“Una clase de baile para cambiar la vida” : Música contra la pobreza y la desigualdad
En el post anterior sobre Vusi Mahlasela, mi querida Noe me recomendaba para obtener otra buena inyección de optimismo ver ¡Esto es ritmo! (Rhythm is it!). Lo cierto es que el título, lo único que no me ha gustado de la experiencia, lleva a nuestra imaginación a pensar en un argumento basado en una historia de salsa o de merengue. Para nada. Ayer, cuando por fin la lenta descarga desde el Emule acabó, pudimos deleitarnos con este documental del año 2004, llevado a cabo por Thomas Grube y Enrique Sánchez Lanch, que narra un proyecto pedagógico de la Filarmónica de Berlín en el que se afronta un reto único y arriesgado: acercar la música clásica y el ballet contemporáneo a la juventud, subiendo al escenario nada más y nada menos que a 250 escolares de 8 a 20 años, de distintas clases sociales y razas, sin conocimientos previos de danza y sin un particular interés por la “música seria“.
Su director, Sir Simon Rattle, sucesor de Claudio Abbado y titular en el cargo tras haber competido con Daniel Barenboim, escogió La Consagración de la Primavera, la obra maestra de Igor Stravinsky, como vehículo para dar salida, tras semanas de duros pero apasionantes ensayos dirigidos por el coreógrafo británico Royston Maldoo, a todo el potencial de creatividad y energía que cada persona albergamos en nuestro interior .
Para Ratlle la música es y tiene que ser patrimonio universal. Y el acceso a ella debe ser un derecho de todos y no un privilegio de una élite. Escucharle hablar tan apasionadamente consiguió transmitirme ese optimismo necesario como el pan de cada día del que tanto hablo últimamente.
“Esta música es para todo el mundo, uno no tiene que avergonzarse de ello. No es algo que esté allí, no es sólo para hombres de negocios ricos de cierta edad y sus mujeres. La Filarmónica de Berlín no es una diva a la que soñamos alcanzar; es un lugar donde se interpreta la más extraordinaria música emocional, a la que todos tienen derecho.”
“Esta música es para todo el mundo, uno no tiene que avergonzarse de ello. No es algo que esté allí, no es sólo para hombres de negocios ricos de cierta edad y sus mujeres. La Filarmónica de Berlín no es una diva a la que soñamos alcanzar; es un lugar donde se interpreta la más extraordinaria música emocional, a la que todos tienen derecho.”
La obra fue representada en enero de 2003 ante 2.500 espectadores en un amplio escenario berlinés. El esperanzador film se limita a reflejar con criterios televisivos el desconcierto inicial de los alumnos y su progresivos avances, el descubrimiento de las posibilidades expresivas del cuerpo, la danza, la integración del individuo en el grupo y la capacidad del trabajo coreográfico para romper las barreras que nos separan de los demás. Todo ello lo vemos a lo largo de las semanas que duraron los ensayos o escuchando con palabras cargadas de emoción las sensaciones, los sentimientos y los miedos de alguno de los jóvenes participantes y de los profesionales del centro escolar implicados en el proyecto. Como contrapartida oímos el convencimiento de Rattle y Maldoom de que tanto la música como la danza pueden transformar y contribuir al cambio social. A lo largo de los 100 minutos que dura la cinta siempre está presente la función social del arte. Un arte para todos.
Como maestra me interesó mucho ver cómo la música y el ballet se convierten en medio para conseguir que estos adolescentes, que en muchos de nuestros institutos serían considerados “problemáticos”, aprendan a concentrarse, a escuchar en silencio, a soltar toda la fuerza que llevan dentro sin miedos ni prejuicios, a ser disciplinados y serios para conseguir disfrutar con lo que se proponen. La vida como un reto y como un fluir de oportunidades ante las que nunca hay que conformarse; la música como expresión de lo más hondo de la persona, del aire que respiramos, de la felicidad que anhelamos.
Para acabar, por si queréis deleitaros con la obra completa de Stravinsky, aquí os dejo en una grabación del 14 de noviembre 2010, de la Orquesta Filarmónica de Radio o.l.v. Jaap van Suecia en el Concertgebouw de Ámsterdam
