lunes, 22 de junio de 2026

La música y la poesía también viajan en tren

"Los trenes, de noche, mueven la melancolía por el mundo". (Karmelo Iribarren)

Cuando era pequeño a Izan le encantaban los trenes. Los fines de semana que su padre trabajaba, subíamos al terrado del ambulatorio de la Torrassa a verlos pasar. Se quedaba atrapado de su grandeza, sus artilugios y sonidos. Nos podíamos pasar horas jugando a contar convoyes y vagones o a adivinar el cambio de aguja qué decidiría el camino que tomaría. ¿A dónde iría? Y echábamos a volar la imaginación. Aún conservamos sus trenes eléctricos, los cuentos, los álbumes de cromos… pequeños tesoros familiares. Y es que el tren tiene algo de mágico. Y de nostálgico, de melancólico…  

Muchas personas llevan un tren circulando por las vías trazadas en su subconsciente más profundo. Eso es lo que le pasa a Jesús, "mi Jesús", (no es extraño que a su hijo le encantaran tanto como a él) que cogía el tren de noche para ir y volver del trabajo: Quizás siempre eché de menos la columna de humo saliendo de la locomotora. Quizás nunca superé el sentir alejarme del hogar. Pero los trenes nocturnos, que me llevaban hacia un mundo que siendo el mío no lo era, siempre me produjeron una sensación compleja. Entre el extrañamiento y la introspección, entre la tristeza y la reflexión. Siempre acompañado por la música, por ese buen amigo.  Por mucho que ver aparecer la luz esas mañanas no acabase con las sombras nocturnas, cada día es una nueva esperanza, una oportunidad. La lucha de la oscuridad y la luz a ritmo de ese amigo del alma, Pat Metheny.

Joan Margarit estuvo vinculado estrechamente al mundo técnico y a sus recuerdos de infancia. El poeta catalán recurrió a menudo al tren para evocar en su obra las memorias más íntimas.

HORARIS NOTURNS
 
Estic dormint amb tu i sento passar els trens.
Em  travessen el front els llums de les finestres
estripant el vellut blau fosc d’aquesta nit.
L’estona de silenci em deixa un llum vermell,
la nota a un pentagrama de cables i de vies
obscures i lluents. Estic dormint amb tu
i els sento com s’allunyen amb el soroll més trist.
Potser m’he equivocat no pujant en un d’ells.
Potser l’últim encert és–abraçat a tu-
deixar que els trens se’n vagin en la nit. 

Hubo un tiempo en que viajar de noche en tren era mucho más que desplazarse de un lugar a otro. Era entrar en una geografía distinta, en un mundo suspendido entre la vigilia y el sueño, entre el traqueteo constante de las ruedas sobre la vía y el rumor apagado de conversaciones que nacían y se extinguían en unas pocas horas. En aquellos trenes nocturnos de los años ochenta no solo se cruzaban ciudades, comarcas o fronteras; se cruzaban también vidas, recuerdos, silencios y destinos.

 

 Algo tendrán los trenes que transforman nostalgia en música y poesía, ¿no creéis? De humildes trabajadores ferroviarios nacieron hijos poetas y universales. Es el caso de Pablo Neruda cuya relación con los trenes fue siempre profundamente personal, ya que su padre lo era. Muchos son sus poemas dedicados a los trenes. En su obra, el silbato de la locomotora y la figura de su padre como capitán de tren son imágenes recurrentes.

SUEÑOS DE TRENES

Estaban soñando los trenes
en la estación, indefensos,
sin locomotoras, dormidos.

Entré titubeando en la aurora:
anduve buscando secretos,
cosas perdidas en los vagones,
en el olor muerto del viaje.
Entre los cuerpos que partieron
me senté solo en el tren inmóvil.

Era compacto el aire, un bloque
de conversaciones caídas
y fugitivos desalientos.
Almas perdidas en los trenes
como llaves sin cerraduras
caídas bajo los asientos.

Pasajeras del Sur cargadas
de ramilletes y gallinas,
tal vez fueron asesinadas,
tal vez volvieron y lloraron,
tal vez gastaron los vagones
con el fuego de sus claveles:
tal vez yo viajo, estoy con ellas,
tal vez el vapor de los viajes,
los rieles mojados, tal vez
todo vive en el tren inmóvil
y yo un pasajero dormido
desdichadamente despierto.

Yo estuve sentado y el tren
andaba dentro de mi cuerpo
aniquilando mis fronteras,
de pronto era el tren de la infancia,
el humo de la madrugada,
el verano alegre y amargo.

Eran otros trenes que huían,
carros repletos de dolores,
cargados como con asfalto,
y así corría el tren inmóvil
en la mañana que crecía
dolorosa sobre mis huesos.

Yo estaba solo en el tren solo,
pero no sólo estaba solo,
sino que muchas soledades
allí se habrán congregado
esperando para viajar
como pobres en los andenes.


Y yo en el tren como humo muerto
con tantos inasibles seres,
por tantas muertes agobiado
me sentí perdido en un viaje
en el que nada se movía,
sino mi corazón cansado.

Estaréis conmigo que iajar en tren tiene un encanto difícil de explicar y, al mismo tiempo, imposible de ignorar. Quizá sea el suave balanceo de los vagones, el rumor constante de las ruedas sobre los raíles o la sucesión interminable de paisajes que se deslizan tras la ventana. En el tren, el tiempo parece adoptar un ritmo diferente, más pausado, más propicio para la contemplación. Mientras el mundo corre al otro lado del cristal, el viajero permanece suspendido en una especie de intervalo donde la imaginación encuentra espacio para desplegarse.

Y ahora, una canción de Junior Parker que se convirtió en un clásico del blues. Porque, ¿quién no ama los trenes y el blues, a la vez? Es evidente que ambos estaban hechos el uno para el otro.

Antonio Machado consideraba el tren un espacio de reflexión y ensueño. En sus versos, el traqueteo y el paisaje exploran el paso del tiempo, el nomadismo y los encuentros casuales Hay que viajar en tren porque como dice el poeta “el tren al caminar / siempre nos hace soñar”. Eso practicaba el poeta en sus idas y venidas -siempre sobre la madera/de mi vagón de tercera-, del páramo a los olivares, de la mística Castilla a la Andalucía del limonero.

EL TREN
 
Yo, para todo viaje
—siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera—,
voy ligero de equipaje.
Si es de noche, porque no
acostumbro a dormir yo,
y de día, por mirar
los arbolitos pasar,
yo nunca duermo en el tren,
y, sin embargo, voy bien.
¡Este placer de alejarse!
Londres, Madrid, Ponferrada,
tan lindos... para marcharse.
Lo molesto es la llegada.
Luego, el tren, al caminar,
siempre nos hace soñar;
y casi, casi olvidamos
el jamelgo que montamos.
¡Oh el pollino
que sabe bien el camino!
¿Dónde estamos?
¿Dónde todos nos bajamos?
¡Frente a mí va una monjita
tan bonita!
Tiene esa expresión serena
que a la pena
da una esperanza infinita.
Y yo pienso: Tú eres buena;
porque diste tus amores
a Jesús; porque no quieres
ser madre de pecadores.
Mas tú eres
maternal,
bendita entre las mujeres,
madrecita virginal.
Algo en tu rostro es divino
bajo tus cofias de lino.
Tus mejillas
—esas rosas amarillas—
fueron rosadas, y, luego,
ardió en tus entrañas fuego;
y hoy, esposa de la Cruz,
ya eres luz, y sólo luz...
¡Todas las mujeres bellas
fueran, como tú, doncellas
en un convento a encerrarse!...
Y la niña que yo quiero,
¡ay!, preferirá casarse
con un mocito barbero!
El tren camina y camina,
y la máquina resuella,
y tose con tos ferina.
¡Vamos en una centella!

En esta canción sobre un tren en concreto, la Locomotora 8 de Southern Crescent que pasaba por Georgia. Drive, el grupo REM, describe con rara minuciosidad en un grupo de rock, el trayecto del tren: los niños que miran desde dentro, los campos, los bloques de viviendas, los aviones que pasan por encima. Pero, al mismo tiempo, tiene una cualidad espectral, lo que le otorga una categoría peculiar dentro de las canciones sobre trenes.

Juan Ramón Jiménez, nos explica también la emoción de viajar en una vieja locomotora.

LA VIEJA LOCOMOTORA

La vieja locomotora empuja y tira
con toda su fuerza
y su respiración de hierro.

A través de la llanura
y la montaña,
va dejando atrás
los campos y los pueblos.

Los vagones van detrás
como un sueño
que se escapa
por los raíles.

Y el maquinista
en su alto asiento
va mirando el horizonte
con ojos de fuego.

La vieja locomotora
va hacia la ciudad
con un ruido de trueno
y un aroma de humo.

Y yo me siento
en la ventana
mirando el paisaje
que se va deslizando.

La vieja locomotora
me lleva lejos
a un mundo nuevo
de aventuras y de sueños.

También hay algo profundamente romántico en observar campos, montañas, pueblos y estaciones que aparecen y desaparecen como escenas de una película. Cada figura que se distingue a lo lejos parece guardar una historia; cada casa iluminada al anochecer invita a imaginar vidas, encuentros y secretos. El tren no solo transporta personas de un lugar a otro: también conduce pensamientos, recuerdos y fantasías.

IRIS DE LA NOCHE

A D. Ramón del Valle-Inclán.


Hacia Madrid, una noche,
va el tren por el Guadarrama.
En el cielo, el arco iris
que hacen la luna y el agua.
¡Oh luna de abril, serena,
que empuja las nubes blancas!

 La madre lleva a su niño,
dormido, sobre la falda.
Duerme el niño y, todavía,
ve el campo verde que pasa,
y arbolillos soleados,
y mariposas doradas.

 La madre, ceño sombrío
entre un ayer y un mañana,
ve unas ascuas mortecinas
y una hornilla con arañas.

 Hay un trágico viajero,
que debe ver cosas raras,
y habla solo y, cuando mira,
nos borra con la mirada.

 Yo pienso en campos de nieve
y en pinos de otras montañas.

 Y tú, Señor, por quien todos
vemos y que ves las almas,
dinos si todos, un día,
hemos de verte la cara

(Otra vez Neruda)

 En Train in he distance, el sonido del tren en la distancia es romántico y misterioso; nos hace imaginar que nos llevará a un lugar paradisíaco. Sin embargo, cuando el tren finalmente llega, es ruidoso, pesado y ensordecedor. Para Paul Simon, hay relaciones que suceden con la naturaleza predecible de un vagón de tren siguiendo al siguiente por una vía predeterminada.

Tanto en la poesía como en la música, los trenes también son símbolos recurrentes del viaje físico y metafórico, del paso del tiempo... Su cadencia y velocidad han inspirado innumerables metáforas sobre el destino, la nostalgia, la memoria, el tránsito hacia lo desconocido, la pérdida, el dolor, la muerte… El tren es un emblema en la música popular estadounidense, simbolizando la huida, la libertad o el paso hacia una vida mejor. He sabido de personas a las que Little Black Train de Woody Guthrie les ha ayudado a afrontar la muerte de sus seres queridos a través de una canción. A pesar del tono amargo de esta canción, los trenes en la obra de Woody Guthrie representan el símbolo definitivo de la movilidad y la supervivencia durante la Gran Depresión.

En Black Train Song, Jim Morrison también utiliza la metáfora del tren para explorar temas de pérdida, destino y resignación. La imagen del tren, recurrente en toda la canción, simboliza un poder imparable y cruel que arrebata lo más querido.

En este poema, Machado nos evoca un viaje de madrugada donde la alegría de la compañía se rompe bruscamente, simbolizando cómo la muerte aprieta el corazón y cambia nuestro rumbo.

OTRO VIAJE

Ya en los campos de Jaén
amanece. Corre el tren
por los brillantes rieles,
devorando matorrales,
alcaceles,
terraplenes, pedregales,
olivares, caseríos,
praderas y cardizales,
montes y valles sombríos.
Tras la turbia ventanilla,
pasa la devanadera
del campo de primavera.
La luz en el techo brilla
de mi vagón de tercera.
Entre nubarrones blancos,
oro y grana,
la niebla de la mañana
huyendo por los barrancos.
¡Este insomne sueño mío!
¡Este frío
de un amanecer en vela! ...
Resonante,
jadeante,
marcha el tren. El campo vuela.
Enfrente de mí, un señor
sobre su manta dormido;
un fraile y un cazador
—el perro a sus pies tendido—.
Yo contemplo mi equipaje,
mi viejo saco de cuero;
y recuerdo otro viaje
hacia las tierras del Duero.
Otro viaje de ayer
por la tierra castellana,
¡pinos del amanecer
entre Almazán y Quintana!
¡Y alegría
de un viajar en compañía!
¡Y la unión
que ha roto la muerte un día!
¡Mano fría
que aprietas mi corazón!
Tren: camina, silba, humea,
acarrea
tu ejército de vagones,
ajetrea
maletas y corazones.
Soledad,
sequedad.
Tan pobre me estoy quedando,
que ya ni siquiera estoy
conmigo, ni sé si voy
conmigo a solas viajando.

Otra canción sobre un tren metafórico símbolo de la muerte es Freight Train, un tren que va a toda prisa. Un tema lleno de bellas imágenes, dulce en sus severas admoniciones y muy pegadizo.

Se dice que esta canción la compuso Eliza Cotten con ¡once años! Pero yo no acabo de creérmelo, la verdad, a juzgar por la letra. Que lo hubiera hecho con catorce o quince, vale. Fue Cotten una mujer increíble y su descubrimiento se debe a la casualidad. Eliza trabajaba en unos grandes almacenes y un día encontró a una niña que se había perdido. La madre de esta niña resultó ser Ruth Seeger, la célebre musicóloga, que la contrató como niñera de sus hijos pequeños, Pete, Mike y Peggy, y con los años nació su leyenda.

123RF

En poesía, el poeta chileno Jorge Teillier cinceló este sencillo epitafio: “¡Hasta luego, raíles, girasoles...!”. Y, con su proverbial flema cáustica, el peruano Emilio Adolfo Westphalen equiparó su propia muerte a este parón ferroviario: “El tren se ha detenido en el silencio opaco y sin ecos de la noche anónima. Es la llegada a término / no se reanudarán ya más ni agitación ni bullicio ni carcoma”.

Estació de França. Barcelona

¿Y las estaciones? En las estaciones, la viejas y las nuevas, hay dos mundos: el del andén y el nuestro. A la estación llega el dolor y la felicidad, cartas, noticias, avisos o paquetes. También personas, encuentros y despedidas. Es recurrente la metáfora de la estación como imagen de la vida y la muerte. Desgarros y llantos, pañuelos blancos que sirven para prolongar la despedida y secar las lágrimas. Besos de adiós, abrazos del reencuentro. Estaciones que fueron salida, destino o simple parada, estaciones contempladas con el tren en marcha y estaciones de diez minutos. Presencias y ausencias. Serrat nos lo explica muy bien.

El tiempo avanza sin medida dentro del vagón del tren, donde el pasado el presente y el futuro parecen fusionarse sin remedio. Ausencia y probabilidad. El tren llega puntual, la protagonista no llega. La ausencia se mezcla con la multitud en un mundo que sigue funcionando perfectamente sin ella. Me encanta cómo Wisława Szymborska explora magistralmente la idea de la ausencia, el azar, los encuentros fortuitos y cómo la vida continúa su curso independientemente de nuestra presencia.

ESTACIÓN
 
Mi no llegada a la ciudad de N.
se efectúa puntualmente.
 
Te lo he comunicado
por carta no enviada.
 
Has tenido tiempo
para no llegar a la hora prevista.
 
El tren entra por la vía tres.
Se apea mucha gente.
 
La ausencia de mi persona
sigue a la multitud hacia la salida.
 
Deprisa
entre tanta prisa
varias mujeres ocupan mi vacío.
 
Un desconocido mío
da la bienvenida a una de ellas,
ella le reconoce
de inmediato.
 
Intercambian besos
no nuestros,
y se extravía
una maleta no mía.
 
La estación de la ciudad de N.
ha aprobado el examen
de existencia objetiva.
 
El todo ha permanecido firme en su sitio.
Los detalles se han desplazado
por trayectorias calculadas.
 
Incluso ha tenido lugar
una cita concertada.
 
Fuera del alcance
de nuestra presencia.
 
En el paraíso perdido
de la probabilidad.
En otra parte.
En otra parte.
¡Sonora expresión!

En esta canción, Johnny Cash captura la desolación de esperar en los paneles de información.

También hay himnos silenciosos a todo lo que hemos perdido. Todo está en este breve poema de Peter Ling: las imágenes, los sonidos y los olores de una estación rural a punto de cerrar. He buscado si existía Harviston End, pero parece que no. Sin embargo, la palabra “end” en el título va mucho más allá del nombre de la estación de guijarros blancos. En este breve nos regala

HARVISTON END
 
Miré por la ventana del tren,
y de repente vi la estación vacía
mientras atravesábamos a toda velocidad, con un rugido hueco...
'Harviston End'... Estaba oscuro y muerto."

Noticias de Salamanca

Dice Pablo Arribas que la vida no siempre son trenes a los que hay que subir, a veces son estaciones en las que hay que bajar. Por muy hermoso que haya sido el viaje, casi siempre llega el momento en el que se abren las puertas y toca mirar a ese presente ya con ojos de pasado y decirle: "este no es mi viaje es el tuyo.”  Pero también hay otros “viajes” de los que hablar. En esca canción, el tren sirve como metáfora de la droga, y el sonido de Leño ruge imitando un tren. En el argot callejero de finales de los años 70, "subirse al tren" era una metáfora directa de colocarse o experimentar un viaje psicodélico con esta sustancia.

Armando Uribe lo erigió en siniestro emblema del despecho amoroso: “¿Dónde estabas, maldita, mientras yo en largos trenes / llenos de muertos despulgaba niños”. Los versos de  Vanesa Pérez-Sauquillo cantan a ese amor imperdonable, tal vez equivocado, que atraviesa un tren de largo recorrido hacia el alma de uno mismo.

"Compartimiento C" Edwar Hopper

Llega un punto
en que solo somos libres

para saltar -o no-
de un tren en marcha.
Ese tren que cogimos
demasiado temprano.

El tren también puede ser metáfora de la esperanza, claro está. La canción de Curtis Mayfield People Get Ready sobre ese tren que acoge a todos los que se suban, sin discriminación ni equipaje, sin pedir ticket, solo con su fe, se convirtió en un himno no oficial del Movimiento por los Derechos Civiles. He aquí la versión de Jeff Beck y Rod Stewart.

Sin embargo, este poema de Helen Mackay sobre un soldado que deja a su familia para viajar al frente, en la Primera Guerra Mundial es verdaderamente angustioso.

TREN
 
¿Nunca arrancará el tren?
Dios, haz que arranque el tren.
 
Ella no puede soportarlo, aguantando tanto tiempo;
y él, él ya no intenta reírse de ella.
Se va.
 
Ella ahora le toma las dos manos.
Ahora, ella lo toca y lo ve.
Y entonces él se habrá ido.
Se habrá ido.
 
Son tan jóvenes.
Ella está de pie bajo la ventana de su vagón,
y él está de pie en la ventana.
Se toman de las manos
a través del alféizar de la ventana.
Y miran y miran,
y saben que tal vez nunca vuelvan a mirarse.
 
El gran reloj de la estación, -
qué extraño es.
Terrible que los minutos pasen,
terrible que los minutos nunca pasen.
 
Habían caminado por el andén durante tanto tiempo,
arriba y abajo, y arriba y abajo-
el andén, en la mañana lluviosa,
arriba y abajo, y arriba y abajo.
 
El guardia pasó, llamando,
“Tomen sus lugares, tomen sus lugares”.
 
Ella está de pie bajo la ventana de su vagón,
y él está de pie en la ventana.
 
¡Dios, haz que arranque el tren! ¡
Antes de que no puedan soportarlo,
haz que arranque el tren!
 
¡Dios, haz que arranque el tren!
 
Los tres niños, allí,
vestidos de negro, con la anciana niñera,
de pie juntos, mirando, y mirando,
a su padre en la ventana del vagón,
están tan desolados y silenciosos.
 
La niña no llora,
pero le tiembla la barbilla.
Echa la cabeza hacia atrás,
con su pequeña trenza rígida,
y no llora.
 
Su padre se inclina,
sobre el alféizar de la ventana,
y la besa, y la besa.
 
Debe ser como su madre,
y debe ser la madre la que está muerta.
 
La niñera levanta al niño más pequeño,
y su padre lo besa,
inclinándose a través de la ventana del vagón.
 
El niño grande se mantiene muy erguido,
y mira a su padre,
y lo mira, y nunca aparta los ojos de él.
Y sabe que tal vez nunca vuelva a mirarlo. ¿
 
¿Nunca arrancará el tren?
¡Dios, haz que arranque el tren!
 
El padre extiende la mano desde la ventana,
y agarra la mano del niño,
y no dice nada.
 
¿Nunca arrancará el tren?
 
Suelta la mano del niño.
 
¿Nunca arrancará el tren?
 
Toma la barbilla del niño entre sus manos,
asomándose por la ventana,
y levanta su rostro juvenil hacia el suyo.
Se miran y se miran,
sabiendo que tal vez nunca vuelvan a mirarse.
 
¿Acaso el tren nunca arrancará?
¡Dios mío, que arranque el tren!

Y es que en la historia de la humanidad siempre ha habido un tipo de trenes que conducían a un negro destino.

El siempre combativo Pete Seeger (a quien Barack Obama pisó el Nobel de la Paz) escribía en 1970 esta protesta cantada contra la guerra de Vietnam, en la que culpa a los políticos, a los militares, a los ciudadanos conformes y a los votantes de cierto presidente de la invasión del país asiático en nombre de (decían, dicen, y como no nos andemos con ojo, volverán a decir) “la democracia” … Una democracia que había tenido silenciado al gran trovador estadounidense por su ideología socialista, por apoyar a los trabajadores y a los negros. Seeger invita a todos ellos a tomar el último (por desgracia no ha sido así) a Nüremberg, que, como todos sabéis, es la ciudad alemana en donde los criminales de guerra nazis fueron juzgados por crímenes contra la humanidad.

Miguel Hernández conoció los trenes-hospital del bando republicano, combatiendo a su lado en la guerra civil española de 1936. Este poema es una alegoría del viaje de los milicianos hacia la noche más oscura, por un territorio en el que no se detienen, porque ya no tienen dónde detenerse.

EL TREN DE LOS HERIDOS
 
Silencio que naufraga en el silencio
de las bocas cerradas de la noche.
No cesa de callar ni atravesado.
Habla el lenguaje ahogado de los muertos.
 
Silencio.
 
Abre caminos de algodón profundo,
amordaza las ruedas, los relojes,
detén la voz del mar, de la paloma:
emociona la noche de los sueños.
 
Silencio.
 
El tren lluvioso de la sangre suelta,
el frágil tren de los que se desangran,
el silencioso, el doloroso, el pálido,
el tren callado de los sufrimientos.
 
Silencio.
 
Tren de la palidez mortal que asciende:
la palidez reviste las cabezas,
el ¡ay! la voz, el corazón la tierra,
el corazón de los que malhirieron.
 
Silencio.
 
Van derramando piernas, brazos, ojos,
van arrojando por el tren pedazos.
Pasan dejando rastros de amargura,
otra vía láctea de estelares miembros.
 
Silencio.
 
Ronco tren desmayado, enrojecido:
agoniza el carbón, suspira el humo
y, maternal la máquina suspira,
avanza como un largo desaliento.
 
Silencio.
 
Detenerse quisiera bajo un túnel
la larga madre, sollozar tendida.
No hay estaciones donde detenerse,
si no es el hospital, si no es el pecho.
 
Para vivir, con un pedazo basta:
en un rincón de carne cabe un hombre.
Un dedo solo, un solo trozo de ala
alza el vuelo total de todo un cuerpo.
 
Silencio.
 
Detened ese tren agonizante
que nunca acaba de cruzar la noche.
 
Y se queda descalzo hasta el caballo,
y enarena los cascos y el aliento.

Locomotoras, vagones, raíles, estaciones… los trenes no le temen al vacío de los puentes ni a la oscuridad de los túneles. Nosotros sí. Se podría decir que oímos el corazón del mundo cuando pasan. “¿Hay algo más triste en el mundo que un tren inmóvil en la lluvia?” dijo Neruda. “Pensad que el viajero que se aleja / siempre vuelve a su punto de partida / y que el tren que parte a medianoche / es el mismo que llega al amanecer”. 

El tren es un sentimiento permanente que no está en vías de extinción. Sigue vivo aunque las malas hierbas invadan algunos andenes y la vida se parece a veces a esas estaciones olvidadas. No es fuego extinguido, invisible a los ojos: la llama sigue latente. Hubiera sido pretencioso tratar de recoger aquí toda la música con los trenes. Existe una lista de 800 temas y no está completa. Y hay cientos de páginas en internet dedicadas a la poesía ferroviaria.

Para acabar, quiero nombrar el documental universitario, “El último vagón”, un trabajo que nos invita a mirar hacia atrás, a reconocer las historias que aún viajan entre los rieles del pasado. “El último Vagón” no solo cuenta una historia: abre una ventana a la memoria, al territorio y a quienes hicieron parte de una época que no debe ser olvidada.

Y pase lo que pase, NO DEJEMOS DE HABLAR DE GAZA. Buenas noches. Bona nit. Boas noites. Bones nueches. Arratsalde on. طاب مساؤك לילה טוב Спокойной ночи Добрий вечір, si el calor tropical os lo permite. Aunque ya sabemos que el cambio climático es una farsa, ¿verdad?

Otras fuentes:


lunes, 1 de junio de 2026

Recordando a Cat Stevens

 La maravillosa delicadeza del músico que tenía los ojos de gato

En la música no abundan las figuras que están de paso. La música, la fama, es siempre una meta y rara vez un medio, un lugar en el que uno está de paso. Ese es el caso de Cat Stevens. El cantante tuvo una irrupción tremenda en la música siendo muy joven. Sus canciones tranquilas, evocadoras y poéticas conectaron con un enorme público a comienzos de los años setenta y sus discos vendieron millones de copias.

Foto de Dioses y monstruos

La vida del gato Stevens siempre estuvo llena de avatares místicos religiosos que le llevaron a una verdadera crisis de identidad. Un día aquel famoso joven que ya había superado una tuberculosis estaba nadando en las playas de Malibú cuando tuvo un susto, uno que le cambió la vida. Tras ver la muerte de cerca, Stevens se alejó de la música y se convirtió al islam.  Siete años después de publicar “Tea for the Tillerman” (1970), un disco que marcó la cima del cantante, Cat Stevens cambiaba su nombre por el de Yusuf Islam. Hasta entonces había sido un hippie bueno deseoso de vivir en un mundo mejor. Paz y Amor. Estuvo casi treinta años sin grabar un disco, pero a comienzos de los setenta la realidad era otra. En esa época tan fascinante de la música la irrupción del folk tranquilo y reflexivo de Stevens resultó una anomalía, una genial anomalía. “Tea for the Tillerman” es el trabajo intensamente espiritual de un veinteañero que buscaba su lugar en el mundo, disconforme con el rumbo materialista y deshumanizado del mundo moderno, pero con el instinto de un cantautor de melodías inolvidables. Melodías que recordaremos esta noche.
Este vinilo es una de las joyas de nuestra discoteca

Cat Stevens es parte de la banda sonora de mi juventud, de la vida que iniciamos Jesús y yo en aquel ático maravilloso del barrio de Sant Andreu. Me encantaba. Si tuviera que hacer una lista de mis 100 canciones favoritas seguro que incluiría 3 o 4 suyas. La primera sin duda, Morning has Broken.

Mucha gente cometimos el error de darle la autoría de Morning has Broken a Cat Stevens dado que él fue quien la popularizó en todo el mundo. “La saqué de un libro sobre himnos, nos explica él mismo, cuando estaba buscando ideas. Era una canción bastante tradicional cantada en la iglesia, y yo solo hice mi propio arreglo. Me enamoré de la melodía y las palabras, y la gente piensa que es mía”. La parte de piano fue interpretada por el teclista de Yes, Rick Wakeman. Es por eso que en el año 2000 Wakeman publicó una versión instrumental en un álbum del mismo título.

El primero y último disco que tenemos de él

El primero de sus discos, “Mona Bone Jackson” (1970), de hermosa austeridad, contiene las primeras joyas del inicio de su popularidad, como la famosa balada acústica Lady D´Arbanville. Detrás de su letra, que simula el luto por la muerte de una mujer, se esconde una metáfora del desamor: el fin de la relación de Stevens con la modelo y actriz estadounidense Patti D'Arbanville una joven modelo neoyorquina y musa de Andy Warhol.

Wild World es otro de los éxitos de este álbum. “Esa fue realmente mi canción de despedida con mi novia Patti D’Arbanville. Habíamos tenido buenos momentos juntos, pero comencé a grabar y ella estaba de modelo. Eran dos mundos muy diferentes”, explica en “Plásticos y decibelios”.

Cabalgando sobre el éxito, “Teaser and the Firecat” (que, por cierto, también es el título de un libro escrito e ilustrado por el cantante) cimentó el distintivo “sonido de Cat Stevens”, gracias a diez prístinas, poéticas e inolvidables composiciones llenas de altruismo entre las que destacaron como puntas de lanza la otoñal Morning Has Broken, citada anteriormente, la utópica Peace Train (compuesta en un tren), la emotiva Moonshadow, y la folclórica Rubylove, en la que ahonda en sus raíces griegas. Peace Train es un grito de paz en toda regla, un himno que resonaba en todos los movimientos por la paz de aquella época en la que la Guerra de Vietnam estaba aún muy presente, y que volvió a sonar para protestar por la Guerra de Irak en el 2003.

“La canción salió de la era de Vietnam y el efecto que tuvo en nuestra generación, así como en la Guerra Fría, que se avecinaba por encima de nosotros. Nos dimos cuenta, “Hey, todos queremos vivir; No queremos ser arrastrados a hacernos añicos. Queremos que este planeta continúe “. Así que la paz se convirtió en una llamada de reunión para muchos de nosotros en los años 60. Una vez comencé a hacer turismo y estaba en un tren que iba hacia el norte en el Reino Unido y de repente me di cuenta de que tenía esto. A partir del sonido de las ruedas, se me ocurrió esta idea de “Tren de la Paz” (…) una de mis canciones más profundas y que aún brota a través de los corazones de muchas personas y las esperanzas que tenemos hoy”.

Cuento escrito e ilustardo por el cantante

Ya sé que no es una canción que tuviera muchó éxito pero una de las que también me gusta mucho es The Wind, la primera de la cara A.

En 1973 viaja a Jamaica para grabar su nuevo trabajo “Foreigner”, un arriesgado cambio de rumbo, un disco influenciado por el soul y el rock sinfónico, corriente musical que estaba en sus días de gloria. Este álbum es otro recuerdo de cuando íbamos a Rodons, la tienda de nuestro barrio, Sant Andreu, a comprar vinilos de oferta con el carro de la compra. La de joyas que pudimos conseguir en aquel antro. Música inolvidable que compone la banda sonora de una de la épocas más intensas de mi vida. El disco nos costó 300 pesetas. En él, Cat Stevens nos ofrece cinco composiciones. La primera de ellas la ha titulado Foreigner Suite, una ambiciosa pieza de 18 minutos que ocupa todo el primer lado del disco. A pesar de su validez, es ignorado por la crítica y solo The Hurt obtiene cierta repercusión.

Cat Stevens en 1973

Sin embargo, yo me quedo con How Many Times en la que Stevens nos pregunta acompañado del piano, “¿Cuántas veces debo levantarme? / Mira hacia afuera y ve la misma vieja vista ¿Cuántas veces debo usar las mismas cosas viejas? / Y escuchar las mismas viejas cosas que hago, hago / Cuantas veces debo limpiar esta cara, mi cara / Y cuántas veces debo lustrar mis zapatos, oh señor / ¿Cuántas veces debo beber la misma bebida de siempre? / Y soñar los mismos viejos sueños que yo hago”.

Otra de las canciones que tengo en mi recuerdo de aquella época y que he tarareado muchas veces es Heaven gravada como parte de Foreigner Suite En "Roadsinger" (2009) modificó algunas letras y amplió la canción añadiendo Where True Love Goes. Aquí está la versión original extraída del original de 1973.

Hasta aquí el recuerdo de las canciones que me llenan de nostalgia (alguna lagrimita ha caído volviéndolas a escuchar). Pero quiero también compartir una curiosidad. Se trata de una reimaginación de Father & Son, una ejercicio mental que su autor ha hecho para plantear desde la perspectiva de un septuagenario lo que concibió un joven veinteañero en un mundo que, aunque era distinto, en realidad no lo es tanto. En ella el Yusuf de 72 años asume la voz del padre, mientras que la voz del hijo es tomada de una grabación en vivo en el Troubadour de Los Ángeles de 1970, en un trabajo fantástico de edición. Precioso.

El Cat Stevens que tantos buenos recuerdos me trae es un personaje fuera del tiempo, un artista de rara sensibilidad fruto de una infancia y juventud muy intensa, con momentos de tragedia. Este pasmoso equilibrista empeñado en caminar siempre a contracorriente, en permanente viaje interior en búsqueda de la verdad, es una especie de último romántico capaz de aparecer y desaparecer a su antojo de una escena, la del mundo del espectáculo en la que nunca se sintió muy a gusto. El 22 de noviembre de 1979, en el concierto "The Year of The Child" en el estadio de Wembley, frente a cien mil personas, cantó su última canción sobre un escenario, Father & Son. Al terminar la canción se dirigió al público: “Sólo tenemos una vida y hemos de aprovecharla lo mejor que podamos. Deseo que todos los que estáis aquí aprovechéis la vuestra. In salá”, y abandonó el escenario para siempre. Estaba en el cenit de su carrera. Tenía el mundo a sus pies. 

22 de noviembre de 1979, último concierto

El 22 de noviembre de 1979, en el concierto "The Year of The Child", de la UNICEF en el estadio de Wembley, frente a cien mil personas, cantó su última canción sobre un escenario, Father & SonAl terminar la canción se dirigió al público: “Sólo tenemos una vida y hemos de aprovecharla lo mejor que podamos. Deseo que todos los que estáis aquí aprovechéis la vuestra. In salá”, y abandonó el escenario para siempre. Estaba en el cenit de su carrera. Tenía el mundo a sus pies.

BBC

Después de 11 álbumes como Cat Stevens, el último ya convertido al islam, harto del mundo del espectáculo, inmerso en una continua lucha entre el mundo material y el espiritual, yo le perdí la pista. Como cantante de folk, el compositor británico se convirtió en el portavoz de una generación hippie desilusionada. Como Yusuf Islam, fue acusado de apoyar la fetua del ayatolá Jomeini contra Salman Rushdie, autor de "Los versos satánicos", tras una desgraciada entrevistaLuego hubo explicaciones y justificaciones pero esa mancha siempre quedará ahí. En el año 2000 Israel le niega la entrada luego de haber sido acusado de darle recursos a Hamas. En 2004, EEUU le prohibió la entrada por sospecha de terrorismo. A pesar de todo ello, su peculiar tono intimista lo sigue haciendo agradable y próximo, y sus obras desinteresadas o benéficas atraen las simpatías hacia su persona. En 2009 lanzó una canción solidaria, una versión del tema de George HarrisonThe Day the World Gets Round, junto al bajista alemán Klaus Voorman, ex colaborador de los Beatles, cuyos beneficios serán donados a la agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA) y a la organización "Save The Children " para ayudar a los niños y sus familias de la franja de Gaza .

No me voy a despedir sin hablar del estado genocida de Israel una vez más (y las que haga falta). Son múltiples las secuelas en los niños de un genocidio impune por el que el mundo debería haber expulsado a Israel de la comunidad internacional. Además de estar haciendo una limpieza étnica y carnicería en Gaza y colonizando Cisjordania, Netanyahu, anunció el jueves que Israel tomará el control del 70% del territorio de la Franja,. Por otra parte, cada vez hay más indicios de que el genocida que preside el Gobierno de Israel permitió conscientemente la muerte, secuestro y violación de cientos de israelíes a manos de los salvajes de Hamás como cimiento de sangre para toda la estrategia que implementa desde entonces. 

Mientras, los activistas de la Flotilla han sido víctimas de "malos tratos" físicos y psicológicos y han explicado las "torturas" sufridas durante su detención y “violencia sexual”. Apuntan a una "escalada de violencia abismal". Los periodistas de Gaza Norte se dirigen directamente al mundo: "La ley de Israel que condena a muerte a los palestinos es peor que la de los nazis". Además, el ejército también está avanzando sobre una porción considerable del Líbano. Nadie dice nada. Los dejan hacer. Al contrario. Europa se convierte en la puerta de entrada para el negocio generado por el genocidio en Palestina y mira para otro lado mientras el genocida Ben Gvir, el de la horca, dice que hay que arrasar el Líbano, y cortarles la electricidad y el agua. Somos cómplices de una barbarie retransmitida en directo ante nuestros ojos. Las generaciones futuras nos maldecirán.

Buenas noches. Bona nit. Boas noites. Bones nueches. Arratsalde on. طاب مساؤك לילה טוב Спокойной ночи Добрий вечір.

Otras fuentes: