sábado, 27 de diciembre de 2014

La música clásica y la Navidad

Un regalo para el alma

La música tiene el poder de recuperar la memoria de quien la escucha: recuerdos de la infancia alegrando el presente, invitando a crear nuevos recuerdos sobre las experiencias compartidas con amigos, familiares y seres queridos.

Bartolomé Esteban Murillo 
Por otra parte, la Navidad no ha sido ajena al arte y su relación con la música es incuestionable, así que muchos compositores han tratado de reflejar y transmitir su espíritu a través de sus obras musicales. La música clásica, tan vinculada durante siglos a la Iglesia, también se tiñe de Navidad. Y cada Navidad se tiñe de recuerdos. Un círculo perfecto.

Pero, cuando hablamos de música para la Navidad parece existir una cierta monotonía repetitiva, siempre lo mismo. Hay que tener en cuenta que la música navideña se divide en dos: aquella música clásica escrita para esa ocasión y otra que es tomada con tal motivo sin haberse escrito con ese fin, como sucede con El Cascanueces, que siempre va en esta época, pero no es música escrita especialmente como obra navideña. Sin duda hace falta que directores e intérpretes procuren una mayor diversidad en torno al repertorio navideño, que metan la nariz en el repertorio antiguo, en el no tan común, para que podamos ofrecer un mercado diferente de obras navideñas que también son maravillosas.

Con esta intención empezaremos con el Canto de la Sibila de Mallorca, Anónimo (Edad Media 1360-1366)

Este es un canto gregoriano que se interpreta la noche del 24 de Diciembre, en "la misa del Gallo", sobretodo cantada en las iglesias de Mallorca porque fue donde se quedaron aisladas algunas de las prohibiciones del concilio de Trento de 1572, ya que supo sobrevivir y convertirse al cristianismo gracias a la analogía entre la original profecía mitológica del fin del mundo de épocas romanas y griegas y el proceso del juicio final de la Biblia. 

La Sibila es una sacerdotisa con poderes atribuidos de un espíritu profético del fin del mundo; nos echa un sermón sobre el juicio final tanto a buenos como a malos, anunciando la llegada del Rey Dios universal, en condición humana y como salvador. Sujeta la espada que le da el poder de la palabra de dios.


Sin abandonar esta época os propongo el Hodie Christus natus est, la antífona del Magnificat, que se canta en la Misa del día anterior a Navidad. Como todo canto gregoriano, es monofónico, de una belleza sutil y atractiva.


Es posible que algunos no sepáis que “antífona” significa “voz que contesta” y consiste en una melodía, generalmente corta y sencilla, que se utiliza como un estribillo que se canta antes y después de un himno, salmo o cántico, normalmente en latín, en los Oficios o en las Misas de la Iglesia Católica.

Letra Original: Hodie Christus natus est, hodie salvator apparuit. Hodie in terra canunt angeli, laetantur Archángeli. Hodie exsultant justi dicentes. Gloria in excelis Deo, alleluia.

Traducción: Hoy, Cristo ha nacido; hoy, el Salvador ha aparecido; hoy, en la tierra, cantan los ángeles; hoy, se alegran los arcángeles; hoy se alegran los justos diciendo: Gloria a Dios en las alturas, Aleluya.

Esta versión de Jordi Savall que os recomiendo para mí es la mejor, pura fantasía, una música hipnótica que crece en la mística sagrada de la palabra mientras los coros vocean el anuncio final.


Alejándonos de la música medieval, además de los clásicos de Tchaikovski y Händel, la música navideña tiene un gran repertorio que podría ser explorado en estas fechas, desde el Oratorio de Navidad, de Bach; A ceremony of Carols, de Benjamin Britten, o El reposo, de Vivaldi, así como piezas de Arcangelo Corelli, Georg Philipp Telemann y un sinnúmero de misas renacentistas y barrocas dedicadas a la Natividad.

Hagamos un alto en “A Ceremony of Carols”, una obra concebida inicialmente como una serie de canciones no relacionadas entre si, pero que se reunificaron para la Navidad en una antifonía gregoriana. La ceremonia comienza con una procesión a capella, "Hoy cristo ha nacido" y finaliza con la misma en una variación. Entre el principio y el final hay 9 villancicos; destacaría el sexto y séptimo villancico con dos interludios evocadores, preciosos, con un instrumento tan maravilloso como es el harpa.


Aunque me sea imposible sustraerme a Händel (¿Quién no ha canturreado el “Alleluiah” del “Mesias”?) obviamente el grandísimo referente es Johann Sebastian Bach ¿Por qué Bach?, porque su música es la más perfecta; es indiscutiblemente el músico más profundo que hay.

El Oratorio de Navidad recoge 6 partes relacionadas con la natividad del salvador, llevando el peso de la narración el evangelista, como en la pasión según San Mateo. Abriremos boca (y oídos) con el coro inicial de la primera cantata del Oratorio. Destacaría la frescura libre de los coros y la expresividad de la narración entusiasta y una pulida técnica que Koopman, como musicólogo reconocido, dirigiendo el Coro y Orquesta Barrocos deAmsterdam,  nos eleva de la pompa terrenal y nos deleita con el ingenio máximo de Bach. 


¿Seguimos? Ya con 75 años, en 1660, y tocando el barroco medio, la Historia de Navidad de Heinrich Schütz una obra que transmite una paz y una serenidad propicias para afligirse a la sensibilidad real de estas fechas navideñas, un oratorio protestante luterano en el que el evangelista es el tenor que nos narra la historia del nacimiento bíblico en una preciosa historia melómana de las más rotundas y bellas de la Navidad.


De la obra navideña de Marc-Antoine Charpentier podemos resaltar la  Messe de Minuit pour Noel  y els Nöels & Christmas Motets. La primera es una sobrecogedora "misa del gallo" usando los villancicos populares al servicio en esta misa de iglesia pero con una música muy, muy hermosa que no os tenéis que perder. Era la moda y la música en la Francia del barroco medio que marcaban un estilo en la Europa de la época, con un arte muy refinado y selectivo, reflejado en la elegante sencillez con los temas que nos trata Charpentier. 




Nöels & Christmas Motets. es una recopilación de villancicos o noels, en francés, de diversas obras del autor recogidas en melodías populares de la época, música suave, agradable y encantadora.




Pegamos un salto enorme en el tiempo y en la historia para adentrarnos en los finales del romanticismo, con La Noche de Navidad (Nochebuena) suite orquestal de Nikolai Rimsky-Korsakov. Esta suite está extraída de una ópera que el amigo Nikolai compuso basándose en un cuento navideño popular ruso. Son unos 30 minutos de una música ligera y llena de color, no tan exótica como Scheherezade o el Capriccio Espagnol, pero todavía con sabor étnico de la navidad rusa y con la maestría típica de Korsakov.


Y de Rusia saltamos a la "bella" Italia, en Roma, con Arcangelo Corelli y los Concerto grosso op.6 en el que incluye el nº 8 en sol menor per la Notte di Natale, cuyo último movimiento, Pastoral, representa la Natividad. Como curiosidad anotemos que no se publicó hasta un año más tarde de la muerte de su propio autor.


Huyendo de lo habitual me he emperrado en obviar El Mesías, de Haendel. Pero por mucho que lo escuchemos hasta la saciedad siempre será magnífico.

Hay ni se sabe cuántas diversas obras del Mesías y versiones que resultan más o menos modernas al original. En cambio en este caso tenemos la original de 1751 con unos tonos agudos más inusualmente cálidos, habiendo sustituido con sutileza a las mujeres como las soprano que cantan habitualmente, por niños dándole en general una expresión a la obra, quizás más adecuada a la Navidad y la infancia. Aquí tenéis parte de su alma, de la luz, el color, y la brillantina propias.



También están la Sinfonía de Navidad de Corrette , los conciertos para Navidad de Francesco Manfredini y de Giuseppe Torelli, así como una misa y piezas para órgano de François Couperin. Y todos aquellos compositores europeos que, al fungir como maestros de capilla, tenían responsabilidades religiosas y tuvieron que componer música para esta ocasión solemne. Pero en algún momento hay que decir basta.

Quizás este post de nuevo tan largo solo tenga por objetivo despedir el 2014 para dar la bienvenida al nuevo año, reivindicando la música como medio para alcanzar la Libertad y sobrevivir en este universo tan triste. Porque, como un día dijo Savall, en toda época de crisis la música ha salvado a la gente.

FELIZ AÑO NUEVO A TODOS

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Pipes of Peace

Cuando la Navidad paró la guerra

A veces creo que la Música tiene vida propia, que nos creemos que somos nosotros quienes la elegimos y es ella quien nos elige a nosotros. Hoy es el caso.

Seguramente muchos de vosotros conoceréis lo que se llamó “La Tregua de Navidad”, un hecho que fue casi olvidado por la historia, cuando los soldados británicos y alemanes acordaron en forma no oficial una tregua en plena Primera Guerra Mundial. Este hecho ha tenido este invierno gran proyección por un anuncio de galletas, lo que son las cosas.

Ocurrió en la Navidad de 1914, en un escenario sangriento y donde abundaba la muerte y la desolación. El alto mando alemán había decidido para esas navidades enviar al frente miles de árboles de Navidad, con el propósito de hacer sentir a sus soldados un poco “más cerca” de su hogar y sus familias.

En la noche del 24 los alemanes colocaron sus arbolitos al borde de sus trincheras y los iluminaron con velas mientras cantaban típicos villancicos navideños, entre ellos el Stille Nacht (Noche de Paz)

A escasos metros de distancia, desde la otra trinchera, los ingleses miraban y escuchaban atónitos ese espectáculo….y respondieron cantando sus propios villancicos. Así durante largo rato de una trinchera a otra, se lanzaban gritos deseándose ¡Feliz Navidad! Lo insólito y conmovedor del caso es que los soldados de uno y otro lado abandonaron sus respectivas trincheras y salieron a saludarse; intercambiaron cartas, fotografías y hasta se animaron a compartir un partido de fútbol. Fue un hermoso momento en donde primó la hermandad y la cordura por encima de la estupidez de la guerra.


Hace poco se encontró una carta de un general británico que corrobora los hechos.

Fue una ilusión que se apagó rápidamente. Cuando el alto mando de ambos ejércitos conoció esa tregua que que se multiplicaba intervino directamente para acabar con ella de inmediato. Se prohibió ningún tipo de acercamiento con el enemigo y se llevaron a cabo ejecuciones de participantes en la tregua como medida de castigo y de ejemplo.

Intentó evitarse que el caso fuera noticia en las capitales de los distintos países y por orden de los oficiales se confiscó durante meses la correspondencia de los soldados, sobre todo en el caso del ejército francés. Se quemaron fotografías y cartas y el gobierno inglés confiscó ediciones enteras de periódicos en que se trató el tema, aunque no pudo evitar la famosa portada del Daily Mirror en que aparecían soldados ingleses y alemanes posando juntos.


Paul McCartney no ha sido nunca un compositor de grandes pretensiones y sus éxitos en solitario se pueden contar con los dedos de una mano. Pero la Historia de la Música le debe un reconocimiento a la inspiración de uno de los artistas que revolucionó al mundo tocando el bajo en la banda de música más famosa e inigualable de todos los tiempos.


Aunque este històrico momento se haya convertido este año en el mejor anuncio de la Navidad, promocionando unas galletas, esta leyenda viva de la Música publicó en 1983 Pipes of Peace, con la historia que os acabo de contar. Preciosa ¿verdad?


Con todo el cariño y esperando que estas Navidades nos den la tregua necesaria para vivir con una sonrisa.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Música de una amiga invisible

"¿Con nocturnidad?"

Cada Navidad, en la escuela donde trabajo, el último día antes de iniciar las vacaciones de Navidad llevamos a cabo el ritual del “Amigo Invisible” pero de una forma particular.

Durante diez días vamos dejando “pistas” que definen la persona a la que irá dirigido el regalo. Os puedo asegurar que es muy, muy divertido ver el ingenio y el esfuerzo que ponemos en la elaboración de las pistas para identificar, agasajar y arrancar una sonrisa de las personas a quienes van dirigidas.

En ese contexto, el pasado martes me encontré con este CD que, evidentemente, me identifica, lleno de música que tengo el enorme placer de compartir con quien desee escucharla.

La primera pieza que pude escuchar es Arabesque n 1 de Debussy


Esta obra es la primera de una suite de dos, llamadas "Arabesques". Si tienen o no algo que ver con la forma decorativa del arte islámico es algo que tendréis  que descubrir vosotros. Lo que sí es seguro es que ambas son bellas, exquisitas, evocativas...

El Concierto para dos violines en Re menor del más grande músico del barroco (hay quien dice que de todos los tiempos), Johann Sebastian Bach es tal vez una de sus obras más famosas y reconocidas, y considerada una de las obras maestras del Barroco. Bach la compuso en Leipzig entre 1730 y 1731. No cabe duda de que esta obra constituye una de las páginas más bellas y más magistralmente escritas por Bach. Los dos instrumentos solistas están colocados en un plano de igualdad absoluta.

Así, después de escuchar a Debussy pude deleitarme con el primer movimiento de este concierto, quiero pensar que interpretados por los más virtuosos e inigualables violinistas  Itzhak Perlman e Isaac Stern


Al escuchar el Concierto de Aranjuez,  magistral composición para guitarra y orquesta del compositor español Joaquín Rodrigo, que me ha acompañado desde que nací, me he llevado una grata sorpresa. Es una versión ni más ni menos que en saxo!.

No es de extrañar. Nunca una obra española alcanzó tal popularidad, y probablemente pasará mucho tiempo antes de que otra le haga siquiera sombra, ni aún dentro de la amplia producción del maestro valenciano. La verdad es que ni en youtube ni en goear he encontrado una versión para guitarra y saxo pero, para que os hagáis una idea os propongo esta maravilla con Chet Baker a la trompeta, Paul Desmond con el saxo alto, Ron Carter con el bajo, Steve Gadd en la batería, Jim Hall a la guitarra y Roland Hanna al piano. Fascinante.


El tema siguiente podemos decir que es el encuentro de dos genios noruegos, Grieg e Ibsen.

En 1876 Edvard Grieg contaba treinta y tres años de edad y había empezado a despuntar dentro del ámbito musical de su país con composiciones como el célebre Concierto para piano en la menor y las Piezas líricas para piano. Henrik Ibsen acababa de escribir algo totalmente diferente a su tónica habitual: un drama en cinco actos que tomaba como base el folklore y la mitología nacional para contar la vida de un ambicioso muchacho que vive insólitas aventuras. El fruto de esta conjunción de talentos fue Peer Gynt y el propio Ibsen siempre se vería obligado a admitir que parte del éxito que cosechó la obra se debía a aquellos números musicales, en un principio, destinados a rellenar huecos. Por su parte, Grieg, que admiraba profundamente a Ibsen, temía no estar a la altura de las circunstancias y tuvo que superar numerosas dificultades hasta lograr una música que se ajustase perfectamente al texto.

Mi amiga invisible me ha deleitado con la Danza de Anita


Asturias (Leyenda) es una de las piezas que integran la suite para piano solo Suite española, compuesta alrededor de 1886 por  Isaac Albéniz.. Originalmente, la suite constaba de cuatro partes. Un editor agregó otras cuatro después de la muerte del compositor (1909), entre ellas un preludio que correspondía a otra suite y le llamó Asturias, leyenda.

Esta pieza debe ser una de las escasas obras que transcritas para otro instrumento adquieren otra dimensión y resultan más bellas que la versión original. A tal punto es así que Asturias es interpretada con mucho mayor frecuencia en su transcripción para guitarra antes que en la original para piano, que siempre resulta un poco ruda, debido, no está demás decirlo, a la dificultad que presentan los enormes saltos en el teclado. ¡Cómo no compartir la interpretación de Narciso Yepes!


Siguiendo con los autores españoles, el CD de mi amiga invisible me ha llevado hasta Enrique Granados.

El conjunto de sus Doce Danzas Españolas supuso el primer reconocimiento internacional de Granados, recibiendo el efusivo elogio de compositores consagrados de la talla de Saint-Saens, Massenet y Grieg. La serie de doce piezas para piano se constituyó así en una de las máximas aportaciones al repertorio pianístico español del siglo XIX. La Danza española n.º 2, denominada Oriental, es una bella danza escrita en do menor. La primera sección es un andante en el que la mano izquierda dibuja un sentido acompañamiento, mientras que la derecha entona la melancólica melodía principal. En el vídeo, la composición está interpretada por el profesor de piano Héctor Frances.


Después de Granados nos vuelve a acompañar Bach. Muchas de las colecciones de obras de Bach dependen del género Suite. Las hay para violín o violoncelo solo y para teclado (Suites francesas, suites inglesas, partitas o suites alemanas). Para orquesta existen cuatro cuya cronología y fechas de composición no se conocen con certeza. Lo que sí se sabe es que Bach no se interesó por la Suite hasta que no estuvo instalado en Köthen.

Las suites para orquesta de Bach están netamente marcadas por la música francesa. Curiosamente, la Suite nº2 carece de Courante y en su lugar aparece un episodio que no se asocia a ningún ritmo de danza en concreto, la conocidísima Badinerie o badinage, una danza breve y muy viva.

La versión que os dejo corresponde a una excepcional interpretación de la Amsterdam Baroque Orchestra dirigida desde el clave por Ton Koopman y con la intervención de Wilbert Hazelzet como instrumentista de flauta barroca. Corresponde a una versión moderna con un conjunto reducido al máximo de instrumentistas y, sin llegar a ser estrictamente una auténtica versión original, nos brinda una sugerente idea de cómo Bach hubo de imaginar esta bellísima obra. Sobra decir que este tipo de interpretación con un conjunto musical reducido es infinitamente superior a las decimonónicas y pesantes lecturas realizadas con una orquesta de mayores dimensiones.


La Danza Ritual del Fuego es una danza perteneciente al ballet El Amor Brujo, del compositor español Manuel de Falla. Falla es, junto con los catalanes Isaac Albéniz y Enrique Granados, el tercero de los compositores que conforman la gran trilogía de la música nacionalista española.
Manuel de Falla nos permite escuchar una obra fantástica, clásica de todos los tiempos. Con una imaginación espectacular, utilizó la imagen del fuego y sus movimientos, para componer esta maravilla.


El negro de la voz de oro. Porque, si bien no hay negro que cante mal, no creo que haya humano con la capacidad vocal de Bobby McFerrin.  Su inspirada interpretación a capella del Aria de la Suite Orquestal nº 3 de Bach,  es para mi gusto una de las composiciones más asombrosas, perfectas e irrepetibles que se hayan conocido en este mundo. Y en cualquier otro.


“Me sorprende cuando escucho la música de Bach; sólo te dejas llevar. Es tan edificante… es una danza”

Imposible no recordar a Goethe, para quien Bach “evoca a la Eterna Armonía hablando consigo misma, como debió ser poco antes de la creación del mundo”. Esa cualidad intemporal queda acentuada, al lado de McFerrin, por la versión “histórica” de Ton Koopman, de nuevo junto a la Orquesta Barroca de Amsterdam (aunque no forme parte del CD)


A continuació hi trobem una sèrie de cançons populars catalanes com la famosa nadala “El noi de la mare” interpreteda a piano.

Y para acabar este maravilloso regalo de mi amiga invisible, Federico Mompou Durante los años exitosos de Mompou en París una de las obras que más cautivaron a su público fueron las escenas (Escenas de la infancia). Se componen de los tres Jeux (juegos) que compuso en 1915, a lo que añadió la pieza de apertura Cris dans la rue (Gritos en la calle), y, como un final, los conocidos Jeunes filles au jardin (Chicas en el jardín).


En fin. Un verdadero placer. ¡GRACIAS! Esa música ya es un regalo en sí misma. Creo saber ya quién es esa amiga invisible que tan bien conoce mis gustos. Aun así esperaré al martes para desvelar el secreto. Buenas noches. Bona nit!

lunes, 8 de diciembre de 2014

El mar, música y poesía

“Et deixo, amor, la mar com a penyora (Carme Riera)


Me gusta el mar. Acudo a su bramido,
al ámbito olvidado por la altura,
acepto la condena de su hondura,
el aire horizontal, el sol hundido.
Me gusta el mar de gesto indefinido.

El mar es resonancia
y no cantar: palabra.

El mar se enamoró de ella que lo amaba desde siempre. Por eso, una tarde se atrevió a seducirla. Y ella se dejó seducir.


Aprovecho que me han dejado sola en este frío domingo para alejarme un rato del mundo real. Desde mi rincón, a través de la puerta del jardín, contemplo un cielo oscuro y amenazador que recuerda que el otoño sigue su curso mientras el frío va imponiendo su ley. El viento transporta recuerdos y me hace evocar esos momentos que nos marcaron.

Frente al mar

Oh Mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
"Piedad, piedad para el que más ofenda".

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza,
¡Aire de mar!... ¡Oh tempestad, oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y equivoca
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele
(Alfonsina Storni. Irremediablemente)


Antes, cuando volvía a casa de tirar la basura por la cuesta del silencio, cerré los ojos. Y apreté los puños. Quería escuchar una vez más el mar rompiéndose bajo mis pies, igual que se rompía aquellos atardeceres en que yo escribía y salía a descifrar la luna grabando en plata su nombre sobre las aguas.


Subía y miraba el cielo en busca de las estrellas. Una, la única que logro apreciar, pierde su brillo de forma definitiva.  En la oscuridad del cielo, su rastro se aleja tristemente. De nuevo, sólo la niebla envuelve el verde bosque cubriéndolo de un manto blanco y siniestro. Un escalofrío atraviesó mi cuerpo... Algún viejo fantasma del pasado hace su travesía a ninguna parte. He querido componer un poema y no he podido. Abro los ojos y el futuro me acecha; quien sabe qué sorpresas me depara.

 Solitario, mudo, ceñidas
las sienes de hojas otoñales.
En la boca reseca el gusto
de la sal de todos los mares.

La sal que dejaron las olas
de los días al derrumbarse.

Una noche después de un largo día le dice la luna al cielo: voy a navegar por el mar de estrellas que forman tu cuerpo.


El mar sin tiempo y sin espacio nos acaricia con sus olas comprensivas.
Su soledad es tan inmensa que se confunde con sus aguas infinitas.
Nadie lo habita, ni lo surca; nadie lo llama, ni lo escucha, ni lo mira.
Vive desnudo como el alma, con su profunda inmensidad por compañía.
No hay bienvenidas en sus puertos; ni en sus obscuros malecones despedidas.
Tanto las playas que desea como las playas que abandona están vacías.

Mudas están sus caracolas, y ya no alumbran sus estrellas submarinas.
De los veleros que lo amaron apenas hay reminiscencias imprecisas.
La tierra ignora nuestras dudas y el firmamento nuestras largas agonías.
Sólo este mar que nos comprende puede medir la soledad de nuestras vidas.
El mar inunda nuestros ojos con la ternura temblorosa de sus aguas.
Y nos contempla largamente con la dulzura elemental de su mirada.
El poderoso sentimiento del mar sin fin tiene un momento forma humana.
Y entre las aguas invasoras nuestra emoción es más profunda y más amarga.
Para el dolor alternativo de las mareas nuestro ser es una playa.

De nuestras venas son las olas que se suceden en las costas más lejanas.
Algo más grande que nosotros está despierto en nuestra voz abandonada.
Una pasión de carne y hueso tiembla en el pulso de las olas solitarias.

Manos de viento nos golpean el corazón y nos oprimen la garganta.
Sólo este mar que nos contempla sabe medir la soledad de nuestras lágrimas.
El mar escucha sin descanso la silenciosa confesión de los recuerdos.
Una emoción incontenible, pero sin voz, sube del fondo de su pecho.
Donde las aguas son profundas como la muerte y el amor, hay un velero.
Bajo las olas pensativas el gran navío de la infancia está durmiendo.
En el abismo es su dulzura como un violín abandonado en un desierto.

Fotografía de mi amiga Gelu
Nido en el bosque tenebroso, llanto infantil en un camino solo y negro.
Su cuerpo mudo y solitario vive la vida de las flores y los ciegos.
Por lo callado y por lo solo parece un alma ensimismada en vez de un cuerpo.

Para su amor interminable todos los puertos de la tierra son pequeños.

Sólo este mar que nos escucha puede medir la soledad de nuestros sueños.
El mar pregunta por nosotros en el lenguaje de sus olas más obscuras.
(De tan sombrías, ni siquiera tienen la gracia luminosa de la espuma.)
Profundos son sus ojos negros, pero su voz es todavía más profunda.
Es necesario haber sufrido sin compasión para saber lo que murmura.
Las olas vienen de muy lejos a descansar en nuestro ser, una por una.
Vienen sin restos de naufragios y bajo cielos sin estrellas y sin luna.
No vieron islas encantadas, ni blancas velas, ni gaviotas vagabundas.
Desierto igual es imposible fuera del ser por quien suspiran y preguntan.
Sobre las olas desoladas el firmamento está distante como nunca.
Sólo este mar que nos invoca puede medir la soledad de nuestra angustia.
El mar sin rumbo y sin amparo busca refugio silencioso en nuestra frente.
Y el movimiento de las olas infatigables se apacigua lentamente.
Sobre las aguas angustiosas una quietud espiritual dicta sus leyes.
La eternidad las tranquiliza con la virtud maravillosa de su aceite.
En las tinieblas infinitas un gran misterio abre las alas para siempre.
Y en el abismo solitario todas las formas del olvido están presentes.
En vez de voces hay silencio, y aterradora soledad en vez de seres.
Donde hubo pájaros hay viento, y oscuridad y oscuridad donde hubo peces.
Nuestro dolor y el de las aguas están unidos en la paz de las rompientes.

Sólo este mar que nos conoce puede medir la soledad de nuestra mente. 
(Francisco Luis Bernárdez)


Allí donde la tempestad declina y el agua se torna calma será el encuentro... Y de esa azul profundidad brotarán quimeras, se oirán melodías…


Mar distante
Si no es el mar, sí es su imagen,
su estampa, vuelta, en el cielo.
Si no es el mar, sí es su voz
delgada,
a través del ancho mundo,
en altavoz, por los aires.
Si no es el mar, sí es su nombre
es un idioma sin labios,
sin pueblo,
sin más palabra que ésta:
mar.
Si no es el mar, sí es su idea
de fuego, insondable, limpia;
y yo,
ardiendo, ahogándome en ella.


El Mar

NECESITO del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navios.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.
No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.


Meditación
[...]
Yo te veo en el mar: en la ola verde,
azul, o sonrosada que camina,
que con orla de aljófares se pierde,
mientras otra más alta se avecina.

También cuando lo tienes en bonanza,
para el pequeño alción que a sus cristales
fía su hermosa prole y su esperanza,
mientras atas furiosos vendavales.

Y en el cetáceo enorme que entre hielos,
que muros de cristal pueden decirse,
alza dos ríos de agua hasta los cielos,
y agita el mar del norte al rebullirse;

que herido del arpón, iras alienta,
con su sangre las aguas enrojece,
y las pone agitadas en tormenta...
¡Tanto puede su mole que padece!

Tú le diste los mares por presea
donde tenga por lecho las bahías
el boreal y antártico pasea;
por abismos de espuma tú le guías.
[...]


Elegía del niño marinero
Marinerito delgado,
Luis Gonzaga de la mar,
qué fresco era tu pescado,
acabado de pescar!

Te fuiste, marinerito,
en una noche lunada,
tan alegre, tan bonito,
cantando, a la mar salada!

Qué humilde estaba la mar!
¡El cómo la gobernaba!
Tan dulce era su cantar,
que el aire se enajenaba.

Cinco delfines remeros
su barca le cortejaban.
Dos ángeles marineros,
invisibles, la guiaban.

Tendió las redes, ¡qué pena!,
por sobre la mar helada.
Y pescó la luna llena,
sola, en su red plateada.

¡Qué negra quedó la mar!
¡La noche qué desolada!
Derribado su cantar,
la barca fue derribada.

Flotadora va en el viento
la sonrisa amortajada
de su rostro. ¡Qué lamento
el de la noche cerrada!

¡ Ay mi niño marinero,
tan morenito y galán,
tan guapo y tan pinturero,
más puro y bueno que el pan!

¿Qué harás, pescador de oro,
allá en los valles salados
del mar? ¿Hallaste el tesoro
secreto de los pescados?

¡Deja, niño, el salinar
del fondo, y súbeme el cielo
de los peces, y, en tu anzuelo,
mi hortelanita del mar!


Hay momentos de pasar día tras día
lugares de nunca llegar.
Hay lugares de estar tranquila,
lugares de no ser nadie
y huir,
ser una pierna en el aire
y perderse en ningún lugar.
Hay lugares de sí,
momentos de dudar,
de esperar el momento;
hay lugares de no,
que hoy no,
que no volveré
ni un día más.
Hay momentos de volver
y no encontrarse con nada
de agobiarse,
momentos sin rumbo,
Hay lugares de presentimiento,
de miedo hueco
siempre es el miedo
un lobo que aúlla cerca.
Hay momentos de partir,
quedarse a solas,
lugares sin mí,
que siempre serán sin mí
Hay lugares que no querré llegar,
momentos dolorosos
sin entender nada.
Hay momentos de contar
los pasos hasta el vacío
caída libre.
Hay momentos donde nada
lleva a ningún sitio,
mecer en la ausencia,
momentos de pies en alto,
cabeza suelta y nada;
momentos de nada
de más allá: nada.
Pero hay momentos incomparables,
que llegan sin esperarlos
el mar en el alma,
la arena quieta
momentos de sólo respirar
tomar el aire
creerse alguien.
Sonreír.
Hay momentos... palabras,
palabras bálsamo,
sonrisas bálsamo,
miradas bálsamo,
complicidades, certezas.


Yo me sé pasajera de tu barco sin rumbo. Tú te sabes huracán de mi calma y mi noche.


Me retiro ya. Volveré para hallar una sonrisa en la gota sutil que se rezuma de las porosas piedras, en la bruma, en el sol, en el cielo y en la brisa. Alzaré una nueva vela contra el viento. ¡Hay tantos mares que surcar! Cada naufragio exige un nuevo intento. El mar tiene infinitas rutas.

Lunes, 8 de diciembre.

Xavier Perarnau, siempre tan certero, me propone ésta maravilla que no puede faltar en este homenaje al mar. Gracias, Xavier.