"Los trenes, de noche, mueven la melancolía por el mundo". (Karmelo Iribarren)
Cuando era pequeño a Izan le encantaban los trenes. Los fines de semana que su padre trabajaba, subíamos al terrado del ambulatorio de la Torrassa a verlos pasar. Se quedaba atrapado de su grandeza, sus artilugios y sonidos. Nos podíamos pasar horas jugando a contar convoyes y vagones o a adivinar el cambio de aguja qué decidiría el camino que tomaría. ¿A dónde iría? Y echábamos a volar la imaginación. Aún conservamos sus trenes eléctricos, los cuentos, los álbumes de cromos… pequeños tesoros familiares. Y es que el tren tiene algo de mágico. Y de nostálgico, de melancólico…
Muchas personas llevan un tren circulando por las vías trazadas en su subconsciente más profundo. Eso es lo que le pasa a Jesús, "mi Jesús", (no es extraño que a su hijo le encantaran tanto como a él) que cogía el tren de noche para ir y volver del trabajo: Quizás siempre eché de menos la columna de humo saliendo de la locomotora. Quizás nunca superé el sentir alejarme del hogar. Pero los trenes nocturnos, que me llevaban hacia un mundo que siendo el mío no lo era, siempre me produjeron una sensación compleja. Entre el extrañamiento y la introspección, entre la tristeza y la reflexión. Siempre acompañado por la música, por ese buen amigo. Por mucho que ver aparecer la luz esas mañanas no acabase con las sombras nocturnas, cada día es una nueva esperanza, una oportunidad. La lucha de la oscuridad y la luz a ritmo de ese amigo del alma, Pat Metheny.
Joan Margarit estuvo
vinculado estrechamente al mundo técnico y a sus recuerdos de infancia. El
poeta catalán recurrió a menudo al tren para evocar en su obra las memorias más íntimas.
Estic dormint amb tu i sento passar els trens.
Em travessen el front els llums de les finestres
estripant el vellut blau fosc d’aquesta nit.
L’estona de silenci em deixa un llum vermell,
la nota a un pentagrama de cables i de vies
obscures i lluents. Estic dormint amb tu
i els sento com s’allunyen amb el soroll més trist.
Potser m’he equivocat no pujant en un d’ells.
Potser l’últim encert és–abraçat a tu-
deixar que els trens se’n vagin en la nit.
Hubo un tiempo en que viajar de noche en tren era mucho más que desplazarse de un lugar a otro. Era entrar en una geografía distinta, en un mundo suspendido entre la vigilia y el sueño, entre el traqueteo constante de las ruedas sobre la vía y el rumor apagado de conversaciones que nacían y se extinguían en unas pocas horas. En aquellos trenes nocturnos de los años ochenta no solo se cruzaban ciudades, comarcas o fronteras; se cruzaban también vidas, recuerdos, silencios y destinos.
Algo tendrán los trenes que transforman nostalgia en música y poesía, ¿no creéis? De humildes trabajadores ferroviarios nacieron hijos poetas y universales. Es el caso de Pablo Neruda cuya relación con los trenes fue siempre profundamente personal, ya que su padre lo era. Muchos son sus poemas dedicados a los trenes. En su obra, el silbato de la locomotora y la figura de su padre como capitán de tren son imágenes recurrentes.
SUEÑOS DE TRENES
Estaban soñando los trenes
en la estación, indefensos,
sin locomotoras, dormidos.
Entré titubeando en la aurora:
anduve buscando secretos,
cosas perdidas en los vagones,
en el olor muerto del viaje.
Entre los cuerpos que partieron
me senté solo en el tren inmóvil.
Era compacto el aire, un bloque
de conversaciones caídas
y fugitivos desalientos.
Almas perdidas en los trenes
como llaves sin cerraduras
caídas bajo los asientos.
Pasajeras del Sur cargadas
de ramilletes y gallinas,
tal vez fueron asesinadas,
tal vez volvieron y lloraron,
tal vez gastaron los vagones
con el fuego de sus claveles:
tal vez yo viajo, estoy con ellas,
tal vez el vapor de los viajes,
los rieles mojados, tal vez
todo vive en el tren inmóvil
y yo un pasajero dormido
desdichadamente despierto.
Yo estuve sentado y el tren
andaba dentro de mi cuerpo
aniquilando mis fronteras,
de pronto era el tren de la infancia,
el humo de la madrugada,
el verano alegre y amargo.
Eran otros trenes que huían,
carros repletos de dolores,
cargados como con asfalto,
y así corría el tren inmóvil
en la mañana que crecía
dolorosa sobre mis huesos.
Yo estaba solo en el tren solo,
pero no sólo estaba solo,
sino que muchas soledades
allí se habrán congregado
esperando para viajar
como pobres en los andenes.
Y yo en el tren como humo muerto
con tantos inasibles seres,
por tantas muertes agobiado
me sentí perdido en un viaje
en el que nada se movía,
sino mi corazón cansado.
Estaréis conmigo que iajar
en tren tiene un encanto difícil de explicar y, al mismo tiempo, imposible de
ignorar. Quizá sea el suave balanceo de los vagones, el rumor constante de las
ruedas sobre los raíles o la sucesión interminable de paisajes que se deslizan
tras la ventana. En el tren, el tiempo parece adoptar un ritmo diferente, más
pausado, más propicio para la contemplación. Mientras el mundo corre al otro
lado del cristal, el viajero permanece suspendido en una especie de intervalo
donde la imaginación encuentra espacio para desplegarse.
Y ahora, una canción de Junior Parker que se convirtió en un clásico del blues. Porque, ¿quién no ama los trenes y el blues, a la vez? Es evidente que ambos estaban hechos el uno para el otro.
Antonio Machado
consideraba el tren un espacio de reflexión y ensueño. En sus versos, el
traqueteo y el paisaje exploran el paso del tiempo, el nomadismo y los
encuentros casuales Hay que viajar en tren porque como dice el poeta “el
tren al caminar / siempre nos hace soñar”. Eso practicaba el poeta en
sus idas y venidas -siempre sobre la madera/de mi vagón de tercera-,
del páramo a los olivares, de la mística Castilla a la Andalucía del limonero.
Yo, para todo viaje
—siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera—,
voy ligero de equipaje.
Si es de noche, porque no
acostumbro a dormir yo,
y de día, por mirar
los arbolitos pasar,
yo nunca duermo en el tren,
y, sin embargo, voy bien.
¡Este placer de alejarse!
Londres, Madrid, Ponferrada,
tan lindos... para marcharse.
Lo molesto es la llegada.
Luego, el tren, al caminar,
siempre nos hace soñar;
y casi, casi olvidamos
el jamelgo que montamos.
¡Oh el pollino
que sabe bien el camino!
¿Dónde estamos?
¿Dónde todos nos bajamos?
¡Frente a mí va una monjita
tan bonita!
Tiene esa expresión serena
que a la pena
da una esperanza infinita.
Y yo pienso: Tú eres buena;
porque diste tus amores
a Jesús; porque no quieres
ser madre de pecadores.
Mas tú eres
maternal,
bendita entre las mujeres,
madrecita virginal.
Algo en tu rostro es divino
bajo tus cofias de lino.
Tus mejillas
—esas rosas amarillas—
fueron rosadas, y, luego,
ardió en tus entrañas fuego;
y hoy, esposa de la Cruz,
ya eres luz, y sólo luz...
¡Todas las mujeres bellas
fueran, como tú, doncellas
en un convento a encerrarse!...
Y la niña que yo quiero,
¡ay!, preferirá casarse
con un mocito barbero!
El tren camina y camina,
y la máquina resuella,
y tose con tos ferina.
¡Vamos en una centella!
En esta canción sobre un tren en concreto, la Locomotora 8 de Southern Crescent que pasaba por Georgia. Drive, el grupo REM, describe con rara minuciosidad en un grupo de rock, el trayecto del tren: los niños que miran desde dentro, los campos, los bloques de viviendas, los aviones que pasan por encima. Pero, al mismo tiempo, tiene una cualidad espectral, lo que le otorga una categoría peculiar dentro de las canciones sobre trenes.
Juan Ramón
Jiménez, nos explica también la emoción de viajar en una vieja locomotora.
LA VIEJA LOCOMOTORA
La vieja locomotora empuja y tira
con toda su fuerza
y su respiración de hierro.
A través de la llanura
y la montaña,
va dejando atrás
los campos y los pueblos.
Los vagones van detrás
como un sueño
que se escapa
por los raíles.
Y el maquinista
en su alto asiento
va mirando el horizonte
con ojos de fuego.
La vieja locomotora
va hacia la ciudad
con un ruido de trueno
y un aroma de humo.
Y yo me siento
en la ventana
mirando el paisaje
que se va deslizando.
La vieja locomotora
me lleva lejos
a un mundo nuevo
de aventuras y de sueños.
También hay algo profundamente romántico en observar campos, montañas, pueblos y estaciones que aparecen y desaparecen como escenas de una película. Cada figura que se distingue a lo lejos parece guardar una historia; cada casa iluminada al anochecer invita a imaginar vidas, encuentros y secretos. El tren no solo transporta personas de un lugar a otro: también conduce pensamientos, recuerdos y fantasías.
IRIS DE LA NOCHE
A D. Ramón del Valle-Inclán.
Hacia Madrid, una noche,
va el tren por el Guadarrama.
En el cielo, el arco iris
que hacen la luna y el agua.
¡Oh luna de abril, serena,
que empuja las nubes blancas!
La madre lleva a su niño,
dormido, sobre la falda.
Duerme el niño y, todavía,
ve el campo verde que pasa,
y arbolillos soleados,
y mariposas doradas.
La madre, ceño sombrío
entre un ayer y un mañana,
ve unas ascuas mortecinas
y una hornilla con arañas.
Hay un trágico viajero,
que debe ver cosas raras,
y habla solo y, cuando mira,
nos borra con la mirada.
Yo pienso en campos de nieve
y en pinos de otras montañas.
Y tú, Señor, por quien todos
vemos y que ves las almas,
dinos si todos, un día,
hemos de verte la cara
(Otra vez Neruda)
Tanto en la poesía como en la música, los trenes también son símbolos recurrentes del viaje físico y metafórico, del paso del tiempo... Su cadencia y velocidad han inspirado innumerables metáforas sobre el destino, la nostalgia, la memoria, el tránsito hacia lo desconocido, la pérdida, el dolor, la muerte… El tren es un emblema en la música popular estadounidense, simbolizando la huida, la libertad o el paso hacia una vida mejor. He sabido de personas a las que Little Black Train de Woody Guthrie les ha ayudado a afrontar la muerte de sus seres queridos a través de una canción. A pesar del tono amargo de esta canción, los trenes en la obra de Woody Guthrie representan el símbolo definitivo de la movilidad y la supervivencia durante la Gran Depresión.
En
Black Train Song, Jim
Morrison también utiliza la metáfora del tren para explorar temas de
pérdida, destino y resignación. La imagen del tren, recurrente en toda la
canción, simboliza un poder imparable y cruel que arrebata lo más querido.
En
este poema, Machado nos evoca un viaje de madrugada donde la alegría de la
compañía se rompe bruscamente, simbolizando cómo la muerte aprieta el corazón y
cambia nuestro rumbo.
OTRO VIAJE
Ya en los campos de Jaén
amanece. Corre el tren
por los brillantes rieles,
devorando matorrales,
alcaceles,
terraplenes, pedregales,
olivares, caseríos,
praderas y cardizales,
montes y valles sombríos.
Tras la turbia ventanilla,
pasa la devanadera
del campo de primavera.
La luz en el techo brilla
de mi vagón de tercera.
Entre nubarrones blancos,
oro y grana,
la niebla de la mañana
huyendo por los barrancos.
¡Este insomne sueño mío!
¡Este frío
de un amanecer en vela! ...
Resonante,
jadeante,
marcha el tren. El campo vuela.
Enfrente de mí, un señor
sobre su manta dormido;
un fraile y un cazador
—el perro a sus pies tendido—.
Yo contemplo mi equipaje,
mi viejo saco de cuero;
y recuerdo otro viaje
hacia las tierras del Duero.
Otro viaje de ayer
por la tierra castellana,
¡pinos del amanecer
entre Almazán y Quintana!
¡Y alegría
de un viajar en compañía!
¡Y la unión
que ha roto la muerte un día!
¡Mano fría
que aprietas mi corazón!
Tren: camina, silba, humea,
acarrea
tu ejército de vagones,
ajetrea
maletas y corazones.
Soledad,
sequedad.
Tan pobre me estoy quedando,
que ya ni siquiera estoy
conmigo, ni sé si voy
conmigo a solas viajando.
Otra canción sobre un tren metafórico símbolo de la muerte es Freight Train, un tren que va a toda prisa. Un tema lleno de bellas imágenes, dulce en sus severas admoniciones y muy pegadizo.
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| Estación de Francia. Barcelona. |
se efectúa puntualmente.
por carta no enviada.
para no llegar a la hora prevista.
Se apea mucha gente.
sigue a la multitud hacia la salida.
entre tanta prisa
varias mujeres ocupan mi vacío.
da la bienvenida a una de ellas,
ella le reconoce
de inmediato.
no nuestros,
y se extravía
una maleta no mía.
ha aprobado el examen
de existencia objetiva.
Los detalles se han desplazado
por trayectorias calculadas.
una cita concertada.
de nuestra presencia.
de la probabilidad.
En otra parte.
En otra parte.
¡Sonora expresión!
En esta
canción, Johnny Cash captura
la desolación de esperar en los paneles de información.
Se dice que esta canción la compuso Eliza Cotten con ¡once años! Pero yo no acabo de creérmelo, la verdad, a juzgar por la letra. Que lo hubiera hecho con catorce o quince, vale. Fue Cotten una mujer increíble y su descubrimiento se debe a la casualidad. Eliza trabajaba en unos grandes almacenes y un día encontró a una niña que se había perdido. La madre de esta niña resultó ser Ruth Seeger, la célebre musicóloga, que la contrató como niñera de sus hijos pequeños, Pete, Mike y Peggy, y con los años nació su leyenda.
| 123RF |
En poesía, el poeta chileno Jorge Teillier cinceló este sencillo epitafio: “¡Hasta luego, raíles, girasoles...!”. Y, con su proverbial flema cáustica, el peruano Emilio Adolfo Westphalen equiparó su propia muerte a este parón ferroviario: “El tren se ha detenido en el silencio opaco y sin ecos de la noche anónima. Es la llegada a término / no se reanudarán ya más ni agitación ni bullicio ni carcoma”.
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| Estació de França. Barcelona |
¿Y las estaciones? En las estaciones, la viejas y las nuevas, hay dos mundos: el del andén y el nuestro. A la estación llega el dolor y la felicidad, cartas, noticias, avisos o paquetes. También personas, encuentros y despedidas. Es recurrente la metáfora de la estación como imagen de la vida y la muerte. Desgarros y llantos, pañuelos blancos que sirven para prolongar la despedida y secar las lágrimas. Besos de adiós, abrazos del reencuentro. Estaciones que fueron salida, destino o simple parada, estaciones contempladas con el tren en marcha y estaciones de diez minutos. Presencias y ausencias. Serrat nos lo explica muy bien.
El
tiempo avanza sin medida dentro del vagón del tren, donde el pasado el presente
y el futuro parecen fusionarse sin remedio. Ausencia y probabilidad. El tren
llega puntual, la protagonista no llega. La ausencia se mezcla con la multitud
en un mundo que sigue funcionando perfectamente sin ella. Me encanta cómo Wisława Szymborska
explora magistralmente la idea de la ausencia, el azar, los encuentros
fortuitos y cómo la vida continúa su curso independientemente de nuestra
presencia.
ESTACIÓN
Mi no llegada a la ciudad de N.
se efectúa puntualmente.
Te lo he comunicado
por carta no enviada.
Has tenido tiempo
para no llegar a la hora prevista.
El tren entra por la vía tres.
Se apea mucha gente.
La ausencia de mi persona
sigue a la multitud hacia la salida.
Deprisa
entre tanta prisa
varias mujeres ocupan mi vacío.
Un desconocido mío
da la bienvenida a una de ellas,
ella le reconoce
de inmediato.
Intercambian besos
no nuestros,
y se extravía
una maleta no mía.
La estación de la ciudad de N.
ha aprobado el examen
de existencia objetiva.
El todo ha permanecido firme en su sitio.
Los detalles se han desplazado
por trayectorias calculadas.
Incluso ha tenido lugar
una cita concertada.
Fuera del alcance
de nuestra presencia.
En el paraíso perdido
de la probabilidad.
En otra parte.
En otra parte.
¡Sonora expresión!
En esta canción, Johnny Cash captura la desolación de esperar en los paneles de información.
También
hay himnos silenciosos a todo lo que hemos perdido. Todo está en este breve
poema de Peter Ling:
las imágenes, los sonidos y los olores de una estación rural a punto de cerrar.
He buscado si existía Harviston End, pero parece que no. Sin embargo, la
palabra “end” en el título va mucho más allá del nombre de la estación de
guijarros blancos. En este breve nos regala
y de repente vi la estación vacía
mientras atravesábamos a toda velocidad, con un rugido hueco...
'Harviston End'... Estaba oscuro y muerto."
Dice Pablo Arribas que la vida no siempre son trenes a los que hay que subir, a veces son estaciones en las que hay que bajar. Por muy hermoso que haya sido el viaje, casi siempre llega el momento en el que se abren las puertas y toca mirar a ese presente ya con ojos de pasado y decirle: "este no es mi viaje es el tuyo.” Pero también hay otros “viajes” de los que hablar. En esca canción, el tren sirve como metáfora de la droga, y el sonido de Leño ruge imitando un tren. En el argot callejero de finales de los años 70, "subirse al tren" era una metáfora directa de colocarse o experimentar un viaje psicodélico con esta sustancia.
Armando Uribe lo erigió en siniestro emblema del despecho amoroso: “¿Dónde estabas, maldita, mientras yo en largos trenes / llenos de muertos despulgaba niños”. Los versos de Vanesa Pérez-Sauquillo cantan a ese amor imperdonable, tal vez equivocado, que atraviesa un tren de largo recorrido hacia el alma de uno mismo.
| "Compartimiento C" Edwar Hopper |
El tren también
puede ser metáfora de la esperanza, claro está. La canción de Curtis Mayfield People
Get Ready sobre ese tren que acoge a todos los que se suban, sin
discriminación ni equipaje, sin pedir ticket, solo con su fe, se convirtió en
un himno no oficial del
Movimiento por los Derechos Civiles. He aquí la versión de Jeff Beck y Rod Stewart.
Sin embargo, este
poema de Helen Mackay
sobre un soldado que deja a su familia para viajar al frente, en la Primera Guerra
Mundial es verdaderamente angustioso.
Y es que en la
historia de la humanidad siempre ha habido un tipo de trenes que conducían a un
negro destino.
El siempre
combativo Pete Seeger (a quien Barack Obama pisó el
Nobel de la Paz) escribía en 1970 esta protesta cantada contra la guerra de
Vietnam, en la que culpa a los políticos, a los militares, a los ciudadanos
conformes y a los votantes de cierto presidente de la invasión del país
asiático en nombre de (decían, dicen, y como no nos andemos con ojo, volverán a
decir) “la democracia” … Una democracia que había
tenido silenciado al gran trovador estadounidense por su ideología socialista,
por apoyar a los trabajadores y a los negros. Seeger invita a todos ellos a
tomar el último (por desgracia no ha sido así) a Nüremberg,
que, como todos sabéis, es la ciudad alemana en donde los criminales de guerra
nazis fueron juzgados por crímenes contra la humanidad.
Miguel Hernández
conoció los trenes-hospital
del bando republicano, combatiendo a su lado en la guerra civil española de
1936. Este poema es una alegoría del viaje de los milicianos hacia la noche más
oscura, por un territorio en el que no se detienen, porque ya no tienen dónde
detenerse.
Silencio que naufraga en el silencio
de las bocas cerradas de la noche.
No cesa de callar ni atravesado.
Habla el lenguaje ahogado de los muertos.
Silencio.
Abre caminos de algodón profundo,
amordaza las ruedas, los relojes,
detén la voz del mar, de la paloma:
emociona la noche de los sueños.
Silencio.
El tren lluvioso de la sangre suelta,
el frágil tren de los que se desangran,
el silencioso, el doloroso, el pálido,
el tren callado de los sufrimientos.
Silencio.
Tren de la palidez mortal que asciende:
la palidez reviste las cabezas,
el ¡ay! la voz, el corazón la tierra,
el corazón de los que malhirieron.
Silencio.
Van derramando piernas, brazos, ojos,
van arrojando por el tren pedazos.
Pasan dejando rastros de amargura,
otra vía láctea de estelares miembros.
Silencio.
Ronco tren desmayado, enrojecido:
agoniza el carbón, suspira el humo
y, maternal la máquina suspira,
avanza como un largo desaliento.
Silencio.
Detenerse quisiera bajo un túnel
la larga madre, sollozar tendida.
No hay estaciones donde detenerse,
si no es el hospital, si no es el pecho.
Para vivir, con un pedazo basta:
en un rincón de carne cabe un hombre.
Un dedo solo, un solo trozo de ala
alza el vuelo total de todo un cuerpo.
Silencio.
Detened ese tren agonizante
que nunca acaba de cruzar la noche.
Y se queda descalzo hasta el caballo,
y enarena los cascos y el aliento.
Locomotoras, vagones, raíles, estaciones… los trenes no le temen al vacío de los puentes ni a la oscuridad de los túneles. Nosotros sí. Se podría decir que oímos el corazón del mundo cuando pasan. “¿Hay algo más triste en el mundo que un tren inmóvil en la lluvia?” dijo Neruda. “Pensad que el viajero que se aleja / siempre vuelve a su punto de partida / y que el tren que parte a medianoche / es el mismo que llega al amanecer”.
El
tren es un sentimiento permanente que no está en vías de extinción. Sigue vivo
aunque las malas hierbas invadan algunos andenes y la vida se parece a veces a
esas estaciones olvidadas. No es fuego extinguido, invisible a los ojos: la
llama sigue latente. Hubiera sido pretencioso tratar de
recoger aquí toda la música con los trenes. Existe una lista de
800 temas y no está completa. Y hay cientos de páginas en internet
dedicadas a la poesía ferroviaria.
Para acabar, quiero nombrar el documental universitario, “El último vagón”, un trabajo que nos invita a mirar hacia atrás, a reconocer las historias que aún viajan entre los rieles del pasado. “El último Vagón” no solo cuenta una historia: abre una ventana a la memoria, al territorio y a quienes hicieron parte de una época que no debe ser olvidada.
Y pase lo que pase, NO DEJEMOS DE HABLAR DE GAZA. Buenas noches. Bona nit. Boas noites. Bones nueches. Arratsalde on. طاب مساؤك לילה טוב Спокойной ночи Добрий вечір, si el calor tropical os lo permite. Aunque ya sabemos que el cambio climático es una farsa, ¿verdad?
Otras fuentes:
https://www.jotdown.es/2024/08/melodias-ferroviarias/
https://medymel.blogspot.com/2011/12/la-musica-del-tren.html
https://velvetyblog.wordpress.com/2015/05/13/5-canciones-sobre-trenes/
http://www.10historias10canciones.com/2010/02/canciones-sobre-trenes.html
https://radiopopular.com/podcast/el-ferrocarril-en-la-musica-clasica-el-jazz-y-mas
https://realacademiadesanquirce.es/?p=3740
https://ejerciciodelcriterio.org/2025/04/14/el-tren-dos-poemas-agustin-garcia-calvo-y-antonio-pereira/
https://encimadelaniebla.com/literatura-ferroviaria-iv/
https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/libros/20231010/antonio-puente-articulo-abril-trenes-nostalgia-117969371
https://arteyferrocarril.blogspot.com/

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