domingo, 30 de noviembre de 2014

Ana Alcaide

La búsqueda de lo inalcanzable

De vez en cuando (me sucede tantas veces), un día inesperado tropiezas con un pedazo de música que te sumerge en un ambiente casi espiritual. Una música que, como el viento, te envuelve y te susurra. Eso me pasó hace ya cuatro años con “Como la luna y el sol”, de Ana Alcaide. A partir de piezas como ésta es fácil entender por qué la música ha calado siempre tan hondo en los pueblos.


“Como la luna y el sol”, está inspirado en una canción tradicional turca, cantada en judeo-español: “Yo ‘hanina, tu ‘hanino. Nos tomaremos los dos. Los hijicos que mos nacen, Amán, como la luna y el sol. Dermán, como la luna y el sol (‘Hanina: bonita, llena de gracia)”. El disco formaba parte de un proyecto de sus estudios de carrera en la Universidad de Lund, en Suecia, y en él interpretaba otros instrumentos antiguos como el violín de Hardanger, santur, rabel, arpa o el armonio.


Esta joven madrileña tiene una historia fascinante. Empezó a tocar el violín a los 8 años. Después aparcó la música para estudiar Biología. Una beca Erasmus le permite completar estudios en Suecia y es allí donde decide retomar la música tras comprobar lo saludable que es la escena folk de aquel país nórdico. Y, cosas de la vida, mientras estudiaba, conoció la viola de teclas, un instrumento medieval minoritario que en sueco se llama nyckelharpa. Ana se enamoró de él y lo aprendió a tocar en las calles de Toledo, fuera y lejos de su tradición original.

Este es un instrumento muy antiguo, originario del siglo XIV que en España apenas se conoce. Es bastante sofisticado visualmente porque tiene muchas teclas o llaves, como llaman lo suecos. La palabra arpa para referirse a cualquier instrumento en general”, explica ella misma.

Viniendo de la cuerda frotada e interesándole las músicas del mundo, era imposible no caer en las redes de este instrumento medieval de origen sueco que comparte características con la zanfona y la viola de gamba del sur de Europa. Ana Alcaide que acostumbraba a tocar en sus calles los fines de semana para practicar y pagarse sus estudios de música en la Malmö Academy of Music, de la Universidad de Lund (Suecia).

De vuelta a España hace once años, dejó de estudiar Biología y empezó a tocar este instrumento. No es muy habitual que alguien se traiga a España un antiguo instrumento sueco y dedique tres años a aprender a tocarlo de forma autodidacta.

Como fruto de su búsqueda de nuevos lenguajes con el instrumento, publicó “Viola de Teclas” en el 2006, trabajo con el que comienza su fantástica carrera musical.


En la actualidad reside en la parte antigua de Toledo aprovechando al tiempo la tranquilidad de esa localidad y la energía que da vivir en un lugar donde lograron convivir las 3 culturas (cristiana, musulmana y judía). Allí, cursó un plan de estudios en el que ella misma diseñó su propia carrera en función de sus intereses particulares.

De esta forma, Ana Alcaide ha podido combinar su interés por la música tradicional con el aprendizaje de técnicas más modernas que le permiten crear su propio camino como  intérprete tanto como compositora.

Desde el inigualable marco de inspiración que le brinda su ciudad, Ana escribe y produce sus canciones, añade composiciones y adapta su instrumento a melodías ancestrales que han viajado por el Mediterráneo y que tuvieron su origen en la España medieval.

Su voz delicada, clara y llena de magia la utiliza para interpretar textos judeoespañoles desperdigados por todo el Mediterráneo transportándonos instantáneamente a épocas pasadas, al tiempo que consigue que la emoción fluya espontáneamente y sin trabas de ningún tipo.


Su música es el resultado de la búsqueda y la recuperación de ese legado cultural. Ofrece a nuestros oídos contemporáneos melodías y canciones populares de toda Europa, a partir de una visión artística personal que incorpora elementos de otras culturas: “Me baso en melodías tradicionales que encuentro en cancioneros y en grabaciones antiguas y les añado mi propia música”.

El siguiente tema está inspirado en la famosa y trágica leyenda toledana de “El pozo amargo”. En él se narran los desamores entre una judía toledana y un valiente cristiano, que es asesinado por el padre de ella en una de sus encuentros nocturnos. La leyenda cuenta que las lágrimas de Raquel amargaron las aguas de este pozo, donde ella acabó tirándose presa de la locura.

Muy cerca de la catedral de Toledo se encuentra la calle de 'El pozo amargo', donde todavía se conserva este pozo. Es el lugar donde se ubicaba el palacio judío escenario de la leyenda, donde se daban cita los enamorados Raquel y Fernando.


En los conciertos muchas veces acompaña a Alcaide  Carlos Beceiro de la formación La Musgaña, que fue también el productor de sus álbumes. Alcaide es también miembro del grupo Nemo de música nórdica y celta.

"Los instrumentos antiguos se sienten en el estómago" dijo en 2008 en una entrevista en El País . Así lo creo.

(En este enlace podréis ecuchar la entrevista que propone Jesús en su comentario)

domingo, 23 de noviembre de 2014

Jan Garbarek

El cielo en la tierra (con permiso de Carlos Pérez Cruz)

El cielo como sinónimo de máxima espiritual, de logro místico con los pies en el suelo. Así, la música del saxofonista noruego Jan Garbarek produce una enorme paz interior. Y como el exterior que nos rodea no se corresponde con lo que escucho acudo mentalmente a ese cielo (profano) prometido. 

Su música busca las raíces profundas de la tierra. Un elfo de la noche que revela todos sus hechizos humanos, generalmente ocultos. Fuego bajo el hielo. Música lejana, emociones cristalinas, notas que ruedan como pompas de jabón, que responden, observan, lloran y finalmente encajan en la aurora azul, color blanco, nieve eterna. La música que se extiende, gira sobre sí misma con temas simples, repetitivos, inmemorial. Los espacios se cierran, el tiempo se oculta en la belleza del sonido.  A veces los sonidos de su saxofón son gritos de las gaviotas que descansan sobre los países que no existen. Y una luz eterna, lleva su música como un soplo.


Garbarek es una leyenda, el saxofonista más inspirado del jazz europeo, y un improvisador con innumerables recursos melódicos. Una se siente extraña hablando de Garbarek en términos de jazz porque este músico ha roto ya muchas fronteras pasando a ser MÚSICA sin más.  “ El único elemento del jazz que sigo, es la improvisación ” ha repetido hasta la saciedad. Jamás ha sabido conformarse y sus intuiciones recorren un espacio cada vez más abstracto, buscando siempre el matiz lírico que le sitúe por encima de la música de jazz. Por ello, Jan Garbarek no es un músico virtuoso, como tantos, es un pintor de colores musicales que utiliza el saxo a modo de pinceles.

Hay en sus solos un regusto inequívocamente variado que encuentra en las músicas tradicionales de diversos lugares del planeta una fecunda fuente de inspiración. Sin embargo, de sus declaraciones, se intuye que el recuerdo de sus maestros, George Russell y Don Cherry- también está presente siempre. "Al primero le debo que me diese la oportunidad de formar parte de su grupo cuando solo tenía 17 años de edad. Al segundo que me alentase a adentrarme en la música popular escandinava y, más tarde, en otras culturas más alejadas geográficamente. Su forma de fagocitar cualquier expresión tradicional y utilizarla, más tarde, en su propio marco, fue, quizás, el mayor hallazgo que me transmitió", declaró al diario ABC



A lo largo de su discografía, en la que se reúnen una treintena de títulos, destaca poderosamente el sonido que Garbarek es capaz de sacar de su saxo, tenor o soprano, para dar vida a unas notas que quedan flotando en el aire con limpieza, y seguridad, mientras que la solidez de su timbre le sirve para dar a su música un aire melódico, triste, capaz de poner la piel de gallina al oyente más insensible. El tono de su música es austero, huye de la complacencia melódica para convertirse en un instrumento capaz de evocar paisajes, vistas, sentimientos, y una complejidad oculta debajo de una sencillez capaz de hacernos llegar momentos de enorme ternura. Digamos que nos dibuja paisajes sencillos y, al mismo tiempo, tan inmensamente complejos como inmensas son los paisajes noruegos ocultos bajo la nieve de los largos inviernos nórdicos.



En 1969 grabó su primer álbum titulado “Esoteric circle” y en 1970 el sello grabador de discos ECM le llama para grabar su segundo disco.



Ciertamente podríamos decir que el sonido de Garbarek es el distintivo de la discográfica ECM que ha publicado casi todas sus grabaciones; allí tuvo la oportunidad de tocar junto a los célebres músicos Chick Corea y Don Cherry.

Fue ese trompetista el que le animó a explorar el potencial de la música folclórica del lejano norte en el que tenía sus orígenes para incorporarle a los conceptos de la improvisación propios del jazz. En esa línea, Jan Garbarek publicó en 1972 el disco que tituló "Triptykon" en el que por vez primera, toma los elementos propios del folclore de su país para darle un aire completamente nuevo gracias a los esquemas procedentes del jazz. Era la primera vez que adaptaba una canción del folklore noruego, que a partir de entonces se convirtió en una de sus fuentes de inspiración. En sus discos con las cantantes noruegas Agnes Buen Garnas y Mari Boine ha dado a conocer al mundo aspectos inéditos de la música popular de su país.

Interesantes estas imágenes inéditas de este trío tocando un popurrí de canciones de éste su único LP juntos con Jan Garbarek al saxofón, Arild Andersen en el bajo y Edward Vesala en la batería



Pero no fue hasta que se asoció con el cuarteto de Keith Jarrett que se hizo famoso, resultando de ello clásicos temas como My song.



A partir de ahí el camino que emprendió Garbarek, le ha llevado a explorar el potencial musical de los países que conforman el Oriente Medio, la India, las canciones medievales noruegas o el canto gregoriano, con tal éxito que ha conseguido colar sus discos en las listas de jazz, clásica, e incluso de rock y pop, lo que habla de una versatilidad ciertamente extraordinaria. En este punto, destacan con luz propia las colaboraciones que ha tenido con músicos como el indio Ravi Shankar; el virtuoso del laúd, el tunecino Anouar Brahem; el bajista checo, Miroslav Vitous



También a principios de los 90' entra en contacto con  el coro británico The Hilliard Ensemble, con el que grabaría dos discos imprescindibles como son Officium, (1994) , en el que se inclina hacia la el canto gregoriano y uno de los álbumes más y mejor vendidos de la ECM, alcanzando gran éxito en varios países de Europa. y "Mnemosyne" (1999). 



Diecisiete años después de reunirse para grabar el referencial "Officium" (y con "Mnemosyne" de por medio) vuelven con "Officium Novum" y con repertorio del armenio Komitas Vardapet como epicentro de un trabajo que, a su vez, tiene la firma de Garbarek, anónimos como el del siglo XVI recogido en el "Cancionero de palacio" español, una composición del estonio Arvo Pärt y otras a su vez relacionadas con la música ortodoxa.



Los silencios, que tanto amo, son otro elemento que vendría a definir su estilo, contribuyen a redondear una música de una suave intensidad, con textura de terciopelo, y un punto contemplativo. En resumen, una música desprovista de todo lo superficial, en la que la emoción y el sentimiento son los elementos que priman.

(Jan Garbarek tiene por fin su espacio en este blog. Es tal mi insistencia en profundizar en aquellas maravillas descubiertas recientemente o desconocidas para mí que a menudo me olvido de rendir la debida atención a los grandes de la música)