domingo, 30 de noviembre de 2014

Ana Alcaide

La búsqueda de lo inalcanzable

De vez en cuando (me sucede tantas veces), un día inesperado tropiezas con un pedazo de música que te sumerge en un ambiente casi espiritual. Una música que, como el viento, te envuelve y te susurra. Eso me pasó hace ya cuatro años con “Como la luna y el sol”, de Ana Alcaide. A partir de piezas como ésta es fácil entender por qué la música ha calado siempre tan hondo en los pueblos.


“Como la luna y el sol”, está inspirado en una canción tradicional turca, cantada en judeo-español: “Yo ‘hanina, tu ‘hanino. Nos tomaremos los dos. Los hijicos que mos nacen, Amán, como la luna y el sol. Dermán, como la luna y el sol (‘Hanina: bonita, llena de gracia)”. El disco formaba parte de un proyecto de sus estudios de carrera en la Universidad de Lund, en Suecia, y en él interpretaba otros instrumentos antiguos como el violín de Hardanger, santur, rabel, arpa o el armonio.


Esta joven madrileña tiene una historia fascinante. Empezó a tocar el violín a los 8 años. Después aparcó la música para estudiar Biología. Una beca Erasmus le permite completar estudios en Suecia y es allí donde decide retomar la música tras comprobar lo saludable que es la escena folk de aquel país nórdico. Y, cosas de la vida, mientras estudiaba, conoció la viola de teclas, un instrumento medieval minoritario que en sueco se llama nyckelharpa. Ana se enamoró de él y lo aprendió a tocar en las calles de Toledo, fuera y lejos de su tradición original.

Este es un instrumento muy antiguo, originario del siglo XIV que en España apenas se conoce. Es bastante sofisticado visualmente porque tiene muchas teclas o llaves, como llaman lo suecos. La palabra arpa para referirse a cualquier instrumento en general”, explica ella misma.

Viniendo de la cuerda frotada e interesándole las músicas del mundo, era imposible no caer en las redes de este instrumento medieval de origen sueco que comparte características con la zanfona y la viola de gamba del sur de Europa. Ana Alcaide que acostumbraba a tocar en sus calles los fines de semana para practicar y pagarse sus estudios de música en la Malmö Academy of Music, de la Universidad de Lund (Suecia).

De vuelta a España hace once años, dejó de estudiar Biología y empezó a tocar este instrumento. No es muy habitual que alguien se traiga a España un antiguo instrumento sueco y dedique tres años a aprender a tocarlo de forma autodidacta.

Como fruto de su búsqueda de nuevos lenguajes con el instrumento, publicó “Viola de Teclas” en el 2006, trabajo con el que comienza su fantástica carrera musical.


En la actualidad reside en la parte antigua de Toledo aprovechando al tiempo la tranquilidad de esa localidad y la energía que da vivir en un lugar donde lograron convivir las 3 culturas (cristiana, musulmana y judía). Allí, cursó un plan de estudios en el que ella misma diseñó su propia carrera en función de sus intereses particulares.

De esta forma ha podido combinar su interés por la música tradicional con el aprendizaje de técnicas más modernas que le permiten crear su propio camino como intérprete y compositora.

 Desde el marco de inspiración que le brinda su ciudad, Ana escribe y produce sus canciones, añade composiciones y adapta su instrumento a melodías ancestrales que han viajado por el Mediterráneo y que tuvieron su origen en la España medieval.

Su voz delicada, clara y llena de magia la utiliza para interpretar textos judeoespañoles desperdigados por todo el Mediterráneo transportándonos instantáneamente a épocas pasadas, al tiempo que consigue que la emoción fluya espontáneamente y sin trabas de ningún tipo.


Su música es el resultado de la búsqueda y la recuperación de ese legado cultural. Ofrece a nuestros oídos contemporáneos melodías y canciones populares de toda Europa, a partir de una visión artística personal que incorpora elementos de otras culturas: “Me baso en melodías tradicionales que encuentro en cancioneros y en grabaciones antiguas y les añado mi propia música”.

El siguiente tema está inspirado en la famosa y trágica leyenda toledana de “El pozo amargo”. En él se narran los desamores entre una judía toledana y un valiente cristiano, que es asesinado por el padre de ella en una de sus encuentros nocturnos. La leyenda cuenta que las lágrimas de Raquel amargaron las aguas de este pozo, donde ella acabó tirándose presa de la locura.

Muy cerca de la catedral de Toledo se encuentra la calle de 'El pozo amargo', donde todavía se conserva este pozo. Es el lugar donde se ubicaba el palacio judío escenario de la leyenda, donde se daban cita los enamorados Raquel y Fernando.


En los conciertos muchas veces acompaña a Alcaide  Carlos Beceiro de la formación La Musgaña, que fue también el productor de sus álbumes. Alcaide es también miembro del grupo Nemo de música nórdica y celta.

"Los instrumentos antiguos se sienten en el estómago" dijo en 2008 en una entrevista en El País . Así lo creo.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Jan Garbarek

El cielo en la tierra (con permiso de Carlos Pérez Cruz)

El cielo como sinónimo de máxima espiritual, de logro místico con los pies en el suelo. Así, la música del saxofonista noruego Jan Garbarek produce una enorme paz interior. Y como el exterior que nos rodea no se corresponde con lo que escucho acudo mentalmente a ese cielo (profano) prometido. 

Su música busca las raíces profundas de la tierra. Un elfo de la noche que revela todos sus hechizos humanos, generalmente ocultos. Fuego bajo el hielo. Música lejana, emociones cristalinas, notas que ruedan como pompas de jabón, que responden, observan, lloran y finalmente encajan en la aurora azul, color blanco, nieve eterna. La música que se extiende, gira sobre sí misma con temas simples, repetitivos, inmemorial. Los espacios se cierran, el tiempo se oculta en la belleza del sonido.  A veces los sonidos de su saxofón son gritos de las gaviotas que descansan sobre los países que no existen. Y una luz eterna, lleva su música como un soplo.


Garbarek es una leyenda, el saxofonista más inspirado del jazz europeo, y un improvisador con innumerables recursos melódicos. Una se siente extraña hablando de Garbarek en términos de jazz porque este músico ha roto ya muchas fronteras pasando a ser MÚSICA sin más.  “ El único elemento del jazz que sigo, es la improvisación ” ha repetido hasta la saciedad. Jamás ha sabido conformarse y sus intuiciones recorren un espacio cada vez más abstracto, buscando siempre el matiz lírico que le sitúe por encima de la música de jazz. Por ello, Jan Garbarek no es un músico virtuoso, como tantos, es un pintor de colores musicales que utiliza el saxo a modo de pinceles.

Hay en sus solos un regusto inequívocamente variado que encuentra en las músicas tradicionales de diversos lugares del planeta una fecunda fuente de inspiración. Sin embargo, de sus declaraciones, se intuye que el recuerdo de sus maestros, George Russell y Don Cherry- también está presente siempre. "Al primero le debo que me diese la oportunidad de formar parte de su grupo cuando solo tenía 17 años de edad. Al segundo que me alentase a adentrarme en la música popular escandinava y, más tarde, en otras culturas más alejadas geográficamente. Su forma de fagocitar cualquier expresión tradicional y utilizarla, más tarde, en su propio marco, fue, quizás, el mayor hallazgo que me transmitió", declaró al diario ABC



A lo largo de su discografía, en la que se reúnen una treintena de títulos, destaca poderosamente el sonido que Garbarek es capaz de sacar de su saxo, tenor o soprano, para dar vida a unas notas que quedan flotando en el aire con limpieza, y seguridad, mientras que la solidez de su timbre le sirve para dar a su música un aire melódico, triste, capaz de poner la piel de gallina al oyente más insensible. El tono de su música es austero, huye de la complacencia melódica para convertirse en un instrumento capaz de evocar paisajes, vistas, sentimientos, y una complejidad oculta debajo de una sencillez capaz de hacernos llegar momentos de enorme ternura. Digamos que nos dibuja paisajes sencillos y, al mismo tiempo, tan inmensamente complejos como inmensas son los paisajes noruegos ocultos bajo la nieve de los largos inviernos nórdicos.



En 1969 grabó su primer álbum titulado “Esoteric circle” y en 1970 el sello grabador de discos ECM le llama para grabar su segundo disco.



Ciertamente podríamos decir que el sonido de Garbarek es el distintivo de la discográfica ECM que ha publicado casi todas sus grabaciones; allí tuvo la oportunidad de tocar junto a los célebres músicos Chick Corea y Don Cherry.

Fue ese trompetista el que le animó a explorar el potencial de la música folclórica del lejano norte en el que tenía sus orígenes para incorporarle a los conceptos de la improvisación propios del jazz. En esa línea, Jan Garbarek publicó en 1972 el disco que tituló "Triptykon" en el que por vez primera, toma los elementos propios del folclore de su país para darle un aire completamente nuevo gracias a los esquemas procedentes del jazz. Era la primera vez que adaptaba una canción del folklore noruego, que a partir de entonces se convirtió en una de sus fuentes de inspiración. En sus discos con las cantantes noruegas Agnes Buen Garnas y Mari Boine ha dado a conocer al mundo aspectos inéditos de la música popular de su país.

Interesantes estas imágenes inéditas de este trío tocando un popurrí de canciones de éste su único LP juntos con Jan Garbarek al saxofón, Arild Andersen en el bajo y Edward Vesala en la batería



Pero no fue hasta que se asoció con el cuarteto de Keith Jarrett que se hizo famoso, resultando de ello clásicos temas como My song.



A partir de ahí el camino que emprendió Garbarek, le ha llevado a explorar el potencial musical de los países que conforman el Oriente Medio, la India, las canciones medievales noruegas o el canto gregoriano, con tal éxito que ha conseguido colar sus discos en las listas de jazz, clásica, e incluso de rock y pop, lo que habla de una versatilidad ciertamente extraordinaria. En este punto, destacan con luz propia las colaboraciones que ha tenido con músicos como el indio Ravi Shankar; el virtuoso del laúd, el tunecino Anouar Brahem; el bajista checo, Miroslav Vitous



También a principios de los 90' entra en contacto con  el coro británico The Hilliard Ensemble, con el que grabaría dos discos imprescindibles como son Officium, (1994) , en el que se inclina hacia la el canto gregoriano y uno de los álbumes más y mejor vendidos de la ECM, alcanzando gran éxito en varios países de Europa. y "Mnemosyne" (1999). 



Diecisiete años después de reunirse para grabar el referencial "Officium" (y con "Mnemosyne" de por medio) vuelven con "Officium Novum" y con repertorio del armenio Komitas Vardapet como epicentro de un trabajo que, a su vez, tiene la firma de Garbarek, anónimos como el del siglo XVI recogido en el "Cancionero de palacio" español, una composición del estonio Arvo Pärt y otras a su vez relacionadas con la música ortodoxa.



Los silencios, que tanto amo, son otro elemento que vendría a definir su estilo, contribuyen a redondear una música de una suave intensidad, con textura de terciopelo, y un punto contemplativo. En resumen, una música desprovista de todo lo superficial, en la que la emoción y el sentimiento son los elementos que priman.

(Jan Garbarek tiene por fin su espacio en este blog. Es tal mi insistencia en profundizar en aquellas maravillas descubiertas recientemente o desconocidas para mí que a menudo me olvido de rendir la debida atención a los grandes de la música)

sábado, 15 de noviembre de 2014

Anouar Brahem

De lo minúsculo al infinito

La pena ignorada (frag)

                                   Estoy apenado
                                   Soy un extraño

Mi pena es diferente a las demás penas.
Es extraña en los mundos de la tristeza.
Mi pena es pensamiento que gorjea
mientras lo ignora el oído del tiempo.

Mas con mi alma he escuchado su eco
en mi juventud embriagada.
Lo he escuchado y triste he caminado
cantando con mi pena cual pájaro de montaña.

Lo he escuchado como un quejido devuelto
por la voz de la noche y el corazón de lo eterno.
Lo he escuchado como el grito amortiguado
de un arroyo entre los desfiladeros.

(poeta tunecino)

Hay músicas  que cuando una las escucha por primera vez ya sabe que van a acompañarle durante el resto de su existencia, formando parte de la particular banda sonora que podría resumir perfectamente los distintos momentos vitales por los que una ha pasado y por los que me quedan por pasar.


Eso me ocurre con  Anouar Brahem, tunecino nacido en la Medina de la capital del país en 1957, otro de los prodigios de la música actual, alguien en el puedes ver reflejada tu alma.

Le llaman, con razón, el "encantador maestro del oud."  El oud, la variedad que se utiliza en los países árabes de lo que aquí conocemos como laúd, es el corazón musical de Anouar, un instrumento que en Túnez se utiliza solamente para acompañar al cantante.

De hecho, Brahem ha magnificado este milenario instrumento, este laúd oriental que se conservó y viajó a través de las edades y los pueblos, desde Babilonia y el norte de África a España, a través del Medio Oriente y Egipto. Pero en los años sesenta, cerca de Túnez, el oud viajero se ve atrapado en el vuelo por un niño de diez años que acaba de entrar en el conservatorio y que toca en orquestas tradicionales.




Una de las primeras osadías formales de este norteafricano es elevar este instrumento a la categoría de instrumento solista. No toca jazz, pero comparte con este género la capacidad de improvisar mientras que , a su vez, el mismo Brahem declara que sus influencias europeas son Debussy y Satie

Por sus cuerdas pasa la vida con mucha alegría y, a la vez, con mucha tristeza, con todo el sentimiento y también toda la ilusión. La claridad de su fraseo, la facilidad con que desarrolla las improvisaciones hacen de esta música una experiencia hermosa e intensa que nos muestra una tradición que no tiene olor a naftalina, ni a cosa de laboratorio, sino que es diálogo sincero, provechoso, cargado de sentimiento, de vida, de viaje, de sinceridad, de nostalgia, de alegría, de todo eso que da forma al ser y el sentir mediterráneo (el Mare Nostrum, mar seminal que ha dado vida a las civilizaciones más importantes de la historia de la humanidad), esa forma peculiar de entender el mundo, y todas las cosas importantes para las personas.

Qaws
De su álbum "Madar" con Jan Garbarek (saxo) y Shaukat Hussain (tabla)


Otra de sus osadías es tomar un instrumento de raíces tan profundas en el sentir de su pueblo y mezclarlo con el acordeón y el piano, y lograr una hermandad de sonoridades que se complementan a la perfección

El Anouar Brahem Trio, con Francois Couturier al piano y Jean-Louis Matinier en el acordeón consigue un diálogo que resulta un bálsamo en tiempos convulsos como los que vivimos. La dulzura del oud se entremezcla con los tintes jazzeros y hasta clásicos del piano mientras el acordeón funciona como una amalgama que da unidad sin caer en la monotonía donde ninguno de los tres ejecutantes prima por sobre los demás. Prodigioso.



También podemos gozar de la formación Anouar Brahem Quarted con Brahem al oud,  Klaus Gesing, con el clarinete bajo,  Björn Meyer con el bajo y Khaled Yassine tocando los intrumentos de percusión darbuka, bendir

Anouar Brahem forma parte, con el libanés Rabih Abou-Khalil, de esta corriente que aúna la música árabe y la occidental. Es verdaderamente un contrabandista que tiene el vínculo musical de un estilo ancestral con la escritura contemporánea, tradicional y la improvisación, con el "mundo" y el jazz. De hecho, y para decirlo simplemente, Anouar Brahem toca la "música del mundo"

Una música que no esconde el diálogo sino que lo busca, y en la confluencia con el jazz (han sido muchos los músicos importantes de jazz los que han colaborado con Brahem), ha encontrado nuevos territorios en los que dejar germinar la música con resultados de una enorme belleza formal salida de las cuerdas de un músico que como buen virtuoso apenas si hace gala de ello, solo con dejar que la música fluya ya ha cumplido.


Vais a ser testigos de un matrimonio entre el Este y el Oeste con Anouar Brahem como maestro de ceremonias. Después de todo es la herencia musical de Oriente con la tradición occidental de jazz y la chanson. Eso proporciona  música de jazz con una encantador tono oriental.


Cabe remarcar que, en 2006, justo después de que el conflicto entre Israel y Líbano, Anouar Brahem se pone detrás de la cámara y dirige su primera película documental llamada Palabras de la guerra. La película gira en torno a una historia de la guerra, con entrevistas a artistas e intelectuales libaneses después del alto el fuego. 


En 2012, a raíz de la revolución tunecina, fue nombrado miembro vitalicio de la Academia Tunecina de Ciencias, Artes y Letras. En Francia, en 2009, fue nombrado "Caballero de las Artes y las Letras."

La discreción de la que hace gala lleva a su música más allá de las culturas y de los géneros, hacia un territorio muy personal en el que todo cabe, en el que todo es posible, en el que el diálogo sincero se llena de sentimiento y de belleza.




domingo, 2 de noviembre de 2014

Jordi Savall, coherencia y dignidad

"La ignorancia y la amnesia son el final de toda civilización, ya que sin educación no hay arte y sin memoria no hay justicia" 

Coherencia. Dignidad. Dos palabras que han ido perdiendo el sentido al mismo tiempo que se ha extendido el feroz relativismo moral y la crisis de valores. Sin embargo, la vida del ser humano sólo se hace significativa cuando deja hueco a esa sólida mansión de la dignidad humana que es la coherencia.

Saber que Jordi Savall, un célebre y virtuoso de la música (en todos los sentidos de la palabra virtuoso) renuncia al Premio Nacional de Música por "no traicionar sus principios y convicciones más íntimas" ha supuesto una inyección de dignidad colectiva para todos aquellos que reivindicamos la cultura como el mayor capital del ser humano. 

El célebre músico, en una larga carta remitida al ministro José Ignacio Wert el pasado 30 de octubre, acusa sin tapujos a "la principal institución del Estado" de "mantener en el olvido una parte esencial de nuestra cultura, el patrimonio musical hispánico milenario, así como de menospreciar a la inmensa mayoría de músicos que con grandes sacrificios dedican sus vidas a mantenerlo vivo". Músico respetado, musicólogo ya inscrito en la historia, Jordi Savall se exaspera con calma con el gobierno español. Rechazando el "Premio Nacional de Música", el más célebre gambista del mundo ha deseado protestar contra la política anticultural del mezquino y despreciable Partido Popular. La sutileza, la sapiencia y la extraordinaria dureza del educadísimo escrito han dejado en evidencia y casi sin respuesta a quienes llevan años maltratando el mundo de la cultura de nuestro país.

La renuncia es una buena bofetada y, sobre todo, un ejemplar gesto de dignidad y de grandeza. La desfachatez de este gobierno no tiene límites. No es solo que quienes nos tienen sometidos destrocen la cultura, que también, sino que representan a un país de maleantes en el que la impunidad de los uniformados es total; en el que buena parte de la judicatura tiene una pintoresca idea de la justicia; en el que se roba a mansalva, se abusa del ciudadano, se miente, prevarica, empobrece, destruye bienes públicos, avasalla al más débil; en el que… ¿a qué seguir si lo sabemos todos? (como mínimo, los que queremos saberlo)

Jordi Savall es un apasionado de la música medieval, renacentista y barroca, que ha revitalizado la interpretación de la música antigua con instrumentos originales y criterios modernos convirtiéndose, así, en una de las personalidades musicales más polivalentes de su generación. Durante los más de cuarenta años que ha dado a conocer al mundo maravillas musicales abandonadas a la oscuridad de la indiferencia y el olvido, se ha dedicado a la investigación de la música antigua mientras descifra e interpreta su gamba o como director de orquesta. Su actividad concertística, como educador, como investigador y como creador de proyectos innovadores, tanto musicales como culturales, son algunos de los factores clave en el fenómeno de la revalorización de la música histórica. 


Con su mujer, la desaparecida Montserrat Figueras (a la que le debo la prometida entrada en este espacio nocturno), fueron fundadores de los conjuntos musicales Hespèrion XXI (1974), La Capella Reial de Catalunya (1987) y Le Concert des Nations (1989) con los que exploran y crean un universo de emociones y belleza que se proyecta en el mundo a millones de fans de la música antigua. También crearon su propia casa discográfica ALIA VOX, fundada en 1998. 


El primero de estos grupos, el conjunto de cámara Hespèrion XX (llamado, desde 2000, Hespèrion XXI) Savall lo fundó en la ciudad suiza de Basilea en 1974 además de con su mujer, como hemos dicho, con el músico argentino Lorenzo Alpert y el norteamericano Hopkinson Smith. La formación la integran reputados solistas internacionales que varían según el repertorio. Está especializada en música medieval, renacentista y barroca que relee desde el presente y con intensidad expresiva respetando la melodía y el ritmo. Ha grabado unos sesenta discos. 


El segundo grupo creado y dirigido por Savall, la Capella Reial de Catalunya, nació en 1987 sin el añadido geográfico, que es posterior (1990). Se trata, en este caso, de un conjunto vocal e instrumental centrado en el repertorio renacentista y barroco hispánico y europeo, aunque también interpreta obras medievales y, incluso, clásicas. Lo forman, de manera exclusiva, cantantes latinos y evoca las capillas reales hispánicas para las que se compusieron las grandes obras religiosas y profanas de la época, de las que toma el nombre. Ha grabado una veintena larga de trabajos. 


El tercer y último conjunto musical, Le Concert des Nations, cuyo nombre se inspira en "Les Nations", cuatro suites del músico francés François Couperin. Es una orquesta de instrumentos de época nacida en 1989 para interpretar obras orquestales y sinfónicas históricas de las épocas barroca, clásica y romántica, es decir, compuestas entre los años 1600 y 1850. Los integrantes provienen, mayoritariamente, de países de culturas latinas y son especialistas en los instrumentos respectivos. Ha publicado una treintena de álbumes originales. 


Además, Savall fundó en 1997 el Centro Internacional de Música Antigua, una fundación privada que consta de tres ramas especializadas: el Centro de Investigación Aplicada (CIA), que estudia autores y obras anteriores a 1800; el Instituto de Música Antigua, que en colaboración con músicos, investigadores y formadores se dedica a la enseñanza en encuentros como el Curso de Música Antigua en Cataluña.

Con su papel fundamental en la película de Alain Corneau  Tous les Matins du Monde (César a la mejor banda sonora), su actividad concertística (140 conciertos al año) y su discografía (6 registros anuales), Savall demuestra que la música antigua no va dirigida necesariamente a públicos elitistas, sino más bien a un público de todas las edades cada vez más variados y más numerosos. Su tarea principal entre conciertos y grabaciones se puede definir como un ejemplo no sólo de recuperación de la música sino de un lugar de reanimación creativa. 


"La música es una de la expresión y la comunicación más universal y la medida de su importancia y su significado no se determina de acuerdo con los criterios de la evolución del lenguaje de lo contrario de acuerdo con el grado de intensidad expresiva, riqueza interior y la humanidad que trae"


En 2008, Jordi Savall fue nombrado por la Unión Europea, Embajador para el Diálogo Intercultural y junto a su mujer fueron elegidos como Artistas para la Paz,  Embajadores de Buena Voluntad del programa de la UNESCO.  Consideran su carrera artística una fuerza impulsora en el renacimiento de la música antigua en Europa en el Nuevo Mundo y el Mediterráneo, así como una referencia principal para el estudio, interpretación, gestión y acercamiento a las diversas tradiciones musicales para el diálogo intercultural y su significado más allá de todas las fronteras. Sus programas de concierto han convertido la música en un instrumento de mediación para el entendimiento y la paz entre los pueblos y las diferentes culturas a veces opuestas. Es por ello que entre los invitados a sus estudios hay artistas árabes, músicos israelíes, turcos, griegos, armenios, afganos, mexicanos o norteamericanos.


Pero el proyecto humanitario más emocionante para mí es su colaboración con "Música en Vena" una asociación sin ánimo de lucro que mejora las estancias hospitalarias de pacientes, familiares y personal sanitario desde la cultura y la música en particular para llevar momentos de paz y equilibrio a estas las personas. El proyecto nació dirigido a pacientes oncológicos y con la música como principal herramienta, hoy lo disfrutan todo tipo de usuarios de hospitales. Todos los músicos que colaboran hacen un parón en sus agendas para dedicar algunos pasajes a aquellos que encuentran en la música un fármaco sanador. El pasado 30 de octubre Jordi Savall y su hijo Ferrán abrieron el ciclo en los hospitales madrileños.


Con esta bofetada moral al poder que supone su renuncia, Savall ha suscitado el entusiasmo de artistas de diferentes estilos, desde La Pegatina hasta veteranos rockeros como Loquillo, que calificó de "lección magistral" su reacción. Ante el debate suscitado, el ministerio con el cinismo que les caracteriza, mostró a través de un comunicado su "respeto" a la decisión de Savall, tras insistir en reconocer sus méritos para su recuperación y difusión del patrimonio musical.

"No podemos permitir que la ignorancia y la falta de conciencia del valor de la cultura por parte de los responsables de las más altas instancias del gobierno del Estado español erosionen la labor de tantos músicos, actores, bailarines, cineastas, escritores y artistas plásticos que ostentan el estandarte de la cultura y que no merecen, sin duda, el trato que reciben ya que son los auténticos protagonistas de la identidad cultural del país"


Savall es un hombre honesto en un país acostumbrado a la picaresca en el que los intelectuales tienen más propensión a sentarse en los sillones de las academias que a molestar a los que mandan.

 “No somos lo suficientemente conscientes de que deberíamos movernos para cambiar las cosas, porque si no cambiamos nos atrasamos como sociedad, como seres humanos."