Mostrando entradas con la etiqueta órgano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta órgano. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de julio de 2013

Johann Sebastian Bach, "el genio de Dios"

"Inicialmente estaba Bach... y entonces todos los otros" (Pau Casals).

La esencia de la música puede adoptar formas y colores muy dispares una vez que es percibida por el oyente. Esta sensación, que toma como vehículo las notas, los acordes, incluso los silencios, es manejada y torneada por el compositor hasta convertirla en verdadera obra de arte. Pensada sobre la partitura, pero construida con delicadeza y esmero sobre el aire, convierte a éste en efímero papel tapiz sobre el que dibujar su pensamiento, incluso su fe.

Me tenéis que perdonar pero hablar de Bach me infunde un enorme respeto. Siento que balbuceo. Los adjetivos para aludirlo se me agotan rápidamente y me  quedo invariablemente corta para dimensionar el papel que este hombre ha jugado en la música, en el arte, en la cultura universal. Porque Bach es todo: la armonía, la perfección, la simplicidad, la belleza, la maestría, la esencia, la delicadeza, la unión y la mezcla de sonidos, de sensaciones... 

“El único propósito y razón final de toda la música debería ser la gloria de Dios y el alivio del espíritu”

La música de Bach eleva al hombre más allá de su palmaria mediocridad. Es la prueba viva de que el ser humano puede ser algo más que un triste organismo autodestructivo. Sin su creación musical, etérea e inmarcesible al mismo tiempo, el mundo, tal y como lo conocemos, quedaría mutilado, desfigurado y falto de espíritu.


¿Hubo música antes de Bach? Por supuesto que la hubo. Grandes compositores dedicaron su alma a llenar el espacio vacío con obras que, aun hoy, asombran a los que albergan en su interior el raro talento de escuchar y dejarse arrastrar por ese torbellino intangible. Pero ninguno de ellos tenía el inmenso genio del cantor de Leipzig aunque su obra permaneció ignorada por la inmensa mayoría hasta que alrededor de cien años después de su muerte, Mendelssohn se empeñó en la tarea de darlo a conocer al público de la música. Es muy conocida la anécdota que cuenta que éste se encontró nada más y nada menos que  La pasión según San Mateo de Bach, la cual, había sido utilizada por un carnicero para envolver la carne de su tenderete. 



Esa anécdota, sea verdadera o no, ilustra muy bien la realidad, ya que es cierto que el gran Bach fue prácticamente desconocido hasta que Mendelssohn lo llevó a las salas de conciertos. La película de Portabella “El silencio antes de Bach” recrea el asunto de las partituras con tinta de ternera. (Si clicáis el enlace podréis ver la película completa.)

En el mundo de la música, su nombre sólo era pronunciado por unos cuantos (MozartBeethovenSchumann y Brahms lo veneraban más que a Dios mismo por lo que  una se pregunta si Dios no está en deuda con Bach). Precisamente, atendiendo a la cantidad y calidad de su producción, fue Beethoven quien, haciendo un juego de palabras con el significado de su apellido en alemán, dijo de él que “no debiera llamarse Bach (arroyo, en alemán), sino Meer (mar)” Al paso del tiempo, su obra irrigó la sensibilidad de los hombres que gustan de lo bello en general y de la música en particular. 

Hubo pues, antes de Bach, un silencio que sólo él pudo inundar de luz y esperanza.



Por lo tanto, obra de Bach ha dado a la humanidad una nueva dimensión de sí misma. La obligada reflexión sobre la condición humana quedaría incompleta si nunca hubiera sido escrito aquel oratorio de La pasión según San Mateo. Eso en el caso de que alguien pudiera aportar algo más sobre la condición humana después de Shakespeare. Si es fácil concluir que el ser humano posee todas las facilidades para inclinarse hacia lo perverso, en este caso queda demostrado que podemos aspirar a lo sublime aunque sólo sea de forma efímera.


Si os adentráis en su prolífica obra llegaréis a la misma conclusión que yo: Bach era, en cierto sentido, un extraterrestre, una montaña en medio de la verde llanura del talento, una fuente inagotable de ignotas emociones. La proyección mística de Johann Sebastian Bach es, por tanto, infinita. Mientras haya música, la inspiración del “viejo peluca”, como le llamaba cariñosamente su hijo Johann Christian, seguirá iluminando las fibras más íntimas de nuestra agonizante sensibilidad.



4 de julio de 2013

Como esperaba ( y no me ha defraudado) Xavier Perarnau nos hace un par de propuestas: la sublime versión de Anner Bylsma  de la Suite nº 1 y La pasión según San Mateo por Christoph Prégardien (tenor) Tobias Berndt (baritone) y Dorothee Mields (soprano)