lunes, 21 de abril de 2014

Aynur

La voz de un pueblo amordazado. La voz de una mujer valiente.

El pueblo kurdo reúne alrededor de 25 millones de personas que viven a caballo entre Turquía, Siria, Irán y Iraq fundamentalmente, lo que les convierte en el pueblo sin estado con más personas del mundo. Hay kurdos de origen musulmán pero también los hay judíos y cristianos; un pueblo con infinidad de dialectos por lo que acaba siendo un pueblo de enorme complejidad y de relaciones difíciles en su interno y con el exterior. A un pueblo tan diverso, seguramente, la única forma de cohesionarlo es a través de la cultura y, fundamentalmente, de la música.
No hace mucho que en Turquía los kurdos y otras minorías étnicas tenían prohibido hablar, cantar en su idioma, mostrar su cultura, propagarla y transmitirla. Con el fin de uniformar una sociedad evidentemente multiétnica, la discriminación y la persecución por parte de las autoridades turcas, estaban a la orden del día. Muchos kurdos han olvidado su idioma debido a la prohibición que reinaba.

Afortunadamente, las cosas en Turquía, ese país de dos caras, la musulmana y la occidental, han cambiado mucho ya que lleva años trabajando para formar parte de la UE. Eso ha supuesto un cambio constante de política y un nuevo camino hacia la libertad de los kurdos. Ahora, incluso tienen un canal de televisión. Aun así, las conversaciones avanzan a ritmo “maestoso” y de los 35 capítulos de la negociación tan sólo se ha cerrado uno (¡UNO!) por no cumplir las exigencias de los criterios de Copenhague, lo que ha provocado una y otra vez la frustración y el descontento del Gobierno y de la opinión pública del país. A las deficiencias evidentes de insuficiencia democrática, falta de independencia judicial y violación de ciertos derechos y libertades fundamentales, la persistencia del régimen en la discriminación a los ciudadanos turcos de origen kurdo es un aspecto que no parecen dispuestos a superar. Estos obstáculos podrían ser superados si el Gobierno turco tuviera voluntad política para ello, pero el principal escollo radica en la creciente islamización de la sociedad y del Gobierno turcos.

En ese contexto, la cantante Aynur irrumpe en el escenario musical de su país y se convierte en la cara moderna de la antigua música kurda, estableciendo una verdadera complicidad entre ambas. Su música tiene influencias árabes, mesopotámicas e incluso judías. Sus canciones son los lamentos y la epopeya de un pueblo maltratado y perseguido.

Aynur nació en 1975 al sureste de la península de Anatolia. "Las mujeres siempre estaban cantando. Se enseñaban canciones que conocían de sus padres o abuelos. Y transmitían la cultura de forma oral a través de leyendas, poemas o canciones" ha explicado más de una vez. Por ello, era todavía una niña cuando ya la música formaba parte de su vida. Era muy habitual crecer escuchando casi a escondidas música y canciones, los grandes poemas y melodías del pasado.

En esas historias que se han transmitido a lo largo de los siglos a través de la palabra, está el punto fundamental de inspiración de Aynur Dogan, a lo que une otras músicas como la de John Coltrane o Tracy Chapman. Son canciones en las que la mujer tiene un papel preponderante, protagonista de historias muchas de ellas de amores que no se culminan, tal vez como la propia trayectoria de su pueblo. “Me sale así porque canto lo que vivo y lo que soy”.”, reconocía en el periódico norteamericano San Francisco Chronicle. Para ella, los principales problemas de la mujer son “la falta de derecho al trabajo, la libertad y la educación". Por eso, se siente privilegiada: “Cuando ves la dramática situación de muchas mujeres en distintas culturas, aprecio lo afortunada que soy por poder ser yo misma”. Por suerte, la situación en Turquía ha mejorado, aunque la religión sigue siendo un muro en muchas sociedades, ya que “relega a la mujer a un segundo plano”. No entiende la vida sin libertad y subraya que el hombre sigue teniendo más poder de decisión. “Se involucran en la lucha por la igualdad de sexos como un acto de humanismo”. 

En 2006, un juez de la ciudad de Diyarbakir ordenó el secuestro de su disco, “Keçe Kurdan” (Chica kurda), por considerar que la canción que le daba título incitaba a las mujeres a echarse al monte y fomentaba el separatismo: "Alzaos, chicas, haced oír vuestras voces en el mundo. / Os esperan cosas difíciles en las alturas. / Y es que las mujeres ahora avanzan, estudian". "Es una canción feminista, y yo estaba llamando a las jóvenes a unirse para rebelarse contra el feudalismo"

En julio de 2011, fue abucheada por una parte del público durante un concierto al aire libre en el Festival de Jazz de Estambul porque cantó una canción kurda. Parte del público cantó el Himno Nacional turco en protesta, mientras que otros apoyaron a la cantante.

Estaréis conmigo que, lo quiera o no, ayudar a mantener viva la tradición musical kurda para las siguientes generaciones, tiene una carga política indudable por lo que supune de desafío al orden establecido. A pesar de todo, la cantante no quiere que su música juegue un papel político. (¡A saber qué entenderá ella por política!) En las entrevistas qeu he leído siempre explica que no quiere hacer política con su música, que lo que quiere es hacer llegar a una audiencia internacional un mensaje de paz y de amor, “Derrumba fronteras y construye maravillas, dice; un amor que en ocasiones es desesperado y teñido de tristeza y añoranza. “Es una sociedad que ha tenido difícil vivir sus amores”. Por ello, lo que más le interesa es que sus canciones hablen de amor, de la emoción, de la alegría y la amargura de la vida. Con pocos instrumentos tradicionales y su potente voz, Aynur transmite a los espectadores y oyentes todos los sentimientos presentes en las letras y música de su pueblo.  Casi sin esfuerzo, sabe combinar perfectamente sus raíces con instrumentaciones que mezclan la tradición y la modernidad.

La música de Aynur parece un retrato del Kurdistán. Cruda y árida como las montañas; vital y jubilosa como los bailes tradicionales kurdos. Ella atribuye la riqueza de su música a la extraordinaria diversidad de minorías que existen en Anatolia y la influencia que ejercen unas sobre otras. Mestizaje de lenguas que se extiende a la música en la que conviven los instrumentos tradicionales con guitarras eléctricas y sintetizadores, para una música que habla de emociones. Y es que como dice Aynur: “tenemos que empezar a sentirnos como humanos para poder ser humanos”. Su música puede ser un buen punto de comienzo para recorrer ese intrincado camino.

"Mi deseo es franquear las puertas que estoy luchando por abrir y, una vez atravesadas, seguir avanzando hasta abrir muchas otras que quedan todavía. El camino que mi corazón me muestra, el que he decidido recorrer, es el que conduce hacia mí misma. Es un camino muy largo y seguiré por él mientras tenga ánimos y fuerzas...”

Es cierto que nuestros oídos no están muy habituados a músicas como la de esta mujer, pero tampoco tardan en hacerse a ella y captar sus secretos. Entonces, la fascinación viene por sí sola.


En estos tiempos de aumento de la locura xenófoba y de nacionalismos excluyentes quiero que este espacio vuelva a ser un homenaje a la diversidad y el mestizaje.

(No puedo dejar de preguntarme por qué en España hay tantas personas y personajes solidarios con la lucha de estos pueblos y no entienden la del pueblo catalán).