“Veo cómo la suerte de toda la humanidad está en manos de locos” cantó King Crimson, en el 69. Han pasado casi 42 años y los locos siguen teniéndonos en sus manos.
”In the court of Crimson King ", para una melómana como yo, es uno de esos discos que aunque pasen años sin escucharlo están ahí, una joya, mezcla de psicodélica y jazz, rock y lírica. Y unas letras brillantes. Quizás por eso fue definido por Pete Townshend como "una misteriosa obra maestra", una de las grandes joyas y piezas clave del rock progresivo.
Como muchas de las genialidades de King Crimson, "Epitaph" posee un sorprendente relleno en su parte intermedia, una ambientación de toques acústicos y sabor épico. Un tema triste, obsesivo y depresivo, marcado por el pesimismo sobre la naturaleza humana, mezcla de violencia y avaricia, que nos lleva a la autodestrucción. Un pesimismo que, desgraciadamente, comparto muy a menudo. Demasiado para mi carácter. Es increíble todo el resentimiento y tristeza que se puede acumular y cómo es descargado en esta canción.
De hecho, como el propio Peter Sinfield reconoce, fueron esos los estados de ánimo en los que se encontraba cuando escribió la letra de dicha composición: "Escribí “Epitaph” en un momento en el que me sentía muy infeliz conmigo mismo y con mi entorno. Entonces me fijé en el mundo lo cual me hizo sentir aún peor"
El muro sobre el cual los profetas escribieron
está desmoronándose.
Sobre los instrumentos de la Muerte,
la luz del Sol brilla con fulgor.
Cuando cualquier hombre ha roto a llorar
por sus pesadillas y sus sueños,
¿no se colocará nadie los laureles
cuando el silencio ahoge los gritos?
Entre las férreas puertas del destino,
las semillas del tiempo fueron sembradas,
y regadas con las hazañas de aquellos
quienes conocen y son célebres;
mortal aliado es el conocimiento,
cuando nadie limita las reglas.
Veo cómo la suerte de toda la humanidad
está en manos de locos.
“Confusión” será mi epitafio,
al tiempo que me arrastro por un camino roto y destrozado
y, si lo hacemos, podremos todos sentarnos
y reírnos.
Pero me temo que mañana estaré llorando,
sí, me temo que mañana estaré llorando.
Abatimiento, hermosa imaginería lírica, emulsión básica entre rock y jazz, claves psicodélicas y eclécticos ritmos. Esa es la clave musical de “Epitaph”, algo que te deja sin aliento durante toda la pieza.
Quizás, contra el abatimiento que nos provoca la realidad hay que gritar lo que nos dice Sabina: “Pelearé hasta el último segundo y mi epitafio será: no estoy de acuerdo”