El insomnio, con sus cientos de peligros, algunas veces puede ser positivo.Aprovechando cada vuelta de la almohada y lo
que de bueno emiten las ondas hercianas, es fácil encontrar a ciertas horas
aquella joya que no encontrarías a la luz del día entre el bullicio de la vida
cotidiana. Fue así como conocí en el verano de 2010 (¡madre mía!), gracias a un
viejo programa de Radio 3 “Cuando los Elefantes Sueñan con Música” a la
cantante e instrumentista brasileña Fernanda
Takai. Dos años después, la volví a escuchar en el mismo
programa y empecé a bucear en su trabajo. Tome unas cuantas notas, pero
todo quedó en un borrador que he encontrado ordenando archivos. Entonces era una cantante más que prometedora; hoy es una artsita consagrada.
Su bellísima,
sutil y delicada voz se convirtió en una de las voces de la bossa nova que reeditaba
temas a despecho de algunos "ortodoxos" del género que se resistían a
la presencia de "intrusos”. El típico enfrentamiento entre puristas y
renovadores.Una canción que me gustó entonces
mucho fue Insensatez, de Antonio Carlos Jobim, su
disco “Onde Brilhem os olhos seus” (2007), un clásico reversionado con toques
electrónicos que es una verdadera maravilla.
Fernanda nació
en Serra do Navio,
hace 53 años. A los 16 años ya formaba parte, cantando, componiendo y tocando, de
la banda de pop-rock alternativo Pato Fu que en 2000 fue
elegida por el New York Times como uno de los mejores grupos del mundo,. Pero
a mí, la que me gusta, es su carrera como solista, que inició hace 17 años
precisamente con el disco anterior y que también le ha dado una gran
repercusión nacional e internacional, incluso grabó un álbum, “Fundamental” (2012)
con el guitarrista Andy
Summers de la banda 'The
Police' .
Antes, en 2004,
había sido invitada a participar con un tema en el programa especial "Um
Barzinho, Um Violão - Jovem Guarda", grandes bandas interpretando
grandes canciones del pasado utilizando instrumentos musicales sencillos, pero
con un talento y una calidad enorme. Ella eligió O Ritmo da Chuva, acompañada
del cantante y compositor, multinstrumentista Rodrigo Amarante.
Fernanda se
reinventa constantemente, colabora con infinidad de artistas, rinde homenaje a
los grandes nombres, se desvía del demodé, sin dejarse atropellar por lo nuevo.
La siguiente canción es la versión brasileña de Summer Samba, de su LP “OTom da Takai" (2018) con los instrumentistas
Roberto Menescal y Marcos Valle
Apenas comenzó
la pandemia, con su esposo, el músico y productor John Ulhoa, crearon y
grabaron un disco en el estudio que tienen en casa. Directa o indirectamente, las
canciones acaban remitiéndonos a aquel momento duro, sobre todo, "con un terraplanista dirigiendo su país", empezando por su
título “Will You Believe?”. El tema inicial, Terra Plana, tan dulce como
triste, está escrito por John. “Escribí la canción pensando en nuestra
hija, preguntándome si le estamos dando las herramientas que necesita para
tener el coraje que la vida pide y la sabiduría para evitar el oscurantismo que
nos aqueja. Se trata de que los padres crezcan y deseen haber recibido la
educación adecuada de sus hijos, para que algún día puedan despedirse en paz.”,
explicó
John.
Que Fernanda Takai
tiene ascendencia japonesa se hace evidente por su fisonomía, su cuidado look, su
aspecto minimalista y los ideogramas nipones que utiliza. Y que siempre en su
vestuario hay vestidos con aspecto de kimonos o de diseño inspirados en lo
japonés: Su abuelo materno era de origen portugués y sus abuelos paternos
habían emigrado a Brasil desde Japón. Kobune es la versión japonesa de "O
barquinho" . Tiene un sabor diferente.
Volverla a escuchar ha sido un placer. Su armonía
llega dulce, fácil. Porque Fernanda Takai tiene una voz sin espinas, suave,
clara, delicada; no recorre grandes distancias. Está hecha para distracciones
íntimas, es un mensaje cantado elegante, como si ofreciera un murmullo
apasionado y tranquilizador, que tanto nos hace falta. La cantante brasileña,
si bien ha colaborado con cantantes como Carlos
Núñez, en su álbum “Alborada
do Brasil”, en el que fusiona la música celta y brasileña, nunca ha actuado en España.
Cuidaos
mucho. Y cuidad la Cultura para que ella cuide de nosotros. ¡Y no a la invasión
rusa! ¡Libertad para Ucrania! Imposible acabar sin gritar: ¡Poned fin al
genocidio palestino! No seamos soldados de los telediarios y los magacines,
dejemos de ser habitantes de las trincheras mediáticas, no nos lavemos las
manos con agua que está teñida con sangre. Digamos ¡basta! ¡Palestina libre
desde el río hasta el mar!
Buenas
noches. Bona nit. Boas noites. Bones nueches. Arratsalde on
Надобраніч. طاب مساؤك. לילה טוב
El alquimista que
hizo enmudecer a todo Brasil con su música infinita
Estoy en esa
edad en la que empiezo a explorar los límites del mundo, los límites que me
quedan por descubrir.También estoy en
la edad de saber que puedo tener o no razón, por lo que soy todo oídos, en
silencio, para ver qué puedo aprender. Me zambullo en cada nuevo descubrimiento
que lo único que hace es revelarme mi ignorancia, en una espiral sin fin.
Cuanto más conozco menos sé. Y pienso: qué poco tiempo me queda para saber un
poco de todo lo ignoro. Por eso, quizás, salvo algunas excepciones, dedico más
tiempo investigar sobre artistas, intérpretes, músicos, grupos, voces más bien
desconocidas (al menos para mí) que me han gustado, impactado, sorprendido… dejando
de un lado a aquellos nombres que se pueden encontrar sin dificultad en el Gran
Hermano Google. Y por eso, quizás, pasé de largo ante la muerte de Joao Gilberto, el
pasado 6 de julio.
Pero esta
noche, haciendo un repaso a los 8 años y medio de vida de este blog (hace
tiempo que me ronda la cabeza darle la vuelta de arriba a abajo) me he cruzado
con la entrada que le dediqué a Garota
de Ipanema y me he acordado de él. He pensado que quien desempeñó un papel
clave en el desarrollo de la bossa
nova a fines de la década de 1950 y principios de los años 60,
convirtiéndose en un sonido icónico, en una de las figuras más importantes y
queridas de la música brasileña, merece un sitio en este espacio.
Junto con el
compositor Antônio Carlos
"Tom" Jobim, Gilberto creó un nuevo estilo romántico y reflexivo
en el que los ritmos de la samba se
mezclaban con las influencias de la escena estadounidense del jazz cool. imbuido de saudade,
nostalgia. Como guitarrista, fue pionero
en una nueva técnica que combinaba el toque sincopado de acordes de guitarra
acústica con armonías y progresiones de acordes influenciadas por el jazz, mientras que como
cantante su estilo era relajado y discreto.
La bossa nova
era un estilo nuevo, genial y sofisticado que reflejaba el optimismo de Brasil
a principios de los años 60 e inicialmente se hizo popular entre los fanáticos
de la música brasileña de clase media y alta. Pronto su popularidad comenzó a
extenderse. Junto con otros músicos brasileños destacados, Gilberto apareció en
un concierto ahora legendario en el Carnegie Hall, Nueva
York, en 1962, y al año siguiente lanzó el álbum “Getz/Gilberto” con el
saxofonista estadounidense Stan
Getz, que se había sentido fascinado por la bossa nova. El álbum incluía el
single Girl from Ipanema, cantado por Astrud Gilberto, con
quien Gilberto estaba casado, que fue escrita por Jobim y Moraes mientras se sentaban
en un bar frente a la playa de Copocabana en Río, viendo pasar a las chicas. Es aún hoy una de las canciones más famosas de la bossa nova. Vendió más de un
millón de copias y consiguió la aclamación internacional.
Fue un logro
extraordinario para un músico que inicialmente había luchado por tener éxito y
encontrar la aceptación de su música. Pero, ¿Cuál es la historia de Joao
Gilberto? Nacido en Juazeiro, en 1931, en el estado de Bahía, el sexto de siete
hijos de un rico comerciante comenzó a tocar la guitarra de forma autodidacta a
los 14 años, formando una banda mientras aún estaba en la escuela. A los 18
años se mudó a Salvador de Bahía, donde actuó en las ondas de algunas
estaciones de radio locales, y al año siguiente a Río, donde formó parte del
grupo Garotos de Lua;
pero fue despedido porque nunca se podía confiar en que apareciera en los ensayos.
Gilberto se
encontró, así, sin trabajo y deprimido, y después de un período de trabajo con
un grupo vocal en la ciudad sureña de Porto Alegre, se mudó al estado de Minas
Gerais para vivir con su hermana mayor. Allí pasó meses practicando y
perfeccionando su nuevo estilo musical.
Recuperado y algo más animado, en 1956 decide regresar a Río. A partir de entonces, su fortuna empieza por fin a cambiar. En 1957 interpretó un disco de Elizeth Cardoso, “Concao
do Amor Demais”, compuesto por Tom Jobin y Vinicius de Moraes.
Pero es en 1958 que se escucha por primera vez en la radio el tema que luego daría nombre a su primer álbum titulado “Chega de saudade”. La canción, bálsamo
contra la añoranza, había sido grabada primero por Elizeth, pero fue a través
del canto sigiloso de João Gilberto y de su toque de guitarra que se convirtió
en algo distinto, alumbrando una nueva estética musical. Fue una
revolución, aquello no era samba, era algo nuevo. Gilberto comienza, así, su ascenso
a la fama. Jobim había quedado impresionado por el nuevo enfoque del artista y
comenzó a buscar una canción adecuada para el nuevo estilo bossa nova. Chega
de Saudade fue escrita por Jobim, con letra de un tercer héroe del
movimiento, Vinicius de Moraes, y se convirtió en el primer
éxito de bossa nova.
En 1959, la
nueva música tuvo éxito internacional cuando Gilberto y Jobim ayudaron a
contribuir en la banda sonora de la
película de culto Orfeu
Negro (Orfeo negro), en la que se volvió a contar el mito griego en el
marco de un carnaval brasileño. Ganó un
Premio de la Academia a la mejor película en lengua extranjera en 1960, y la
Palme D'Or en el festival de cine de Cannes de 1959, ayudado por esa banda
sonora que incluía la grabación de Gilberto de A Felicidade.
Estados Unidos
comenzó a descubrir una música brasileña nueva, genial y sofisticada, y comenzó
el boom de la bossa nova en ese país. Pronto, los músicos de jazz
estadounidenses visitarían Brasil para escuchar la nueva música por sí mismos. Siguen
otros dos discos, en 1960 “O Amor, o
Sorriso e a Flor y en 1961 “Joao Gilberto”, también como el primero, con
composiciones de Jobim y Moraes, así como otros músicos como Dorival Caymmi, Carlos Lyra y Roberto Menescal.
En 1961, llegó el
guitarrista Charlie Byrd,
e inevitablemente encontró su camino hacia el "Beco das Garrafas", en Río de Janeiro, donde los músicos de bossa se reúnen y colaboran con músicos
de jazz como Sérgio
Mendes Byrd regresó a casa emocionado por lo que había escuchado, y a su
regreso a los Estados Unidos grabó el álbum con Getz. Se convirtió en un éxito
de ventas, permaneciendo en las listas estadounidenses durante 70 semanas, un
logro sorprendente para un álbum de jazz. A partir de entones fue inevitable
que Gilberto fuera invitado a actuar en los Estados Unidos.
En noviembre
de 1962 Gilberto tocó en Nueva York en aquel concierto histórico que también contó con
Jobim, Mendes y otros artistas brasileños, incluidos Lyra, Byrd y Getz. Según
algunos de los músicos brasileños, el concierto fue un desastre: Lyra afirmó
que "solo querían hacer una sesión de grabación en el
escenario", pero este fue un evento de alto perfil que ayudó a
impulsar la reputación de Gilberto en los Estados Unidos. Y había más éxitos
estadounidenses por venir. Por fin mundo se ponía a sus pies.
Los críticos, en sus inicios fueron muy duros con la bossa nova. Como en todos los países existe el purismo y
en Brasil no se entendía que eso fuera samba, lo veían como una degradación. Según
el libro “A historia e as historias da bossa nova”, el gerente de ventas de la
mayor tienda de discos de Río, Álvaro Ramos, exclamó mientras escuchaba los
primeros acordes de “Chega de saudade”: “¿Por qué graban cantantes
resfriados?”. Luego escuchó a Gilberto entonar “es sólo esto mi
baiao, y no tiene más nada no” y la paciencia de Ramos estalló: “¡¿Entonces
esta es la mierda que Río nos manda?!”. Acto seguido, quebró el vinilo
en la punta de la mesa de reunión. "Es gracioso, pero su canción Desafinado,
está dedicada a los críticos que decían que la bossa nova era samba mal
cantada" nos apunta Elvira Lindo en la columna
de la SER que le dedicó ante la noticia de su muerte. Y es que, como dice
la letra de la canción "los desafinados también tienen
corazón".
Gracias a la
Garota de Ipanema, la bossa nova se había convertido en una nueva moda pop
mundial. Y conquistará más audiencias en todo el mundo cuando Frank Sinatra
cantará en 1967 una versión en inglés de la canción más famosa de Gilberto.
Decía “la voz” que "para cantar tan bien la bossa nova como Joao Gilberto
hay que tener poca voz". Era un elogio, porque escucharlo era como ir a una
misa, se requería silencio, crear el ambiente propicio para alcanzar la
emoción.
Pero en 1964
la escena musical brasileña cambió repentinamente. Un golpe militar puso fin a
los años de optimismo, y la imagen tranquila y romántica de Brasil se hizo
añicos. Ahora surgirían nuevos estilos, desde canciones de protesta hasta los
experimentos del movimiento Tropicália,
y los principales músicos Caetano
Veloso y Gilberto Gil
serían l encarcelados y luego exiliados por las autoridades. Muchas de las
estrellas de bossa nova, incluido Gilberto, simplemente decidieron quedarse en
los EEUU, donde su música era tan popular. Gilberto permaneció en un exilio autoimpuesto
hasta 1980. Hizo más grabaciones con Getz y con Herbie Mann, pasó dos años
viviendo en México, donde también grabó, pero pasó gran parte de su tiempo
practicando, tocando en privado y reviviendo canciones de antes.
Al regresar a
Brasil, comenzó a trabajar con una generación más joven de músicos brasileños,
y en 1981 grabó el álbum "Brasil" con Veloso, Gil y Maria Bethânia,
quienes consideraban a Gilberto como un héroe de la música brasileña. En una
entrevista en 2007, Caetano dijo que escuchó por primera vez a Gilberto
cuando tenía 17 años, y fue "como una iluminación para mí. Fue
como una increíble revelación de todo, de criterios estéticos y emociones
profundas, y, sobre todo, esperanza en Brasil ... esperanza en nuestro futuro y
la idea de que teníamos una especie de misión. Todavía creo que João Gilberto
es nuestro mejor artista ".
Gilberto
continuó girando y grabando, aunque siempre insistió en que la acústica en una
sala de conciertos debería ser excelente, y que el público debería permanecer
en silencio. En 2001 ganó el Grammy en Los Ángeles con el álbum “Joao: Voz y
Violao”.
Actuó en los
Estados Unidos y Europa, y se convirtió en un héroe de culto en Japón, donde
había seguidores entusiastas de la bossa nova. Una de sus mejores grabaciones
en vivo, “In Tokio”, fue
lanzada en 2004.
Con poco
interés en dar entrevistas, se le conoció como el "genio solitario"
en las calles de Leblón, el barrio en la parte sur donde vivía, pero rara vez
se le veía. Era un recluso y un perfeccionista excéntrico, y los músicos
brasileños se deleitaban en contar historias sobre él. Lyra lo describió como
"un artista fantástico y un hombre muy especial, muy neurótico como
todos nosotros, pero probablemente un poco más". Gilberto era muy
aficionado a los gatos, y Lyra contaba repetidamente con alegría la historia de
cómo uno de sus gatos fue presuntamente impulsado a saltar desde una ventana
del octavo piso, enloquecido por la constante repetición de una frase de
guitarra de su maestro que no sonaba como él quería. Su hija, la cantante Bebel Gilberto, lo
describió así: “Mi padre cambió la música brasileña. A veces lo veía
buscando acordes diferentes para los clásicos que ha estado tocando durante 14
años. No puedo creer su obsesión: siempre buscando la perfección, algo que
podría ser mejor, una versión en la que nadie había pensado antes
".
La muerte de
Gilberto a los 88 años se vio teñida por las peleas judiciales entre sus hijos
mayores, Joao Marcelo y Bebel
Gilberto (esta última hija de su matrimonio con la cantante Miúcha) y su ex
esposa Claudia Faissol. Los primeros dicen que la segunda se aprovechaba de él,
tanto de su figura como de su dinero. Como si esto no fuera poco, también tenía
problemas con los derechos de su música. Algo que afortunadamente se solucionó
en marzo de este año, cuando volvió a conseguir los derechos de sus primeros
discos que había vendido en 2016 a un banco por sus deudas. Miúcha, la mujer
con la que mantenía un contacto reiterado por teléfono murió en diciembre
pasado, haciendo que la vida de Gilberto se volviera tan solitaria como la
escenografía de sus shows, contrastando con el sol, las playas y esa imagen
turística que se esfuerza en mostrar Brasil. Quebrado, con su familia dividida
y solo. Así murió Gilberto. Alejado de las luces y los escenarios en los que se
le recuerda
"Fue
Joao Gilberto, el genio más grande de la música brasileña, quien tuvo la influencia
definitiva en mi música", escribió ante su muerte el cantante Gal Costa en las redes
sociales. "Lo extrañaremos, pero su legado es muy importante para
Brasil y para el mundo".
Buenas noches.
Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon. 굿나잇.
Boas noites. 晚安 Bonne nuit グッドナイトBuonanotte. לילה טוב.Oíche mhaith. Wengi alus. Bones nueches. اچھا
شام Noson dda. Good night. Спокойной ночи. Guten Abend. শুভরাত্রি
Sentada en mi
estudio junto a Jesús en esta noche de domingo, mientras él se dedica a su
podcast Pobrecito Satanás,
le observo y, a veces, me siento algo empequeñecida por su sapiencia demostrada
en temas musicales (y en casi todo) Su
sabiduría es amplía y su oralidad más aún. Tengo mucho que aprender, tal vez
demasiado, pero el hambre musical es extrema, el tiempo escaso. Desde luego, puedo
prescindir de muchas cosas en mi vida, de casi todas, menos de mi familia y, por supuesto, tampoco de la música. Hoy
he abierto la puerta de mi noche (o él me ha abierto las suyas) a Vinicius (el
nombre de pila basta cuando se trata de alguien que es como de la familia) al
que conocí en aquel ático de Sant Andreu en el que entraba la luz, la música y la juventud
a raudales.
Vinicius de Moraes
está en el grupo de músicos que te hace “sentir la música”. Así de simple. Ya
hayas escuchado mucha o poca música, seas o no un pozo de sabiduría musical, es
imposible permanecer indiferente ante la propuesta de Vinicius. Su música es arte,
es pura magia, pura poesía que viaja por el tiempo. Y a lo largo de ese tiempo, la memoria enlaza los
nombres según las leyes del corazón. Así quedaron asociados para siempre Vinicius
y La Fusa, el mítico local, un reducto que albergó a gran parte de la comunidad
artística entre 1968 y 1982, un espacio donde se mezclaban la bohemia de la
época con miembros de la clase alta que acudían a ver y oír “lo mejor de lo
mejor”. Por el escenario de aquel café-concert pasaron artistas como Chico Buarque, Astor Piazzolla, Mercedes Sosa, Les Luthiers... Por ello, uno
de los discos de culto y, a la vez, uno de los más populares de la música brasileña
es “Vinicius de Moraes en La Fusa” (1970) que el poeta grabó con Maria Creuza y Toquinho. Una obra que
conserva un carisma impresionante y es uno de los discos brasileños que lleva
más años en catálogo.
El poeta carioca, padre de la bossa nova, se conocía "La Fusa", un local del que se había enamorado, desde bastante antes de aquella noche de 1969 en que la apareció sobre un improvisado pequeño escenario, sentado a la mesa que le servía tanto para apoyar la botella de whisky, el vaso y el cubo de hielo indispensables, como para ocultar, siempre un poco coqueto, las señales que los tragos habían ido dejando a la altura de la cintura. Y antes de esa primera noche ya era familiar y prestigioso el nombre de La Fusa: la inaugural, en la Parada 10 de Punta del Este; la que hizo historia en Buenos Aires en la época de oro del café-concert, o la que protagonizó en Mar del Plata del 71 un verano musical memorable. Pero esa es otra historia.
Las representaciones de aquellos
conciertos fueron un gran éxito; el pequeño local con capacidad para unas 100
personas se llenaba cada noche y circulaban los comentarios favorables que
alimentaban la leyenda. El álbum es una auténtica celebración de la música (y
de la vida) en la que se nota que los músicos lo están pasando bien, pero
también es un disco con una desconocida historia que vale la pena comentar. Y
es que para comenzar, “Vinicius de Moraes en La Fusa” no es un disco en
directo, a pesar de que pueda parecerlo. De hecho fue el propio Vinicius quien
sugirió, para lograr una mejor calidad de sonido, que las canciones fuesen
grabadas en un estudio de Buenos Aires y que, después, se añadieran las voces
del público. Parece que quienes asistían a ese local eran tan entusiastas,
alegres y emotivos que valía la pena conservar el sonido ambiente.
En el disco
aparece la voz de una joven cantante de Bahía que haría una larga carrera,
Maria Creuza, y un joven guitarrista de nombre Antonio Pecci Filho pero que
todos conocían con el sobrenombre de Toquinho. Durante dos noches se recrea,
con unas mesas y amigos invitados, el ambiente del café-concert. No faltan,
para dar mayor verosimilitud a la puesta en escena, “botellas de whisky y
mujeres bonitas”. El poeta, compositor y cantante cuenta chistes, desgrana
anécdotas relativas a cada canción, juega con el público, presenta a los
músicos.
"Nos unió la amistad antes que la música"
Hoy en día, si
se oye con atención el disco, se puede apreciar como Toquinho improvisa
mientras Vinicius dirige unas palabras a su público; luego se escucha el corte
de la grabación, y se nota el cambio de tono de la guitarra de Toquinho.
Vinicius cuenta que aquellos fueron de los mejores años de su vida, donde no
faltaron mujeres y whisky. Con su voz de cava, teñida por el tabaco y el
alcohol, Vinicius canta como nunca lo hizo y se siente tan a gusto que nos
explica varias historias como aquella en la que asegura que Josephine Baker
había decidido adoptar a Toquinho, comentario que obviamente levanta las risas
del supuesto auditorio.
Abre el disco
el himno Copa do Mundo (ese mismo año
Brasil ganó el mundial de Mexico) Alegría desbordante, felicidad absoluta. Después
de este pequeño y divertido aperitivo, A Felicidade abre realmente el disco. En
esta preciosa canción, una de mis favoritas, creada por Jobim y De Moraes cantan tanto Vinicius, como Toquinho y María Creuza. A la señora
Creuza hay que darle de comer a parte; su voz aterciopelada nos pone los pelos
de punta. La guitarra de Toquinho es un lujo que no sé si nos merecemos y los
coros, ay los coros....
Conmueve
escuchar lo que ya son clásicos de la música popular del siglo XX. Sorprende
la frescura y expresividad de la voz de una Maria Creuza en estado de gracia,
que en Tomara (Ojalá) o en Eu sei que voute amar se apropia de dos canciones clave del tándem
Jobim-Vinicius. En esta última, casi al final del disco, María nos canta y nos
convence de que será así, que nos amará desesperadamente y para siempre.
Y siguen los
temas: Que maravilha, Lamento no Morro, una tras otracanciones esplendidas, sublimes que te
atraparán si no lo estás ya. Antes de la mítica y preciosa Garota
de Ipanemaa la que ya le dediqué una entrada en este blog en junio de
2015 (cómo pasa el tiempo) nos llega Canto
de Ossanha que es una de las cimas de este "La Fusa".
Después de la Garota llega esa Samba em preludio, uno de los temas más bellos de la historia de la
música en el que Maria Creuza hace un dúo memorable con la voz gastada y dulce
del poeta. Toquinho exhibe toda su destreza como guitarrista, pone su voz acaso
tímidamente en algunos momentos y lidera la pequeña orquesta que resulta ese
trío ocasional eternizado en la grabación.
Minha namorada es otra joya oculta en el disco, un tema reposado, tranquilo, bellísimo que nos coge de la mano antes del cierre con Si todos fossem iguais a voce que nos deja totalmente hechizados.
Escuchar a
Vinicius en "La Fusa" junto a Toquinho y María Creuza es enamorarse
por primera vez. Es la magia de la música, independientemente de donde
provenga. Es cerrar los ojos y dejarse llevar por la belleza de las voces y
esos preciosos acordes. Un disco que no fue planificado, que pasó a la historia
prácticamente fundando un sello independiente y que más de cuarenta años
después se sigue disfrutando como el primer día. Los que lo tenemos en vinilo.
Y a quienes no lo hayáis escuchado os auguro la certeza de una nueva adicción,
porque este disco se escucha por primera vez pero nunca por última.
Dejaos abrazar por ellos y esta noche dormiréis en paz. Buenas
noches. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُالخَير . Gabon. Buonanotte. Boas noites.굿나잇晚安グッドナイト
“Mira qué cosa más linda, más llena de gracia, es esa muchacha que
viene y que pasa, con su balanceo, camino del mar”
La vida se siente muy diferente
en esta época en que la noche tarda tanto en envolvernos. Hay, no sé, una
cierta alegría que te hace tararear canciones mientras realizas los actos más
cotidianos. Eso me ha sucedido hoy a mí mientras dejaba descansar los informes
de final de curso para hacer una escapada al teatro. Una canción que escuché el
miércoles yendo en el coche hacia la escuela no me la podía quitar de la
cabeza.
Han pasado 53 años desde que Vinicius de Moraes
y Tom Jobim escribieran Garota de Ipanema, y,
dicen, la mujer que inspiró la segunda
canción más interpretada del mundo sigue manteniendo la "belleza y la
gracia" de la que surgió la letra. Porque esa mujer existió.
Corría el año 1962 cuando
Vinicius y Jobim dedicaban horas de culto al whisky refugiados en el Bar do
Veloso, de la antigua calle Montenegro de Ipanema (hoy Vinicius de Moraes), en Río de Janeiro,
desde donde espiaban el "dulce balanceo" de las caderas de una
jovencita cuando iba a la playa o hacía recados para sus padres. Sus
movimientos al caminar, junto con su piel bronceada, sus ojos verdes y su
esbelta figura le sirvieron a Vinicus de inspiración para dar forma a la letra
de una canción que ya había comenzado pero no le acababa de convencer y a la
que, finalmente, Tom puso la música.
La canción presentada al público
carioca en un bar de Copacabana junto con el cantante y guitarrista João Gilberto el 2
de agosto de 1962, y que originalmente se llamaba Menina que passa, tuvo su
verdadero reconocimiento como éxito mundial cuando, tres años más tarde, unos
artistas estadounidenses se fijaron en la melodía.
En la aquella época aparecieron
muchas jóvenes cariocas que se autoproclamaron "garotas de Ipanema", explica
Pinehiro en una entrevista, pero eso se acabó cuando el mismo Vinicius escribió
en una publicación quién era la auténtica inspiradora de su obra más conocida.
La primera grabación comercial
llegaría en 1963 y un año más tarde, una versión en inglés grabada por Astrud Gilberto en
Nueva York se colocó en los primeros puestos de las listas de discos más
vendidos. En Estados Unidos, la melodía de la chica dorada por el sol de
Ipanema se codeaba con los éxitos de los Beatles.
La "garota" de carne y
hueso, Heloísa Eneida Menezes Paes Pinto, conocida como Helô Pinheiro, hoy
tiene 67 años. “Yo era muy tímida entonces, nunca contestaba a sus piropos, solo
entraba al bar a comprar cigarrillos para mis padres o pasaba por allí para
disfrutar de mis días libres al sol", explicó en una entrevista.
Según confiesa la musa, su novio
tuvo motivos para estar celoso, pues Jobim llegó a pedirle varias veces que se
casara con él a pesar de los 18 años de diferencia entre ambos. "Estaba
enamorado de mí, llegó a confundirme la cabeza, pero al final terminamos como
amigos en un relación de afecto y reconocimiento", relató. En
Brasil es una celebridad: ha presentado programas de televisión, aparecido en
telenovelas y hasta posado en la revista Playboy en dos ocasiones.
Lo que nunca se sabrá es si la
canción Garota de Ipanema hubiera
existido si ella no hubiera pasado por delante de Vinicius de Moraes y Tom
Jobim hace más de 50 años.
“Para ella hicimos con todo el
respeto y encanto el samba que le puso en los titulares de todo el mundo e hizo
de nuestra querida Ipanema una palabra mágica para los oyentes extranjeros.
Ella fue y es para nosotros el paradigma de las jóvenes cariocas; la chica
dorada, mezcla de flor y sirena, llena de luz y de gracia." (Vinicius de Moraes, en la revista
Manchete en 1965)
Una estatua en la playa de Ipanema,
en homenaje a Tom Jobim, inmortaliza también
su inolvidable canción.
La chica
de Ipanema ha sido reinterpretada en múltiples ocasiones y adaptada a
distintos géneros a lo largo de la historia, desde Frank Sinatra hasta Amy
Winehouse.
Después de haber sido
interpretada por Vinicius de Moraes y Tom Jobim en aquel pequeño bar de Río de
Janeiro, Pery Ribeiro
fue el primero en grabarla para su lanzamiento comercial en 1963.
En 1963, Norman Gimbel adaptó la
letra al inglés y la siguiente grabación (rebautizada The Girl from Ipanema) se convirtió en un éxito mundial. Grabada en
Nueva York y posicionándose entre las canciones top de ese
año, esta versión de bossa
nova los hizo acreedores al Grammy en 1965 por mejor single y
lanzó a la fama a la brasileña Astrud Gilberto, esposa del saxofonista
americano João Gilberto, y quien después de un largo tour promocional entablara
una relación con Stan Getz.
En 1977 sale la versión disco de esta misma canción, interpretada igualmente
por Astrud Gilberto, pero esta vez producida por Vincent Montana Jr. La podéis escuchar aquí.
La imponente y elegante voz de Frank Sinatra da vida a esta
versión que fue regrabada junto con el mismo Tom Jobim en un álbum de bossa nova
en el que trabajaron juntos.
Icluso Madona se ha atrevido con
ella. En 1993, Madonna cantó
la canción en los shows brasileños del Girlie Show Tour.
En 2008 Pau Donés le da voz a
esta versión en español impregnándola del peculiar estilo de Jarabe de Palo, haciendo
una armónica fusión de flamenco con bossa nova.
Seguimos con una versión de 2011 de
Amy Winehouse. Este
cover forma parte de la compilación post mortem “Lioness: Hidden Treasures” la
cual se conforma por 9 años de grabaciones de la cantante inglesa. Esta no es
la mejor interpretación del tema, sin embargo no deja de ser interesante ver
los alcances del legado histórico de esta melodía.
Pero una de las versiones que más
me gustan y que más recuerdos me traen de la época inolvidable del ático de
Sant Andreu es esta: La de Vinicius de Moraes , Toquinho y Maria Creuza en La
Fusa.
Supongo que por la nostalgia que me produce es mi
preferida. ¿Cuál es la vuestra?
Buenas noches. Boas noites. Bona nit. Καληνύχτα. مَساءُ الخَير . Gabon.
El mito deOrfeo y Eurídice se esconde en cualquier parte. Un ejemplo claro lo encontramos en la belleza de canción que esta noche nos acompañará, Manha de Carnaval
Dicho tema pertenece a la película Orfeo Negro. De Grecia a Brasil, la historia de la mitología griega que cuenta cómo Orfeo pierde a su amada Eurídice, llegó al cine hace 52 años en su versión más racial de la mano del director francés Marcel Camus, que decidió situar la acción en el Río de Janeiro más desfavorecido y en los días del Carnaval, aunque obviando en gran manera la miseria real de la vida de las favelas.
A pesar del paso del tiempo, Orfeo negro sigue siendo aún hoy una película única, personal e inclasificable, a veces oscura, otras luminosa, como la misma vida que fluye por las calles de Río. A su vez, hace emerger valores profundos insertos en la cultura brasileña, muy alejados de los estándares sobre el Carnaval como espectáculo que los ayuntamientos y la TV nos han vendido "made in Brazil". Es una visión de la vida quizás más ligada a la cultura gitana que al mundo payo, donde todo se convierte en consumo y mercadotecnia plastificada.
Aunque si la película es una de aquellas que a pesar de los años no deja de sorprender lo que nos atrapa sin dudarlo es su fabulosa banda sonora, ya que Camus decidió que la música fuera una protagonista más de la historiacon la irrupción de ese entonces casi desconocido ritmo: la bossa nova
Y es que la bossa nova debe muchoOrfeo Negro, ya que supuso una catapulta para este género a nivel internacional, al igual que para músicos tan geniales comoJobim o el guitarrista Bomfá. Canciones comoManha de Carnaval o A felicidade se convirtieron en éxitos mundiales que difundieron la música creada por Jobim al añadir ritmos de jazz a la popular sambaLa combinación entre bossa nova, mito griego y cultura popular brasileña (santería, budú, etc.) hace que esta película sea única. Además, nos ejemplifica la universalidad de los grandes mitos, unificando la cultura europea y la latinoamericana.
Tristemente, el éxito mundial de la película afectó en los años setenta a la amistad de Bonfá y Jobim, que se disputaron la autoría de la banda sonora. Como dice miJesús "el dinerito mata, el dinerito hiere, cuando el dinero crece el amor muere"
La interpretación de Astrud Gilberto la excepcional cantante de bossa nova, samba y jazz que saltó a la fama de forma accidental en 1963 con su participación en el álbum de Stan Getz y João Gilberto (del que tomaria su nombre al casarse con él) interpretando The girl from Ipanema, es fantástica, penetrante, intensa.
La canción es considerada, sobre todo en los EE.UU, como una de las más importantes del brasil jazz / bossa, convirtiéndose en un estándar de jazz. Y ha sido versionada por una gran variedad de músicos de todo el mundo en su versión vocal o instrumental.
Aquí os dejo esta versión de Sadao Watanabe,saxofonista considerado como el fundador del jazz japonés, con el gran Toquinho