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viernes, 6 de julio de 2018

Joanne Shaw Taylor

Una tormenta de blues-rock

Me echo de menos. Parecerá un sinsentido pero hay temporadas en las que, con permiso de San Juan de la Cruz, vivo sin vivir en mí. Es como estar montada en un tren sin frenos que me lleva a toda velocidad pero que nunca llega a su destino. Pero esta vez, el viaje ha durado demasiado. Desde el 21 de mayo que no aparezco por aquí. Cada final de curso me cuesta un poco más todo. Y cuando acaba el curso, sigue sin acabar… 

Para resarcirme, esta noche le voy a dedicar este espacio a una guitarra y una voz muy especiales. Los grandes guitarristas no son solo individuos bien entrenados que comenzaron a tocar desde la cuna, como algunos niños prodigios que nos encandilan por las redes. La mayoría son personas normales, que un día se dieron cuenta que estaban destinadas a emitir sonidos que al resto de los mortales nos provocarían admiración. Este es el caso.


Cuando Dave Stewart, de Eurythmics, se topó con una adolescente guitarrista de blues, no necesitaba saber que la muchacha solo llevaba tocando dos o tres años; solo necesitaba escuchar ese sonido que salía directamente de su alma. La adolescente se llamaba Joanne Shaw Taylor, una mujer que se convirtió en estrella con admiradores famosos en todo el mundo de la guitarra.

La progresión de su carrera profesional es impresionante. Alabada por músicos como Joe Bonamassa (que la describió como una superestrella en espera)  y John Mayall, y con influencias como las de Eric Clapton y BB King, Joanne comenzó a tocar la guitarra a los 13 años. Con 16, abandonó el colegio para lanzarse a su aventura musical, que le lleva, como he dicho antes, a ser apadrinada por el ex-Eurythmics Dave Stewart. A los 21 Joanne lleva a cabo un impresionante debut en 2008, “White Sugar” realmente una obra de guitarra “en bruto” cargada de sentimiento, una especie de huida personal en una época no demasiado benévola, que la condujeron a la vanguardia de la generación emergente de jóvenes artistas de blues, muchos de ellos mujeres, que están inyectando nueva vida al género. Grabado en Tennessee con el productor Jim Gaines (productor de Carlos Santana), muestra un potencial aún por pulir. Así se abrió por primera vez la puerta, la carrera de Joanne se ha vuelto estratosférica, rompiendo el notoriamente difícil mercado de Estados Unidos.  Superó los estereotipos de su edad y género, ganando la aclamación de críticos y compañeros por igual. El disco le vale para telonear al supergrupo Black Country Communion, donde milita otro de sus grandes valedores, el guitarrista Joe Bonamassa, que se deshace en elogios hacia la explosividad de Joanne.


Es en su siguiente disco, “Diamonds in the Dirt” (2010), donde comienza a aflorar su talento compositivo, y con el que continúan las alabanzas de la industria y las nominaciones y premios. La canción inicial, Can’t Keep Living Like This, abre con una solitaria guitarra acústica, que rasguea suavemente antes de que ella empiece a ejecutar algunos bruscos arranques. Cuando su voz entra, cantando entrecortadamente: "Fumar al filtro / con el corazón pesado / arrastrando mis días / con pasos empapados de ginebra" está claro que algo nuevo está en marcha aquí, algo más profundo y más inquisitivo que la furia desatada en “White Sugar”.


Producto de una conmoción emocional personal, su potente guitarra lo enciende todo: desde la rutina de Dead and Gone al devastador Jump That Train



Le suceden “Almost Always Never” (2012), el disco en vivo “Songs from the Road” (2013) y el espaldarazo definitivo que supone “The Dirty Truth” (2014) de nuevo con Jim Gaines a los mandos, un poderoso disco de rock potente, rebosante de influencias del blues clásico.




Su último trabajo, “Wild” (2016) la reafirma como una gran artista no sólo bajo el paraguas del blues, sino en la escena musical del rock en general.


Joanne Shaw Taylor no es tanto un alma vieja como un alma experimentada en el cuerpo de una mujer joven, una mujer con suficientes agallas como para cohabitar en un hermético hábitat musical, una mujer que se ha hecho a sí misma. Criada en una familia de clase trabajadora en Birmingham, Inglaterra, de pequeña se aficionó a la música desde el día que unos desgastados vinilos de la colección paterna le llamaron la atención. ¿Hay mejor fórmula para combatir el aburrimiento que música inspiradora?

"Mi padre era guitarrista. Y mi hermano también tocaba. Mi padre nos animó siempre a tener esto como un hobby. Supuso una gran unión entre nosotros tres. Pero también, particularmente, a medida que fui creciendo y lo tomé en serio en términos de profesión, ambos padres fueron muy alentadores. Básicamente querían para a mí y para mi hermano, que lo que sea que elegiríamos para ganarnos la vida fuera nuestra pasión. Tuve mucha suerte allí. No todos los niños crecen con ese tipo de apoyo”.

Una estudiante indiferente ("Era una niña muy tímida", le dijo a Karl Stober en jazzreview.com ), Taylor sintió la llamada de la guitarra antes que nada. "Siempre supe que quería ser guitarrista", dice.

       A los ocho años comenzó a tomar lecciones clásicas y se hizo lo suficientemente competente como para ser aceptada en el UK Youth Ensemble. Todo el tiempo, sin embargo, sabía que la guitarra clásica no era lo que estaba buscando. El punto de inflexión llegó a los 13 años cuando escuchó el álbum de Albert Collins, “Ice Pickin”. No hubo vuelta atrás. Había descubierto su pasión. Cuando se encontró por primera vez con el estilo duro pero lírico de Stevie Ray Vaughan, su estilo se acabó de consolidar. "Fueron los primeros tipos de blues que escuché y realmente me metí en ello", dice. “Tan pronto como escuché a Stevie Ray Vaughan y Albert Collins, fue instantáneo: "Dios mío, eso parece divertido. Creo que quiero hacer eso por el resto de mi vida”. Nunca tuve ninguna duda”

Joanne Shaw Taylor se ha establecido como la estrella número uno del mundo del blues rock en el Reino Unido. Aquella chica con una gran voz de Black Country ha realizado giras por todo el mundo (a los 24 años ya llevaba ocho, de gira), ha lanzado álbumes aclamados por la crítica y ha ganado una base de fans en todo el mundo, además de tener el honor de tocar junto a algunos de sus ídolos musicales.


Espero que la tormenta de su voz rasgada, inigualable, y su espectacular manejo de las seis cuerdas os haya ayudado a refrescar el ambiente de esta noche tan calurosa.

Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. 굿나잇. Boas noites. 晚安 グッドナイト    Buonanotte. לילה טוב.  Oíche mhaith. Wengi alus.

Fuentes:
http://www.mercurywheels.com/JoanneShaw.htm
https://gravelroad76.com/2017/04/09/joanne-shaw-taylor-una-dulce-voz-una-guitarra-salvaje-gr76/
http://www.europapress.es/cultura/musica-00129/noticia-guitarrista-blues-rock-joanne-shaw-taylor-abril-bilbao-madrid-barcelona-20170117182401.html

lunes, 7 de septiembre de 2015

El blues de Gary Moore

“En lugar de arrastrar la música hacia donde no quiere ir, la sigo”

Los seres humanos amamos las listas en un intento desesperado de controlar el caos. Si haces listas, existes. Listas de tareas, de recados, de recordatorios… listas de los mejores cantantes, de los mejores grupos, de las mejores baladas…. Y allí, en una lista sobre los mejores guitarristas de la historia del rock y del blues que se cruzó en mi pantalla la semana pasada, estaba él.

Que Gary Moore era un gran guitarrista es algo que todo el mundo sabe, que con 16 años formó parte de Thin Lizzy, una de las bandas más genuinas e influyentes para el rock de las últimas décadas, también. Lo que no todo el mundo ha llegado a calibrar es la influencia que, casi sin darnos cuenta,  provocó su innovadora forma de tocar y de fusionar los sonidos duros del heavy con el  blues-rock.

Quien haya seguido su trayectoria estará conmigo que este extraordinario y virtuoso guitarrista irlandés, nacido en Belfast en 1952, no es un músico clasificable a la primera de cambio. Haciendo un símil automovilístico, a Moore le gustaba conducir toda velocidad por la autopista del rock y de repente dar un giro de 180 grados para encontrarse conduciendo en dirección contraria, para alarma o satisfacción, nunca se sabe, de sus seguidores. Su extremismo dejaba descolocados a la prensa, a su compañía discográfica y a sus seguidores. En las revistas especializadas, unos lo retratan como un músico con altibajos en su carrera; otros prefieren la denominación ecléctico, investigador, siempre sumando recursos a su técnica.

En los años 70, sus inicios reflejaban un espíritu experimental, con gusto por la fusión de estilos, hermanando rock, funk, soul, jazz, música folk irlandesa y metal arcaico. Todo un coctel. En esa época se convirtió en leyenda cuando acompañaba a Phil Lynott en Thin Lizzy en aquel estupendo disco de raíces irlandesas,  "Black Rose".

En  los 80 encontramos a un Gary Moore agresivo, violento y muy, muy rápido. Un heavy metal con el que consiguió álbumes que sonaban a clásico incluso en el momento de ser publicados, como himnos del pasado destinados al futuro.

No sería hasta 1990 que con el álbum "Still Got The Blues" daría un giro en su carrera, convirtiéndose en uno de los más grandes guitarristas de blues de las dos últimas décadas. “El heavy solo sirve para emborracharse” dijo en 1996 en una entrevista al diario El País "Si eras guitarrista en los ochenta y querías tener una carrera tenías que tocar rock duro. Al final de los ochenta descubrí que no pertenecía a ese mundo"

Gary encuentra un camino en los estándares de blues clásico, proclamados por Peter Green, de Fleetwood Mac, que se interesó por él, viendo sus dotes de guitarrista habilidoso y poco habitual. Sus referentes fueron sin duda  Eric Clapton, Jimi Hendrix o Albert Collins, Albert King, B.B. King, con los que hizo algunas giras.   

A partir de ese giro hacia el blues, Moore tuvo a menudo la maldición de quienes están en tierra de nadie. Los heavys le consideraron un traidor y los aficionados al blues nunca le aceptaron, teniéndole por un rockero reciclado. Demasiado rápido para tocar blues, decían sus detractores. Y quizás tenían razón; quizás eso que llevaba a los escenarios en sus últimos años no era blues, sino algo diferente. Una visión acelerada de un movimiento de toque lento y sentido. Una novedad. Un estilo único. Con los años, el irlandés fue desarrollando un estilo muy personal en el que consiguió aunar la contención emocional del blues con el desenfreno del rock. Como ocurre con los grandes, adquirió una forma de tocar única y completamente reconocible que le acompañaría hasta el fin de sus días y supo construir un firme puente que lograba entusiasmar a fanáticos que disfrutaban de su estilo en cada extremo. 

La década del 2000 es cuando Moore se centra y enfoca mejor su carrera. Lo tiene claro: “Soy un bluesman'” contestaba cuando se le preguntaba por su estilo. Es impresionante ver como hace hablar a la guitarra: Una rutina militar con el metrónomo, una lucha eterna con la palanca del vibrato, una práctica de cambios de velocidad de fraseo de las notas en milésimas de segundo y gran virtuosismo para aguantar ritmos desbocados durante minutos.

Moore tenía ni más ni menos que una colección de 65 guitarras. "Podría sobrevivir con diez", aunque admitía que en el escenario utilizaba solo cinco o seis. Tocaba todos los días para "mantener la fortaleza de los dedos" y porque "siempre se aprende algo”. Ser zurdo no le ocasionó ningún problema que no pudiera superar con tesón.  

Con más de 30 discos en el mercado, el guitarrista que aún tenía el blues para nosotros, falleció en España, en un hotel en Estepona (Málaga) el 6 de febrero de 2011, (el día quenació este blog) debido a un ataque al corazón provocado por la gran cantidad de alcohol ingerida. Moore tenía alrededor de 380 mg de alcohol por decilitro sangre en su cuerpo, más que suficiente como para sobrepasar 5 veces el límite legal para conducir. Y es que Gary Moore era un irlandés asequible, condescendiente e incluso generoso, cuando no había alcohol de por medio. Es posible que Gary Moore se sintiera eterno, invencible y eterno. Pero no hay héroes delante de la muerte.

La magia y el sentimiento nunca abandonaron a sus 6 cuerdas. Su guitarra tiene ese sonido visceral, que sólo puede venir del hard. Nos dejó así su estilo inimitable, la sensibilidad y emoción para expresarse mediante su guitarra y una envidiable capacidad de adaptación a diferentes estilos musicales, fueron las características principales de un artista irrepetible.

 

Una curiosidad


Cuando en 1990 Gary lanzó este Still got the blues se convirtió en uno de los mayores éxitos del irlandés "caracortada", como le conocían sus amigos. Pero  en 2008 llegó la sorpresa. Gary fue denunciado por  plagio. Resultó que el solo de guitarra que contenía el tema tenía gran similitud con uno compuesto por el alemán Jürgen Winter para la canción Nordrach del grupo Jud´s Gallery.

Allen Klein, fue el abogado de Moore, que ya había defendido a George Harrison en el conflicto del tema My Sweet Lord. Pero aunque trató de defender a su cliente con la misma estrategia esta vez no salió bien. La corte Alemana condenó a Gary a pagar una cantidad de dinero aún desconocida. Juzgad vosotros.


Fuentes: http://cultura.elpais.com/cultura/2011/02/07/actualidad/1297033202_850215.html
http://www.ispmusica.com/entrevistas/2055-entrevista-a-gary-moore-el-poder-del-blues.html
http://otrapintaplease.blogspot.com.es/2013/02/dos-anos-sin-gary-moore.html

sábado, 16 de mayo de 2015

Se fue B.B. King, la leyenda del blues.

Lucille se ha quedado sola.

Cualquiera que siga un poco este blog que es vuestro ya imaginaría que esta noche le dedicaría una entrada a B.B. King . El jueves se acabó para siempre la carrera del “rey del blues”, como era afectuosamente conocido King, que a lo largo de sus 89 años de vida pasó de la pobreza extrema de una familia de jornaleros en Mississippi, en la era de Jim Crow (que es como se conoce en EEUU a las leyes que condenaban a los negros a una existencia de tercera clase) a codearse con las mayores estrellas del rock y a ganar 18 Grammys. Desaparece, así, uno de los últimos eslabones originales del gran periodo de expansión comercial, y de reconocimiento social, dicho sea de paso, de la música negra norteamericana. Con la muerte de B. B. King se va un músico esencial, de ésos que hoy ya parece que se hacen y estilan poco, ésos que son capaces de inundar su música de personalidad, sentimiento, emoción y rabia.


Como en el más purista de los cánones del blues, Riley B. King nació el 16 de septiembre de 1925 en una pequeña cabaña en una plantación de algodón, en Itta Bena, Misisipi. Con cuatro años su madre abandona el hogar familiar y queda al cuidado de su abuela materna. Creció cantando en el coro de góspel en una iglesia baptista, compró su primera guitarra por 15 dólares. Trabajó como conductor de tractores, empezó a tocar la guitarra en iglesias y en la estación de radio WGRM. También trabajó como cantante y Dj, con el apodo de Beale Street Blues Boy que fue cambiando con el paso del tiempo.

La muerte de B.B. King entristeció a muchos representantes del mundo de la música, pero quien más ha sentido la partida del Rey del Blues es Eric Clapton, con quien compartió escenario muchas veces. “Mano Lenta” no quiso dejar pasar ni un momento, y utilizó sus redes sociales para despedirse de su colega y amigo en un emotivo video donde le agradece por haberlo apoyado recordando lo importante que fue King en su vida, a quien llamó un “amigo e inspirador”.

“Quiero expresar mi tristeza y decirle gracias a mi amigo B.B. King. Sólo quiero agradecerle por toda la inspiración que me dio, por todos estos años, por la amistad que disfrutamos”, dice Clapton con la voz entrecortada. "No quedan muchos que toquen de la forma pura en que lo hizo B.B."


Clapton también se dirije al público para invitar a aquellos que no conocen el trabajo de B.B. King a que escuchen su álbum 1964 “B.B King Live at Regal”


Uno de los temas que B.B. King y Eric Clapton interpretaron juntos fue The Thrill Is Gone, su himno más conocido.


Por si alguien tenía alguna duda, aquí muestra y demuestra su maravillosa y profunda manera de tocar la guitarra a la que podía hacer llorar y gritar de angustia mientras narrarba una historia de amor desvanecido.


King empleó la música como terapia, y acabó convirtiéndose en historia de la música. Con sus apasionados acordes de guitarra y sus sentidas letras se convirtió en el ídolo de generaciones de aficionados y músicos. En total, dio más de 15.000 conciertos. En sus primeros años, en chabolas. Al final, en la Casa Blanca, o en el Royal Albert Hall, donde actuó con el guitarrista de Guns and Roses, Slash ,o en el festival de Glastonbury. 


La emblemática obra Sweet Home Chicago,  la interpretó al lado del actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama .


Durante cuatro décadas y media, King se mantuvo en la cima con “Lucille”, su guitarra. Una guitarra que toma su nombre de la mujer por la que se pelearon dos hombres del público en uno de sus recitales en la aldea de Twist, en Arkansas. 

La bronca alcanzó tal nivel que acabó provocando un incendio. La sala fue evacuada, pero King volvió a entrar para agarrar su guitarra antes de que ésta ardiera. Cuando se enteró de que la pelea había sido por una chica llamada Lucille, decidió bautizar así a todas sus guitarras.

Three O'Clock Blues, fue el primer éxito de R&B que grabó por allá en el año 1950. No paséis de largo la grabación original.


Durante la mayor parte de una carrera de más de 70 años, Riley B. King fue no solo el rey indiscutido del blues, sino también un mentor para decenas de guitarristas Nos faltarán nombres, pero hemos de pasar lista: ahí están Eric Clapton y Carlos Santana, por supuesto, para encabezar esta tripulación de genios del rasgueo y el resonar de mástiles: Keith Richards, Angus Young de AC/DC, Jimi Hendrix, Duane Allman, Jimmy Page, Jeff Beck, Otis Rush, Buddy Guy, John Mayall y hasta Van Morrison. Incluso en España hay dos guitarristas que son sus mejores alumnos y discípulos: Javier Vargas y Raimundo Amador.

Además de Clapton, es larguísima la lista de los músicos célebres que han tocado muchas veces con King, desde el trompetista de jazz Branford Marsalis (brutal), hasta la banda irlandesa U2.

Es también extensa la lista de distinciones y honores obtenidos durante su carrera artística. Obtuvo, como ya he dicho antes, nada menos que 18 premios Grammy, además de medallas presidenciales e inclusiones en listas de la fama del mundo del blues y del rock and roll.

E igualmente larga es la lista de sus grandes éxitos musicales, con los que la mayor parte del público probablemente estamos familiarizados; por ejemplo, Every Day I Have the Blues.


How Blue Can You Get, este hit fue una pieza fundamental en los espectáculos en vivo, así como Why I Sing The Blues, otra indispensable en el repertorio de sus mágicos conciertos.


Su You Upset Me Baby, puede ser descrita simplemente como una obra maestra del blues.


Deja una discografía impresionante, más de 50 discos. Su último concierto fue hace menos de dos años, en el Festival de Jazz de Nueva Orleáns.


Aquella música de los esclavos, el blues, hoy es amada y respetada en todo el mundo, gracias en gran medida a tipos como B. B. King. Como él decía: “El blues es dolor, pero un dolor que causa regocijo. Tenemos un alma, tenemos un corazón, tenemos el sentimiento de que nuestra música es vida. La vida que vivimos en el pasado, la vida que estamos viviendo hoy y la vida que viviremos mañana” En esa vida mejor que B. B. y su Lucille nos regalaron, le lloramos hoy. Nuestro corazón y nuestra guitarra están hoy llenos de lágrimas.

Ya sé que llego tarde, maestro. Has tenido que morir para dedicarte un homenaje en este nuestro blog. Por ello no puedo más que decir aquello de “El rey ha muerto. ¡Viva el rey!” Porque estés o no entre nosotros tu Lucille vivirá eternamente.

domingo, 13 de enero de 2013

Eric Clapton

La “mano lenta” de Dios

El mar se mide por olas,
el cielo por alas,
nosotros por lágrimas.
(Jaime Salinas)

Tenía Ainhoa, mi hija, tan solo 5 años, quizás menos. Regresábamos a casa, en el coche, como siempre, escuchando música, como siempre, y ella, como siempre, no paraba de preguntar “¿cuándo llegaremos?”. De repente se calló por completo y al mirar curiosa por el retrovisor vi que estaba llorando en silencio. “¿Por qué lloras, mi vida?” le pregunté. “Es que nunca había escuchado una canción tan triste, mamá” La canción que en ese momento sonaba era Tears In Heaven de Eric Clapton

Mi hija, evidentemente, no sabía inglés ( ni yo tampoco) pero supo captar la aflicción que plasmó Clapton en esa canción ante la muerte de su hijo Conor, en un accidente el 20 de marzo de 1991, a la edad de 4 años, al caer del piso 53 de un rascacielos de Nueva York en el que se encontraba con su madre.



¿Sabrías cómo me llamo... Si te viera en el cielo?
¿Sería lo mismo... Si te viera en el cielo?
Debo ser fuerte y seguir mi camino
Porque sé que no pertenezco, aquí en el cielo.
¿Me cogerías de la mano... Si te viera en el cielo?
¿Me ayudarías a levantarme... Si te viera en el cielo?
Hallaré mi camino de noche y de día
Porque sé que no puedo quedarme aquí en el cielo.
El tiempo puede abatirte
El tiempo puede ponerte de rodillas
El tiempo puede romperte el corazón
Y tenerte implorando piedad, implorando piedad.
Detrás de la puerta habrá paz, estoy seguro
Y sé que no habrá más, lágrimas en el cielo.
¿Sabrías cómo me llamo... Si te viera en el cielo?
¿Sería lo mismo... Si te viera en el cielo?
Debo ser fuerte y seguir mi camino
Porque sé que no pertenezco, aquí en el cielo.

Casi 13 años después, en mi Escuela, L'Aixernador, tuve la satisfacción de comprobar con esta misma canción, con criaturas de tan solo 3 y 4 años, cómo la música es un lenguaje universal transmisor de emociones; una maravillosa experiencia de esas que marcan profesionalmente a cualquier educador apasionado por su trabajo.

Pero regresemos a nuestro protagonista de hoy y sus "Lágrimas en el cielo". El tema que acabamos de escuchar aparece primero en la banda sonora de la película "Rush", y después en su álbum de 1992 “Unplugged”, en una versión acústica por la que recibió seis premios Grammy, entre ellos el de álbum del año, y mejor canción de rock del año.

Clapton es Dios

Los amantes de la música, el blues y la guitarra eléctrica sabemos que Eric Clapton fue apodado Slowhand (Mano lenta). Se le llamaba así tras su etapa en The Yardbirds, por su estilo compacto, seguro, preciso y agresivo, dándole prioridad a la expresión sobre la rapidez. Pero, socarronamente, dice alguna de sus biografías que fue un juego de palabras acuñado por el largo tiempo que se tomaba Clapton en reemplazar las cuerdas de su guitarra cada vez que se rompía alguna en plena actuación por su vertiginosa forma de tocar.
Será, poco después, durante el tiempo de permanencia en los Bluesbreakers cuando Eric empieza a ganarse el reconocimiento del gran público. 

De su paso por este grupo, os propongo escuchar All Your Love, una fulgurante versión del gran Otis Rush. Cuenta con un bello trabajo de guitarra, un fabuloso punteo de Eric, de los riffs más conocidos del blues. Hay que decir que uno de los mayores aciertos de la vida de John Mayall, fue haber conseguido a Clapton para la formación de los Bluesbreakers, desde luego que sí.



El disco al que pertenece esta canción, “Bluesbreakers with Eric Clapton”, con el tiempo se ha convertido en uno de los esenciales para reconstruir la historia del blues-rock de mitad de los 60. Los astros se confabularon. Un grupo iniciando una racha fulgurante, un guitarrista de 21 años al que el talento le desbordaba, 12 canciones y un sorprendente éxito en las listas (Mayall pensaba que este álbum sólo gustaría a los entusiastas del blues): el disco no sólo llegó a número 6, sino que se mantuvo en listas durante 17 semanas y, por si fuera poco, convirtió al grupo en legendario y al propio Clapton en una deidad. Éste es el disco responsable de que aparecieran pintadas en las paredes de Londres con la frase "Clapton is God" (Clapton es Dios).

La verdad es que todo él es fabuloso, un real banquete de blues y primer gran disco de guitarra de Eric. De aquí a la eternidad. Siempre me he preguntado que si el multinstrumentalista  John Mayall  (tocaba el piano, el órgano, la armónica y la guitarra) es considerado el “padre del blues blanco británico” ¿qué es, entonces, Clapton? Quizás es verdad que es… “Dios”

Layla, el siguiente tema de esta fría noche de invierno, aunque no es que emocione especialmente, consigue ser una súplica de amor imposible (que Clapton hizo que fuera posible) ¿Conocéis la historia? El cantante se enamoró perdidamente de la modelo Pattie Boyd,, la esposa de George Harrison y para colmo uno de sus mejores amigos, y le dedicó esta canción. Ah! Y acabó casándose con ella.


Pero para nosotros Layla siempre será... el nombre de nuestra gata.

Hay quien dice que en sus actuaciones en directo Eric Clapton no mira al público. No lo necesita. A ratos, mientras su mano izquierda revolotea el mango de la guitarra, levanta el pie del mismo lado y se inclina hacia delante o atrás. Es su máxima expresión. Eric Patrick Clapton no genera empatía con saludos ni pirotecnia fátua; lo hace con lo más difícil: la interpretación.

En vivo, pues, uno de sus mejores temas, Cocaine , un tema visceral, emotivo, confuso, mil veces versionado y que siempre deja el mismo buen sabor de boca. 

Cocaine aparece en el álbum “Slowhand 1977”, interpretada por Clapton y compuesta por J.J. Cale , una canción que está en contra de las drogas y no a favor, como mucha gente piensa. Eric Clapton dijo una vez que es inútil escribir intencionadamente una canción que vaya en contra de las drogas y esperar a que la gente capte el significado. 
Después de un día (semana, meses) duro, duro, duro, no hay mejor droga que… la música.



Para acabar este reencuentro nocturno con Clapton no puedo dejar de recordar que fue el líder carismático de Cream , una banda diseñada para que sus tres miembros diesen rienda suelta a sus posibilidades musicales.

Es evidente que “el Dios de la guitarra” ha conseguido algo que poquísimos guitarristas logran al ejecutar dicho instrumento: hacer que su guitarra hable. La guitarra de Clapton nos ha contado tristezas, alegrías, amores y desamores durante más de 40 años. Además, el sonido de su voz está siempre vestido de domingo y se ofrece como el complemento perfecto para esa guitarra mágica.

Gracias… "Dios"… por todos tus dones.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Carlos Santana

Una guitarra que tiembla y te hace temblar

Cientos de vidas anónimas se cruzaban esta tarde en La Riera de Mataró. Un poco más abajo, en la Plaça de Santa Anna, la Fira de Nadal concentraba el espíritu de estas fechas. Mientras observaba no he podido dejar de pensar en cómo sería el ambiente navideño en el centro de Barcelona, mi ciudad: 

Trabajadores (afortunados), parados, amas de casa, estudiantes, turistas, artesanos, hippies, vendedores ambulantes, escritores, poetas, prostitutas, músicos callejeros, todas las imaginables tribus urbanas y todos los colores del mestizaje que la inmigración nos ha regalado pasearían en esos momentos por las Ramblas de la Barcelona, un lugar mágico pero que, desgraciadamente, las políticas de diseño, “modernización” y asepsia del establishdment socialista ha dejado sin alma.  Entre los atareados transeúntes habrá quienes (algunos un poco más, otros un poco menos) protesten, se quejen, reflexionen, susurren, griten, canten, se enamoren, sueñen…
Esta noche estoy nostálgica, es evidente. Quizás por eso he abandonado la pasión de los  tangos en los que ayer me metí cuando empezó a anochecer para que, con nocturnidad y alevosía, me acompañaran antes de dormir pero no tuve éxito. Quizás por eso he buceado de nuevo en “la cinta maravillosa”, llena de pasado, de juventud, de ilusiones, proyectos y esperanzas. En ella me he encontrado con Carlos Santana, una leyenda viva, el músico que me cautivó por la tapa de su álbum, “Borboletta” (mariposa, en portugués) mucho antes que por su música.

Pero con la rapidez y la fragilidad de una mariposa me metí en la boca de un león que tenía mi hermano entre sus discos. El àlbum se llamaba "Santana", sin más. Así descubrí que la música, seguramente, nació para que genios como él tomasen posesión de ella y hacernos vibrar a su son... al son que él toca. Emociones fuertes sin necesidad de palabras.

En aquellos años de "la cinta maravillosa", al final de los 70, a mí me encantaba Europa pero para Jesús Samba pa ti, uno de los temas más conocidos de este guitarrista mexicano, era la obra maestra, sin dudarlo. Yo ahora le doy la razón. Publicado en "Abraxas" su apenas segundo álbum  para convertirse casi en una religión, este hermosísimo tema me provoca volver a esos tiempos de pura música, ilusiones y metas a corto plazo, donde lo más importante en ese momento era ser feliz. Y sin embargo, Samba pa ti es un golpe duro en las glándulas del ánimo.




Estoy nostálgica, vaya que sí. “Nostalgia” es una palabra que tiene una raíz griega. “Nostos” “algos”. Literalmente significa “enfermedad del regreso”. (aunque no nos hayamos ido) Algo como una patología que afectaba tanto a los protagonistas de las grandes epopeyas de los viajes clásicos (Dante, Ulises…) así como a todos los que han tenido que irse de algún lugar en busca de su propia felicidad y la han buscado en un continente que la está perdiendo: Europa. Siempre me ha cautivado la sensualidad y la calidez que transmite este homenaje al viejo continente.





Para no irnos a dormir melancólicos, vamos a despedirnos con Black Magic Woman una canción de Santana, versión de la escrita por Peter Green, en 1968, y publicada junto a su grupo Fleetwood Mac. En Santana, este tema es una mezcla de jazz, folk húngaro y ritmos latinos. La canción se convirtió, junto con Samba pa ti en uno de sus mayores éxitos . Los amantes de la música coincidiréis conmigo que “Abraxas” es un disco brutal, un disco que va más allá del rock, y en el que su corazón latino bombeaba sangre hasta las extremidades del jazz y la salsa, un disco de esos que no se consiguen hacer dos veces.  



Quizás algunos sepáis que ayer fue el Día Internacional de las Personas Migrantes. Antes de despedirme querría dedicarles esta entrada a los que emigraron en busca de su propia felicidad. Pero sobre todo se lo dedico a los que nunca se fueron, a los que aunque tuvieron la oportunidad de irse algún día... no lo hicieron. Por falta de coraje, por miedo, por amor, desesperación, resignación...no importa... Se lo dedico a quien se ha quedado a la otra orilla, a toda aquella gente que vive “en el fin del mundo” quizás desde mucho antes de nacer.

“En este planeta sólo hay dos cosas: amor y miedo. Y el miedo cuesta mucho dinero. Que se lo pregunten a Busch” (Carlos Santana)