viernes, 30 de diciembre de 2011

Win Mertens

“La música debe conectar con la esencia”


Siempre que hablo de música minimalista no acabo de decidirme ni de recordar, si me gustaba y ahora me sigue gustando, si no me gustaba y ahora me gusta, si el olvido me lleva a no recordar lo que cierta clase de música significaba para mí. En el caso de Win Mertens, uno de los grandes del minimalismo mundial, en ello estoy. Pero, si lo pensáis, ¿qué más da? El minimalismo, una rama de la música clásica contemporánea que, con los años, ha terminado arraigando como estilo en sí mismo, no surge en absoluto como forma de aproximación al público en el momento de su génesis; pero hay que admitir como un hecho obvio que las obras de Steve Reich, por ejemplo, poco tienen que hacer al lado de las de Mertens a la hora de entusiasmar a audiencias heterogéneas.


Si apiláramos uno a uno todos sus discos (unos 70) desde el primero de 1982  “For amusement only” (un disco destinado a las máquinas de Pinball) hasta el último “Series of Ands: Immediate Givens”, alcanzarían la altura media de un niño de párvulos. El estilo del músico, aunque en continua evolución durante el transcurso de su prolífica producción, combina el minimalismo y el avant-garde, la polifonía y la experimentación musical, pero siempre preservando la melodía de las incursiones que realiza en los mundos que explora.

De él dicen que es "demasiado moderno" para los cánones de música clásica y "demasiado clásico" para los oídos más pegados a lo estrictamente contemporáneo. Aunque por encima de modas, nuestro músico de esta noche afirma rotundo que la música dirige su vida al completo, en todos sus aspectos y que está "al servicio de ella". Porque la música es un vehículo para llegar más allá, un elemento de trascendencia pura que nos invita a compartir, y por medio del cual Mertens desea reflejar la época que le ha tocado vivir. Yo, además, añadiría que con un sentido de lo romántico que atrae a los aficionados a la música seria y oyentes más convencionales.
Conocido sobre todo como compositor desde finales de los 70, Mertens es reconocido mundialmente por su obra Struggle for Pleasure, que fue elegida como música para los anuncios de un operador de telefonía. Al igual que en el mundo de la publicidad, sus composiciones también han sido protagonistas en desfiles de moda (los temas de su último disco han sido protagonistas de los desfiles de Dior). Sin embargo para mí lo más importante de este tema es que forma parte de la banda sonora de la película de Peter Greenaway, “El vientre de un arquitecto”, una película magistral. Aunque para públicos minoritarios, seguramente, creo que es una magnífica composición para una noche tranquila antes de dormir. El video, además, es precioso. 

No podía faltar en mi espacio nocturno una actuación en directo. He escogido la de su fantástico álbum “What you see is what you hear” (Lo que ves es lo que oyes), grabado el 30 de septiembre de 2005 en el teatro De Roma, Amberes, y publicado en el DVD (2006). En esta ocasión Mertens dirigió un conjunto de 12 músicos compuesto por él mismo aportando voz y piano, un quinteto de cuerda (2 violines, viola, violonchelo y contrabajo) y un coro a tres voces blancas (2 sopranos, 2 mezzosopranos y 2 contraltos). El video os llevará a la parte 1 del concierto. Hay 32, el concierto completo. Os aconsejo la parte 02, la 09 y la 14 (a dos manos). IMPRESIONANTE.



Para acabar, aquí os dejo su famosísimo y aplaudido tema Maximizing the Audience, que fue compuesto para la obra de Jan Fabre “The Power of Theatrical Madness” estrenada en 1984 en Venecia. Fue además la primera en la que la voz del músico fue grabada, también.



Quienes hemos tenido oportunidad de escuchar detenidamente algunos trabajos definitorios de la gran música “académica” clásica de nuestro tiempo admitiremos que, muy a menudo, ésta queda lejos de lo que el hombre de a pie consigue digerir. Sin embargo, Mertens ha logrado depurar una forma de hacer música que, más allá de adscripciones e ismos, llega perfectamente a aficionados a la música que tengan una mínima inquietud por escuchar cosas nuevas. De ello dan testimonio los auditorios abarrotados que le reciben en cada uno de sus frecuentes conciertos, el último en noviembre. Si su música fuese un poco mejor promocionada por los mejores medios informativos actuales, se estarían tendiendo puentes inquebrantables hacia un nuevo gusto musical entre el público masivo.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Carlos Santana

Una guitarra que tiembla y te hace temblar

Cientos de vidas anónimas se cruzaban esta tarde en La Riera de Mataró. Un poco más abajo, en la Plaça de Santa Anna, la Fira de Nadal concentraba el espíritu de estas fechas. Mientras observaba no he podido dejar de pensar en cómo sería el ambiente navideño en el centro de Barcelona, mi ciudad: 

Trabajadores (afortunados), parados, amas de casa, estudiantes, turistas, artesanos, hippies, vendedores ambulantes, escritores, poetas, prostitutas, músicos callejeros, todas las imaginables tribus urbanas y todos los colores del mestizaje que la inmigración nos ha regalado pasearían en esos momentos por las Ramblas de la Barcelona, un lugar mágico pero que, desgraciadamente, las políticas de diseño, “modernización” y asepsia del establishdment socialista ha dejado sin alma.  Entre los atareados transeúntes habrá quienes (algunos un poco más, otros un poco menos) protesten, se quejen, reflexionen, susurren, griten, canten, se enamoren, sueñen…
Esta noche estoy nostálgica, es evidente. Quizás por eso he abandonado la pasión de los  tangos en los que ayer me metí cuando empezó a anochecer para que, con nocturnidad y alevosía, me acompañaran antes de dormir pero no tuve éxito. Quizás por eso he buceado de nuevo en “la cinta maravillosa”, llena de pasado, de juventud, de ilusiones, proyectos y esperanzas. En ella me he encontrado con Carlos Santana, una leyenda viva, el músico que me cautivó por la tapa de su álbum, “Borboletta” (mariposa, en portugués) mucho antes que por su música.

Pero con la rapidez y la fragilidad de una mariposa me metí en la boca de un león que tenía mi hermano entre sus discos. El àlbum se llamaba "Santana", sin más. Así descubrí que la música, seguramente, nació para que genios como él tomasen posesión de ella y hacernos vibrar a su son... al son que él toca. Emociones fuertes sin necesidad de palabras.

En aquellos años de "la cinta maravillosa", al final de los 70, a mí me encantaba Europa pero para Jesús Samba pa ti, uno de los temas más conocidos de este guitarrista mexicano, era la obra maestra, sin dudarlo. Yo ahora le doy la razón. Publicado en "Abraxas" su apenas segundo álbum  para convertirse casi en una religión, este hermosísimo tema me provoca volver a esos tiempos de pura música, ilusiones y metas a corto plazo, donde lo más importante en ese momento era ser feliz. Y sin embargo, Samba pa ti es un golpe duro en las glándulas del ánimo.




Estoy nostálgica, vaya que sí. “Nostalgia” es una palabra que tiene una raíz griega. “Nostos” “algos”. Literalmente significa “enfermedad del regreso”. (aunque no nos hayamos ido) Algo como una patología que afectaba tanto a los protagonistas de las grandes epopeyas de los viajes clásicos (Dante, Ulises…) así como a todos los que han tenido que irse de algún lugar en busca de su propia felicidad y la han buscado en un continente que la está perdiendo: Europa. Siempre me ha cautivado la sensualidad y la calidez que transmite este homenaje al viejo continente.





Para no irnos a dormir melancólicos, vamos a despedirnos con Black Magic Woman una canción de Santana, versión de la escrita por Peter Green, en 1968, y publicada junto a su grupo Fleetwood Mac. En Santana, este tema es una mezcla de jazz, folk húngaro y ritmos latinos. La canción se convirtió, junto con Samba pa ti en uno de sus mayores éxitos . Los amantes de la música coincidiréis conmigo que “Abraxas” es un disco brutal, un disco que va más allá del rock, y en el que su corazón latino bombeaba sangre hasta las extremidades del jazz y la salsa, un disco de esos que no se consiguen hacer dos veces.  



Quizás algunos sepáis que ayer fue el Día Internacional de las Personas Migrantes. Antes de despedirme querría dedicarles esta entrada a los que emigraron en busca de su propia felicidad. Pero sobre todo se lo dedico a los que nunca se fueron, a los que aunque tuvieron la oportunidad de irse algún día... no lo hicieron. Por falta de coraje, por miedo, por amor, desesperación, resignación...no importa... Se lo dedico a quien se ha quedado a la otra orilla, a toda aquella gente que vive “en el fin del mundo” quizás desde mucho antes de nacer.

“En este planeta sólo hay dos cosas: amor y miedo. Y el miedo cuesta mucho dinero. Que se lo pregunten a Busch” (Carlos Santana)

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Omar Sosa - Calma

“Porque es posible hacer un viaje de la mano del silencio, la esperanza, el optimismo y la tristeza”

¿Sabéis cuantas teclas tiene un piano? Ochenta y ocho. Ochenta y ocho piezas de un maravilloso mecanismo que se conjuran para invocar los espíritus del instrumento más delicado, más metafísico, más soñador…

Con el sonido del piano me pasa algo parecido a lo que le sucedió a John Lennon cuando allá por el año 1966, en la exposición "Pinturas y objetos inconclusos de Yoko Ono", en la Indica Gallery de Londres, una figura diminuta, ceñida en pantalones negros, de rostro pálido, que resaltaba aún más por sus largas trenzas de cabello negrísimo, se acercó a Lennon y le entregó una tarjeta con una sola palabra: "Respira". John jadeó en son de broma, pero la japonesa Yoko Ono no se inmutó. Se dio la vuelta y se fue, dejando a Lennon con una tarjeta que fue aire para sus pulmones asfixiados por la fama, por el humo del mundo y la ansiedad de unos tiempos demasiado revueltos, como éstos. Como estos. Eso es lo que hacen esas ochenta y ocho teclas. Darme aire.

Y es que desde hace ya demasiado tiempo, la realidad en la que vivimos es tan asfixiante que vamos necesitando que alguien se nos acerque y nos dé una tarjeta en la que diga simplemente: “Respira””… o quizás debería decirnos: “Vive” ...


En uno de estos días de hibernación, entre el sueño y la realidad, en Radio 3, la única radio donde podéis encontrar contracultura, la única que me habla de las músicas, los artistas, los creadores, los escritores y los activistas sociales de forma accesible, inteligente e incluso divertida escuché estas palabras de Javier Gallego:


Yo lo necesito. Necesito esa tarjeta que me diga que respire porque llevo muchos días aguantando la respiración para no oler el hedor que sale de tanta alcantarilla. Necesito respirar porque tengo los pulmones encharcados de tanto olor a dinero sucio, los oídos taponados de tanto oír la palabra “banco” y el tímpano dolorido de tanta palabra sin sentido, los ojos enrojecidos de tanta corbata ahorcando el cuello de los que nos llevan al patíbulo, la boca seca de leer “mercado” o “político” en cada página que abro, como si esas palabras lo hubieran conquistado todo.

En este mundo tan convulso que vivimos, en el que si no tienes dinero eres basura, un pedazo de carne con la ropa que llevemos puesta, a veces tenemos cosas bellas a nuestro alrededor y no somos capaces de decir gracias. Simplemente las dejamos pasar o las tomamos pero no tenemos la conciencia exacta de cuan bello es el momento en sí mismo.

Esta noche, después de tantos y tantos días alejada del aire que me ayuda a respirar, quiero compartir con vosotros al pianista o mejor dicho al mago Omar Sosa, que conjura con las teclas del piano, sonidos de África, de América, ritmos cubanos, músicas del este, bases del oeste, jazz y mucha, mucha alma.

El músico, influido por Chopin, Satie y Thelonious Monk nos ofrece, con las manos y el alma desnudas, su último disco de piano sólo: “Calma” para que lo respiremos a bocanadas, como el aire. La mística de la quietud. Un trabajo que dedicó a Menorca, la isla a la que se mudó recientemente tras diez años viviendo en Barcelona.

Concentraros en esa música que sale de su piano, que son todos los espíritus conjurados en una ceremonia de música mulata, mestiza, mezclada, negra de piel y clara en el alma… ochenta y ocho espíritus blancos y negros que juntos se ponen a bailar la Danza de la reflexión.


El amanecer es la puerta de un nuevo día. El Sunrise de Omar, la de todos los corazones. Nuestro mago escribió este tema para dar gracias al sol, porque sin él no seríamos nada. Gracias a poder decir: Estoy viva; ha salido el sol otro día más.



Para encontrar la calma Omar tiene una fórmula: tratar de escuchar nuestra voz interior en cada momento y tratar de dar gracias a cada cosa que está a nuestro alrededor: Aguas




"La calma no es parte de la cotidianeidad, pero sigue siendo parte de la verdad interior del ser humano. Todos la necesitamos para poder pensar claramente", asegura sobre la tranquilidad perdida en un mundo "complejo y agresivo".

Los que hemos tenido la suerte de ver ponerse el sol en Finisterre, sabemos que quiere decir este tema.  Sunset



Para acabar sólo deciros que me ha encantado su forma tan apasionada de tocar el piano, siempre huyendo de la ortodoxia hacia la libertad creativa. El jazz como filosofía es Libertad, dijo hace muy poco en una entrevista.

Espero que su audición os haya producido las sensaciones de ser libres, de tranquilidad, calma, sosiego, equilibrio y reposo que me han producido a mí.