domingo, 18 de mayo de 2014

Alan Stivell

El latido del bardo bretón


La música celta, tal y como dice el gaitero Carlos Núñez, es el "flamenco atlántico", con raíces en varios países. Una música que se ha convertido en una patria común unida por el mar, con un lenguaje universal. Toda la simbología celta se basa en imágenes en movimiento, como la esvástica, la espiral o la rueda trilobulada. Símbolos abiertos que reflejan un mundo en el cual la razón se combina con otras potencias del espíritu como son la intuición, el sueño y las creencias mágicas y místicas. La misma estructura de su lengua, el gaélico, presenta enormes diferencias gramaticales y sintácticas con las románicas y, por supuesto, con las sajonas.

Esta noche he querido dedicar mi atención a uno de mis intérpretes preferidos de música celta: Alan Stivell

Este músico francés, de Bretaña, ha sido el “alma máter” del resurgimiento de la música celta bretona llevando a cabo un exhaustivo trabajo de recuperación de la música tradicional aunque con su inconfundible sello innovador. Para ello utiliza para sus trabajos diversas lenguas célticas  a lo que se añaden el francés y el inglés. Su nombre artístico Stivell viene a significar en idioma bretón  “manantial que brota con fuerza”; deriva de una de las etimologías de su nombre kozh stivelloù, las antiguas fuentes.

En sus primeros trabajos introdujo gran variedad de instrumentos más propios del rock como guitarras eléctricas y batería combinándolos con los propios de la tradición celta, como el “telenn gentañ”, el arpa celta medieval, (que había sido reconstruida por su padre partiendo de antiguos grabados) un instrumento olvidado desde que Francia quitó a los bretones su independencia. También recuperó otros como la bombarda o la gaita

(El arpa más antigua de las Islas Británicas que ha sobrevivido hasta nuestros días es la conocida arpa de Brian Boru construida en un taller de Escocia a finales del siglo XIV. Es una preciosa pieza que se conserva en un lugar muy apropiado: la magnífica Gran Sala de la Biblioteca del Trinity College de Dublín)

La utilización de dichos instrumentos la realizó, además, siguiendo las pautas marcadas por los antiguos bardos celtas, medio cronistas medio hechiceros, que servían como transmisores de información entre las distintas comunidades bretonas. Sin embargo, este aspecto no es el único, sino que aparece constantemente combinado en el trabajo de Stivell con los bailes (jig y reel) tradicionales de la tierra.



Para no perder la costumbre, los puristas tradicionalistas se pusieron las manos a la cabeza pero Stivell supo transmitir a través de sus composiciones, conciertos, charlas, artículos, su gran pasión por este legado histórico y cultural.

Hasta aquí encontramos simplemente una labor de recuperación folklórica cuyo mayor mérito habría de consistir en permanecer totalmente ajena a la influencia del canto gregoriano, que ya desde hace algunos siglos tiene su centro en la abadía de Solesmes. Este solo hecho posee una significación excepcional en un país como Bretaña, asiento desde el siglo XVII del catolicismo más oscurantista de toda Francia.

Su visión de la vida o, por mejor dicho, la lucha por recuperar sus orígenes de manera no arqueológica, es lo que ha llevado a Stivell a la concreción de un trabajo musical que considero objetivamente tan valioso como el de Dylan en los años sesenta.


Además de esta primera toma de postura, volcándose hacia sus raíces, Alan Stivell trata en sus textos tanto los problemas que tradicionalmente arrastra Bretaña como los que se presentan en la sociedad actual. Esta puesta al día, sin embargo, tampoco se limita exclusivamente a los textos, sino que introduce formas con las cuales cualquier juventud, sea o no celta, se identifica. El rock, o mejor dicho, su instrumentación electrónica y su percusión, se funden con el jazz y los ritmos y melodías atávicos, para dar como resultado una música perfectamente original. El mismo Stivell lo justifica explicando que el revivir de la cultura celta (y, por ende, de cualquier cultura oficialmente sometida) se produce en un contexto determinado que es imposible ignorar.

Su música está abierta a todo el mundo, desde esa concepción de la Celtia como conjunto cultural e ideológico. Su obra ha pasado a ser universal por su notoriedad, pero también por su modernidad y por sus influencias variadas y eclécticas. Desde sus inicios no ha cesado de dar conciertos en directo por todo el mundo, así como de proponer una discografía original y abundante.

Sus temas, propugnan la solidaridad entre los pueblos, la justicia social y la igualdad entre los hombres y las distintas civilizaciones. Utópico, idealista, soñador, Alan Stivell considera su música una herramienta al servicio del hermanamiento entre las gentes…un bardo de nuestros días, de esos que desafortunadamente quedan pocos.

Si esta noche la crisis no os deja dormir, os recomiendo este concierto que Alan Stivell dio en el Olympia de París el 22 de julio de 2012.Os reconciliará con el mundo real.

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