domingo, 17 de abril de 2016

Joan Baptista Humet

"La vida es ir dejando semillas en los demás, crear pequeñas historias de amor"

Formo parte de una generación que vivió su juventud en busca de sí misma, una generación de la que no se habla, la que vivió los últimos coletazos del franquismo, la transición, la “movida” madrileña, y a la que comenzó a interesarle otro tipo de literatura, música y cine. La cultura, a menudo, era el camino de esa búsqueda personal en la que responder qué había de épica, de tragedia o de comedia en nuestra vida cotidiana. Y allí, en ese camino estaba Joan Baptista Humet, un creador de canciones que hablan de algo tan importante como son las emociones, a las que tanto nos cuesta ponerle nombre. Comunicador de sentimientos y sensaciones, de estilo propio, sin más etiquetas que ser él mismo, un cantautor respetado, idealista, apasionado y tolerante, que mantuvo su bilingüismo en tiempos muy difíciles. Aunque mucho más lo fue su decisión de cantar en castellano y abandonar el paraguas de la Nova Cançó con quienes inició su carrera.

Desde el primer momento,  Joan Baptista Humet tuvo claro que sus canciones iban a huir de la política tan efervescente en aquella época, pero sin dejar de lado las circunstancias sociales siempre vistas desde el lado más humano. Si algo me atrapa de él es su ternura. Tenía la capacidad de, con pocas palabras, explicar una larga historia, una gran capacidad de síntesis; con cuatro estrofas te hacía un retrato de una persona. Por ello, quizás, fue uno de los referentes de la música de autor de los setenta y ochenta, años de cantautores, años de Serrat, de Llach, de Nino Bravo, de Cecilia… Creo que no fuimos demasiado conscientes de lo que significaría su pérdida cuando un cáncer de estómago le consumió en 2008.

Pero vayamos por partes. Joan Baptista a los 18 años, en octubre de 1968, canta por primera vez en un teatro de Terrassa. Fueron tres canciones junto a Serrat, y ahí me acabé de decidir. Todo estaba por hacer, pero ante mí solo se abrían posibilidades, magníficas posibilidades de actuar en directo en el contexto de la llamada “cançó catalana”. Conocí entonces a Lluís Llach, y estuve actuando a su lado como telonero por dos años. En 1970, Columbia, una compañía de discos, me propuso mi primer contrato discográfico. Así publicó su primer disco LP, "Fulls". Gemma, dedicada a su hermana pequeña enferma de poliomielitis, representó su primer éxito. 


Él era un apasionado de Navarrés. Los veranos los pasaba allí junto a sus hermanos, su madre, sus abuelos y sus tías. Había nacido allí, y también fue enterrado, por petición propia, en ese pueblo del Levante español. En él pasó largas épocas en su infancia.


Un poco antes, en 1980, vino Clara su mayor éxito comercial que le abrió las puertas aún más a una fama contenida y siempre sin dejar de tener los pies en el suelo. 


Es curioso que esta canción que marcó su corta trayectoria, que ocupó tanto espacio y que ensombreció su repertorio no es la más popular entre sus fans. La de más éxito es, sin duda, Que no soy yo, la reflexión de un joven que empieza a plantearse cosas y que te transporta a un mundo de indefinición permanente.


Pero la que más me conmueve, como muchos ya sabéis, es Hay que vivir. Hace 35 años que la escucho, 35 años que me emociona una y otra vez hasta las lágrimas cada vez de una forma diferente; de la misma forma que evoluciona mi vida. Porque la vida es larga y pasan tantas cosas...!


La vida era un tema recurrente en sus canciones. “Vaya con la Vida, tan enaltecida que aún no sabe amar…”


En 1986, Joan Baptista estaba ya cansado de ir para arriba y para abajo con giras interminables y de la falta de libertad que vivía en RCA su discográfica de entonces. Cuando uno opta por la libertad, opta por la inseguridad permanente, decía. Y aun así, escogió la Libertad. Dejó la música indefinidamente y creó unas empresas de comunicación, mejoramiento personal y dinámicas de grupo. Pero en 2002 volvió a componer y en 2004 retornaba a la esfera pública con un disco, con el irónico título de “Sólo fui a buscar tabaco”, que ponía punto y final a su ausencia.


Joan Baptista Humet fue durante demasiado tiempo un cantautor en blanco, una sensibilidad ocultada, poesía sin salida, creatividad quebrada en un mar de silencios en el que perdemos todos, una voz serena que no se escuchaba en esa plaga de canales rotos, canciones que topaban contra puertas cerradas, una voz con la que el mundo está en deuda. Porque pocos como él han retratado al ser humano.


Pero al fin ha visto la luz el disco homenaje “A Joan Baptista Humet”, presentado en Madrid hace tres días. Ocho años después de su muerte es demasiado tiempo, pero aquí está. Unos días después de su muerte una serie de importantes figuras de nuestra música celebraron un concierto en Barcelona en homenaje y tributo a Humet. Aquel concierto, recuerda Marrasé, el perseverante periodista y activista cultural al que hay que agradecerle que el disco haya visto la luz, fue el germen de este álbum, que ha tardado tanto en publicarse "por culpa de la difícil situación que vive la industria discográfica" según sus propias palabras.

El cuidadísimo disco no contiene la grabación del concierto en sí. Aquellas interpretaciones se grabaron después, una a una, en estudio y el resultado está en este disco: Ana Belén, Joan Manuel Serrat, María del Mar Bonet, Lluis Llach, Marina Rossell, Dyango, Nuria Feliu y el grupo Pegasus, entre otros, hacen inspiradísimas versiones de temas como Clara, Fulls, Layetana abajo, Que no soy yo, Terciopelo o Si te me’n vas. Y además, dos canciones inéditas que Humet guardaba en su baúl personal. Una en catalán, París, tardor de l'any 73 de sus primeros años en la música. La otra, mucho más reciente, en castellano, Carta sin remitente. Un documento único que además destina todos, absolutamente todos, sus beneficios a AFANOC, Asociación de niños y niñas con cáncer. Un disco indispensable por su significado, sus destinatarios y su bellísimo contenido musical.

Pero “hay más material inédito que debería ver la luz”, dice Paco Martínez, el presidente de la Asociación Amigos de Humet de Navarrés, su querido pueblo. Hay temas y maquetas de cuando tenía apenas 16 años. Parece que el legado de Humet sigue vivo. Y con joyas por descubrir.




"Cuando logras vivir de forma positiva, todo tiene un sentido... trascendente"
Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. Boas noites. Bonne nuit.

domingo, 3 de abril de 2016

Se nos fue Gato Barbieri

Adiós al profeta del jazz de vanguardia en tierras extranjeras

Lo juro. La he visto esta mañana, no tengo ninguna duda. Viajábamos juntos en el mismo vagón de tren. La sentí cerca. No la he perdido de vista. No ha reparado en mi presencia. Esos ojos, esa mirada. Era ella. Descendí del vagón en la primera parada. Curioseó mi miedo. Se reía. Han pasado seis horas y todavía tengo el pánico en el cuerpo. Sigo deambulando por el andén. No sé dónde estoy. Quieto, parado, en ninguna parte. La diferencia entre la suerte y la muerte es sólo una letra. Os lo prometo. Era ella.


Hoy no tocaba hablar de jazz. Hoy quería dedicarle este post a una mujer irlandesa que me encanta (No; no os voy a decir su nombre. Ya llegará…) Hace relativamente poco que le dediqué ya uno a un saxofonista increíble, Sonny Stitt, alguien que cuando cruje la tristeza sus notas le dan forma (¿sólo tristeza? Se respira demasiado desaliento en el/mi/nuestro mundo, quizás) Pero al poner esta mañana la radio, eterna compañía matutina y nocturna,  la muerte de Gato Barbieri me ha dado los buenos días. ¡Qué mala (s) muerte! 


Barbieri fue el segundo músico argentino en tener un impacto significativo sobre el jazz. El primero fue Lalo Schifrin, en cuya banda Barbieri tocó cuando era un adolescente. Su historia ha sido la de una odisea en zig-zag entre su país y América del Norte: Comenzó a tocar ritmos latinos tradicionales en sus primeros años, dando la espalda a su herencia en los años 60. En 1962, junto a su esposa de aquel entonces, Michele (que falleció en 1996), el Gato pasó unos meses en Brasil y luego partieron a Europa. Allí, tuvo un encuentro trascendental con el trompetista de free jazz, Don Cherry sumergiéndose en el movimiento de jazz de vanguardia.

"Esa unión fue importantísima para mí. Nos conocimos porque él había ido a tocar con Sonny Rollins. Pero tuvieron un cruce, Sonny le dijo «no me molestes mientras estoy tocando», y se separaron. Entonces, conseguí una audición con Don en París, me escuchó tocar y le gustó. «OK, empezás mañana», me dijo. Con él toqué tres años y aprendí muchísimo, en el sentido de que no hay que hablar mucho, para tocar tenés que usar tu corazón y tu cabeza. Hay músicos que hablan muchísimo y no pasa nada. Y Don, en cambio, nunca tuvo necesidad de decir nada. Él no sabía escribir música, así que yo le copié todos sus temas. De todas maneras, era un genio." Juntos, grabaron tres discos indispensables: Toghetherness (1965), Complete Communion (1966) y Symphony for Improvisers (1966).


En los años 70 vuelve a las influencias de América del Sur, pasando por el pop y la fusión. Cuando su enfoque y su tono comenzaron a suavizarse un poco que interpretó baladas como  Cuando Vuelva A Tu Lado y Europa de Carlos Santana-


No obstante, independientemente del idioma en el que trabajara, la sangre caliente de Barbieri ha hecho de él uno de los solistas de saxo tenor más abiertamente emocionales de la historia de la música.


El año pasado, Barbieri recibió un premio por su trayectoria, el Grammy Latino, por una carrera que cubre "prácticamente todo el panorama del jazz." El reconocimiento de la Academia Latina de la Grabación acreditó a Leandro "Gato" Barbieri como el creador de "un estilo musical rebelde pero muy accesible, que combina el jazz contemporáneo con géneros latinoamericanos y los elementos del instrumental pop que incorpora."

El saxofonista ya había ganado un Grammy a la mejor composición instrumental en 1973 por su música para El último tango en París, el polémico para la época drama erótico protagonizado por Marlon Brando y Maria Schneider que le valió dos nominaciones a los Oscar. Cuando el director Bernardo Bertolucci necesario música atractiva para el último tango, pensó en  Barbieri que era conocido por el sonido distintivo, sensual, enorme de su saxo tenor "Fue como una unión entre la película y la música", dijo Barbieri sobre la banda sonora que lo convirtió en una estrella internacional, en una entrevista de 1997 con The Associated Press . "Bernardo me dijo: No quiero que la música sea demasiada Hollywood o demasiada europea, que es más intelectual.  Quiero algo intermedio”


Para el Gato, el tango tenía un atractivo especial, porque está estrechamente ligada a su alma argentina. "Siempre en el tango es una tragedia: Ella lo deja, ella lo mata. Es como una ópera pero se llama tango". "Las letras y las melodías son muy bonitas. Es muy sensual." dijo Barbieri en 1997, interesante opinión teniendo en cuenta que la mitad de los argentinos, incluido él, tenía raíces en Italia.

Las últimas tres décadas no fueron muy prolijas. Una pérdida de rumbo en los ochenta, en medio de cambios en el mercado musical y adicciones. La muerte en 1995 de su esposa Michelle, una presencia fundamental en su vida y en su carrera, lo sumió en una depresión, uno de los factores que desembocaron en un triple bypass. Volvió a grabar en 1997, “Pero qué pasa”, “che corazón” (1999) y “The Shadow Of The Cat” (2002) son una versión desdibujada de sus trabajos más comerciales de finales de los setenta.



"La música era un misterio para Gato, y cada vez que tocó fue una experiencia nueva para él, y él quería que fuera de esa manera para su audiencia", dijo su mujer durante los últimos 20 años, Laura, al anunciar su muerte en un hospital de New York a causa de una neumonía."Fue honrado por todos los años que tuvo la oportunidad de llevar su música por todo el mundo." Grabó más de 35 discos en una carrera que abarcó cinco décadas y sonidos mezclados de las grandes bandas de jazz libre de América del Sur y estilos caribeños.



Con su eterno sombrero de fieltro Gato Barbieri estaba a caballo entre la vieja y la nueva escuela con un sonido tan preternaturalmente visceral, tan emocionalmente puro que simplemente trasciende ritmo y tiempo. Sé que lo que he escogido para honrarle deja de lado la parte más “salvaje” de Gato Barbieri, el que yo conocí en el soleado ático de Sant Andreu junto a Miles Davis y John Coltrane. Era un alma libre; ello y su herencia latina tenían una mayor carga de alegría que la que yo dejo aquí. Pero el mundo en el que vivo no me gusta. Y, estoy convencida, a él tampoco.
Buenas noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. Boas noites. Bonne nuit