque está estrechamente ligada a su alma argentina. "Siempre en el tango es una tragedia: Ella lo deja, ella lo mata. Es como una ópera pero se llama tango". "Las letras y las melodías son muy bonitas. Es muy sensual." dijo Barbieri en 1997, interesante opinión teniendo en cuenta que la mitad de los argentinos, incluido él, tenía raíces en Italia.

Las últimas tres décadas no fueron muy prolijas. Una pérdida de rumbo en los ochenta, en medio de cambios en el mercado musical y adicciones. La muerte en 1995 de su esposa Michelle, una presencia fundamental en su vida y en su carrera, lo sumió en una depresión, uno de los factores que desembocaron en un triple bypass. Volvió a grabar en 1997, “Pero qué pasa”, “che corazón” (1999) y “The Shadow Of The Cat” (2002) son una versión desdibujada de sus trabajos más comerciales de finales de los setenta.



"La música era un misterio para Gato, y cada vez que tocó fue una experiencia nueva para él, y él quería que fuera de esa manera para su audiencia", dijo su mujer durante los últimos 20 años, Laura, al anunciar su muerte en un hospital de New York a causa de una neumonía."Fue honrado por todos los años que tuvo la oportunidad de llevar su música por todo el mundo." Grabó más de 35 discos en una carrera que abarcó cinco décadas y sonidos mezclados de las grandes bandas de jazz libre de América del Sur y estilos caribeños.



Con su eterno sombrero de fieltro Gato Barbieri estaba a caballo entre la vieja y la nueva escuela con un sonido tan preternaturalmente visceral, tan emocionalmente puro que simplemente trasciende ritmo y tiempo. Sé que lo que he escogido para honrarle deja de lado la parte más “salvaje” de Gato Barbieri, el que yo conocí en el soleado ático de Sant Andreu junto a Miles Davis y John Coltrane. Era un alma libre; ello y su herencia latina tenían una mayor carga de alegría que la que yo dejo aquí. Pero el mundo en el que vivo no me gusta. Y, estoy convencida, a él tampoco.
Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. Boas noites. Bonne nuit


domingo, 12 de abril de 2015

Coleman Hawkins

El hombre que inventó el saxo tenor y enseñó a tocar baladas al mundo del jazz

Sería larguísimo hacer un perfil aproximado y fidedigno de Coleman Hawkins sin caer en la tediosa reiteración, y, aunque tengo tendencia a enrollarme, lo sé, esta noche quiero escapar de ello rauda y veloz. Espero conseguirlo. 


Saxo eterno, prodigio y padre del saxo tenor, pionero del solo, Hawkins representa, al igual que Charlie Parker, la transición entre el swing y el jazz. De vuelta a Estados Unidos en 1939, tras pasar una larga estancia en Europa, el saxofonista se percata de algo que le obsesionaba, ¡ya no era el mejor saxo!. Habían aparecido músicos de la talla de Lester Young, que le hacen sombra. Su carácter competitivo le lleva a grabar algo de tan alta dificultad técnica, que debería bastar para dejar clara su supremacía al tenor. El resultado, tres minutos maravillosos que cambiarían el devenir futuro del jazz. Un solo improvisado en base a la melodía original de Body and Soul, que quita el hipo y que no se recogía en ningún manual de uso del jazz.

Body and Soul era ya un éxito en todos los ámbitos, no olvidemos que llevaba nueve años en el candelero desde su aparición en 1930, y que para entonces existían multitud de grabaciones y cada sello tenía su propia versión a la venta. Sin embargo, originalidad, fantasía, lirismo son algunos de los calificativos que brotan espontáneamente al escuchar este corte.


Coleman podía ser avasallador o indeciblemente cálido. Su formidable dominio del saxo se basaba en una maravillosa gama de matices, unida a una gran fortaleza en los temas rápidos y un prodigioso lirismo en las piezas lentas, raramente logrado por otros saxofonistas. Imposible no conmoverse ante una balada suya.

Reconforta volver sobre una música que me sigue conmoviendo como el primer día. Las cosas buenas en la vida carecen de fecha de caducidad y la música de Coleman Hawkins es de lo mejor que le puede pasar a uno en este valle de lágrimas.

Por todo ello, os propongo inicar una campaña para que se cambie el nombre al saxofón que, como sabéis, proviene del apellido de su inventor Adolphe Sax,  ya que, la persona que de verdad dio sentido a este instrumento fue Coleman Hawkins, que exprimió al máximo sus posibilidades y sobre todo dotó de “alma” a un pedazo de metal. Mi propuesta es Hawkifón, aunque estoy abierta a otras posibilidades. :)

¿Sabéis una cosa? De joven, en aquella terraza del ático de Sant Andreu, una escuchaba el disco de Coleman Hawkins en la colección "Los Grandes del jazz" de Sarpe, contemplándolo desde la distancia. Hawk (o Bean) era un hombre mayor y su imagen era la propia de alguien de su edad y yo me estaba iniciando en este mundo del jazz. ¿Cómo podía yo identificarme con alguien así? Hasta que me atrapó. Hawkins tenía 56 años cuando grabó “The Hawk Relaxes” en el que el saxofonista exhibe el tono triste y melancólico que adorna su condición de excelso poeta. Para mí, su mejor disco. 56 años. Los mismos, casi, de una servidora en estos momentos. El tiempo ha congelado al jazzista en un momento crucial de su carrera mientras el mundo ha seguido su curso. El hombre mayor y lejano de entonces se ha convertido en alguien próximo a mi realidad actual.

He de aceptar la realidad: he envejecido. Su música, la de Hawkins, permanece.

Casi es media noche. Atreveos con él. Su hechizo os fascinará, os causará una profundísima emoción, una sensación única, inolvidable.... y si no lo conocéis, me encantaría descubríroslo.


Espero, Gelu, haberte ofrecido un balsámico y apacible final del día que te ayude a llevar estos momentos. Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα, مَساءُ الخَير Boas noites